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domingo, 4 de marzo de 2018

Una asociación cultural de Coria


Creo que el Cabildo Catedral de Coria-Cáceres ha dado un gran paso de apertura a los fieles, y no fieles, a todos, creando en Coria —cabecera de la sede episcopal— la “Asociación Cultural de Amigos de la Catedral de Coria” en la que, aparte de recibir unas cuotas de los que se inscriben en ella, van a involucrar en las necesidades, atenciones e historia de este bien cultural que es el templo más importante de la Diócesis, a un montón de personas que llegarán a conocer mejor el viejo templo y llegarán a amarlo más, ligándose a sus propias necesidades.
Si nos ponemos la mano en el corazón y nos preguntamos qué conozco yo de la catedral de Coria, cabecera de mi Diócesis, acabaremos reconociendo que conocemos más bien poco. Ya que, unas veces por lejanía y otras por la pereza, no son muchos los cacereños de cualquier punto de la provincia, y aún los diocesanos de Coria, que hayamos visto la catedral cauriense con detalle. Y, mucho menos, sepamos la historia de tan valiosa edificación. Por ejemplo, pocos sabemos que el claustro es una pieza casi única, del gótico severo del siglo XIV. En el relicario se conservan, entre otras reliquias de gran veneración y fervor tradicional, el Mantel de la Santa Cena; un “Lignum Crucis” y la Biblia que usó el patrono de la Diócesis y santo ejemplar que fue Pedro de Alcántara. O que su torre, caída durante el movimiento sísmico que asoló Lisboa, fue reconstruida en el siglo XVIII por Manuel de Lara Churriguera, el mismo arquitecto que realizó el Arco del Cristo, de Cáceres, o la fachada del Ayuntamiento de Salamanca. Esto sin citar que su archivo catedral posee uno de los fondos documentales más importantes de Extremadura. En fin, que hay que conocer mejor Coria y un paso importantes es la asociación cultural que acaba de crearse.
Diario HOY, 16 de octubre de 1987

NOTA.- La “Ventana” contiene un lapsus del que Fernando no se percató: al hablar de Manuel de Lara Churriguera lo refiere a la realización del Arco del Cristo de Cáceres, cuando en realidad se está refiriendo al Arco de la Estrella de Cáceres. (Nota de Teófilo Amores).

miércoles, 14 de febrero de 2018

Don Manuel merece el monumento


Al igual que los vecinos de la plaza del Alcalde Canales quieren que se levante un monumento a la memoria del regidor municipal que de nombre a su plaza, cosa que me parece muy justa, los vecinos de la llamada Barriada del Doctor Llopis Ivorra andan pensando en levantar otro monumento similar al obispo que la fundó y al que da nombre. El propio presidente de dicha asociación me indicó que, nada más tengan un poco más madurada la idea, convocará una rueda de prensa para darlo a los cuatro vientos. Mientras esa maduración de la idea llega, creo que la noticia tiene un sabroso comentario, se materialice  o no la idea, porque pienso que Cáceres tiene una deuda con el que durante veintisiete años rigiera los destinos de la diócesis de Coria-Cáceres y me parece muy oportuno que, al menos la barriada que él fundara y lleva su nombre, se acuerde de ese prelado que hizo más por Cáceres y quiso más a Cáceres de lo que los propios cacereños de su tiempo pudieran pensar.
Por si ello puede servir como recordatorio de su labor, como todas, muy discutida en su tiempo, vamos a recordarle a grandes rasgos.
Don Manuel Llopis Ivorra tomó posesión de la diócesis de Coria el 11 de junio de 1950, durante su pontificado tuvo lugar la nueva designación de la diócesis que se convirtió en diócesis de Coria – Cáceres por decisión de la Santa Sede, adquiriendo Cáceres el honor de ser sede oficial del prelado, conjuntamente con Coria, convirtiéndose la iglesia arciprestal de Santa María en Concatedral, sufragando él mismo los gastos de transformación, con ampliación del presbiterio, instalación de mesa de altar, dependencias capitulares y nueva sillería del coro. Creó 21 nuevas parroquias y amplió las cuatro de la capital en cinco más: Fátima, San Pedro de Alcántara, Espíritu Santo, San José y San Blas. Creó muchas más cosas y entre ellas la Asociación Benéfica Constructora Virgen de Guadalupe, que realizó las casas que dieron lugar a esa barriada que lleva su nombre. Falleció el 1 de mayo de 1981 en Moncada (Valencia) y por expreso deseo suyo fue enterrado en Cáceres.
Diario HOY, 27 de marzo de 1987

jueves, 2 de noviembre de 2017

Una precisión histórica


Aunque sólo sea por curiosidad, vamos a tratar hoy de una de las obras expuestas en la “Muestra de Historia y Arte de Extremadura” que se viene celebrando en el Complejo de San Francisco.
Se trata de un “calvario” en figuras de talla de tamaño natural, en el que figuran: un Crucificado, la Virgen y San Juan, obra muy antigua de los tallistas Guillén Ferrant y Roque Balduque, que eran las tres figuras que remataban el retablo de la Concatedral de Santa María de Cáceres, obra de los mismos autores. No vamos a referirnos a la historia antigua de esta obra, de indudable valor, sino a la historia próxima de ella, que muchos cacereños desconocen.
A raíz de haber declarado Concatedral a Santa María de Cáceres, hubo que restaurar dicho retablo y subirlo para dar cabida bajo él a la sillería del coro de canónigos, que figura debajo, y que se hizo recientemente —en vida del obispo Llopis Ivorra— para que la iglesia pudiera cumplir sus funciones de Concatedral. Entonces se bajaron las tres figuras citadas y a instancias del entonces alcalde y representante de Bellas Artes, don Alfonso Díaz de Bustamante, se estimó que al estar tan altas no podía apreciarse bien su belleza por lo que se decidió que figuraran en una capilla baja (donde ahora están) haciendo una copia exacta de las mismas, gasto que pagó la Diputación, para ponerla en lo alto del retablo. La copia se hizo en Madrid, y se trajo a Cáceres, pero ocurrió que al subir el retablo para admitir debajo la sillería del coro de canónigos, estas figuras no cabían en la parte alta del retablo, por lo que iniciaron un peregrinaje por diversos despachos de la Diputación y por los de San Francisco, quedando dicho retablo sin remate —como ahora puede verse—. Ustedes se preguntarán, como nosotros, ¿qué fue de ellas?. Pues bien, estas tres figuras —copias exactas de las que se exponen ahora en San Francisco— son las tres imágenes que figuran en la capilla del Hospital Provincial de Cáceres, tras de la última reforma que en él se ha realizado.
Si ustedes quieren, todo esto es una nimiedad, pero es una precisión sobre historia próxima cacereña, que a algunos gustará conocer.
Diario HOY, 30 de marzo de 1984

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Los seminarios de nuestra diócesis


(Incluida en el libro “Ventanas a la Ciudad”)
Convendría aclarar, pues muchos corianos no lo saben y muchos cacereños lo ignoran, que el primer seminario de la diócesis de Coria-Cáceres no se levantó en Coria, sino en Cáceres, levantándose el de Coria, que era entonces cabecera de la diócesis, bastante años después.
En la época del obispo García de Galarza, que vivió de 1578 a 1603, no había ningún seminario en nuestra diócesis, por lo que él construyó el de Cáceres, ya que el Concilio de Trento ordenaba hubiera un seminario en cada diócesis. Este primero se levantó en Cáceres y se llamó ”Colegio de San Pedro” y el edificio lo hemos conocido los cacereños, hasta su relativamente reciente demolición, con el nombre de Cuartel Viejo, ya que tras pasar el seminario a Coria, fue también cuartel, sede de una Universidad de Letras, Caja de Reclutas y otra infinidad de cosas más, puesto que con la desamortización pasó a manos del Ayuntamiento, que lo destinó a usos muy diversos, y fue precisamente un Ayuntamiento el que, ignorando toda esta carga histórica que tenía el edificio (ya que lo de haber sido el primer seminario de la diócesis era peso suficiente), mandó su demolición, quedando como recuerdo de él, aunque en lugar distinto, la portada principal, colocada en la fachada del palacio episcopal que da frente al Arco de la Estrella; otra portada interior, que es la actual puerta principal de la Diputación y las balconadas y escudos, que se pusieron en la Jefatura de Carreteras de Obras Públicas, en el palacio que hace ángulo con el de los Golfines de Abajo.
Escuchen ahora una cosa que no van a creer: la demolición de ese palacio la ordenó el alcalde don Alfonso Díaz de Bustamante, que, en descargo de este desacierto, tuvo posteriormente una dedicación amorosa y encomiable a la ciudad monumental; a mi modo de ver, enjugó ese pecado histórico de hacer desaparecer el edificio del primer seminario que tuvo la diócesis.
Diremos, para terminar, que el Seminario de Coria se hizo más tarde por el obispo Camargo, que lo levantó entre 1621 y 1623, costando la obra 1.500 ducados.
Diario HOY, 27 de marzo de 1984

martes, 31 de octubre de 2017

Monaguillo, pillo


Por aquello de que el tambor también es tropa, me complace a mi el que nuestro obispo don Jesús haya tenido la iniciativa de hacer en el Seminario Mayor de Cáceres una convivencia de monaguillos de toda la diócesis, reuniendo alrededor de cuatrocientos chavales que se lo han pasado en grande este fin de semana en nuestra ciudad.
En cada pueblo el chaval destinado a monaguillo solía ser el más travieso y espabilado de la localidad, el que acaudillaba las incursiones a los desvanes y a las torres de la Iglesia: el que subía al campanario no sólo a tocar las campanas —que ahora se tocan solas—, sino a coger nidos y organizar otras travesuras, que solían acabar con algún pescozón del sacristán o algún tirón de orejas del párroco. Pues imagínense lo que habrá sido el reunir a cuatrocientos, que, sin duda, son los más traviesos de cada localidad de la diócesis, y aguantarlos durante una jornada. Pero la iniciativa es buena porque los monaguillos de tradición han sido la “cantera” de los seminarios y ahora, con la tremenda falta de vocaciones, es bueno cuidarla porque alguno de ellos puede llegar potencialmente a ser mañana un respetable sacerdote razón por la que digo que el tambor también es tropa y que me parece muy bien la iniciativa de don Jesús.
Yo no he sido monaguillo “propietario”, pero sí “estampillado” como lo fueron muchos de los que conmigo hicieron el bachillerato con el profesor de Religión don Casimiro Garona, sacerdote paternal y autoritario que, aparte de examinarnos de religión, nos exigía aprender a ayudar a misa cuando la misa se hacía en latín, con lo que teníamos que practicar en las misas matinales para terminar “examinándonos” de este parte con él. Gracias que estos exámenes se solían hacer en las misas de alba, porque entre latín y latín, mal dicho o mal rezado, la sarta de pescozones que recibíamos del profesor oficiante eran tan numerosos que solían soliviantar a las pocas “beatas” que acudían a ellas, hasta que aprendíamos a hacerlo “como Dios manda”.
Valga esta experiencia pasajera de monaguillo para decir que me siento identificado con los concentrados, como se sentirán otros muchos de mi generación.
Diario HOY, 18 de marzo de 1984

lunes, 23 de octubre de 2017

César Borgia, obispo de Coria


Hay algo que desconocen la mayoría de los cacereños cual es que el famosísimo César Borgia fue también obispo de Coria. Hoy echamos la “ventana” por la curiosidad histórica y vamos a tratar de este tema.
Como se sabe por la historia, César Borgia era hijo de Rodrigo Borgia, elegido posteriormente Papa con el nombre de Alejandro VI, y hermano de la tristemente famosa Lucrecia Borgia, así como de Juan y Jofre, hijos todos ellos tenidos por Rodrigo, cuando era cardenal en Roma. Cuando el padre fue elegido Papa, eran ya crecidos y, como era habitual entonces, su padre los promocionó cuanto pudo ejerciendo lo que se llama nepotismo, que no es más que ayudar a la familia.
A César, el padre lo destinó a lo eclesiástico haciéndolo cardenal a los 18 años, aunque al ser su vocación la de las armas, trocó la púrpura cardenalicia por la espada, siendo uno de los mejores generales de su tiempo hasta llegar a ser el dueño de media Italia.
Pero dejemos la gran historia para ceñirnos a lo local. El hecho cierto es que César nunca estuvo en Coria, ya que el cargo era más bien honorífico y para proporcionarle una prebenda, ya que era el Nuncio el que cobraba las rentas de las diócesis y se las enviaba a Roma. Es más, en el “Episcopologio Cauriense”, de Orti Belmonte, aunque figura como el obispo número 54 de Coria se aclara que más bien figuró como administrador apostólico, entre 1496 y 1498, y se agrega que “noticioso el rey Fernando de Aragón de que intentaba dejar el capelo cardenalicio, ordenó que le secuestraran las rentas”. César acabó renunciando a su dignidad eclesiástica, ya que no había recibido más órdenes sagradas que el diaconado, y nunca visitó Coria.
Estos hechos eran normales en aquel tiempo y las designaciones se hacían para proporcionar unas rentas, sin ningún ánimo de que el designado dirigiera el propio obispado. Pero el hecho cierto es que figuró como obispo de Coria durante dos años.
Sucedió a César Borgia en el obispado de Coria, un primo hermano suyo: Juan de Borja (ya que el apellido Borgia o Borja eran el mismo). Este era hijo de una hermana del Papa Alejandro VI, que se había casado con un noble valenciano, que era el lugar de donde procedían todos los Borgias. El paso de Juan de Borja, por Coria fue de un año escaso, pero en la Catedral quedó su pétreo escudo
Y ya que de los obispos de Coria hablamos, diremos que desde el año 589 han pasado por la sede un total de 114 obispos, siendo el último don Jesús Domínguez, que ostenta precisamente ese número y es el primero de nombre Jesús que hay en la diócesis
Quede lo dicho como curiosidad poco conocida.
Diario HOY, 14 de enero de 1984

viernes, 13 de octubre de 2017

La Patrona, con horario comercial


Era una familia cacereña que llevaba años ausente de Cáceres y que, aprovechando que pasaban camino de Toledo, hicieron lo que cualquier cacereño ausente, devoto de la Virgen de la Montaña, hace nada más llega a la ciudad hacer un hueco en el viaje para al menos subir al santuario de la Patrona, verla y rezarle a sus plantas una oración contándole sus cuitas
Habrá que decir para el que no lo sepa que la devoción de la Virgen de la Montaña es algo arraigado en la entraña de los cacereños de tal modo, que para muchos es el único rezo que les une con la religión. Me confesaba un viejo cacereño que él era anticlerical, que no creía en los curas, pero que la estampa con la imagen de la Virgen de la Montaña no falta nunca de su cartera y que nada más podía, subía al santuario para estar un rato con la Madre espiritual de Cáceres y rezarle a su manera.
Aclarando esto, vuelvo con la familia viajera que, según ellos mismos contaban, llegaron al santuario sobre el mediodía, sobre las dos y media de la tarde, y con prisas para continuar el viaje, pero se encontraron con la desagradable sorpresa de que el santuario estaba cerrado.
Gestionaron con el ermitaño el si podían ver a la Virgen, explicándole el motivo y la prisa de su viaje, pero éste les dijo que la comunidad de monjas que lo sirven —o él mismo, ya que esto no lo aclaró del todo— tenían que comer y lo cerraban hasta las tres de la tarde, agregando como única solución el que esperaran hasta esa hora, ya que el lado del mismo había una cafetería y que, total, falta poco tiempo para las tres.
En definitiva, la familia no pudo esperar y se marchó con el deseo incumplido de ver a la Virgen a la que rezaron desde fuera, pero sin contemplar su imagen.
Ellos mostraban su extrañeza de que las devociones tengan que adaptarse a un horario comercial, de cierre y apertura, como si de un comercio se tratara. Es más, hasta insinuaron que si al ermitaño le dicen que quieren comprar unas medallas, posiblemente les hubiera abierto, pero les sentó tan mal el cierre que no quisieron hacerlo. “El que se cierre por la noche —decían— nos lo explicamos, pero no al mediodía, cuando las veces que la Virgen baja a Cáceres no se cierra nunca.” Pongan ustedes el comentario.
Diario HOY, 29 de octubre de 1983

miércoles, 26 de julio de 2017

Un mártir de la Independencia

Vamos a continuar hoy con nuestro “callejero” ofreciendo a los cacereños la razón y motivo de los nombres de algunas de nuestras calles. Hoy hemos parado mientes en la calle: “Adarve del Obispo Álvarez de Castro”, que es la que desde el Arco de la Estrella va hacia el Palacio de Moctezuma. ¿Quién fue este obispo? Pues bien, para saberlo hemos tomado datos del “Episcopologio Cauriense”, del fallecido investigador que fue don Miguel Ángel Orti Belmonte. Este obispo fue un mártir español de la guerra de la Independencia contra los franceses.
Don Juan Álvarez de Castro, obispo de Coria, tuvo su “reinado” episcopal entre los años 1790 a 1809, fecha en que murió asesinado por las tropas de invasión napoleónicas que mandaba el mariscal Soult, duque de Dalmacia, que invadió la tierras de Extremadura al frente de un cuerpo de ejército de 50.000 hombres.
El obispo era ya muy anciano, contaba con 84 años y hasta se había retirado a Hoyos, aunque desde allí, y a pesar de sus muchas dolencias, seguía gobernando la diócesis. Visto los destrozos y saqueos que las tropas francesas hacían en las iglesias, robando los objetos de culto y matando a fieles y sacerdotes, publicó diversas pastorales que prácticamente levantaron a Extremadura contra la causa napoleónica y contra los endiosados invasores que no respetaban vidas, haciendas ni creencias. Ello suscitó la malquerencia de los franceses, que ya en ocasión anterior le buscaron en Hoyos, aunque pudo escapar huyendo al campo aún a pesar de sus achaques y enfermedades.
Cuando bajó a Extremadura el mariscal Soult, tomando Baños de Montemayor, Plasencia y Coria, y sus correrías fueron sangrientas para los fieles y para el pueblo español, el obispo estaba en Hoyos y no se atrevió a huir por sus muchos achaques. Era el 13 de agosto de 1809 y se cuenta que un  “judas”, un español afrancesado (en nuestra tierra de héroes y conquistadores, como contrapunto, los ha habido siempre, y si no recordemos a Audas, Ditalco y Minuro, que vendieron a su jefe, Viriato) delató a los franceses que el obispo estaba en Hoyos. Lo tomaron prisionero y lo llevaron a Coria, donde en el propio palacio, y entre otros muchos españoles, le sacaron de la cama, y como no podía estar de pie, en el mismo suelo le dispararon dos tiros de fusil que acabaron con la vida del anciano.
Los franceses abandonaron Coria el 7 de octubre, tras saquearla e incendiarla, y lo único que se sabe es que se le enterró en la Catedral, pero sin saber exactamente en qué sitio. Bien merece el santo obispo esa calle cacereña.
Diario HOY, 22 de diciembre de 1981

martes, 11 de julio de 2017

¿Está "excomulgado" o no el Ayuntamiento de Cáceres?

Hay historias que les gusta  conocer a mis paisanos, aunque son antiguas, y que vienen muy bien para que presuman contándoselas a los que ahora por estas fechas veraniegas vienen a visitar nuestra Ciudad Monumental. Hoy les vamos a brindar una para que la cuenten a la vera de Arco de la Estrella. Cierto que se la vamos a dar sin muchos detalles (detalles que podríamos dar pero que la harían más prolija), pero con los suficientes e imprescindibles como para que el visitante se vaya complacido y ellos puedan presumir de conocer las viejas historias de su Cáceres que, algunas de ellas, como ésta que hoy tocaremos, están relativamente poco contadas.
Resulta, queridos convecinos, que a cuenta de la construcción y reforma que se hizo del Arco de la Estrella, allá por el siglo XVIII, nuestro Ayuntamiento está excomulgado, sin que podamos decir que la “excomunión” fuera o no válida.
Ocurrió que el Concejo de la Villa, con su corregidor al frente, contrató al arquitecto Miguel de Lara Churriguera para que reformara la antigua “Puerta Nueva” o “Arco de la Estrella”. Era un arquitecto de prestigio, hasta el punto que su nombre ha bautizado un estilo arquitectónico. Pues bien, se inició la obra, en la que, tras otras cosas, se pretendía darle mayor anchura y un “esviaje” a sus dinteles para que las carrozas pudieran entrar directamente al Palacio de Moctezuma, que era donde vivía el corregidor. Pero nadie se acordó de contar con el permiso del obispo de Coria, que vivía en el contiguo palacio, y que estimó que cualquier obra en la que hubiera una imagen de la Virgen o de los santos sobre ella necesitaba del permiso episcopal, por lo que se opuso a ella. El asunto se enconó y la discusión entre el Ayuntamiento y el Obispado llegó a mayores, decretando el obispo que de continuar la obra excomulgaría al Concejo de Cáceres. El Concejo no hizo caso de la amenaza y continuó y remató la obra del Arco de la Estrella, indicándose que el Obispado lanzó la excomunión prometida…
No quedó ahí la cosa, ya que el Concejo, tras varios acuerdos, envió carta a Roma, preguntando si la excomunión era válida… Y Roma aún no ha contestado. ¿Está o no excomulgado el Ayuntamiento de Cáceres?.
Diario HOY, 12 de agosto de 1981