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sábado, 12 de agosto de 2017

Escuela para políticos


Ya que estamos en los prolegómenos electoralistas, sería ocasión de montar escuelas para políticos. Yo sé que algunos de nuestros políticos se han preocupado de asistir a algunos cursos de bien hablar u otras materias, pero yo me refiero a escuelas en las que se les enseñe en serio, porque es lástima que tengamos que confesar que la política está ahora sólo en manos de aficionados. Si ustedes lo piensan bien, aquí, excepto el Rey, al que se educó desde niño para serlo, el resto de los que mandan, o intentan mandar, son simples aficionados a la política que no han recibido una educación como tales políticos y como me dicen pasa en Inglaterra u otros sitios, donde al líder se le educa para político desde niño. Aquí hay simples aficionados, y si me apuran hasta espontáneos que  se lanzaron al ruedo con un palo por muleta, un trapo rojo y más intuición que conocimientos. Y estas improvisaciones —por mucho que se diga— no suelen salir bien.
Ustedes imagínense que, por ejemplo para hacer un puente no se exigiera el título de ingeniero, sino que se eligiera al director de la obra por votación popular. Ya me dirán qué puente podría salir.
Ahora mismo, para ser guardia municipal, se exige preparación física, unos conocimientos del cargo, unos temas y hasta la Constitución, cosa que no se exige a ningún político ni a ninguno que aspire a serlo. Aquí, para ser barrendero —dicho sea sin ánimo de ofender a estos profesionales— se exigen unos conocimientos mínimos y una experiencia que no se exigen para ser político.
Pasen ustedes revista a los que tenemos a todos los niveles. ¿Qué sabemos de ellos? de don Fulano, que es a lo mejor un buen ingeniero porque realizó estos estudios; de don Mengano, que acabó la carrera de abogado, y de don Zutano que era un buen mecánico porque realizó estos estudios. Pero políticos, políticos, educados para tales, díganme ustedes cuánto tenemos. Yo creo que se cuentan con los dedos de una mano y todavía nos sobran cinco.
Ahora, si se me convence de que el partido —el que sea— les insufla la ciencia infusa, santo y muy bueno, que yo diré “amén”, como venimos diciendo muchos españoles desde hace años.
Diario HOY, 28 de abril de 1982

domingo, 23 de julio de 2017

La jaula de los monos


Yo no quisiera ofender a nadie al decir lo que voy a decir, porque no se trata más que de una apreciación muy particular que suelen suscitarme esas luchas intestinas que tienen nuestros políticos regionales, cuando hay algo que repartirse, sea para ellos o sea para la provincia a que representan o para la región que dicen quieren hacer entre todos y con el concurso del pueblo. La verdad es que a mi —y dicho sea con todos los respetos— esos guirigáis que arman para todo, me recuerdan los monos de la jaula del zoo que había, cuando éste estaba situado en el Retiro de Madrid, y yo me pasaba grandes ratos viéndolos ir y venir, reñir por todo, pelearse por la comida, saltar, brincar, andar por los aires dando volatines y no ponerse de acuerdo para nada… creo que el símil es tan válido que me imagino Extremadura, como una gran jaula de monos, donde se ha hecho una división intermedia con una simple tela metálica y cuando ésta trata de levantarse un poco, dos o tres monos de un lado se pasan al otro, o viceversa, y comienzan a quitarse cosas, revolverlo todo y correr de un lado para otro dando gritos y persiguiéndose por la jaula, mientras los espectadores —que podríamos ser todos los extremeños— o nos reímos o lloramos… según nos de.
Los monos-políticos tratan de arrebatarse sus sillones, invaden unos los comederos de los otros, chillan como grajos, se atacan, se empujan y hacen mil “monerías” que suelen agudizarse si dentro de la jaula se coloca una piña de plátanos. Entonces la lucha es mucho mayor y el que más y el que menos trata o de llevarse la piña completa para su sector o al menos arrebatar todos los plátanos que puede de ella, mientras es perseguido por los menos afortunados que, mientras luchan con ellos, acaban perdiendo los pocos plátanos que en la piña estaban destinados para ellos.
Recuerdo que cuando uno quería reírse, aún más, solía meter unas cuantas moscas vivas en un paquete de cacahuetes y lo tiraba en medio de la jaula. Entonces, todos los monos se dirigían hacia él y el más afortunado, el que lograba el paquete —un poco mosca— solía sonárselo al oído, para tirarlo y correr dando gritos por la jaula. Cundía el pánico y se iniciaba la desbandada, con el regocijo de los mirones, y uno pensaba que el único que podría poner coto a aquello había de ser el propio Tarzán… Pero, oiga, ¿dónde encontramos un Tarzán para Extremadura?
Diario HOY, 29 de noviembre de 1981

sábado, 22 de julio de 2017

El futuro Parlamento Extremeño


Confieso que no creo mucho en la autonomía, como le pasa a un montón de extremeños de las dos provincias. Pero como “los tiros” futuros van por ahí no habrá más remedio que tragarla y procurar que el Parlamento Extremeño del mañana esté trazado con unas normas de equilibrio que no puedan permitir la hegemonía de una provincia sobre otra, sino hecho en pie de igualdad que no pueda suscitar reticencias entre Cáceres y Badajoz, sin que los extremeños y los políticos de una y otra provincia puedan, como suele decirse, arrimar el ascua a su sardina provincial y dejar la raspa a la otra.
Como todo esto es lo que está en candelero y es lo que encendió su polémica en el último pleno de la Diputación —con votación en contra de los diputados socialistas cacereños—, es por lo que quiero hacer unas reflexiones propias con los elementos de juicio que tengo a mano, que puede no sean todos, pero que estimo son suficientes.
Explicado con la mayor sencillez posible, parece que la Diputación de Cáceres —y con ella la provincia a la que representa— quiere que en el futuro Parlamento haya igual número de parlamentarios de Cáceres que de Badajoz. No quiero entrar en si esto se había negociado o no, aunque parece ser que sí. Por su parte, un sector de Badajoz, al que se unen los diputados socialistas de Cáceres, quieren que el número de parlamentarios sea proporcional al número de habitantes de cada provincia, con lo que saldría perjudicada la de Cáceres, que cuenta con menos habitantes. Por otro lado hay un argumento que la Diputación Cacereña no quiere utilizar por no inclinar este desequilibrio a su favor, cual es el que, no obstante, en la provincia de Cáceres hay doscientos dieciocho municipios y en la de Badajoz sólo ciento sesenta y dos que, al ser entidades autónomas, podrían muy bien aspirar a tener representación parlamentaria, pero el argumento no beneficiaría a Badajoz y, conscientes de ello, los cacereños no lo utilizan, pidiendo a cambio que haya un pie de igualdad representativa para ambas provincias. Sin entrar en sus argumentos, que “liarían más la pelota”, la aspiración de Cáceres es así de sencilla para integrarse en ese Parlamento, pero los políticos de Badajoz se aferran al número de habitantes —que les beneficia— como se aferran —y esto es más alarmante— el grupo de diputados socialistas cacereños.
Dicho esto, que cada cual saque las conclusiones oportunas, de las que pensamos que en regiones con más provincias cabría esa proporcionalidad —aunque el algunas, como las vascas, no se ha admitido—, pero en una región con sólo dos provincias sería discriminatorio para la de menor número de parlamentarios.
Diario HOY, 24 de noviembre de 1981