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sábado, 25 de noviembre de 2017

La cara y el espejo


A veces los grupos políticos minoritarios, que suelen serlo todos en las actuales circunstancias excepto los socialistas, utilizan la prensa para decir lo que esa mayoría hegemónica no le deja expresar claramente en las corporaciones a las que pertenecen porque se cortan los debates, se pasa a votaciones, que de antemano se sabe se perderán, y funciona el consabido rodillo, en el que estas minorías hacen intervenciones testimoniales de las que no quedan satisfechos y se acogen a la generosidad que les de la tribuna pública del periódico para, al menos, ejercer ese derecho del “pataleo” en el que a lo mejor —y no lo afirmo— no les ha dejado ejercer el grupo mayoritario. No sucede siempre igual, pero es la norma corriente al uso actual en casi todas las corporaciones con mayoría socialista.
Lo que ya no entiendo tan bien es por qué esa tribuna pública que es el periódico, pone tan nerviosos a los que mandan con un respaldo mayoritario, y lo pagan con los propios medios informativos que no son más que el espejo de lo que sucede en la calle y que —todo hay que decirlo— ellos utilizaron igualmente cuando estaban en la oposición. No parece sino que la hegemonía se quiere llevar igualmente a los medios informativos, que no están obligados a decir amén a todo lo que hagan los que mandan. Lo sano de la democracia es precisamente eso, la libertad de expresión —aun con mayorías hegemónicas— en los medios de información y hasta llego a pensar que ello es respaldo de esa misma democracia.
No quiero descender a detalles concretos, que los hay, sino decir que eso es sano y no hay por qué pagar con el medio. Es como el feo que rompía indignado el espejo al verse y al que el clásico decía: “El romper la cara importa, que el espejo no hay por qué.” Espejos somos de lo que sucede y honradamente reflejamos lo que hay delante sin ser nosotros los que creamos imagen.
Diario HOY, 30 de octubre de 1984

lunes, 24 de julio de 2017

Un recuerdo a "El Radical" y "La Caya"

(Incluida en el libro “Ventanas a la Ciudad”)
Puestos a recordar los tipos populares y famosos que hubo en este Cáceres nuestro, el otro día recordaban conmigo unos amigos, a una pareja que pasó al mundillo de la pequeña historia local, con ambos nombres unidos y enlazados, como lo hicieron a la gran historia Romeo y Julieta o Sansón y Dalila. No es que ellos fueran tan amorosos, pero sí que lucharon juntos en la vida y unidos —creemos que en santo y feliz matrimonio— convivieron con nuestros convecinos, que los conocieron como “el Radical” y “la Caya”.
Yo tengo que confesar que no conocí nunca el nombre del primero, y tampoco el apellido de ella, porque para todos eran simplemente “el Radical” y “la Caya”, aunque parece ser que el mote de él venía de que había sido vendedor de periódicos —cuando éstos se voceaban por la calle— y el primero que vendió de éstos era “El Radical” y a fuerza de pregonarlo fue él el que se quedó con “Radical”, por cuyo nombre atendía sin ofenderse por ello. Cuando yo le conocí, siendo niño, eran ya otros los periódicos que vendía entre ellos y con preferencia nuestro colega Extremadura, y son numerosísimas las bromas y anécdotas que de él se cuentan, porque aunque vendía prensa no sabía leer y tenía que recurrir a algún “amigo” para que le dijera cual era la noticia más importante del día que traía el periódico. Y como los hay con mucha guasa, no le informaban siempre fidedignamente, y así se le oía pregonar cosas como esta: “El diario —el que fuera—, con las últimas noticias: un hombre atropellado por una máquina de escribir...” Broma que en un cierto modo le hacía vender más periódicos por lo que él, que era de buena pasta, no se ofendía con nadie.
Era hombre que trabajar era lo único que sabía hacer, sin fijarse para nada en lo que sucedía a su alrededor, y en este aspecto yo recuerdo que el mismo día que bombardearon Cáceres unos aviones republicanos y hubo un montón de vecinos muertos y heridos a consecuencia de aquello, mientras los demás se condolían con lo que había pasado y trataban de ayudar, cruzó “el Radical” por todo aquel maremagnum pregonando lotería —que era lo que vendía en aquel entonces—, pero sin enterarse de nada de lo que sucedía alrededor. Últimamente vendió jabón, cuchillas de afeitar y velas, y en las mismas procesiones ofrecía éstas últimas, con un reiterativo pregón que hasta tapaba los rezos. Después desapareció de Cáceres, igual que llegó, sin que nadie sepa dónde ha ido.
Diario HOY, 9 de diciembre de 1981

NOTA.- Las dos fotos que ilustran este post muestran a Antonio Fernández “El Radical” vendiendo el periódico y ambas son del año 1934. Son hallazgos del investigador D. Ángel Granadero Ropero. La primera, en blanco y negro, es del fotógrafo Javier. La segunda, en sepia, pertenece al fondo de la Biblioteca Nacional

miércoles, 19 de julio de 2017

Los epitafios de "El Gazpacho"

(Incluida en el libro “Ventanas a la Ciudad”)
Hay tradiciones que no sé yo si por desgracia —o por fortuna— acaban perdiéndose. En Cáceres, y supongo que en otros puntos de España, por estas fechas de la festividad de los Santos Difuntos era obligado el poner en el teatro El Tenorio, que se veía de año en año como si se tratara de algo nuevo. También por estas fechas los periódicos locales —al menos los cacereños— hacían unos reportajes sobre los difuntos, el cementerio, los epitafios de las lápidas y otros temas que se enfocaban casi siempre por el lado romántico. Quizá el periódico que rompió esta tradición, aunque la siguiera, fue el que se publicaba en Cáceres a finales de siglo bajo el titular de El Gazpacho. Este periódico tuvo mucho predicamento y sus números se agotaban; era un periódico de humor y tuvo que tratar con humor estos y otros muchos temas. Precisamente su número de 4 de noviembre de 1894 —ya ha llovido desde entonces— recogía unos “epitafios” lapidarios que hicieron las delicias de nuestros antepasados y en los que vamos a “espigar” algunos para que ustedes tengan una muestra. Ahí va un ejemplo:
“Aquí yace un concejal
que pasó a vida mejor
porque le llamó el Señor.
pero le llamó ¡animal”!
La publicación era de tendencia liberal y, como era lógico, desfogaba su humor contra el otro partido, o sea, el conservador. Por lo que siendo el presidente de la Diputación conservador, incluía otro “epitafio” que decía:
“Aquí yace un empleado
de nuestra Diputación:
falleció de indigestión
después de haber almorzado
con Sánchez el anfitrión.”
Ni que decir tiene que el Sánchez aludido era precisamente el presidente de la Diputación. Y para cerrar la muestra de estos entretenimientos de temporada que ofrecían los periódicos, ofrecemos el siguiente:
“Aquí yace un usurero
que prestó al ciento por uno
y pasó por caballero
siendo un criminal y un tuno.
Con la capa de hombre honrado
fue un verdadero ladrón,
y altos puestos ha ocupado
dentro de nuestra nación.”
Como verán, ingenio no faltaba a la publicación que hacían, según su propia “mancheta”, varios cocineros de la capital aderezándola con cierta pimienta.
Diario HOY, 4 de noviembre de 1981