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miércoles, 27 de diciembre de 2017

Un monumento al Calerizo


(Incluida en el libro “Ventanas a la Ciudad”)
Nuestra Universidad manifestó en tiempos intenciones de que se rindiera un homenaje a la “Fuente del Concejo” por ser la que había abastecido de agua a Cáceres durante siglos. Creo que la iniciativa surgió del Departamento de Geografía y como sugerencia al propio Ayuntamiento cacereño que tomó nota —como suele hacerse en estos casos— para después olvidarlo.
Yo no sé los méritos que el Departamento de Geografía vería en la “Fuente del Concejo”, ni soy quién para valorarlos o discutirlos, pero pienso yo que de rendir homenaje a algo inanimado, como una fuente, sería preferible rendírselo al Calerizo al que sí, y en mayor medida, le debe la vida el Cáceres de todos los tiempos. Creo que la cosa merece explicarse, máxime con la polémica entablada últimamente alrededor de esa zona geológica de la ciudad, y por tanto vamos a ello.
El caso de la vida en Cáceres es al menos insólito. Según se decía en los tratados históricos clásicos, la vida del hombre surgió alrededor de los ríos, y allí, únicamente allí, se formaron las poblaciones. Pues bien, en Cáceres no hay río alguno sino un depósito subterráneo de aguas, un acuífero, que tiene nada menos que trescientos millones de años de existencia, alrededor del cual hubo vida —como demuestra la Cueva de Maltravieso— desde el “Neolítico”, que es la época en que el hombre comenzó a pulimentar la piedra y domesticar los primeros animales. Desde entonces el Calerizo, con sus arroyos y fuentes —que serían más numerosos que ahora— era conocido y habitado por poblaciones de hombres. También en época moderna fue el que provocó la primera —aunque raquítica— industrialización cacereña al encontrarse en él un importante filón de fosforita que dio lugar a Aldea Moret y a su poblado minero, conservado hasta hace poco. El interés de don Segismundo Moret en extraer ese mineral, de cuyas minas era copartícipe, dio como resultado el que el ferrocarril llegara a Cáceres antes que a otros sitios, cosa que debemos también al Calerizo. ¿Y para qué seguir? Como ven hay sobradas razones para hacer un monumento a nuestro Calerizo, antes que a cualquier fuente de la ciudad.
Diario HOY, 2 de octubre de 1985

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Un poco de seriedad…


Como hoy voy  hablar de la poca seriedad de algunos organismos, que deberían ser más serios, la gente puede echarme en cara que hace unos días hablaba de que se ríe poco y había que endulzar con humor muchas cosas de esta vida que nos ha tocado vivir. Son cosas distintas totalmente, una cosa es echar humor a la vida y otra muy distinta es no cumplir con seriedad los compromisos públicos que uno adquiere.
Resulta que con motivo de un anunciado corte de agua en el suministro a la población, anunciado con días de antelación —como debe ser— cuando todo el vecindario estaba involucrado en recoger agua en diversos recipientes y hasta ordenar su vida para que el corte les afectara lo menos posible, llega el servicio (o el Ayuntamiento, que es lo mismo) y dice que no corta el agua y que la corta mañana; de ese “mañana” unos se enteraron y otros no, porque no se dio el suficiente tiempo a los medios informativos de volver  anunciarlo y porque nos puede estar diciendo: hoy no corto, aunque lo anuncié, pero mañana sí. En fin, que los despistes han sido grandes, el agua no ha llegado a los pisos altos de muchos sectores, donde muchos vecinos pensaron que el corte se había hecho ya, y se quedaron sin poder utilizar ese líquido esencial, y más en verano, porque ellos no sabían que el corte llegaba como la Renfe, con retraso.
Ni que decir tiene que infinidad de vecinos han llamado al Ayuntamiento, o al servicio, para protestar y decir que esto no es así y alguno nos ha dicho: “Que esto pasara en la dictadura era explicable, pero que pase en la democracia y que corten cuando les sale de las narices y sin avisar a nadie, es intolerable”. Lo es, sí señor, porque además en la dictadura —que podían teóricamente cortar cuando quisieran— solían avisar más seriamente al vecindario.
  Diario HOY, 28 de junio de 1985

martes, 19 de diciembre de 2017

Tergiversar la historia


Ahora se acostumbra mucho a tergiversar la historia más próxima, la de la dictadura de Franco negando todo lo positivo que se hizo en esos cuarenta años de historia de España y dejando sólo lo negativo, porque en cuarenta años se dan ambas cosas. Pero existe un empecinamiento interesado a negar la evidencia, aun por parte de algunos profesores de Historia, que yo suponía que eran sólo locales, y por mero “despiste”, pero que no lo son, porque en una audición de Luis del Olmo, en una entrevista a escala nacional a un personaje, en la que se hablaba de los años cuarenta, hubo la misma negativa, por lo que presumo que es una “orden del partido” de tratar ese asunto así, de una “forma política”.
Me refiero a la construcción de los pantanos cacereños, la mayoría inaugurados por el propio Franco, (en jornadas en las que como periodista estuve presente), de los que comienza a afirmarse —con toda desfachatez— se hicieron en la dictadura de Miguel Primo de Rivera o durante la República, al menos se iniciaron entonces. Pues bien, tan incardinados están los pantanos extremeños y su construcción a Franco, que en plan chiste se le llamó entonces “Paco el Rana”, porque iba de pantano en pantano inaugurándolos. Todos los once pantanos que existen en Cáceres, fueron realizados e inaugurados en la época de Franco, como lo fueron los que forman el “Plan Badajoz”, diré que el “Rosarito” comenzó sus obras en 1940, y le inauguró Franco en 1954; el “Gabriel y Galán”, salió a concurso en 1946 y lo inauguró Franco en la misma fecha citada antes; el “Borbollón” se comenzó en 1944, y lo inauguró el 10 de mayo de 1954, siendo todos los demás de fecha posterior con lo que quiero decir que todos se construyeron en los cuarenta años de caudillaje, y la mayoría los inauguró el propio Franco. No reconocer esto así, es mentir política y descaradamente.
Diario HOY, 19 de junio de 1985

viernes, 8 de diciembre de 2017

De la historia próxima


No siempre va a ser hablar de historia pasada, sino también de la próxima, ya que por proximidad muchas veces acabamos sabiendo menos de ella que del pasado histórico remoto.
Comenzando por los pantanos, realidad que se nos vino a Cáceres por los años de la dictadura de Franco y que, queramos o no, han contribuido al progreso de nuestra provincia, dígase lo que se diga, y aún a que, al menos, nuestra Diputación cobre el canon de energía eléctrica, en fin, volviendo a los pantanos, comenzaremos aclarando algo que nos ha preguntado un comunicante: ¿Por qué el pantano de “Rosarito” se llama así? ¿Quién era Rosarito?
Pues bien, este pantano recibió dicho nombre por estar emplazado muy cerca de las ruinas del antiguo monasterio de Nuestra Señora del Rosario, en la provincia de Toledo, donde ésta se une con las de Ávila y Cáceres, por lo que podríamos decir que el pantano está en la unión de las tres provincia, aunque embalsa aguas del Tiétar que proceden en gran parte de las gargantas de la sierra de  Gredos, con capacidad de 84 hectómetros cúbicos.
Es curioso saber que este pantano pertenecía al plan de obras hidráulicas de 1902, pero no fue aprobado hasta septiembre de 1939, comenzando sus obras en 1940, tras muchas vicisitudes con la empresa constructora, por lo que éstas no tomaron el suficiente ritmo hasta 1943. El importe total de las obras hidráulicas de los riegos del “Rosarito” se estimó en más de 275 millones de pesetas, lo que ahora se nos antojaría un regalo, pero que en su época supusieron una cantidad enorme de inversión. Este pantano fue origen de la realización de diversos pueblos nuevos, siete en total, que siguen persistiendo.
Diario HOY, 28 de febrero de 1985

sábado, 11 de noviembre de 2017

Lo peor fue poner el grifo


Yo sabía ya que lo peor era instalar el grifo, y una vez instalado, el darle o no a la llave llevaría a discusiones, guerras y confrontaciones no deseables, porque aunque se prometa hacer una legislación teórica para la apertura o no del grifo, ésta se saltará a la torera nada más que las medidas de presión del que intenta abrirlo sean mayores que las del que intenta que no se abra.
Como habrán sospechado, me estoy refiriendo al trasvase de aguas del Tajo al Segura, que aprobado ahora en Consejo de Ministros (suponemos que oídas las razones de las dos cuencas) trasvasará sólo 50 millones de metros cúbicos, ha causado honda preocupación los regantes del Segura, que piden se trasvasen 150,  y amenazan con una manifestación gigante de los agricultores de Murcia y Alicante, para que el “grifo” se abra hasta lo que ellos piden.
Esto lo comparo yo con aquella teoría de poner una cadena en las nubes, para que, según se tire de ella —como en las cisternas—, caiga el agua o deje de caer a gusto de unos y otros, pero que ocasionó la guerra entre los que deseaban lluvia y los que no la deseaban. Si hay una ley y un Consejo de Ministros que decide, habrá que acatar sus decisiones, porque si no habrá que, como suele decirse, romper la baraja.
En todo esto hay que volver a las fuentes y rememorar por qué se hizo el trasvase. El trasvase se hizo porque estábamos en dictadura, con la oposición de toda la cuenca del Tajo. En democracia esto no podía haberse hecho, porque era crear una servidumbre de unas regiones a otras, en detrimento de las primeras, lo que no es principio democrático. Si para enjugar ese exceso se habló de una ley reguladora de los caudales a trasvasar,  por acuerdo de ambas cuencas y votada en el  Consejo de Ministros, el no respetarla es saltarse la ley a la torera por muchas medidas de presión que quieran hacerse en la calle, y no cumplir los acuerdos realizados. Así de claro, por mucho que se chille.
Diario HOY, 9 de junio de 1984

jueves, 26 de octubre de 2017

Nuestras fuentes y otras cosas


(Incluida en el libro “Ventanas a la Ciudad”)
La Universidad de Extremadura propuso, hace unos años, hacer una especie de homenaje de Cáceres a la Fuente de Concejo, por estimar que gracias a ella, nuestra ciudad había llegado a ser lo que era. Se habló entonces de reformar esta fuente para convertirla en un verdadero monumento al pasado, pero el tema quedó después olvidado, como otras tantas cosas. Ello nos da pie para decir que, aunque ahora no suframos estos agobios —a Dios gracias— la preocupación secular de Cáceres fue siempre su abastecimiento de agua de la que siempre —excepto ahora— andábamos más bien escasos.
Hay un detalle, que no sé si recordarán algunos viejos cacereños, que es que el llamado “Movimiento”, que aquí en Cáceres fue el día 19 de julio de 1936, nos cogió en un referéndum sobre la conveniencia de acometer un nuevo abastecimiento de aguas que, como llegó la guerra, no se hizo.
El problema de la falta de agua era muy antiguo. Sucintamente, diremos que los árabes lo solucionaron con el aljibe que todavía se conserva; las casas o palacios de aquel entonces tenían su propio pozo para abastecerse, aparte del agua que se recogía de las fuentes próximas a la población. El encauzamiento de la fuente que hoy conocemos por El Marco, se lo debemos a los Reyes Católicos que, en 1501, lo decretaron. También es muy antigua la Fuente del Concejo y la que se llamó Fuente Nueva o Pilares de San Francisco, que se reformaron en la época de Felipe II. El primer ensayo serio de abastecimiento de aguas, se hizo sobre la Fuente de Aguas Vivas, instalándose un depósito regulador en el Paseo Alto, que daba agua a las fuentes públicas instaladas en la Concepción y en la Concordia, pero que no pudieron abastecer a la parte alta de la población. Hubo otros muchos proyectos fallidos, hasta que en 1899 se crea la Compañía de Aguas de Cáceres, con abastecimiento desde las Minas, cuyo importe inicial de 625.000 pesetas se logró mediante emisión de acciones de 100 pesetas cada una.
De ella parte el actual abastecimiento que, municipalizado, tuvo grandes reformas, como son las de la Presa del Guadiloba, inaugurada en 1963, nuevos depósitos en la Montaña y estación depuradora.
Sería injusto olvidar la inquietud del farmacéutico don Joaquín Castel, que a lo largo de su vida ideó infinidad de proyectos para abastecer de aguas a Cáceres y que, aunque no se pusieron en marcha, le señalan como un verdadero precursor de lo que después se ha hecho. Entonces se pensaba que era un soñador, pero él, mucho tiempo antes de que se hicieran, tuvo la idea de hacer presas en el Tajo, desde el Puente del Arzobispo hasta Alcántara para fuerza motriz y aprovechamiento eléctrico. Todo eso está ahora hecho pero nadie se acuerda del primero que tuvo esa idea, por lo que también sería oportuno que, de montar un homenaje a la Fuente del Concejo como se pretende, de algún modo quedara recuerdo de ese soñador a lo Julio Verne, que se llamó don Joaquín Castel.
Diario HOY, 11 de febrero de 1984

miércoles, 25 de octubre de 2017

Lo pasado, pasado


El aumento del nivel de vida entre los años cuarenta a sesenta implicó también un aumento del nivel higiénico-sanitario y de otros muchos niveles que nos son ya habituales, pero que no lo eran —a nivel popular— en los años anteriores. Lo curioso es que se habla de lo primero, relacionándolo con el mayor poder adquisitivo al que se llegó: la compra del coche o del piso, pero no se habla de la verdadera revolución que se operó en otros niveles, como el de las costumbres y prácticas higiénico-sanitarias, que se hicieron habituales desde entonces, pero que antes no lo eran.
No sólo es que se consiguiera desterrar el tifus y el paludismo que eran endémicos en Cáceres, sino que el ciudadano en general aprendió y se habituó a unas prácticas higiénicas particulares, que anteriormente no se podían llevar a cabo o no se tomaban en consecuencia,
Hay que decir claramente que el Cáceres de aquellos años —cuarenta a sesenta— era un Cáceres casi sin red de aguas. La mayoría de las casas, aún de estamentos medios, no tenían agua corriente, y casi era un lujo el tener un solo grifo para toda la casa, al que a lo mejor no llegaba el agua más que por las noches, y eran contadas las casas que tenían cuarto de baño y, mucho más contadas, las familias que lo utilizaban a diario. Nuestros convecinos en su mayoría —y aunque hubiera alguna excepción— se bañaban con jabón dos veces al año, sobre todo cuando había que ir al médico, y pare usted de contar. El hábito a la ducha y al baño vino después, cuando los pisos alcanzaron un confort que no tenían anteriormente y cuando a las primeras viviendas protegidas se las dotaba de baño o plato de ducha. Así y todo en la práctica de la higiene habitual se entró poco a poco y fueron las nuevas generaciones las que lo fueron imponiendo.
Recuerdo a este respecto cuando Pinilla construyó su barriada algunas de las familias que ocuparon aquellas primeras casas utilizaban la bañera o el plato de ducha para plantar flores, o para depósito de carbón con destino a los braseros. Es más, los más viejos de entonces comentaban que el ducharse o bañarse a diario era malo porque “quitaba la pelusilla del cuerpo”. No es esto crítica a lo anterior, sino mirada retrospectiva para recordar de dónde venimos y el camino que hemos recorrido y que suelen olvidar o desconocer las generaciones nuevas. No es que fueran los cacereños de entonces sucios, sino que no podían ser más limpios, porque no tenían medios para ello.
Diario HOY, 29 de enero de 1984

lunes, 16 de octubre de 2017

El juego de las siete y media


En los aspectos meteorológicos nuestra región se pasa la vida entre la abundancia y la escasez, con lo que queremos decir que aquí el asunto de la lluvia es tan difícil como lo es el juego de naipes conocido por “las siete y media”, en el que o te pasas o no llegas.
Nos suele pasar aquí, que estamos tres años sin lluvia y quejándonos de la sequía, y cuando se pone a llover lo hace de tal modo que corremos el peligro de ahogarnos, con la consiguiente alarma de que alguna presa se pueda venir abajo por exceso de agua, teniendo que alertar a los vecinos que ya estaban suficientemente alertados, en el sentido contrario de la escasez.
Como ven, es casi igual que el juego de naipes referido, del que decía Muñoz Seca: “Y el no llegar da dolor… pero ¡ay de ti!, si te pasas, si te pasas es peor.”
Aquí, al parecer, estamos comenzando a pasarnos y suele surgir el dicho, de contestación para todos, de decir que nuestro nombre, el de Extremadura, viene precisamente porque la nuestra es una tierra extrema y dura, o extremosa —que para el caso es lo mismo—, aunque la verdad es que no viene de ahí, sino de que era el extremo del reino de León.
Pero lo cierto y verdad es que Badajoz estuvo alarmado por los peligros que podría acarrear una nueva riada sobre la presa de “Peña del Águila” y Cáceres sigue pendiente y vigilante, en su presa del “Guadiloba”, porque de seguir este régimen de lluvia habrá que abrir las compuertas del pantano para evitar exceso de peso sobre la presa, y el agua, que escaseábamos hasta hace solo unos días, tenemos que tirarla, porque nos sobra. Y esto es sólo hablando de las dos capitales, ya que en muchos de nuestros pueblos siguen también con el mismo juego de o no haber llegad aún a tener suficiente para beber o pasarse de rosca, sin tener el beneficio de almacenamiento para ocasiones contrarias En definitiva, “Las siete y media”, con el peligro de pasarnos.
Diario HOY, 22 de noviembre de 1983

domingo, 15 de octubre de 2017

Las lluvias y la Casa de la Chicuela


Cada momento trae sus afanes y también sus peligros, porque el vivir, al decir de algún filósofo, es un peligro continuo. Tan largo “introito” viene a cuento de que todos estamos contentísimos con las llegadas de las lluvias a Extremadura y la situación de sequía se viene paliando, aunque como es lógico no suele llover a gusto de todos.
Ayer mismo un ganadero amigo mío me decía, comentando estas lluvias mansas pero continuas que vienen cayendo, que sería necesario que ahora dejara de llover unos quince días, porque resulta que, aunque la lluvia es buena para la sequía y para determinada clase de ganado, y aun para cultivos, no sé por qué razón, puede ser mala para el ganado lanar.
Otras personas se interesan porque no ha llovido lo suficiente para los pantanos y debería seguir lloviendo más, y sin parar, hasta fin de año, para enjugar el déficit que de agua tenemos en los tres años de sequía. Total, que si a las nubes pudiéramos ponerle una cadena, como a las cisternas de los “wáteres”, habría lucha para tirar o no tirar de ella ya que unos tratarían de dar el tirón y otros harían lo indecible por que no tocara nadie la cadena. Por eso lo mejor es que llueva cuando Dios quiera, que es la única forma en que todos estemos de acuerdo.
Pero en Cáceres capital hay un peligro que la gente viene señalando, en cuanto a que las lluvias se intensifiquen, cual es el que el medio desmontado edificio llamado “Casa de la Chicuela”, en una parte céntrica de Cáceres, por la que pasa mucha gente, a cuenta del reblandecimiento que puede producir la lluvia en esos momentos, pueda venirse abajo con el lógico peligro para los que por allí transita Este peligro existe también en otro edificio como es el Palacio de Moctezuma, pero paree ser que en ése hubo un apuntalamiento y su situación más aislada lo hacen más remoto. En el de la “Chicuela” no, y la gente pasa con miedo bajo los andamios que ahora tapan la medio arruinada o desmontada asa, ¿Hay alguien que pueda garantizar que aquello está lo suficientemente fuerte como para no venirse abajo? Por otro lado, ¿no ha pasado ya suficientemente tiempo como para decidir qué se va a hacer con aquello? Son estas preguntas que nos hacemos todos.
Diario HOY, 10 de noviembre de 1983

jueves, 12 de octubre de 2017

El Ayuntamiento también debe ahorrar


Pienso yo que en muchas cosas públicas hay que predicar con el ejemplo, que es el mejor modo de que los demás lo sigan y no suceda lo que contaban de aquel fraile, que traía el recado del prior a la comunidad diciendo: “Que dice el prior que bajemos al huerto y trabajéis y luego subamos y comamos todos”, porque comienzo a sospecharme que en esto de las restricciones del agua nuestro Ayuntamiento está haciendo un poco como el fraile del cuento, predicar a los demás el ahorro sin incluirse él entre los ahorradores.
Mi sospecha surge porque muchas de estas mañanas he visto achicar el agua de algunos registros telefónicos subterráneos que se habían inundado durante la noche sin que haya llovido ni una gota en Cáceres, lo que me hace suponer que la inundación se debe al mal estado en que se encuentran las conducciones de la red de suministro, que debe ser la que las produce. Sin ir más lejos, ayer mismo, con una motobomba se sacaba el agua de uno de estos registros de la Plaza de San Francisco, y el caudal era tan grande que prácticamente el agua corría como un río por varias de las calles que forman la plaza. No es éste el único caso, sino que ahora es muy frecuente ver obreros de la Telefónica achicando los mencionados registros que, quizás por aquello del “golpe de ariete”, quedan inundados, y es de sospechar que el resto de la red esté en tan malas condiciones que estas fugas se produzcan en muchos puntos de ella, aunque sea en estos registros donde más llaman la atención, produciendo en el vecindario cierto escándalo, por estos bandos en los que se nos amenaza con la multa al que no ahorra agua.
Es más, a uno le caen mal esas noticias oficiales por las que se dice que es normal que en la red se pierda hasta un 30 por ciento del agua que pasa por ellas, y en la que Cáceres se llega a perder hasta un 40 por ciento. ¿Es que no pueden arreglarse esas fugas?, porque uno tiene la sospecha de que el agua que ahorramos la dilapida el Ayuntamiento al no arreglar esa red anticuada y, lo que es peor, que esta agua perdida la hemos venido pagando entre todos. Yo no sé si será muy caro detectar esas fugas y arreglarlas, pero hay momentos en que ese gasto está justificado, si es que el agua es tan escasa.
Diario HOY, 20 de octubre de 1983

miércoles, 11 de octubre de 2017

A vueltas con el agua


Por acuerdo de la Permanente Municipal y como ya informábamos ampliamente en nuestro periódico, se han aumentado las restricciones de agua en Cáceres desde ayer, en cuatro horas más, o sea que si las anteriores eran de nueve horas, ahora las tendremos de trece.
He de decir que a mi me parece bien todo lo que sea administrar mejor, en beneficio de todos, el poco agua que nos va quedando, máxime no habiendo unas perspectivas de cese inmediato de la sequía; como me parecen bien todas las gestiones y obras que, con carácter prioritario, viene realizando el Ayuntamiento para allegar a él el escaso caudal que nos va quedando en el pantano del Guadiloba, el agua del marco y aún de otros depósitos que se pudieran encontrar. Es una preocupación lógica que entendemos todos los vecinos y en la que creo que hemos de colaborar todos, porque el agua es un bien escaso y es lógico que se administre lo mejor posible y aún el que se castigue el despilfarro, como se indica en un bando dado por la Alcaldía que, creo yo, tiende más a la mentalización de todos que a la verdadera efectividad del mismo, porque: ¿Dígame usted cómo se mide el despilfarro del agua, vecino por vecino? De no tener una especie de “acuómetro” —similar al famoso “sonómetro” de Machuca— para ponerlo en el contador de cada administrado va a ser más que difícil medir ese despilfarro.
Pienso que en esas trece horas sin agua, el vecino tiene que beber y utilizarla y para ello tendrá que llenar bañeras o recipientes que, es posible —no lo sé— produzcan más despilfarro que los depósitos complementarios de algunos edificios.
Por otra parte, los vecinos de la parte baja —y esto lo sabemos por experiencia— aún después del corte, podrán utilizar el agua acumulada en las cañerías, con lo que quedan en mejores condiciones de los de la parte alta, a no ser que se selle, uno por uno, los grifos de estos vecinos… En fin, que el asunto se presenta dificilillo y es más fácil esperar más de la colaboración que de la amenaza de multa. Finalmente, creo que lo que el Ayuntamiento debería pensar ya es en trasvase del agua del Almonte que, aunque caro, daría solución para dos años más.
Diario HOY, 14 de octubre de 1983

sábado, 7 de octubre de 2017

Un viejo cuento extremeño


Alguien ha llegado a afirmar que esto de la sequía no es un fenómeno anormal en España, sino que esta forma de llover —o de ausencias de lluvias en largas temporadas— es un ciclo normal que suele darse en nuestra patria cada determinado espacio de tiempo.
Yo no poseo estadísticas sobre ello, pero recuerdo la sequía, llamada pertinaz, que nos visitó en los años de postguerra, aunque con menos pertinacia que la actual, que va para tres años. Además, en una charla con mi sabio amigo, Ramón Morales, que entiende un rato de estas cosas, me proporcionó unos datos históricos que así lo atestiguan. Según él, en época del rey Carlos V, hubo tal sequía en la Península que muchas de las especies arbóreas que existían entonces desde antiguo, se perdieron, ya que dicha sequía tuvo una duración de siete años, y tras ella llegaron una serie de lluvias torrenciales que acabaron de estropear lo que no había estropeado la sequedad. Al parecer, ella fue el origen de desertización de mucha parte de Castilla, y sobre todo, la desaparición de unas especies de arbolados que no volvieron nunca a reponerse.
Desde luego, existe un hecho y es que en la época de la invasión romana, se decía que una ardilla podría llegar desde Punta Tarifa al Pirineo, sin poner el pie en la tierra, sino saltando de unos árboles a otros, cosa que hoy día es imposible aun suponer.
Lo malo de estos periodos de sequedad es que van acompañados de otros de lluvias torrenciales, con las consiguientes catástrofes que suelen acarrear y de las que pueden ser ejemplo lo que acaba de suceder en Holguera y Torrejoncillo.
No sé si esto es cierto científicamente, pero la tradición oral así lo recoge, a juzgar por el siguiente cuento extremeño que, en síntesis, paso a contarles:
“San Pedro es el jefe de las nubes que andan por los cielos, lloviendo aquí y allá, y es el que lleva estadística del trabajo que estas nubes realizan.
Estando en uno de estos recuentos, mandó entrar a las nubes para que le explicaran qué habían hecho: “Yo he estado lloviendo por Andalucía, dijo una de ellas; otra, un nubarrón negro y con barbas, confesó: “Yo he estado regando las cuatro provincias gallegas y hasta logré ahogar a una meiga que andaba revoloteando debajo mío con su escoba”; “yo estuve en Asturias, y como me quedaba agua de sobra, eché un riego a lo largo de toda la Cornisa Cantábrica” confesaba otra; “Pues yo fui a Cataluña y aunque les estropeé las fiestas de sardanas, les quedé bien regados los campos”, dijo otra. Otras más confesaron su estancia en Castilla, en Levante, en la Mancha, en León y hasta en Portugal, porque como está a un paso…
—“¿Y nadie se ha acordado de Extremadura?”, preguntó San Pedro y un silencio sepulcral siguió a su pregunta. “¿Y os parece bonito este olvido?”, continuó el santo, “¿que van a decir allí?” Pues bien, agregó, para subsanar este olvido, ahora os vais todas a regar Extremadura”… Y todas de golpe, y cada cual tratando de echar más agua que la otra, se nos vinieron aquí y nos inundaros los campos en un periquete.”
¿No tendrá algo de cierto este cuento tradicional?
Diario HOY, 11 de agosto de 1983