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martes, 6 de febrero de 2018

Repartir trabajo y responsabilidad


Uno no es un técnico en cuestiones administrativas ni políticas, pero viene pulsando que, desde hace ya mucho tiempo, el crecimiento de Cáceres, con la creación de nuevos barrios, alguno de los cuales tiene más habitantes que el centro clásico de la ciudad, ha desbordado las previsiones municipales en cuanto a la atención se refiere, por lo que es oportuna la creación de esa policía de barrio, de la que tanto se ha hablado sin llegar a crearla, como oportuno es el crear una serie de cargos que puedan atender a parte de la ciudad, que se nos ha hecho tan grande que no hay posibilidad de que toda la atención de ella esté centrada en una sola persona como puede ser la figura del alcalde.
Creo que con menor motivo, en la época de la República, se dividió la ciudad en sectores que atendían los tenientes de alcalde con atribuciones suficientes como para que las cosas necesarias para cada barrio quedaran resueltas por el teniente de alcalde del mismo, que al par era un valedor ante el alcalde para cualquier petición lógica de los vecinos del barrio que le correspondía atender. Así, las cuatro tenencias de alcaldía que entonces existían en la ciudad tenían adjudicado cada una su barrio y los vecinos del mismo sabían que era a su teniente de alcalde al que debían ir, en primera instancia, para cualquier asunto que necesitaban solucionar en el ayuntamiento, con lo que la burocracia municipal se simplificaba y, sobre todo, se aligeraba mucho la gestión del alcalde que podía dedicarse a cosas de mayor entidad que la de atender las pequeñas cosas de todos los días. Aparte de ello, se conseguía que cada concejal se responsabilizara con una parcela de la administración política del Ayuntamiento, dándole una labor a realizar. Todo esto era así y sin cobrar un duro, por lo que extraña que ahora, cobrando, haya teniente de alcalde y concejal que no va ni a los plenos.
Diario HOY, 10 de enero de 1987

Las importantes pequeñas cosas


En los ayuntamientos, como en las casas particulares, lo más deslucido, pero lo más importante para la calidad de vida de quien los habitan, es la conservación de las pequeñas cosas.  De las grandes cosas y proyectos ya hay quien se ocupe, porque esas gestiones son más lucidas y gratificantes en todos los sentidos que las pequeñas atenciones que producen mucho trabajo y poco lucimiento.
Viene esto a cuento de que casi tenemos en puertas unas elecciones municipales y habrá que sopesar todas estas pequeñas cosas que nos hacen grata o ingrata la vida y la estancia en la ciudad. Los grandes planes son los normales de todos los ayuntamientos de cualquier color, pero la atención diaria de tapar el bache de la calle, o el acerado que se hunde, o la tapadera que falta de una tragante, cosas que atentan contra la integridad física del ciudadano, que será el que vote, son las que hay que atender y las que ahora, todo hay que decirlo, están más desatendidas que nunca. No sabemos por qué se dará este fenómeno en nuestro actual Ayuntamiento en mayor medida que en ayuntamientos anteriores, si porque “no reparte juego” el alcalde o porque los ediles tienen tal desinterés por esas pequeñas cosas —que repetimos, no gratifican— que ni se ocupan de ellas y acaban diciéndose: “Que el alcalde se ocupe de todo.” Porque la verdad es que, en grandes proyectos, el Ayuntamiento ha llevado una importante gestión en muchos sentidos, pero se ha olvidado de esa función callejera y diaria de tener las calles sin baches, procurar las menos molestias al vecindario, atendiendo sus demandas; ocuparse del encendido de luces, que en muchos casos están apagadas, sin que el vecino sepa a quién protestar; tener a punto la ornamentación, que está totalmente olvidada. En fin, atender esas pequeñas cosas que no dan prestigio, pero que hacen más grata la vida al vecindario.
Diario HOY, 9 de enero de 1987

domingo, 21 de enero de 2018

Una amenaza infantil


El equilibrio democrático de la Corporación local de Cáceres ha perdido su encanto. Los del grupo popular municipal hablan de posible ruptura del pacto de gobierno, por el asunto de la presidencia de la Comisión de Ferias, cuando el grupo socialista, que es muy práctico, sabe de sobra que ya no le hacen falta tales pactos para gobernar el Ayuntamiento como les venga en gana. ¿Rompieron los socialistas tales pactos?, no, en absoluto, se los dieron rotos y, como suele decirse, las cosas se les han puesto como dicen que “se las ponían a Fernando VII” porque el gobierno municipal cacereño, que era un ejemplo de equilibrio democrático, por circunstancias ajenas al grupo socialista municipal, ha quedado convertido en el vulgar rodillo que existe en otras corporaciones con mayoría socialista, como por ejemplo la Corporación provincial, quedándole a los “populares” del municipio exclusivamente el derecho al pataleo. ¿Cómo sucedió todo?, pues por circunstancias rodadas que, brevemente, vamos a recordar.
El grupo municipal que salió de las elecciones del 83, lo que era la primitiva Corporación, lo formaban: 12 socialistas, incluido el alcalde; 9 de Alianza Popular; dos concejales de Extremadura Unida y otros dos de la Agrupación Cacereña Independiente. Ello quiere decir que sumados los grupos de oposición tenían un voto más que la minoría mayoritaria socialista que regía el Ayuntamiento. Esto es lo que dio lugar a los pactos de gobierno. Lo que pasó después fue que: de los 9 del grupo popular se echó fuera José Blanco; de los dos de Extremadura Unida, Sánchez Buenadicha está jugando su futura carta socialista, y de los dos independientes, Hurtado Ricafort, por circunstancias personales, no va a las sesiones. ¿Cómo han quedado ahora los grupos? Pues el de los socialistas incrementado con un voto más de Buenadicha y el de oposición disminuido en tres votos y como mucho, en dos si es que Blanco vota con ellos. ¿Necesitan los socialistas pacto alguno para gobernar el Ayuntamiento? Como puede verse la amenaza de los  populares” es totalmente infantil.
Diario HOY, 7 de junio de 1986

jueves, 18 de enero de 2018

Debe haber trampa


Yo confieso que esto de los negocios cada vez lo entiendo menos. No sé si algunos de ustedes sabrá el secreto que existe en ese mundillo de los feriantes para dar anticipadamente, por la explotación de un puesto de churros, durante cuatro días de feria, 400.000 pesetas al Ayuntamiento, en la subasta de los terrenos. Y recojo el ejemplo del puesto de churros porque parece que tiene menos complicación que la explotación de cualquier otro “cacharro” de feria, como puede ser una “noria”, una pista de “coches de choque”, o una “rifa”.
Si echamos cuentas, cada día de esos cuatro días hay que superar el beneficio de 100.000 pesetas, si es que uno quiere que le queden ganancias; y yo no me explico cómo se puede lograr esto.
Ello alguna vez ha sido tema de conversación con alguna otra persona.
Es que, como en unos sitios ganan y en otros pierden —me ha dicho alguno— casando las ferias de ganancias con las de pérdidas, siempre queda algo”.
Para mí, eso no es argumento válido, porque en otras ferias de nuestro entorno, dan aún más dinero que aquí por los terrenos y, aunque el industrial tiene que seguir con su industria y en algún sitio ganará más que en otro o saldrá lo comido por lo servido, no creo que en Cáceres sea plaza en la que en cuatro días, vendiendo churros, se puedan sacar beneficios a 400.000 pesetas de inversión, como primer gasto, más otros más que llevará aparejada la industria. Oiga, ¿pero qué se gana con los churros y  cómo hay que venderlos para sacar esa inversión adelante?. Confieso que para mí este es un misterio, que miro cada año en ferias, como se mira el truco del prestidigitador, sin entenderlo, pero diciéndose uno internamente: “aquí tiene que haber trampa”.
Tampoco entiendo mucho el afán que les entra a los políticos al ras de las elecciones de ser los primeros en las listas de sus respectivos partidos, por el simple afán de servirnos a nosotros y a la patria… Pero esto es harina de otro costal, aunque huela también a churro.
Diario HOY, 9 de mayo de 1986

martes, 16 de enero de 2018

"No sacarla sin razón…"


Tengo que empezar diciendo que me cae muy bien el concejal Alfonso Ambrosio al que considero un hombre inteligente en sumo grado y con un profundo sentido del humor, que ha demostrado en muchas de sus jocosísimas intervenciones en los plenos municipales, pero creo que en esto del mal llamado “tráfico de influencias” (mal llamado porque es un eufemismo para disfrazar lo que en privado se llama de otro modo), se ha pasado de listo o bien le han cargado “un muerto” que él no esperaba que le cargaran.
Sucedió que, según creo, el primero que dijo que había irregularidades administrativas en algunos departamentos y por parte de algunos funcionarios municipales fue él. El alcalde lo que hizo fue creerlas y bautizarlas, para quitarles hierro, con el nombre de “tráfico de influencias” y encomendar al denunciante que le hiciera un informe de todo ello, pero pata llevarlo al pleno, con lo que Alfonso Ambrosio se encontró entre la espada y la pared y en la tesitura de tirar del todo de la manta, si es que realmente debajo de la manta había algo que ocultar, y si es que era capaz de demostrar con pruebas lo que simplemente era una sospecha.
Ambrosio o no ha encontrado las pruebas o está arrepentido de haber sacado la lengua a paseo, aunque sospecho que lo cierto y verdad es que le ha repugnado desde el primer momento comprometerse en unos informes al pleno, y los ha ido retrasando, como Dios le daba a entender, aunque el viernes no tuvo más remedio que dar, aunque fuera de memoria, esos informes en los que acabó “cantando la gallina” y confesando que “no había podido reunir pruebas contra las supuestas irregularidades y sospechas”, pero seguía “sospechando” que algo debía haber. Yo no sé si mi buen amigo Alfonso Ambrosio ha aprendido la lección, que es la misma que la de la espada, pero referida en este caso a los rumores, a las sospechas, a lo que en general se llama lengua, “no sacarla sinrazón, ni envainarla sin honor”, porque hasta ahora sólo ha habido una “sacadura” sin razón si él no demuestra otra cosa.
Diario HOY, 16 de abril de 1986

viernes, 5 de enero de 2018

Enfrentamientos gratuitos


Estoy en contra de los enfrentamientos, sin más. De esos que suponen lo de: “¿Qué ha dicho ese?... que yo me opongo”, sin mayores razones, y esto es lo que me pareció a mi ayer la postura del Grupo Popular en el Pleno de la Diputación oponiéndose a la compra de un palacio en el barrio monumental, aduciendo una serie de razones que no eran de recibo. Cierto que los socialistas querrán capitalizar la compra de ese palacio y ello es lógico, pero por sistema no todo lo pueden hacer mal, como tampoco el grupo popular puede hacerlo todo bien. En las gestiones de los partidos hay aciertos y desaciertos y para mi, la compra de ese palacio tiene más de lo primero que de lo segundo, y voy a explicarlo. Según decía el hombre que ya es historia del periodismo en Cáceres, Dionisio Acedo, los palacios de la Ciudad Monumental “son nuestros futuros pozos de petróleo”, de los que puede venir mucho del progreso de Cáceres, con el turismo y lo relacionado con ello. Si nosotros, los cacereños y los organismos de Cáceres, no nos ocupamos de que esos “pozos de petróleo” se mantengan sin venirse abajo, no sabemos quién va a hacerlo en nuestro nombre.
Es ingenuo decir que como la UNESCO puede declarar a nuestra ciudad “Patrimonio de la Humanidad”, será la UNESCO la que pase a conservarlos. En los organismos internacionales rige el lema de: “Ayúdate y te ayudaremos”, por tanto la ayuda de estos organismos, si llega, suele ser más bien moral y simbólica; tampoco nos ayudará la Junta, si no somos nosotros los primeros en autoayudarnos, lo que también es lógico; por lo que la oposición, en el Pleno de ayer, estuvo más bien desacertada y para decir las cosas claras: como tomándose una rabieta por lo que en el fondo consideran un acierto de los socialistas. Tenemos, creo, que aprender a ser más serios y ponderados, y cuando el “enemigo” político lo hace bien, tener la generosidad de reconocerlo.
Diario HOY, 21 de diciembre de 1985

sábado, 30 de diciembre de 2017

Un justo pataleo


A veces he llegado a pensar que es comodidad de la oposición el no poner suficiente énfasis en las cosas que lleva tanto a los plenos municipales como provinciales, aunque tengo que reconocer que cuando el grupo gobernante es abrumadoramente mayoritario, de nada sirve el repetir las cosas una y otra vez para que, en las votaciones, se vayan todas —como suele decirse— al “cesto de los papeles” o a la “memoria testimonial” que es tanto como decir que no sirven para nada. Debe ser desesperante, aunque en cuanto a Cáceres capital se refiere la oposición tiene más faena en el Ayuntamiento que en la Diputación Provincial. En el Ayuntamiento, la unión de todos los grupos de oposición equilibra el peso del grupo gobernante y aún puede rebasarlo, pero en la Diputación la cosa está juzgada y sentenciada pues la mayoría socialista es abrumadora y aunque se unan los grupos de oposición no llegarán nunca a tener número suficiente de votos como para discutir el más mínimo asunto al grupo mayoritario, que hará lo que le venga en gana y dejará pasar solo los asuntos de la oposición que les interese que pasen. Por decirlo de modo coloquial, cuando se dan estas proporciones, el grupo mayoritario se convierte en “perdonavidas” de los minoritarios y prácticamente les hace “pis” en el cuello cada vez que dice: “a votación”, sea el asunto que sea.
Esto ha dado lugar a esos “parlamentos de papel” que se han sacado de la manga los aliancistas y esas ruedas de prensa tras los plenos provinciales como la celebrada el viernes que no conducen a nada en el terreno operativo, pues sólo pretenden que el público se entere de cosas que, cuando se gobierna en solitario como es el caso de los diputados socialistas, puede producir desviacionismos hacia un lado. Por ello, por lo que  tiene de información al ciudadano, creo que es justo ese pataleo, aunque no pase de eso, pataleo.
Diario HOY, 20 de octubre de 1985

martes, 26 de diciembre de 2017

Las "guerras" de notas


Desde luego a mí no me gustan las “guerras de notas” que, de un tiempo a esta parte, vienen realizando muchos organismos oficiales, en Cáceres, para informar de lo que les apetece y salir al paso de lo que de ellos se comenta, por parte de los que usan sus servicios o del hombre de la calle en general que, teóricamente al menos, es muy dueño de tener su propia opinión sin que nadie le quiera comer el coco tergiversándosela y diciéndole, más o menos, aquello del chiste de: “menos pensar por sí y más consultar con nosotros”.
De un tiempo a esta parte se nos escamotea información, se nos informa mal o a medias, o no se nos informa y cuando uno suple esa falta buscándose la información de por sí (que en realidad es lo nuestro), los que tenían la obligación de informarte y no lo hicieron se molestan y te envían esas notas que hacen sus “gabinetes de prensa” —que deberían llamarse como los antiguos: “de prensa y propaganda”— en la que se duelen de que se busque la información en la calle y no se recurra a ellos, que para eso están. Entre los gabinetes más recientes de prensa figura el del INSALUD, que sale al paso de todo, sea la epidemia de hepatitis de La Pesga o la protesta de cualquier ciudadano por un mal servicio sanitario. Lo mismo podríamos decir del de la Junta, que cualquier crítica la ve como “un deseo de hacer política y no resolver los problemas pulsando las verdaderas fuentes”.
Para mí todo esto tiene un mal y es el del aislamiento de los cargos públicos que, olímpicamente, se han apartado del pueblo y les molesta que el pueblo piense otra cosa de la que ellos desean. Lejos han quedado las promesas de claridad y puertas abiertas para todos. No hay claridad en la mayoría de las cosas y las puertas están cerradas a cal y canto, lo que sería lógico en una dictadura, pero no en una democracia donde los cargos, los partidos y las personas —al menos teóricamente— pueden cambiar cada cuatro años.
No es cosa de concretar más pero el hecho es que, como en una orquesta desafinada, cada organismo toca su propia melodía y el pueblo también, esperemos encontrarnos todos al final, o sea en el “calderón”.
Diario HOY, 3 de septiembre de 1985

sábado, 23 de diciembre de 2017

"La casa de Quirós"

Nuestro presidente no estuvo en Jaca para defender la participación en el canon de energía. Nuestro presidente (quiero decir el de la Diputación de Cáceres, señor Veiga) estaba entretenido inaugurando cosas por esos pueblos de Dios, que lo mejor son más importantes para el “mando” que lo del canon.
No obstante había una representación de la Diputación cacereña, que es posible hiciera la defensa de seguir percibiendo esos dineros, porque hay una cosa totalmente lógica, no podemos ser nosotros los que tengamos “solamente agarrado” el jamón, mientras los demás se comen la carne y a nosotros nos dejan sólo el hueso que puede ser hasta explosivo y peligroso, como es el caso de las centrales nucleares, de los embalses cuyas presas se han hecho a base de robar terrenos de cultivos a la provincia, y que entrañaron y entrañan peligros, y desde luego una “servidumbre” que se nos ha impuesto por el ordeno y mando y que de algún modo se nos tiene que compensar, porque para la energía que aquí consumismos pueden llevarle las centrales y las presas a otros sitios —que diría un ingenuo—.
Esto es lo que piensa, quizás ingenuamente, el cacereño medio, el hombre de la calle y posiblemente lo que comparte en su fuero interno el señor Veiga. Pero el señor Veiga es un “mandao” —como castuamente se dice por aquí— y si del centralismo socialista  le dicen que hay que tragar con la pérdida del canon, tragará con ello, como otros socialistas —nuestros mandos— tragaron con la pérdida del ferrocarril (caso insólito y único en nuestra región) permitiendo sólo un leve “escarceo de protesta”, para que no se diga, pero tragando desde el principio, porque para eso hay disciplina en el partido y cartucheras al cañón… ¡faltaría más!, porque parece que tienen el mismo lema de la Casa de Quirós: “Después de Dios, la Casa de Quirós”… Yo creo que en este caso, aún antes.
Diario HOY, 6 de agosto de 1985

viernes, 22 de diciembre de 2017

Falta de coordinación


Más de una vez nos hemos referido a los graves inconvenientes de que en mucha calles de Cáceres, que se repararon hace ya muchos meses con nuevo pavimento, todavía no estén pintados los pasos de peatones, ni las señales informativas horizontales (que van sobre el suelo) con el lógico inconveniente para los peatones y los automovilistas. Se vienen dando casos curiosos, como es que las gentes de aquí siguen paseando por sitios que fueron pasos de peatones (y los siguen siendo) que como no tienen señal alguna de que lo fueran no son respetados por los automovilistas —sobre todo forasteros— que en estos días están de paso en Cáceres, bien porque vienen o van a los lugares de veraneo, o porque son emigrantes que han venido a pasar unos días con sus familiares del pueblo y se dan una vuelta por la capital. Es más, suele darse el caso de aparcar los propios vehículos sobre esos “pasos”, sin que los guardias puedan multar ni decir nada, porque el forastero no tiene indicación ninguna de que eso sea tal paso de peatones.
Pero hay algo más curioso todavía, cual es que unas calles se han pintado, otras, pavimentadas aún anteriormente, están sin pintar, y otras más están casi borradas ya, sin que se hayan pintado las calles próximas. ¿Qué razón hay para no llevar un orden en estas pinturas?. Se lo explicaremos en cuatro palabras: Resulta que unas calles son del ayuntamiento, y otras son antiguas travesías de carretera, de las que unas siguen siendo del Ministerio y otras han pasado a la Junta de Extremadura, con lo que los encargados de pintar las calles de Cáceres y repararlas, son tres organismos distintos y cada cual lo hace a su aire, cuando le viene en gana, y cuando tiene presupuesto para ello. Las calles que faltan por pintar son las de la Junta. ¿No podría coordinarse esto de algún modo?-
Diario HOY, 31 de julio de 1985

Alvarado y su revista


El concejal de la Juventud, José Alvarado Grande, persona a la que no le sale la voz del cuerpo, al menos en los plenos en los que no suele intervenir en nada, tiene un arma que le han puesto en las manos, que es la revista de la “Concejalía de la Juventud”, en la que este hombre callado y un equipo que se ha buscado, ponen a “escurrir” a quien les apetece o a quien no les cae simpático. Más de una vez ha habido protestas en los propio plenos —de otros grupos, claro— porque la revista se había pasado al menos en las formas de presentar las cosas, en la pornografía o en otros aspectos que no vamos a traer ahora a candelero.
Ahora me ha tocado el que me pongan a escurrir a mí a cuenta de una “Ventana” en la que censuraba a los gamberros que habían destrozado los árboles de la avenida de Hernán Cortés, exclusivamente porque decía que eran jóvenes —cosa que me consta porque si no no lo habría dicho—, y, tomando el rábano por las hojas, la revista de Alvarado se molesta porque dice que me meto con toda la juventud cacereña condenándolos en conjunto.
No, querido Alvarado, exclusivamente censuro a los gamberros que hicieron tamaño desaguisado, que cualquier concejal que se preciara debería también censurar porque es su obligación defender las cosas cacereñas y porque, pienso yo, que el concejal de la Juventud debe marcarles un poco el camino a los muchos jóvenes estupendos que tenemos en Cáceres, pero no jalearle las gamberradas, como parece ser es corriente en esa revista que diriges. No hay odio hacia la juventud por la sencilla razón de que todos hemos sido jóvenes, y la juventud no es un estamento, sino un camino por el que pasamos todos los hombres, unos antes y otros después. Es la edad de la inmadurez y la protesta que todos solemos aplaudir, pero tristemente la juventud es sarampión que se quita con los años. Con ella sólo nos pasa que no querríamos que tropezara donde nosotros lo hicimos.
Diario HOY, 30 de julio de 1985

lunes, 18 de diciembre de 2017

La moviola municipal


Aparta del latazo que comporta el aguantar de cabo a rabo, para contarlo después, un pleno de cualquier organismo (y uno lleva en esto un montón de años) tengo que reconocer que en los plenos municipales hay cosas entretenidas, graciosas y hasta insólitas.
Por no ir más lejos, en el primero de los dos últimos extraordinarios, celebrados en la noche del viernes cuando se trataba de un expediente de cesión de terrenos para la construcción de un centro de formación profesional, en Cabezarrubia, el concejal Sánchez Buenadicha llamó la atención a todos sus compañeros diciendo algo así como: “¡ojo, que podemos cambiar el modelo de ciudad futura, si aprobamos este punto!”… Suspense en la sala, hasta que explicó que como ese centro se había pensado para la “Mejostilla” —proximidades de la barriada Pinilla— y ahora se llevaba para el punto contrario de la ciudad, se podría yugular el crecimiento de Cáceres, por esa zona norte, al quedarla sin centro.
Pero más curiosa fue la salida de Miguel Ángel Rubio en ese punto, que dijo: “Si tuviéramos la moviola de la televisión y pudieran pasarse los plenos anteriores todos se darían cuenta de que dimos ese terreno, porque no teníamos otro” (así se habla televisivamente, tío). Pero como no teníamos la moviola de los plenos, tuvimos que atenernos a lo que Miguel Ángel decía, creyéndolo por fe, y sin ninguna comprobación en imágenes… Pero en este punto terció Antonio Hurtado que dijo: “¡Lo que me alegro de este debate!, porque si tuviéramos moviola, veríamos que Miguel Ángel defendía lo contrario de lo que defiende ahora” y dijo algo más, muy sensato: Que la historia de la ciudad y su crecimiento es cuestión de todos los días y que la ciudad no había crecido por aquel punto —“La Mejostilla”— por estar allí el cementerio, las dos prisiones, el cuartel, la plaza de toros, etc…
Aparte de ello habrá que comprar una moviola municipal.
Diario HOY, 9 de junio de 1985