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martes, 20 de febrero de 2018

Sentido común


Hay cosas insólitas, en las que confieso soy incapaz de hallar explicación y para mí, y creo que para muchos españoles de nuestro tiempo (gente de a pie, quizá mal informada) como yo, no tienen explicación lógica alguna porque se producen contra toda lógica. No estoy en contra de que se produzcan o no, sino que señalo simplemente la curiosidad de que sucedan. Ejemplo de ello podría ser, dentro de la afición taurina, la habilidad que tiene para llenar las plazas de toros y levantar expectación el torero Curro Romero que luego, generalmente, se pasa años y años teniendo que ser protegido por la autoridad para poder abandonar la plaza, porque lleva años que no da una a derechas. Algunos de los seguidores incondicionales suelen hablar del “tarrito de la esencia” que tiene, que cuando lo destapa —una vez cada montón de años— quedan compensados los años en que ha hecho todo lo negativo en los toros. Algunos comentan que, en el campo electoral, algo parecido suele pasarle al PSOE, criticadísimo  y contestado por sus actuaciones, pero votado al máximo.
En fin, son para mí inexplicables estas actitudes insólitas de nuestros conciudadanos a los que, no obstante, respeto por aquello de que en democracia cada cual debe pensar como quiera, siempre que respete las ideas ajenas, No obstante, en lo político mitinero, mi asombro y el de muchos cacereños ha llegado al máximo con la osadía, no consumada del todo, del partido Herri Batasuna de venir a nuestra ciudad a pedir votos para no de sus patrocinados cierto que es un partido reconocido, pero cierto también que es valedor de ETA en muchas ocasiones, y esa organización terrorista tiene en su haber la muerte de muchos extremeños que, como guardias civiles o simples trabajadores, estaban ganándose el pan en aquel territorio de las Vascongadas.
Diario HOY, 5 de junio de 1987

sábado, 18 de noviembre de 2017

¿Para cuándo el "Quosque tandem…"?


Con el simple deseo de que la perplejidad no se tome como silencio de aquiescencia, tenemos que tratar el tema de las reacciones en el País Vasco ante la ofensiva antiterrorista que, a Dios gracias, nuestro Gobierno, con la colaboración de los de otros países, está llevando por buenos cauces a juzgar por los resultados positivos que se vienen obteniendo para erradicar esa lacra terrorista que asola el mundo, llámese ETA, GRAPO o como quiera llamarse. La perplejidad de los cacereños, del hombre de la calle, es la de no comprender esas razones de protesta de partidos constitucionalmente constituidos y aceptados por esa misma Constitución democrática que nos rige a todos, llamémonos vascos, extremeños, catalanes o andaluces, Pero el hecho es que esas reacciones, que desde nuestro rincón nos parecen de apoyo al terrorismo, se vienen dando en Vasconia y nos preocupan porque allí hay muchos emigrantes nuestros que tienen que estar sufriendo lo suyo y deben tener la misma perplejidad que tenemos el resto de los españoles, viendo que hay manifestaciones salvajes en apoyo de unos asesinos (llamémosle presuntos) que asolan aquel suelo español que es Vasconia y que tratan de llevar ese mismo riego de sangre a otras tierras españolas y a otras comunidades, y que de hecho lo vienen llevando.
Por muy vasco que se sea, no es decente apoyar a los que asesinan a mansalva sin más código que la metralleta y la bomba. Si los partidos vascos, que apoyan esas manifestaciones, son aceptados como tales partidos es por esa misma Constitución que nos rige a todos, y no acabamos de ver claro cómo no se los pone también al margen de esa ley común, cuando al parecer hay mecanismos para poder hacerlo. Aquí, como en la “Catilinaria” es hora de entonar el “quosque tándem” y no preguntarnos para cuándo se va a dejar el hacerlo.
¿Es que hay diferentes medidas para unas y otras comunidades?
Diario HOY, 17 de agosto de 1984

sábado, 11 de noviembre de 2017

Luz y taquígrafos


En el último número de la revista “La Actualidad Económica” se dice textualmente: “que el Consejo de Seguridad nuclear cursó recientemente instrucciones a los directivos de la Central de Almaraz para que se restrinja al máximo posible el acceso de empleados a las instalaciones del reactor nuclear. La medida es consecuencia de la investigación llevada a cabo a finales de 1983 por el Consejo ante la contaminación del agua del circuito secundario de refrigeración de la Central. Tras un minucioso examen, los técnicos llegaron a la conclusión de que alguien había echado al circuito quince litros de ácido sulfúrico. Con independencia de las medidas adoptadas, la Guardia Civil se encarga de investigar quién o quiénes fueron los autores materiales del hecho.”
Hasta aquí la notica que, para llamar a las cosas por su nombre, parece indicar un sabotaje. Suponemos que nuestras autoridades están al tanto de lo dicho, si la noticia es cierta, como suponemos que con callarlo no se consigue nada, porque si alguien tiene derecho a saber lo que pasa dentro de la central de Almaraz debemos ser en primera instancia los que estamos en el entorno de ella y los que de ir mal las cosas seríamos los que sufriríamos las inmediatas consecuencias.
Lo que sí habría que meditar es si esos de “Centrales No”, o quien los mueve, quieren pasar de las pintadas al sabotaje, por convencer a los ilusos que no piensan como ellos. Pero todo esto, mientras no nos lo aclaren quienes tienen la obligación de hacerlo, serán simples especulaciones.
Yo no sé si en todo esto unos y otros no enseñan todas las cartas, pero pienso que es para sospecharlo, porque este caso de las centrales nucleares es imprescindible lo de la “luz y taquígrafos” para que todos sepamos a qué se juega.
Diario HOY, 13 de junio de 1984

domingo, 22 de octubre de 2017

¿Quiénes son los malos?


Ya sé que la vida no es una película del oeste americano en la que claramente se ve quiénes son los buenos y quiénes lo malos y cómo los primeros tendrán que acabar triunfando de los segundos. La vida es, desde luego, otra cosa, pero la inversión de estos valores viene asombrando a mucha gente y ello es tema de conversación del ciudadano medio, el de a pie, como usted y como yo que, como suele decirse, no sabemos a qué carta quedarnos y nos asombra lo que ahora viene ocurriendo en nuestro entorno y en nuestra propia nación. Ello es tema de conversación en Cáceres y por ello lo abordamos.
No hace mucho, esta línea divisoria solía estar entre los que cumplen la ley, que acepta la sociedad, y los que están al margen de ella. Entre los encargados de guardarla y los que se la saltan, sin respeto a la vida y hacienda de los demás que son esenciales aceptar para la convivencia.
Hoy día, con ese asombro lógico, que en alguna parte de nuestro territorio nacional para algunos, los “buenos” son los que antes considerábamos “malos” y los “malos” los que no hace mucho considerábamos “buenos”. Como habrán adivinado me estoy refiriendo al atentado sufrido por el terrorista “Txapete”, con un largo historial delictivo a sus espaldas, a manos de otros terroristas, y a la que en el País Vasco se ha armado en defensa de ese Barrabás, que fue “Txapela” en vida, sin que yo quiera decir que los que lo han matado son ángeles del Señor.
Terroristas con unos y otros, y condenables son los crímenes de “Txapela”, como condenable es el crimen que con él se ha cometido, porque la vida del hombre —aún del más perverso— debe ser sagrada, pero asombra el que haya personas que se manifiesten en defensa del terrorismo y del crimen, si es que en realidad todo esto es una lacra que tenemos que desterrar de nuestro país.
Yo no sé si es que, por eso de los ciclos, volvemos a vivir el momento en el que la masa pide se dé libertad a Barrabás y se condene a Jesús, pero lo parece.
Diario HOY, 4 de enero de 1984

sábado, 1 de julio de 2017

Mi vuelta a Turulandia


Cuando yo estuve en Turulancia, que es un país que está según se va al Senegal a mano derecha, aquello era un paraíso. Era el presidente de la República el señor Tartarugo y las características democráticas del país llegaban hasta unos extremos  francamente curiosos en los que la teoría estaba muy por encima de lo práctico, hasta el punto de que a la guardia fronteriza no le dejaban cargar sus escopetas, si antes no se reunía el Congreso de los diputados y todos los partidos acordaban que las cargaran, tras haberles explicado ampliamente que había necesidad de ello. Pero no quedaba ahí la cosa, porque para poder utilizarlas, cada guardia tenía que enviar una solicitud al Congreso, reintegrada con catorce pólizas, en la que demostrara que frente al puesto que guardaba había bandidos, adjuntar además un “currículum vitae” de cada uno de los bandidos, foto incluida, con filiación política del mismo —del bandido oponente— y posible intencionalidad de su presencia. Entonces la Cámara, tras estudiar y discutir cada caso, expedía una credencial al guardia, firmada por todos los partidos, en la que se decía: “Se autoriza el gatilleo” o bien se denegaba.
Claro que en el caso de defensa propia, el trámite se agilizaba, eximiendo al guardia de las catorce pólizas preceptivas y autorizándole a emplear sólo un “timbre móvil” de 0,5 turus —que era la moneda equivalente a nuestros céntimos de peseta—.
Aquello, como digo, era entonces un paraíso donde todo marchaba a las mil maravillas, la gente se estimaba, los partidos discutían dentro de un orden y la ley, aún la que regía para los guardias fronterizos, se respetaba al máximo, aunque a decir verdad el exceso de papeleo les tenía un poco desazonados, porque lo malo era que los bandidos que comenzaron a pulular por las fronteras, no observaban esta sana y sabia ley y apretaban el gatillo sin pedir permiso a nadie… Pero como ensayo filosófico aquello era una maravilla.
No hace mucho volví a Turulandia en plan de viaje turístico y me interesé por el presidente, señor Tartarugo: “está exilado”, me dijeron, ahora el presidente es el señor Bocachón, que era el jefe de los guerrilleros que estaban en la frontera y que ha establecido un nuevo orden disolviendo el Congreso y los partidos políticos. No me atreví a preguntar más, pero me temo que algún fallo burocrático deben haber tenido las teorías filosóficas del anterior presidente.
Diario HOY, 27 de mayo de 1981

viernes, 30 de junio de 2017

Una noche de zozobra e indignación


Los cacereños, creo que al igual que casi todos los ciudadanos españoles y del mundo, vivimos la tarde del día 13, y parte de la noche, pendientes de la salud del Santo Padre y consternados porque pueda haber alguien que, aun no siendo católico, pueda atentar contra un adalid de la paz como es Juan Pablo II, que aparte de ser el Vicario de Cristo en la Tierra, no ha hecho mal a nadie y ha sido y es el paño de lágrimas de todo el mundo. Claro que a Cristo, siendo Hijo  de Dios y el salvador del mundo, también le crucificaron. Pero esto no puede ser consuelo, sino más bien la aceptación de un mundo y una Humanidad en la que hay mucha suciedad en todos los sentidos y donde se aplaude aín al Barrabás de turno y se sigue crucificando a Cristo a cada momento.
Dicho esto y aparte de unir mi oración a las que todos, o casi todos —porque uno no sabe ya a qué carta quedarse—, los cacereños elevan por la pronta salud del santo Padre, entro en los comentarios tomados al oído.
Lo que pasa es que en cuanto al comentario sobre el atentado en sí hay opiniones para todos los gustos. Hay quien dice que el asesino es un loco, otros que es un terrorista movido por algunos oscuros intereses, otros que puede ser alguien con deseo de notoriedad. A este respecto, se recuerda lo que en el Quijote se cuenta, en unos consejos de don Quijote a Sancho sobre la mal alcanzada fama, de un pastor que puso fuego y abrasó, en la antigüedad, el famoso templo de Diana, considerado como una de las siete maravillas del mundo, sólo por quedar vivo su nombre en los siglos venideros, aunque se mandó que nadie le nombrase para que no consiguiera tal fin…, pero la verdad es que se supo se llamaba Eróstrato. ¿Es acaso este asesino un ser de tal catadura? No llegaremos a saberlo, pero para mí el terrorismo tiene otros orígenes, que alguna vez he dicho: En el mundo hay dos fuerzas contendientes: marxismo y capitalismo. Sólo dos jugadores con un tablero en el que los demás somos peones y donde cada “ficha” se mueve por iniciativa —aunque sea remota— de uno de los jugadores. Nadie está en posesión de la verdad y puede que yo me equivoque, pero hoy por hoy, a mi no me quita nadie mi “teoría” de la cabeza, al menos con argumentos válidos… y que cada cual piense como quiera.
Diario HOY, 15 de mayo de 1981

La calma turbada


Tiene Wenceslao Fernández Flores una deliciosa novelita titulada “La calma turbada”, en la que narra —con el salero que tenía este autor— la verdadera revolución que ocurrió entre los vecinos de un pequeño pueblo con la llegada de un equipo de peliculeros para hacer allí unas filmaciones. El que más y el que menos se creían protagonista de la película y fueron presa de la misma locura que invadió a don Quijote por leer libros de caballería. Don Quijote se vistió de cabalero andante y salió a buscar aventuras por los caminos, y los vecinos de ese pueblecito comenzaron a vivir como si estuvieran protagonizando una película.
Pienso yo que algo de esto viene ocurriendo en muchos de nuestros pueblos sin que yo sepa decir cuál es el agente turbador, aunque muchos piensen que pueda ser el cine o la televisión, que nos sirven violencia a manos llenas. Por no ir más allá, tenemos la noticia surgida en Mohedas de Granadilla, donde unos jóvenes de la localidad: Timoteo Rodríguez, Juan Fernández y Pedro Batuecas, según los partes de la Guardia civil que intervino en el asunto, comenzaron a hacerle la vida imposible al pobre maestro, don Virgilio, al que le robaron 700.000 pesetas en joyas, le quitaron posteriormente un ciclomotor y lo quemaron y, últimamente, comenzaron a mandarle anónimos amenazándole de muerte si no les daba otras 200.000 pesetas, y firmando como “ETA – militar”.
La Guardia Civil los ha “trincado” y pagarán su culpa, pero pienso yo que a lo peor el “torcimiento” de estos jóvenes comenzó por juego y, más tarde, viendo que las cosas les salían bien, que lograban dinero fácil, se han visto metidos hasta el cuello en un asunto delictivo de “mayor cuantía”. Pienso yo que todos los delincuentes del mundo, o una gran mayoría, debieron comenzar de modo similar… y casi como jugando, o como habían visto hacer en el cine o en la “tele”, porque, oiga, esta última —a mi modo de ver— no acaba de acertar con sus programas, porque yo veo el “Raskens” ese que nos están poniendo al mediodía y pienso que, por si era poca la violencia de todo tipo que nos traen las noticias, tenemos también que enterarnos de las faenas que le hacen a la pobre familia del “soldado”, lo que sufre su fea mujer y sus hijitos y acaba uno asqueado de este mundo y deseando “correrle la badana” a todos esos suecos desalmados… Es más, si hacen una suscripción en beneficio de la familia “Raskens”, que cuenten con mi óbolo.
Diario HOY, 14 de mayo de 1981

jueves, 29 de junio de 2017

El juego de las estatuas


Recordaba yo cómo nos entreteníamos en mi barrio cuando éramos pequeños, muy pequeños, jugando al “juego de las estatuas”. Consistía en agarrarnos de las manos y dar remolinos muy deprisa hasta que el que dirigía daba un grito y, soltándonos, salíamos despedidos para quedar totalmente quietos unos segundos, según caíamos —como los perros “puestos”— imitando a cualquier estatua que hubiéramos visto. El que dirigía elegía el que él estimaba el mejor, que pasaba a ocupar su puesto de dirigente y continuaba el juego hasta el aburrimiento. Mejor dicho, en mi barrio no había ocasión de ello, porque un tal Rosendito, que tenía fama de bruto y tonto, cuando le apetecía y aprovechando la quietud de los demás, largaba un par de bofetones a los que tenía más próximos, con lo que el juego acababa en batalla campal.
Estaba yo contando esto a un grupo de amigos, cuando nos llego la noticia del acuerdo que, en pacto y parto común, habían tenido nuestros partidos políticos sobre lo de parar todos los españoles unos segundos el día 12 a las doce en “rogativa” por que desaparezca el terrorismo y se arreglen las cosas. Paco, que es un ingenuo que no se entera de la “evolución”, peguntó: “¿Y por qué no habrán acordado unas rogativas a algún santo como se hacía antes?”. La sapiencia de Antonio Belvedere le respondió: “Pero hombre, ¿cómo quieres que un cúmulo de ideologías tan dispares puedan acordar algo así? ¿Es que no te has enterado que ya no somos un estado confesional y que el rezar a un santo sería una antigualla? Han tenido que elegir una especie de rogativa laica, que todos puedan aceptar.” “Pues mira, a mi —insistió el otro— me parece mejor un Padrenuestro que un minuto de silencio.” Belvedere, que es un demócrata, le dijo: “Tú si quieres aprovecha el silencio y reza lo que te parezca, pero no vas a obligar a los demás a que lo hagan.”
En fin, que Paco y alguno más han quedado en rezarle a Santa Rita, y unos opinaron de un modo y otros deforma distinta, aunque no teniéndolas todas consigo sobre la eficacia del “paro laico comunal”. Yo, ligando una cosa a otra, me di en pensar: “¡Mira que si en estos momentos aparece el Rosendito de turno!”… En fin, que quizás uno prefiere aquello de: “A Dios rogando y con el mazo dando”, pero allá cada cual con sus ideas.
Diario HOY, 8 de mayo de 1981

miércoles, 28 de junio de 2017

Las razones de don Felipe


Uno se asombra de la cantidad de amigos que no tiene. Suele pasar que es cierto eso de que debe ser bueno el tener amigos hasta en el infierno, pero es curioso que cuando a uno le llega la hora de la verdad —en la que esos que se dicen amigos tienen que echarte una mano— a lo mejor lo que te echan es un pie para ponerte la zancadilla. No sé si esto es condición humana que llegó a provocar el dicho de “cuanto más conozco a los hombres, amo más a mi perro”, por aquello de la fidelidad; o bien ese otro refrán que dice: “Conocidos, muchos; pero amigos, amigos, si acaso uno o dos”… Traduzcan ustedes esto que nos pasa a nivel particular, al nivel nacional; se darán cuenta de los pocos amigos que como nación tenemos, porque a esos niveles todos van a lo suyo y a tirar de los pies al que, aunque sea de lejos y “por si acaso”, pueda hacerles sombra.
Como nación algunos nos creímos que cuando llegara la democracia —pega que se ponía entonces para todo— entraríamos de inmediato en el Mercado Común, nos devolverían Gibraltar, estaríamos a partir un piñón (no un peñón) con toda Europa, etc… Pero llegó la democracia y las cosas, en cuanto a amistad y ayuda de otras naciones, siguen estando igual o quizás peor porque ya no nos valen las razones que nos daban antes para no entrar. La señora Thatcher ha declarado que la devolución de Gibraltar va para muy largo; Marruecos anda pidiendo garantías a la CEE ante el ingreso de España por si afecta a sus cítricos, mientras nos siguen apresando barcos pesqueros impunemente. Y donde las cosas ya llegan a unos niveles fuera de lo común es con Francia, ya que mientras por un lado se llaman amigos nuestros, por el otro —y ésta es constante histórica— tratan de hacernos cuantas faenas pueden: declaración de todos sus políticos aspirantes a la presidencia de la negativa de entrada de España en la CEE, amparo de la plana mayor de ETA y otros nidos terroristas, etcétera. Esto sin contar otros “cariños” de menor cuantía como el de Rusia, que en vez de diplomáticos nos envía espías con ánimo de desestabilizar nuestro equilibrio interior.
Lo de Francia no debe cogernos de nuevas porque ha sido una constante histórica de la que los franceses no se han apeado nunca; pasó con la monarquía, con la república —de la que ello se decían amigos— y sigue pasando ahora por mucho que traten de disimularlo. Recuerdo que cuando estudiamos bachillerato, por esas razones hubo algunos que se negaron a estudiar francés, y nuestro profesor don Felipe Trejo nos decía: “Hay que estudiarlo para poderlos insultar en su idioma y que se enteren.”
Diario HOY, 6 de mayo de 1981

domingo, 18 de junio de 2017

La dificultad de “hacer cumplir los reglamentos”


Lo ocurrido al cacereño en Puerto Real es un síntoma de cómo terminan las confrontaciones deportivas cuando las  cosas se encrespan. “Aquello fue un infierno”, dice alguno de los que lo presenció. “Hubo invasión de campo —agrega otro— y Montoya salió malparado por proteger al árbitro…” Es más, a nuestro compañero Tomás Pérez, que retransmitía “el partido”, le dieron algún pescozón y no se tragó el micrófono de milagro.  Todos están de acuerdo con la decisión arbitral, porque cortar y dar por finalizado el encuentro era lo único que cabía.
Estas situaciones son muy difíciles para el que arbitra una contienda, hasta el punto de que se ha llegado a decir que lo mejor sería que el equipo local —cuando se dan casos de éstos— tuviera permitido no respetar el reglamento, aunque éste se le aplicara a rajatabla al equipo visitante. Pero, ¿ustedes se imaginan cómo acabarían estos encuentros? Mientras unos tendrían permitido estar fuera de juego, poner zancadillas, dar agarrones, moler a tortas y aun a garrotazos a los jugadores contrarios éstos tendrían que observar con todo rigor el reglamento y ser amonestados y hasta expulsados nada más que golpearan —aunque fuera sin querer— a los del equipo local. Me imagino yo que no habría árbitro que fuera capaz de dirigir una contienda de este tipo, y mucho menos “equipos visitantes” que las aguantaran, porque lo más lógico es que acabaran hartándose y abandonando el lugar de juego.
Pues aunque esto parezca fruto de una imaginación calenturienta, algún cacereño nos ha señalado que, ni más ni menos, es lo que está pasando —o puede pasar— en la lucha contra el terrorismo y el caso Arregui, con cuyo trato poco humano nadie podemos estar de acuerdo, pero sin olvidar que en el “partido” que se está jugando” hay un equipo que no cumple los reglamentos, mientras al otro —los que luchan contra el terrorismo— se los estamos haciendo cumplir a rajatabla. No digo yo que estos últimos se salten el reglamento a la torera, pero pienso que son los únicos que atienden las “decisiones arbitrales” (léase derechos humanos) y cuando se la saltan arrostran las consecuencias pero lo que me preocupa, y creo que nos preocupa a todos, es hacer que los terroristas en general “cumplan el reglamento”, porque aceptando todas las protestas que pueda haber y que son lógicas, ¿cómo podemos hacer que ETA no asesine, que tenga humanidad con los que apresa y utilice métodos más humanos en sus protestas? Muchos creemos que ese es el meollo de la cuestión.
Diario HOY, 19 de febrero de 1981