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sábado, 20 de enero de 2018

Los ricos también sudan


Yo no voy a criticarle a Elías Romero Perino, el único acertante de la “loto”, paisano nuestro de Aldeanueva de la Vera, el que no quisiera “dar la cara” ante los informadores por haberle tocado los 200 millones de pesetas. Posiblemente usted o yo, en su caso (ojalá nos encontremos algún día) habríamos hecho lo mismo, lo que sí quiero comentar es su “mala suerte dentro de la buena suerte”. Voy a ver si soy capaz de explicarme.
Sin duda, el primer susto que sufrió surgió cuando supo su fortuna, y el segundo fue el producido por no saber dónde esconderse para que le dejaran en paz los periodistas y los familiares.
Estos últimos más pegajosos por ser él el millonario de la familia y al que se puede acudir en petición de dinero que, dicho sea de paso, no debe ser fácil obtener de Elías, cuando lió la que lió en el momento que Josefa, su esposa, le dijo que aquello eran “bienes gananciales” y a ella le correspondía la mitad. Este debió de ser otro “trago” para Elías que, estamos seguros, debe pensar que no gana para sustos desde que tienen en el banco tal pila de millones. La cosa con Josefa Muñoz Parrón, su mujer, se arregló tras de la agria disputa que enfrentó durante unos días a la familia de uno y otro y a los consejeros de ambas partes y, cuando se disponían a hacer una fiesta por todo lo alto el miércoles, surge una nueva zozobra, la del vasco que reclama la mitad del precio, Joaquín Aldanondo, un camionero de Guipúzcoa, que ahora se sale con que tiene un boleto premiado del mismo día.
Cierto que ese boleto tiene un error en el número del sorteo y cierto que la reclamación vasca está fuera del plazo de los once días que da el reglamento, pero si toma cartas en el asunto su autonomía y lo hace cuestión de honor, no sabemos qué sacaría nuestro paisano recurriendo a la defensa de Rodríguez Ibarra. En fin, que esto de ser rico trae sus disgustos y sudores aunque “los duelos con pan son menos” y con 200 millones hay para comprar muchos chuscos.
Diario HOY, 28 de mayo de 1986

lunes, 1 de enero de 2018

Otra vez el cometa Halley


Rebasando los cauces de la astronomía y entrando en lo popular comienza a hablarse, una vez más, del cometa Halley, que ya fue famoso en tiempos de nuestros padres y abuelos. Este cometa es visible en la tierra en periodos aproximados de 75 años y en su última aparición pasó por el perihelio el 20 de abril de 1910. Con ello puede estimarse que ha sido el mismo cometa que la  historia reseña en los años 1531, 1607 y 1682, entre otros, ya que hay sabios que afirman que fue estrella que guió a los Reyes Magos cuando el nacimiento de Cristo. No vamos a entrar en eso, sino en algo más local como fue la repercusión que tuvo en 1910 la llegada del cometa Halley. Esta es historia que yo he oído referir a mi padre y que, por tener en cierto modo que ver con nuestra tierra, se la voy a contar a ustedes.
La llegada del cometa a principios de nuestro siglo fue algo que interesó al mundo entero. Alguien afirmó que su cola podría incendiar la atmósfera terrestre y provocar el fin del mundo, y ello llegó a producir hasta suicidios entre los timoratos. El cometa estaba en todo, hasta en las canciones de los espectáculos en uso. De esa época es la “Corte del Faraón”, que recoge aquella canción de: “Todas las chicas de Babilonia miran al cielo, aunque temblando porque les gusta ver el cometa y no se cansan de verle el rabo.” En fin, que todo giró alrededor de ese acontecimiento.
Uno de los puntos señalados entonces para verle bien, fue la localidad cacereña de Navalmoral de la Mata y a ella se descolgó medio Madrid y media España, el 20 de abril de 1910, terminándose las existencias de todo lo “comestible” y “bebestible” del lugar y teniendo que improvisarse barracones para alojamiento de los visitantes. Algún comerciante moralo hizo su agosto entonces vendiendo como típicos unos “pañuelos del cometa”, que no eran más que pañuelos del cuello que tenía almacenados y sin salida desde hacía mil mundos. En fin, que el cometa pasó ya por Navalmoral a bombo y platillo hace 75 años.
Diario HOY, 16 de noviembre de 1985

sábado, 9 de diciembre de 2017

Nada nuevo bajo el sol


Hay muchos padres que se molestan porque sus hijos, en determinada edad —que antiguamente se llamaba “del pavo”— se visten de mamarracho y tratan de llamar la atención por todos los medios. No hace tanto fue la moda de las melenas lo que sacaba a los padres clásicos de quicio; ahora son los “punkies” vestidos de nazis y con crestas de colores los que llegan a  España, después de haber paseado hace años el continente entero (porque también las modas nos llegan muy tarde) y son los chavales que se unen a este movimiento, o al menos se visten de ese modo, los que indignan a muchos padres clásicos que se avergüenzan de tener un hijo crestudo, que se tiñe el pelo de colores y pasea por esas calles hecho un mamarracho, a juicio de su progenitor.
Bien, yo pienso que muchos padres se preocupan innecesariamente porque en todos los tiempos se “cocieron habas” —también en sus juventudes correspondientes, aunque lo hayan olvidado— y lo que importa de estos muchachos es más bien su contenido que su continente.
Para mí, mayor preocupación para los padres debe ser que el hijo se les haga adicto a la droga, aunque vista clásico, que el que vista como le apetezca, por ese deseo de llamar la atención que todas las juventudes han tenido cuando pasaron sus respetivas “edades del pavo”; porque, oiga, esto de la juventud —por desgracia, es una enfermedad que se cura con los años.
El hombre, al pasar a la pubertad, tiene el deseo de formar su personalidad tratando de que se ocupen de él, lo que le suele dar la seguridad de la que en ese momento carece, por lo que, unas veces, se monta en una moto que hace mucho ruido, o se deja melena, o se viste de sota de la baraja, o de “punky”, que para el caso es lo mismo. El caso es que le critiquen, digan que es un revolucionario y las chicas se fijen en él. Como ve, todo normal.
Diario HOY, 9 de marzo de 1985

lunes, 4 de diciembre de 2017

El amor de los animales

Hay noticias que a uno le hacen pensar seriamente en que la especie hombre nos supervaloramos, cuando hay conductas animales que en su comportamiento nos dan “sopas con hondas” —como suele decirse— a los humanos. Este autocolocarnos como reyes de la creación creo que en muchos casos nos viene grande. Me refiero a la noticia de que un perro, propiedad de José Ricardo Boquera Valdés, le salvó de morir congelado tras sufrir un desvanecimiento en un barrio de Gijón. El animal le arrastró durante 300 metros y le tapó con su cuerpo para darle calor hasta que la policía pudo auxiliarle. Es todo un ejemplo de amor y cariño por parte del perro, del que estamos seguros José Ricardo estará orgulloso y agradecido. Pero no es un caso único, hay algo en la conducta del animal, ocultos mecanismos que no acabamos de comprender los humanos. A veces hay compensaciones en sentido contrario, como en Cáceres fue el caso de muerte de la doctora Coca, prácticamente de pena por haber visto atropellar y morir a su perro. Quien no haya tenido un perro esto no lo comprenderá nunca, pero ahí están casos que lo comprueban.
Hace años, en Zorita, en una noche invernal y fría, se perdió en el campo un niño de corte edad. Se le buscó sin resultados y se temió por su muerte congelado, de la que se salvó gracias al calor que le prestaron dos mastines de una majada que no le conocían y que tenían fama de feroces, pero que estuvieron toda la noche dando calor al pequeño hasta que se le encontró por la mañana.
Extraño suceso que nos habla de esos ocultos vínculos de amor entre especies animales a los que no damos la importancia profunda que tienen. En contraposición está la conducta del hombre para el hombre, que puede comprobarse en cualquier problema de vecindad por lo mal que nos solemos llevar. En fin que, meditando un poco, habría que dar la razón a la frase de: “Cuanto más conozco a la Humanidad, más amo a mi perro”.
Diario HOY, 18 de enero de 1985

miércoles, 29 de noviembre de 2017

El mes de las esperanzas


A los españoles nos interesa más que salir de pobres, salir de trabajadores o ambas cosas a la vez. Vamos, que lo que quiero decir para explicarme es que al filo del mediados de este mes, que para todos es el mes de las esperanzas —y ahora me explico—, nos interesa más poder colgar los “aperos” de nuestro propio trabajo y vivir en el futuro mirándonos el ombligo y haciendo lo que nos venga en gana, que ser ricos en sí, cosas ambas para las que se necesita una gran bolsa.
Pero ahí está este mes de las esperanzas con sus loterías extraordinarias, sus quinielas millonarias, las rifas de todo tipo, etc., con las que soñamos hacernos unos potentados y dejar de trabajar. Porque esto es lo que quiero destacar ya que está en el comentario de todos o de casi todos: “Si a mí me tocara el gordo, el portazo y el corte de mangas que le iba a dar a mi jefe sería de campeonato”, dicen los más. Yo no sé si lo que nos pasa es que los españoles seguimos viendo el trabajo como una maldición bíblica y por esa inercia lo que más nos importa es dejarlo, pero es curioso que el que sueña con hacerse millonario a base de alguna suerte no es por invertir mejor para su negocio formarse mejor, llevar mejor vida, sino simplemente darle una patada al trabajo que realiza y poder decir a su empresa: “Ahí te quedas, que yo no voy a dar ni golpe de aquí en adelante.”
Cierto que esto es un sueño que surge principalmente al filo de este mes de las Navidades y las loterías y como tal pasa, sin más ni más y sin que el asunto se realice.
Luego, cuando uno ve que no ha salido agraciado en ninguna de ellas, se conforma y se dice algo así como “qué le vamos a hacer; no pudo ser, pero que me quiten lo soñado”, y quizás sea esto lo más importante en este mes de las esperanzas.
Diario HOY, 12 de diciembre de 1984

sábado, 25 de noviembre de 2017

Algunas curiosidades del cementerio


Hoy, día de difuntos, parece oportuno el tratar de algunas curiosidades de nuestro cementerio, cuyos primeros enterramientos datan de 1844.
Las anotaciones de los primeros libros las llevaba el propio sepulturero, al que se le conocía por “El Tío Cantares”, ya que iba cantando salmos a la cabeza del cortejo fúnebre. Las anotaciones son imprecisas, pero curiosas, ya que aunque a veces no se registraba el segundo apellido del difunto, ni la fecha del fallecimiento, sí se anotaban la características de la caja o féretro y pueden leerse notas como ésta: “caja de pino sangrado, forrada de muselina blanca”, ya que al parecer el detalle de las telas y su valor indicaba la categoría del difunto.
Es curioso saber que por esos años, la media anual de fallecimientos solía estar en unos sesenta, lo que es alto para una población que no llegaría a los 16.000 habitantes, frente a los  cuatrocientos de nuestros días, con población mayor.
También es curioso saber que de las familias allí enterradas, han desaparecido de Cáceres sus descendientes en un total de un 20 por ciento, aunque hay familias que siguen haciendo sus enterramientos allí, desde 1800.
En los primeros patios puede verse un panteón solitario que ocupa el mismo centro de lo que fue cementerio antiguo, y precisamente en un cruce de sus avenidas. De él existe la leyenda de que es de los propietarios que cedieron el terreno, que se reservaron el derecho de ser enterrados en el centro del mismo. Es una leyenda oral que no consta en ningún sitio y de la que sólo hemos podido averiguar que allí está enterrada doña Ana Luna, sus sobrinos Álvaro y Pedro Sánchez del Pozo y don Anselmo Sánchez de León, de los que no hemos podido recabar más datos.
Anteriormente en Cáceres se enterraba en las iglesias y sus alrededores y, al parecer, muchas familias que tenían panteones en ellas se negaban a ser  enterrados en este nuevo lugar, por creerle una innovación modernista que no beneficiaba al difunto.
Diario HOY, 2 de noviembre de 1984

martes, 21 de noviembre de 2017

La aventura de "El tío Capitán"


Es ésta una anécdota que he oído referir de palabra, sobre tiempos antiguos que narra unos hechos que, al parecer, fueron históricos, aunque yo no lo he leído reseñados en ninguna arte, pero que merece dejar constancia de ellos por si alguien pudiera aportar algún dato cierto sobre los mismos; se habla de cómo alguien hizo su fortuna a cuenta de una borrachera.
En un pueblecito de la Vera, existió hace muchísimos años un borracho habitual al que se le conocía con el sobrenombre de “El tío Capitán” y cuando alguien le decía que dejara de beber, porque se estaba matando, él le contestaba que gracias a una borrachera vivía tan desahogadamente que podía permitirse el lujo de emborracharse diariamente que era lo que a él le gustaba.
Los hechos, al decir de algún viejo que oyó narrar a sus abuelos lo ocurrido, fueron del siguiente modo. Durante la guerra de la Independencia, el verato de mi cuento servía en una unidad de caballería que en determinada ocasión tuvo que medir sus armas con la caballería francesa. Formadas las dos fuerzas en orden de batalla, en esos momentos tensos en que unos y otros esperan el toque del clarín para comenzar la lucha, mi buen verato —que había bebido lo suyo para darse ánimos— picó espuelas a su caballo y, en solitario, llegó al campo francés —donde creyeron era algún mensajero— y sin decir palabra, dio un empujón al abanderado, arrebatándole la insignia y volviendo al galope al campo propio, sin que ninguna bala de las que le tiraban desde el campo francés lograra alcanzarle. Ni que decir tiene que su decisión desmoralizó a los galos, a los que se les ganó la batalla, por lo que en premio —entonces podía hacerse— se le ascendió a capitán en el campo de batalla y hasta se le concedió no sé qué medalla. Por una y otra cosa cobraba pensión y como se jubiló con el grado de capitán por “El tío Capitán” se le conocía en el pueblo, en el que era un personaje que “no solía enfriarse”, pero como él decía: “Si mi fortuna y bienestar se lo debo al vino, debo ser persona agradecida y no hacerle ascos”.
Diario HOY, 10 de septiembre de 1984

sábado, 18 de noviembre de 2017

Contestando el correo


En la sección de “Cartas a HOY”, doña Mercedes García Plata, desde Plasencia, inserta una “carta abierta a Fernando”, de la que acuso recibo y que agradezco porque viene a aclarar unas precisiones de tipo histórico a las que yo me refería en la “ventana” titulada “Una lección para los vascos”.
Precisa la comunicante que los obreros deportados a Cáceres, a cuenta de una huelga, que trabajaron en las obras de pavimentación del Paseo de Cánovas eran asturianos y no vascos, aportando una serie de curiosidades de tipo familiar ya que por ser su madre asturiana los acogió como algo propio y esta familia convivió con ellos. Yo agradezco la precisión y el dato, del que sólo tomaba pie para referiré a la lección que recibieron esos trabajadores ya que “la huelga montada por ellos era en petición de unos salarios que en nuestra tierra se nos antojaban astronómicos, pero que ellos creían escasos —de buena fe— hasta que conviviendo con nuestros obreros que cobraban menos de la tercera parte, sin protestar, se dieron cuenta de lo injusto de su petición ya que ellos tuvieron que vivir aquí con esos mismos salarios”.
Tengo para mi, aunque hablo simplemente de memoria, que aparte de asturianos hubo también vascos deportados en esta u otra obra de por aquel entonces y por las mismas causas, pero la lección —fueran de una u otra regionalidad— era vigente para todos y hasta pienso que sigue vigente hoy en día si tenemos en cuenta que el farolillo rojo de la renta per cápita de todas las regionalidades la llevábamos en aquel entonces y ahora los extremeños, que somos de los menos protestones de los españoles aunque nos sobran motivos de protesta. El dato me vale y lo agradezco, pero la lección de fondo, a la que me refería, vale para asturianos y vascos.
Diario HOY, 24 de agosto de 1984

jueves, 16 de noviembre de 2017

Una anécdota de Carlos V, en Yuste


Entre las muchas anécdotas que se cuentan del Emperador Carlos V, en Yuste, hay una que en su tiempo llamó poderosamente la atención y de la que posteriormente se ha hablado más bien poco, como fue el capricho del Emperador de presenciar, en vida, su propio funeral. Siempre se ha tomado esto como una genialidad más del “César del Mundo”, sin ningún antecedente histórico, pero lo tiene,
Resulta que estando en Yuste el Emperador, se enteró de que a don Diego de Jerez, protonotario y deán de la catedral placentina, se ha habían hecho los oficios por su alma antes de fallecer.
Esto quiere decir que la genialidad la tomó el Rey de lo que don Diego de Jerez había mandado, y comenzó a madurar la idea.
En definitiva, que se trazó todo como si el propio Emperador hubiera muerto y hasta se puso su cuerpo en el suelo como si tal cosa hubiera sucedido, pasando el pueblo llano a contemplar al propio rey,  en apariencia muerto. De este asunto, escribe fray José de Sigüenza que “fue un espectáculo que causó a todos los presentes infinidad e lágrimas y suspiros, llorando tanto como si de hecho se hubiera muerto el Emperador”. Algunos creyeron de buena fe que tal cosa había sucedido, y se cuenta que una vieja pasó a contemplar lo que ella creía el cadáver del rey, y comentó, más o menos: “Parece mentira que un hombre tan pequeñajo tuviera amedrentado al mundo”, cosa que al parecer causó gran risa al fingido cadáver de Carlos V, y el lógico “corte” como se dice ahora, a la vieja parlanchina.
Diario HOY, 5 de agosto de 1984

Nuestros proverbios populares


Pienso yo que cuando el famoso médico de Logrosán Juan Sorapán de Rieros, que vivió del siglo XVI al XVII, puso la “Medicina en proverbios vulgares”, no hizo más que llevar la sabiduría tradicional de nuestro pueblo a esta rama del saber. Nuestro pueblo ha sido muy dado a sintetizar en refranes o proverbios, la sabiduría adquirida con los siglos quizás en el deseo de que fuera fácil aprender “en verso” la experiencia de un saber de siglos.
Todavía en nuestros pueblos hay este tipo de saberes sintetizados que te dan conocimientos sobre muchas cosas de la propia Naturaleza. Por ello, a modo de entretenimiento veraniego, les voy a informar de uno de estos proverbios que en la zona de Campo Arañuelo sigue siendo común entre los cazadores y las gentes del campo, para  conocer lo que viven las especies domésticas de animales y el propio hombre, o sea la longevidad de las especies más allegadas al hombre.
Dice este proverbio popular: “Dos años vive un milano, cuatro milanos un perro, cuatro perros un caballo y dos caballos un dueño”, lo que quiere decir, si hacemos el cómputo, que el perro vive unos ocho años, el caballo 32 y el hombre 64. El refrán es antiguo y tradicional y por tanto no contiene la certeza que tenía para su tiempo, ya que la vida media del hombre se ha alargado en los últimos años y hoy día los 64 años de vida que le da el refrán son realmente pocos, pero para los restos de las especies citadas las cifras valen, excepto para el milano que, a mi modo de ver, se toma como unidad para que sierva a las demás especies de medida, pero sin ánimo de “sentar cátedra” sobre la vida del milano —ave no doméstica— cuya vida importaba poco. En definitiva, es un modo de sabiduría del pueblo que de algún modo hay que recoger, aunque sea como simple entretenimiento.
Diario HOY, 4 de agosto de 1984

miércoles, 15 de noviembre de 2017

El susto del globo


Ahora ha vuelto a encontrar otro la Guardia Civil, en las inmediaciones de Casar de Palomero. Nos referimos a un globo de plástico de enormes dimensiones que, desinflado, ha caído al suelo. Lleva unas inscripciones, en una tablilla, de la que cuelgan unos cables que debieron sostener una estación meteorológica, ya que se trata de grandes globos sondas destinados a la meteorología.
La inscripción que figura en éste está referida a una estación de este tipo de Estados Unidos, y no es el primero que cae en nuestro territorio.
Todo lo dicho, me ha hecho recordar, que el primer globo de este tipo que se avistó en Cáceres, fue por los años cincuenta, organizándose gran revuelo sobre el mismo, que algunos de nuestros lectores recordarán. Lo que después se comprobó es que era un globo de unos 300 metros de longitud, de plástico casi transparente y apareció en los cielos de Cáceres  de aquel entonces, suscitando la curiosidad a su alrededor. Con prismáticos, anteojos y otras clases de instrumentos, fue observado durante unos días por los cacereños. Cada cual veía en el globo lo que le parecía: unos lo relacionaban con los platillos volantes, que comenzaban a  estar de moda entonces; los más fanáticos en creencias creían ver a la Virgen de d Fátima, reflejada en el enorme plástico y siguió la incógnita y la polémica, hasta que en un pueblo próximo cayó en la noche, tapando un olivar y dando el susto a los vecinos, que creían había nevado sobre los olivos. Dos camiones de plástico se sacaron del globo, del que cada cual tomó lo que le apeteció —ya que el plástico era entonces poco frecuente— para hacerse impermeables, bolsas o carteras, que enseñaban explicando la aventura. Puede que todo esto que les cuento pueda parecerles una simpleza, pero no lo fue para los que lo vivieron que creyeron ver en el globo algún signo raro de extraterrestres o del más allá.
Diario HOY, 27 de julio de 1984

El soneto de catorce poetas


(Incluida en el libro “Ventanas a la Ciudad”)
Sólo a título de curiosidad y para que no se pierda, voy a hablarles a ustedes de un soneto, improvisado al lado mismo del famoso puente de Alcántara, realizado por catorce poetas que asistían a una de las primeras “Asambleas de Estudios Extremeños” que se celebraban en Cáceres y que solían reunir a los mejores poetas y escritores nacionales de aquel entonces que, con los estudiosos locales, convivían durante una serie de jornadas hablando de lo divino y de lo humano.
Fui testigo presencial del hecho y creo que sucedió en la “II Asamblea” de este tipo que debió celebrarse un día del año 1949.
La mayoría de estos poetas han fallecido ya, por lo que es más lógico el deseo de que esta obra conjunta, aunque sea un soneto, perviva y sea conocida de ustedes. Creo que la ocurrencia fue del conde de Canilleros, que lo propuso a otros trece poetas asistentes al pie mismo del puente de Alcántara, y hasta se sorteó el orden de intervención, ya que cada uno había de hacer un verso. Lo que parecía iba a ser algo sin mucho sentido ni rima, dio como resultado un precioso y original soneto al célebre puente.
Para que ustedes lo puedan estimar en todo su valor, pondremos entre paréntesis, al principio de cada verso, el nombre del autor y a continuación el verso realizado por él.
 (Terrón Albarrán)                ¡Qué rabia de granito en oleaje!
(Delgado-Fernández)            ¡Qué murallón dentado sobre el río!
(Delgado Valhondo)              Se incendia soledad de escalofrío,
(Perera)                               asombro del abismo y del paisaje.
(Canal)                                ¡Qué brida, sujetando el abordaje,
(López Martínez)                  para domar el ímpetu bravío!
(Rodríguez-Moñino)              ¡Oh, quilla penetrante de navío,
(Zoido)                                rompiendo en amplio fleco el espumaje!
(Bravo)                                Todo ante ti se desdibuja y mengua.
(Romero)                             Quiero cantarte con sublime lengua
(Vega)                                 tu eternidad titánica y silente.
(Pacheco)                            Eres pincel de piedra que en tu monte
(Conde de Canilleros)           haces vivir ensueños de horizonte
(Cossio)                               bajo los arcos graves de la frente.
Diario HOY, 26 de julio de 1984