(Incluida en el libro “Ventanas
a la Ciudad”)

Los que vivieron aquello, cuentan y no acaban. Uno no llegó a tanto, y
acaso recuerda nebulosamente, porque era un niño entonces, lo que era el
carnaval en las calles cacereñas. Uno de los recuerdos de mi niñez eran las
comparsas que recorrían las calles. Quizá fuera el año 36 cuando desfiló “La
legión del Flix” (posiblemente porque esa marca de matamoscas había costeado
sus uniformes), que en plan murga recorría las calles cacereñas cantando
canciones de doble intención, que ahora no sonrojarían a nadie pero que en
aquel entonces eran la comidilla de todo Cáceres:
Somos la
legión del Flix
que ha acabado
de llegar,
procedente de
Madrid,
Nueva York,
Berlín, Viena
y el Casar...
Los “soldados del Flix”, con sus impecables uniformes, seguían
cantando que venían a matar todas las chinches, moscas y mosquitos de la
capital.
Porque nos han
dicho
que en esta
gran población
hay una de
‘bichos’
que es una
exageración...
Y así, con su monótono ruido de pitos, carracas, tambores y matracas,
continuaba la juerga que si entonces era entretenida, no lo sería ahora donde
los bailes subidos de tono los hay en cualquier sala de fiestas, y donde las
canciones y chistes por lo basto se dicen sin ningún tapujo. Porque el fracaso
real del Carnaval es que hoy todo el año es carnaval.
Diario HOY, 10 de febrero de 1981
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