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domingo, 4 de marzo de 2018

Poner en hora los relojes


Ahora que estamos al filo de la celebración de un Día de la Hispanidad, sería necesario revisar el concepto que nosotros tenemos de la Hispanidad, de lo hispano, o de la “raza”, porque así comenzaron a llamar a las celebraciones del 12 de octubre: Día de la Raza. Designación desafortunada y que no cabe ahora, porque a los pueblos que formamos la Hispanidad no nos une una, sino múltiples razas mezcladas; debiéramos revisar y renovar los conceptos que, sobre todos los españoles, tenemos de la Hispanidad y de lo hispano. Suelen ser conceptos anticuados que no corresponden a la actualidad.
Hemos de reconocer que ha habido una política desafortunada en este conocimiento mutuo que los pueblos hispanos debiéramos tener unos de otros. El que más y el que menos no pasa de los viajes de Colón, el Descubrimiento y la Colonización de América.
Pero resulta que desde entonces unas veces unidos y otras separados, los pueblos que formamos lo que hoy se llama la Hispanidad, hemos recorrido mucho camino y sabemos más bien poco unos de otros.
El Descubrimiento, la Colonización y la Conquista, son aguas pasadas. Aunque nos interesen a todos como referencia común, no son más que un punto de partida de esta explosión.
Yo creo que ahora es momento de meditar todo esto y de ponernos al día todos los pueblos que formamos esta amalgama de razas llamada Hispanidad, formada ya por más de 500 millones de seres. Creer que México es Hernán Cortés y la Conquista equivale a estar tan atrasado como el que allí piensen que nosotros somos Felipe II y las Leyes de Indias; o que Argentina es Martín Fierro y la Pampa. Tenemos que poner nuestros relojes en hora.
Diario HOY, 11 de octubre de 1987

lunes, 12 de febrero de 2018

Prestigiar a los conquistadores


Más de una vez me he referido en este espacio a la equivocada posición de algunos de nuestros altos políticos regionales que, por una ignorancia supina de la Historia, han llegado hasta a pedir perdón públicamente, en sus discursos, a representantes de países hispanoamericanos que nos visitaban, por la labor destructiva que hicieron allá nuestros conquistadores. Una y otra vez he insistido, desde mi poca autoridad, en la equivocación de tal posición, por lo que me ha agradado ver en un libro de suma actualidad, de Ramón Carnicer, titulado; “Las Américas peninsulares, Viaje por Extremadura. (Una importante contribución al conocimiento de España)”, un párrafo que también recoge la misma posición, con más autoridad que la mía, por lo que me decido a reproducirlo, por si vale para una meditación de esas autoridades, y de los extremeños en general.
Dice Ramón Carnicer: “No es posible resumir nuestra acción en América, en forma proporcionada a las dimensiones de este libro, por más que a uno le tiente, dada la enorme ignorancia en que vive la casi totalidad de los españoles acerca de las hazañas y el esfuerzo realizado allá por sus ascendientes. Como caracoles, por una estúpida conciencia de culpabilidad, generaciones y generaciones de españoles se han recogido en su concha al hacer suyas las interpretaciones denigratorias de países ávidos un día de introducirse en América y hundirnos en el desprestigio, como han hecho suyas las fábulas inquisitoriales y las relativas a Felipe II. Hoy en día, los descendientes de quienes las urdieron están destruyéndolas, para sorpresa de millones de españoles ignorantes o ingenuos.”
Eso es lo que dice Ramón Carnicer en su obra y esto es lo que comienza a vislumbrarse en el mundo entero.
Diario HOY, 10 de marzo de 1987

domingo, 11 de febrero de 2018

Que no se quede en palabras


Yo no sé si lograrán que la cosa se lleve a cabo, pero hay un precioso proyecto titulado “Cáceres 92”, para conmemorar de una forma estable y duradera —vamos, que deje huella futura— el V Centenario del Descubrimiento de América en nuestra ciudad.
Yo soy amigo más de estas celebraciones a las que podríamos llamar prácticas y de futuro, que a las que se quedan en pura palabrería de actos solemnes, juegos florales, discursos floridos, etcétera. Ciertamente no hemos tenido  mucho dinero en el pasado para dedicarlo a construcciones conmemorativas, como pudieron ser la “Plaza de la Provincias”, de Sevilla, construida para la Exposición del año 1929, o el “Pueblo Español”, de Barcelona, construido para otra importante exposición que allí se celebró. Posiblemente, las provincias pobres nos hemos tenido que conformar con los actos solemnes y los discursos floridos en los que, ciertamente (y más referido a América), a los extremeños nos ponían por todo lo alto, porque los políticos de todos los tiempos han tenido para sí, y cumplido, el refrán ese de: “de lo que lleva el viento, da sin tiento”… y el viento se llevó toda la palabrería de las conmemoraciones anteriores.
Del IV Centenario del Descubrimiento de América, que se celebró en Cáceres por todo lo alto, sólo quedaba una lápida conmemorativa en el salón de actos del Ayuntamiento de Cáceres, con algunos de los nombres de los cacereños que fueron a la conquista de América, y el libro de Publio Hurtado, que resultó premiado en un concurso, titulado: “Indianos cacereños”. Ahora, el Ayuntamiento y la Diputación tienen un proyecto conjunto para transformar el Parque del Rodeo en un complejo urbano que imite una variada tipología de viviendas singulares de la arquitectura popular de Extremadura y América. Esperemos que el proyecto se lleve a cabo y quede hasta, por lo menos, el VI Centenario.
Diario HOY, 4 de marzo de 1987

jueves, 1 de febrero de 2018

La obsesión del presidente


Nuestro presidente, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, tiene obsesión por lo que los conquistadores extremeños hicieron en su época y en su entorno histórico, y anda a vueltas pidiendo perdón a todo el mundo por lo que aquellos superhombres, nacidos en su mayoría en este mismo suelo donde nacimos él y yo, hicieron en la conquista del nuevo mundo. Pienso yo, como extremeño de ahora, que las espadas del pasado están bien en sus panoplias y que ninguno de los extremeños de ahora vamos a tener ocasión de que pidan perdón por nosotros, ni de que —con perdón o sin él— la historia nos llegue a considerar, a los que formamos ahora Extremadura, ni sombra siquiera de lo que fueron e hicieron aquellos conquistadores de antaño, con los que sólo nos une, a mi modo de ver, el haber nacido en la misma tierra, porque creo que ni descendientes de ellos puede considerársenos.
En mis viajes a Hispanoamérica, cuando algún guía o intelectual de aquellas tierras se mostraba tenso por no querer hablar mal de los conquistadores en mi presencia, yo solía decirle: “Puede hablar con toda libertad mal de los conquistadores, porque de quien hablará mal en primera instancia es de su propia familia, no de la mía. Mi abuelo o tatarabuelo se quedó en España, y por eso nací yo allí, los conquistadores pudieron ser hermanos de esos antepasados míos, pero aquí casaron y aquí quedaron sus descendencia, que es de la que ustedes procederán, pero no yo. Por tanto hable mal de los conquistadores, que son más familia suya que mía.”
Esto mismo habría que decirle a Rodríguez Ibarra, para que se deje de pedir perdones ajenos y se dedique más a lo que podamos conquistar y hacer los extremeños de ahora, que a lo que hicieron aquellos superhombres de antaño con los que, ojalá, pudiera comparársenos hoy.
Diario HOY, 18 de noviembre de 1986

jueves, 28 de diciembre de 2017

Un conquistador negativo


Ya que estamos en la preparación del V Centenario del Descubrimiento de América, no está de más que hablemos de los primeros cacereños que, hace cinco siglos, fueron los primeros en plantarse en el recién descubierto continente. Tampoco está de más que los cacereños actuales conozcamos sucintamente sus hazañas y sepamos que algunos de aquellos paisanos no fueron conquistadores como entendemos ahora, sino gentes que en alguna ocasión estuvieron a punto de dar al traste con la actual historia que contamos.
Este fue el caso de Francisco Hernández de Cáceres, o Hernández Girón que era su verdadero nombre, aunque él prefería ser llamado de Cáceres, por haber nacido en nuestra ciudad. Pues bien, este paisano nuestro quiso proclamarse rey del Perú y estuvo casi a punto de conseguirlo.
Fue allí como uno de los capitanes de los Pizarro y había logrado gran prestigio entre los soldados ya que era un hombre muy generoso. Había conseguido tierras, riquezas y repartimientos de indios a los que, como muchos de su época, explotaba como verdaderos esclavos. Esto estaba en contra de las leyes de protección del indio que habían dictado los reyes españoles, por lo que cuando las cosas se pusieron serias logró hacer un levantamiento, precisamente el domingo 12 de noviembre de 1553, con motivo de una boda que se celebraba en Cuzco entre las familias Castilla y Loaisa, pasando a cuchillo a muchos de los comensales. Se le unieron 900 hombres, que declararon la guerra a las autoridades constituidas y ganaron las batallas de Ica y Chuquinanga. En Pucara, dispuesto el campo para otra batalla, los oidores hicieron correr entre las huestes de Hernández el que habría amnistía y seguro de vidas y haciendas para quien lo abandonara, con lo que le quedaron solo. Fue decapitado en Lima el 7 de diciembre de 1554.
Como pueden ver, entre los conquistadores hubo de todo.
Diario HOY, 9 de octubre de 1985

sábado, 23 de diciembre de 2017

El asunto de los festivales


En Cáceres capital hemos ido a menos hasta en la cosa de festivales. No es que estuvieran bien con otros gobiernos, o con gobiernos de otro color, porque a decir verdad, es desde la democracia para acá cuando se nos han puesto peor. Pero algunos de los gobiernos democráticos no socialistas intentaron, sin mucho éxito —que todo hay que decirlo— apuntalarlos al menos. Es desde el Gobierno socialista desde cuando la cosa se nos torció del todo. Yo tengo para mí que este olvido socialista de la capital, en cuanto a festivales es un poco de revancha, porque aquellos Festivales Folklóricos Hispanoamericanos, de grata recordación que se hacían en Cáceres y que comenzaron a tener fama en toda Hispanoamérica, como puedo atestiguar por haberlo comprobado desde Méjico, fueron idea y organización de don Blas Piñar, cuando era director del Instituto de Cultura Hispánica. Cierto que cuando él dejó dicho Instituto para dedicarse a otras cosas, los festivales comenzaron a hacer agua, como suele decirse, porque otros directores de ese Instituto no supieron orientarlos, o bien porque las circunstancias habían cambiado.
Cierto y verdad que como aquello dio dinero a Cáceres y a su hostelería, principalmente, hubo verdadero interés por parte de algunos alcaldes, presidentes de Diputación y aún gobernadores, por resucitarlos, pero por aquello de que nunca segundas partes fueron buenas, cuajar no cuajaron tanto como los otros, pero hubo orientaciones nuevas y nuevos intentos que trajeron a Cáceres capital espectáculos de teatro de categoría, algunos “Otoños musicales” de grata recordación y algún otro intento digno de destacarse. Fueron los socialistas los que dieron al traste con los espectáculos de categoría, y para todos, en la capital. No quiere esto decir que no se gasten sus buenas pesetas en movidas para la juventud (quizás porque electoramente pueden ser más rentables), pero han preferido atender a los pueblos —que se atienden con menos dinero—, lo que no nos parecería mal si no se hubiera olvidado totalmente a la capital. ¿Pudiera ser por lo de Blas Piñar?.
Diario HOY, 4 de agosto de 1985

viernes, 22 de diciembre de 2017

¿Por qué calle Cozumel?


Monumento a Gonzalo Guerrero - Cozumel
Como en estas “ventanas” cabe todo, y nos hemos ocupado, más de una vez, del origen del nombre de muchas calles cacereñas, vamos a complacer a unos vecinos de la nueva calle Cozumel, dentro del polígono “Isabel de Moctezuma”, que nos preguntan el porqué del nombre de su calle.
A las calles de ese polígono, con muy buen sentido a nuestro modo de ver, se les han dado nombres de la conquista americana. Cozumel es el de una isla mejicana de las costas del Caribe, como lo es “Isla Mujeres”, que son de las primeras que toca Hernán Cortés antes de iniciar la conquista de Méjico. Es más, en ese isla, Cozumel, que es la más grande del grupo, rescata a Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero, náufragos de la expedición de Nicuesa y que por haber vivido entre los indios yucatecas sabían su lengua.
Hay un hecho curioso y es que Gonzalo Guerrero, a las insinuaciones de Cortés de que se unan a él para servirle de intérpretes, se niega a hacerlo, porque se había casado con una princesa india, con la que tenía ya dos niños, y no debía abandonar a su familia y su casa que la tenía allí entre los indios que le consideraban un guerrero más entre ellos. Es el primer mestizaje americano, y allí existe un bello monumento en bronce, en que se ve a Gonzalo con su mujer, una bella india, mirando ambos, entusiasmados, cómo juegan sus hijos —mestizos— con el casco de conquistador de su padre.
Ello puede explicar quizás que la zona del Yucatán sea la parte más pro-hispánica de todo Méjico. Allí, tras de vencer Cortés a los indios yucatecas, que acaban siendo amigos, le proporcionaron como intérprete a “la Malinche”, que después se llamó doña Marina y sería pieza clave en la conquista mejicana. Jerónimo de Aguilar también aceptó unirse a Cortés como intérprete, pero a Gonzalo Guerrero le dejaron seguir con su familia en Cozumel. Creemos haber complacido a estos vecinos.
Diario HOY, 28 de julio de 1985

viernes, 1 de diciembre de 2017

América a mano


Me lo ha suscitado la “Muestra de Cultura Precolombina y Colonial” que acaba de abrirse en San Francisco y que pienso yo que es algo que deberíamos ver todos los cacereños. Hay un hecho real y es que los españoles en general y los extremeños en particular, tras de estar varios siglos “haciendo América” y dejándonos allí la piel y la sangre —y la descendencia—, quizás porque nos echaran de mala manera, porque aquellos pueblos tenían derecho a su “autonomía” —a regirse por ellos mimos—, nos volvimos a nuestra Península y nos olvidamos de todo aquello “echándole siete llaves —no al sepulcro del Cid— sino al sepulcro de los conquistadores y colonizadores” de los que hoy, las nuevas generaciones de extremeños —descendientes de los que hicieron aquello— no sabemos una palabra.
Yo, para bien o para mal, he recorrido algunos de aquellos pueblos y, aparte de ir de asombro en asombro, he sentido vergüenza ajena, porque cada dos por tres surgían nombres de paisanos nuestros que fundaron ciudades, gobernaron aquello (bien o mal, que esto importa menos), matizaron costumbres y realizaron la aventura más grande que conocen los siglos, y yo no sabía de ellos una palabra. Por eso creo que para el español, y para el extremeño en particular, le viene muy bien —si puede— darse una vuelta por allí, porque en América está lo nuestro más que en lado alguno.
Por eso pienso que esta exposición, al ser un poco acercar todo aquel mundo a los descendientes de los que hicieron parte de él, es un verdadero acierto. Veremos allí las cultura que encontraron ojos extremeños que llegaron los primeros allí, y que fueron los últimos en regresar, de Filipinas y Cuba. Es más, pienso que con ese espíritu debe verse la muestra en la que se ha logrado una síntesis muy aceptable de lo que fue la historia americana desde antes de llegar Colón hasta que aquello dejó de pertenecernos. Creo que por todo ello merece la pena felicitar a los organizadores que han logrado ponernos a mano algo de la América nuestra.
Diario HOY, 23 de diciembre de 1984

lunes, 20 de noviembre de 2017

Un aglutinante de nuestro regionalismo


Pienso yo y creo que lo he dicho alguna vez, que en lo regional deberíamos prestar más atención a lo que puede ser investigación de la historia de nuestra región, que tiene la ventaja sobre otras de haber tenido una trascendencia internacional en el descubrimiento y la conquista de América.
Quizás la historia referida a la propia región, a la que podríamos llamar local, ha tenido buenos investigadores, pero hemos tenido un fallo garrafal en cuanto a la gran historia que escribieron los extremeños más allá de sus fronteras y que, como dice Chamizo: “Los nuestros quedaron sin contala endispués de jacela.”
Hora es ya de que algunos de los que nos llamamos descendientes de aquéllos, pongamos pie —y mano— en contar esas historias que, sorpresivamente, son historias nacionales de algunas de las veintitantas naciones de nuestro habla, y que suelen sonarnos a chino a los propios extremeños que hemos viajado por ellas, porque aquí nadie se ha ocupado de reseñarlas y contárselas a nuestro pueblo.
Fuimos los primeros en América, hasta el punto de que cacereños como Pedro Corvacho, acompañaron a Colón en sus viajes y los últimos en Filipinas, con Martín Cerezo, pero nuestro pueblo se ha olvidado de todo porque no hemos tenido quien le cuente todo esto, o han sido muy pocos intelectuales e investigadores de la región los que se han ocupado del tema ¿Qué se sabe en Trujillo, a nivel de pueblo, de lo que hizo en América “la saga de los Pizarros”? ¿Qué sabe el pueblo de Badajoz de las gestas de Hernán Cortés, o de Hernando de Soto? ¿Qué sabe el pueblo de Cáceres de lo que fue en la conquista y colonización Fray Nicolás de Ovando?
Pienso yo que si estos personajes hubieran nacido en Vasconia y en Cataluña,  sabrían de ellos hasta los párvulos de las escuelas, y pienso que un modo de afianzar la fe de los extremeños en su regionalismo, podría ser el que las instituciones de la región se ocuparan de ello, tomando como pie el próximo aniversario del descubrimiento.
Diario HOY, 5 de septiembre de 1984

viernes, 17 de noviembre de 2017

Ni conquistadores ni conquistados


Hay una cosa quizás poco contada en ese hecho que protagonizamos principalmente los extremeños, como fue la conquista de América, me refiero al hecho del nacimiento del mestizaje, o del criollismo, con iguales derechos, ante la ley de Dios y de los hombres, para los de raza pura española que para los propios mestizos con mezcla de sangre india y española. No hubo en este hecho racismo, sino el reconocimiento de una raza nueva, con iguales deberes y derechos.
Contado hasta la saciedad está el caso de Isabel de Moctezuma, princesa azteca, que casa con un cacereño, el capitán Juan Cano, y cuyos descendientes viven en Cáceres y gozan del derecho de nobleza que se le reconoce —por parte del reino de España— en sus dos ramas, la paterna y la materna, porque la corte española reconoció a Isabel, la azteca, como una noble de Castilla.
Pero hay un caso menos contado, de otro linaje extremeño de Trujillo, que también lleva sangre india, aunque en este caso del Perú.
Francisco Pizarro, el conquistador de Perú, tuvo dos hijos de la princesa india  Inés Yupanqui, considerados también como nobles por ambas ramas. Uno de ellos, una niña, que recibió el nombre de su padre, Francisca, andando el tiempo vino a Trujillo y se casó con su tío Hernando Pizarro, viviendo los esposos en el Palacio de la Conquista en aquella ciudad, y siendo la cabeza de otra rama noble de mestizaje, en el que vuelven a mezclarse la sangre india y la española, sin ningún asomo de racismo.
Hay otro hecho también poco contado y fue el de las mujeres extremeñas que pasaron a América, siendo también las “conquistadoras” de aquel suelo. María de Escobar, trujillana, fue la primera mujer que llevó semilla de trigo a Perú e Inés Muñoz fue la primera extremeña casada que llegó a Perú, siendo fundadora en Lima. Con lo que, en un sentido y otro, hubo conquistadores y conquistados.
Diario HOY, 11 de agosto de 1984

domingo, 29 de octubre de 2017

Extremadura ante el V Centenario


Veíamos en la última “Clave” de Televisión, el coloquio que se orientó principalmente a la exposición que va a hacerse en Sevilla con motivo del “V Centenario de Descubrimiento de América”.
Hubo dos cosas que nos llamaron la atención, una de ellas es la improvisación que quiere dársele a esta celebración, aún en esa sede elegida, enterándonos de que aún no hay casi nada en concreto sobre la exposición conmemorativa, y por otra la ausencia de regiones como la nuestra que tanto protagonismo tuvieron en la conquista de América, y aún en el descubrimiento, ya que la cesión de las tres carabelas a Colón se firmó en Guadalupe, donde peregrinó el propio almirante para bautizar a los 12 primeros indios que trajo de los territorios recién descubiertos y dar gracias a la Virgen de Guadalupe, por haber rematado con bien la hornada y primer viaje, tras del que se descubrió América.
Queremos decir que Extremadura no sólo tuvo protagonismo en la posterior conquista de los territorios descubiertos, sino en el mismo descubrimiento, como demuestran esas dos cosas a las que nos referimos.
Pues bien, con todo, parece que nuestra región tendrá un protagonismo marginal en esta quinta conmemoración del descubrimiento.
Por aportar algún dato de lo que supuso en Cáceres la celebración del “V Centenario del Descubrimiento”, realizada en 1892 —con lo que queremos decir que casi ha pasado un siglo— diremos que entonces, con ese motivo, y sin haber organismo coordinador regional, como ahora es la Junta de Extremadura, diremos que ello provocó la publicación de un libro titulado: “Indianos Cacereños. Notas biográficas de los hijos de la Alta Extremadura que sirvieron en América en el primer siglo de su conquista, escritas con motivo del IV Centenario de su Descubrimiento”, en la que Publio Hurtado —autor del trabajo— da las biografías de más de un centenar de cacereños que intervinieron en la conquista. Aparte de lo dicho y de otros actos realizados de los que hay memoria, en el salón de honor del Ayuntamiento cacereño figura una placa en la que se dice: “Al solemnizar el IV centenario del Descubrimiento de América, se quiere perpetuar en este Víctor los nombres de los hijos de esta ínclita ciudad, que más se distinguieron en la conquista el Nuevo Mundo: García de Holguín, Juan Cano de Saavedra, Lorenzo de Aldana, Francisco Godoy y Perálvarez Holguín.”
Quiere ello decir que, con pocos medios y sin tanto ruido, se hizo algo trascendente, por lo que es de esperar que ahora, con más medios y aún con más ruido, se debe hacer algo que merezca la pena.
Diario HOY, 4 de marzo de 1984

martes, 26 de septiembre de 2017

Al paso de la “leyenda gris”


En su discurso de ingreso a la Real Academia de Extremadura, Carlos callejo señalaba que al lado de la llamada “Leyenda Negra” española, se venía alzando una “Leyenda Gris” sobre nuestros conquistadores, que los hacía ver como hombres sólo de rapiña o como pobres emigrantes, que no fueron allí más que buscando oro, la comodidad de un trabajo, porque no tenían otro en la península. Lo malo de todo esto —que también señalaba Callejo— es que los propios extremeños hacemos coro a esa leyenda que nos viene de fuera.
Yo estoy de acuerdo con él, pero pienso que ese oficio de  corifeos” nos viene dado por la ignorancia de nuestras propias cosas, porque puestos a analizar, como suele decirse, con la mano en el corazón, dígame qué libros sobre las hazañas de nuestros antepasados hemos leído cada uno de nosotros. Dicho de otro modo, nosotros somos los más ignorantes de las gestas que nuestros antepasados realizaron y, si acaso, hemos leído algún libro general escrito por algún extranjero en el que se arrimaba el ascua a la propia sardina del autor, insistiendo aún más en esa leyenda generalizada de la que se nos tilda. Es un poco seguir a Chamizo cuando dice: “Fazañas que los nuestros dejaron sin contarlas endispués de jacerlas.”
Pero lo curioso es que, si los nuestros no las contaron, hubo otros que participaron con ellos en la conquista, que sí que las contaron —como suele decirse— de primera mano. Esto es lo que nos interesaría saber y buscar esos libros de “primera mano” en que estas hazañas se cuentan, sin la “mala uva” que otros autores más modernos, y extranjeros, le echaron posteriormente… Pero es que leemos tan poco los extremeños.
Bien, como estamos en la Semana del Libro, yo me voy a permitir recomendarles uno que ha editado la Institución cultural “El Brocense” y que puede servir para que los de nuestra tierra conozcamos, de primera mano, lo que hicieron Pizarro y los suyos —primero 13 y luego solo 160 hombres— en la conquista de un territorio tan amplio como el Perú, enfrentándose a un ejército organizado de más de 50.000 indios dirigidos por Atahualpa y sus generales que no eran precisamente soldados bisoños ya que hacían vida de la guerra.
El libro se titula: “Caballeros de espuela dorada”, es autor del mismo Jorge Ernesto Funes. Puedo decir de él que jamás podrán leer un libro de aventuras más emocionante, y podría agregar que más imaginativo si es que las hazañas que en él se cuentan no fueran reales, pero da la casualidad que lo son porque las narran los testigos presenciales de los hechos.
El autor se va a las crónicas originales y olvida las escritas posteriormente por gentes que no estuvieron presentes en ellos. Hagan la prueba y verán cómo existe en realidad esa “Leyenda Gris” de la que habla Carlos Callejo.
Diario HOY, 27 de abril de 1983