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1963 - Plantilla de personal de Norba y Gran Teatro |
Ahora que casi tenemos nuestra feria de mayo en puertas, bueno será
reconocer que de antiguo las viejas comisiones de festejos que precedieron a la
actual —hablamos casi de principios de siglo— promovieron a nivel popular
muchos de los inventos que estaban entonces, como quien dice, recién hechos.
Así, en nuestras ferias, los cacereños de aquel entonces pudieron ver los primeros
globos aerostáticos; los primeros aviones o aeroplanos —como entonces se decía—
con demostraciones como las de Henry Tixler, que vino varias veces, con uno de
aquellos cacharros voladores que se deshacían con cualquier golpe, pero que
ilusionaba a la concurrencia, y lo mismo podríamos decir de las primeras
exhibiciones de cine mudo que solían hacerse ante el Ayuntamiento, a plaza
llena y sobre una pantalla improvisada en lo alto de la escalinata para que la
viera todo el mundo.
El cine arraigó aquí desde los primeros momentos y hubo casetas
desmontables en San Juan, y creo que en la plaza de la Concepción, donde los
cacereños vieron las primeas películas de aquel entonces, movida a manivela, y
donde se formaban los primeros “operadores” que luego fueron famosos en
Cáceres, como Toribio López “Tori”, aunque luego no siguiera por esa profesión,
y el famosísimo señor Pulido, más conocido por “Petola” que fue el maestro de
operadores cacereños, hasta que se jubiló no hace tantos años. Es más, ya con el
cine sonoro y en las primeras salas cerradas y permanentes que hubo, “Petola” era
una personalidad popular, hasta el punto de que cuando había carreras de “cow –
boy”, el público exclamada, animándole —ya que la cinta se movía a manivela—:
“¡Siguelá, Petola!” con el fin de que no se parara.
Hay algo que muchos no creen en la actualidad pero que nos consta
ocurría, en el mismo “Gran Teatro” que todavía existe, cuando se ofrecían
películas musicales, Tras de cada canción el público aplaudía pidiendo se
repitiera (como si el cantante lo hiciera en vivo) y el bueno de “Petola” paraba
unos momentos, rebobinaba el filme y volvía a poner la canción aplaudida. Puedo
afirmar que con las películas de tangos de Gardel, las peticiones de repetición
eran continuas, y hasta que causó cierta indignación el que una de las empresas
que lo explotaba (creo que la SAGE), al cambiar los proyectores por otros
automáticos, tenía que poner carteles en los que se decía: “Advertimos al
respetable que
Diario HOY, 17 de mayo de 1981
NOTA.- El final de
esta Ventana salió cortado y se completa y explica en la Ventana siguiente.
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