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martes, 27 de febrero de 2018

Los verdaderos profesionales


El mercadillo franco del Camino Llano, que se realiza en Cáceres todos los miércoles del año, es sin duda una convocatoria para vendedores y compradores, que son lo que en realidad hacen el mercadillo con alguna ventaja por ambas partes (ya que si no, no continuaría), pero también es una convocatoria semanal para rateros y carteristas que también se dan cita en él y que, a juzgar por la serie de denuncias de robos de bolsos y carteras que días después se agolpan en Comisaría, hacen también su agosto en el mismo.
Artistas del robo
Tenemos que decir que, en la mayoría de los casos, estos carteristas son verdaderos profesionales que sorprenden a la víctima y llegado el caso, se hacen pasar por víctimas ellos, acusando al perjudicado que, avergonzado, no sabe qué hacer.
Este último miércoles ocurrió un caso similar, aunque no fue en el mercadillo, pero sí en sus inmediaciones y a personas que venían o iban al mismo. El caso sucedió ante la armería de Teófilo Arias, de la calle de San Antón, cuyas aceras se ponen a rebosar de gentes que van y vienen a dicho mercado franco. Una señora notó que un joven entraba la mano en su bolso y se llevaba el monedero, entrando a continuación en la armería; ella y sus acompañantes entraron tras él increpándole, ya que había varios testigos del robo. El ratero, con gran aplomo, lo negó todo, asegurando que había entrado a comprar balines y señalándole en el suelo (donde el lo había tirado) el monedero que reclamaba la señora, que por cierto no había pisado el suelo de la armería, quedándola por mentirosa y descuidada y ofendiéndose el ladrón por lo que decía era una duda de su honradez. Los muchos testigos de los sucedido se quedaron perplejos, momento que aprovechó el carterista para largarse.
Como pueden ver, todo un profesional.
Diario HOY, 3 de septiembre de 1987

jueves, 15 de febrero de 2018

La frontera de "nuestros hermanos"


No nos quemaron el camión en Irún, pero nos lo tuvieron parado en la frontera francesa, mientras el alcalde de Cáceres y el de la Roche-Sur-Yon, uno español y otro francés, enviaban télex, telegramas y golpes de teléfono a los responsables de la fiscalidad fronteriza francesa, porque de o pasar el camión cacereño, los actos de la Semana Española de Cáceres en la Roche-Sur-Yon se irían al garete. Hubo que explicar a los guardas fronterizos que el camión cacereño transportaba una serie de muestras industriales, embutidos, alimentos, trajes y un montón de cosas más, entre las que figuran cuadros de pintores y grandes fotografías de nuestro compañero Múñez, todo lo que se va a exponer en la ciudad francesa que es hermana de otra ciudad española que se llama Cáceres, sin pretensión de hacer competencias a ninguna industria francesa, por lo que las ventas se harán después, caso de que nos dejen exponer a los franceses de la Roche-Sur-Yon estos productos, como nosotros, no hace tanto, dejamos pasar y exponer productos franceses en los escaparates cacereños en la celebración de la Semana francesa aquí, de lo que ésta es devolución de visita.
Yo no sé qué habrá pasado, pero lo cierto y verdad es que ayer, a última hora, Juan Iglesias, el alcalde de Cáceres, estaba preocupado por el “parón” dado al camión de productos cacereños que tenía que llegar a la Roche antes del sábado próximo que se inaugura la “Semana”, aunque allí lo llaman “decena española”. Todo esto nos lo decía con el pie en el estribo, ya que hoy mismo él se marchaba también a la Roche-Sur-Yon para estar presente en todos estos actos “Pensaba ir a la clausura, pero me han dicho que los actos más importantes son en la inauguración, por lo que he adelantado el viaje”, nos decía el alcalde al que también le preguntamos si la precipitación de su salida era para arreglar el incidente fronterizo, respondiendo que esperaba hubiera quedado arreglado con todas esas comunicaciones de que les hablamos, confiando en que su compañero, el alcalde de la ciudad francesa hermana de la nuestra hubiera resuelto el asunto. En fin, que aun siendo hermanos estamos aún muy separados.
Diario HOY, 3 de abril de 1987

jueves, 8 de febrero de 2018

El secreto de "la torta"


La Diputación quiere becar a unos especialistas, a unos biólogos, con el fin de que estudien dos de nuestros mejores quesos: el de los Ibores y el llamado “torta” del Casar, para ver la forma de producirlos industrialmente, dada su fama. Yo pienso que parte de esa fama le viene a esos quesos porque no se han podido industrializar hasta ahora, con lo que posiblemente, de encontrar el modo de realizarlos “en serie” puede ser el comienzo del fin de su fama, que base en la propia artesanía y, en el caso de la “torta” del Casar, en unas condiciones que se desconocen hasta el momento.
Para el que no lo sepa, le diré que la llamada “torta” es un queso de oveja, como otro cualquiera de los muchos que se realizan en Casar de Cáceres que, por una razón hasta lo de ahora desconocida, en vez de “madurar” como queso corriente, se convierte en crema de queso, queso que se revienta por uno de sus lados, dejando salir una crema exquisita que no puede “imitarse” por métodos industriales, porque de una serie de quesos hechos en el mismo día y por las mismas manos y los mismos ingredientes, unos se convierten en “tortas” y otros no.
Hace años, un químico excepcional, como fue el señor Corrales, se empeñó en encontrar el “secreto” de la torta casareña sin conseguirlo. Yo pienso que los tiempos y las técnicas han evolucionado y posiblemente estos biólogos acaben llegando a desvelar el misterio de “la torta” casareña. Yo me alegraré mucho por un lado, porque la ciencia quesera habrá avanzado y ello puede reportar beneficios a nuestra región, pero por otro, por el lado del degustador de una delicia de “la artesanía queseril”, me disgustaría el que se haya arrancado un secreto de siglos a la propia naturaleza. Tovar Mena me dice que se hace así porque no van quedando “queseros”. Ello es lo único que puede justificar ese “asalto” a la intimidad de este queso.
Diario HOY, 27 de enero de 1987

miércoles, 7 de febrero de 2018

Un vino que hace "¡pun!"


Yo  no sé si recuerden ustedes aquellos antiguos pleitos y discusiones que en tiempos hubo sobre la denominación de determinados vinos como el vino de Champaña, tipo de vino espumoso francés que se hizo famoso en el mundo entero y al que en todas las naciones se trataba de imitar y en algunos sitios, que todo hay que decirlo, hasta se le mejoró, con lo que el “invento” del vino francés amenazaba con quedarse en modelo de los demás, por ser el que menos se vendía, por lo caro o por otras razones. Total, que Francia, que es nación que mira mucho por sus intereses comerciales, montó ese pleito internacional para que todos los vinos que no fueran elaborados en la región francesa de la Champaña no pudieran utilizar el nombre de “champañas” que venían utilizando todos los vinos espumosos encorchados al mismo estilo y con tapones que hacían “¡pun!”, como los de nuestra sidra de “El Gaitero”, que era el “champaña” más popular de los españoles, sobre todo en las fiestas de Navidad
Comenzó a ponerse en las botellas del espumoso, no fabricado en la Champaña, vino de estilo champán, pero ni esto quiso conceder el gobierno francés de turno, con lo que cada cual sacó alguna denominación que recordara aquello, como era el etiquetar indicando “nuestro vino está elaborado por el procedimiento francés del champaña”. En fin, como esto no era muy vistoso, en nuestra nación comenzó a divulgarse el nombre de “vino de cava”, para el champán, significando que estaba hecho, como aquél, en cuevas, porque eso significa cava.
Pero ahí intervienen nuestros amigos los catalanes que han logrado que lo de “cava” sólo sea empleado en exclusiva para sus vinos, sin ninguna razón, porque cava significa cueva y no es, como Champaña, nombre de ninguna ciudad o región. Total, que nuestro champán extremeño tendrá que buscarse otro nombre a cuenta de los listos que son los catalanes, aunque el caso es discutible.
En definitiva, que al nuestro le llamaremos: “Un vino que hace ¡pun!”.
Diario HOY, 20 de enero de 1987

domingo, 4 de febrero de 2018

Una batalla perdida


Nos lo dijo el concejal de Consumo, Emilio Vázquez, que “en estas fechas de la Navidad la batalla de los precios era batalla perdida”, aún a pesar de las muchas asociaciones, oficinas y organizaciones de defensa del consumidor. Resulta que, como siempre, el consumidor se tiene que defender solo y esas organizaciones son un poco consejeras de lo que uno debe o no debe hacer, porque los comerciantes están tan bien organizados que, cuando ven ocasión de ganar una peseta más —caiga quien caiga— van a por ella, porque es su orientación en la vida y viven de ello. Yo sé que a muchos amigos comerciantes esto que digo puede no sentarles bien, pero lo digo sin ánimo de ofenderlos y reconociendo que mercaderes y comerciantes que han vivido de servir a los demás los ha habido siempre,
Dicho esto, como simple consumidor, pienso que los tonto somos precisamente los consumidores, que nos empeñamos en comer pavo y langostino a fecha fija una vez al año, lo que es ponerle a los comerciantes el asunto como dicen que le ponían las carambolas a Fernando VII, porque si los consumidores nos conformáramos con comer unas sopas de patatas (que bien ricas están) y unas sardinas en estas fechas, los langostinos y el pavo seguirían a su precio.
Todo esto es así, y hay que reconocer que la oferta y la demanda tienen estas cosas. Lo único que me parece fuera de lugar en estas fechas no es el precio, sino el que parece que muchos de nuestros comerciantes (o algunos de ellos), además, disfrutan engañándote en la calidad o en la falta de peso del producto que ya de por sí venden tan caro.
Diario HOY, 16 de diciembre de 1986

lunes, 29 de enero de 2018

Mirar el diccionario


(Incluida en el libro “Ventanas a la Ciudad”)
La ordenanza que regulará la venta ambulante en Cáceres fue presentada al Pleno municipal y devuelta, tras unas larguísimas discusiones, porque nuestros ediles no están del todo de acuerdo con lo que ha de hacerse con estos vendedores con tenderetes que hace más de un año, en algunos casos, ocuparon el paseo principal cacereño, el de Cánovas, y no quieren moverse del mismo aduciendo que ellos pagan los impuestos que se les exigen y tienen sus licencias de vendedores ambulantes con pago al día.
En alguna ocasión, creo que en las pasadas ferias de mayo, se intentó levantarlos, al menos de parte del paseo, del tramo que es el Parque de Calvo Sotelo, dándoles acomodo en otro lugar del jardín, pero montaron su protesta, se fueron en bloque a ver al alcalde y la cosa siguió como estaba.
Mientras tanto el comercio establecido protesta porque, siempre según ellos, estos industriales ambulantes les hacen una competencia ilícita y ocupan el mejor sitio de ventas de Cáceres. Cierto que el comercio establecido protesta por todo y a nuestro juicio hace bien porque se saca más protestando que cediendo, como bien demostrado queda con las protestas de los vendedores ambulantes, que no hay quien los mueva de donde llevan meses o años. Para mí esa indecisión de los concejales se subsanaba mirando en el diccionario qué significa eso de “ambulante” que es la calidad que tienen estos comerciantes. El diccionario dice exactamente: “Ambulante: que va de un lugar a otro sin tener asiento fijo. Errante, transeúnte, nómada, pasajero.”
Si estos vendedores tienen licencias de ambulantes y desde años no se mueven del mismo sitio, han perdido la calidad de ambulantes y por tanto no debe considerárseles como tales.
Diario HOY, 15 de octubre de 1986

jueves, 25 de enero de 2018

¡Vaya con Dios el monopolio!

Parece ser que se confirma que la cacereñísima familia Sánchez deja la representación de “Tabacalera S.A.”, que ha venido ostentando desde hace un siglo, siendo posiblemente la representación más antigua del monopolio incardinada en una misma familia. Ayer mismo, Clemente Sánchez, que es el que ahora la regenta, recibía a dos inspectores de Tabacalera para ver la forma de rescisión del contrato, que debe tener sus muchos inconvenientes, porque a lo largo de un siglo de ser el monopolio en la provincia se deben haber manejado, ganado e invertido muchos millones de pesetas.
Esto ha sucedido ya, al parecer, en otras provincias españolas en las que el monopolio, al dejar de serlo, por nuestra entrada en la CEE, se convertirá en una compañía más que explotará, aparte del tabaco, en lo que parece ser será una firma más —como en Canarias— otros muchos productos, enviando un empleado como representante a cada provincia. En fin, que el monopolio desaparece, y esto tiene aspectos positivos —a la larga— y negativos de momento, sobre todo para los cultivadores de tabaco, que si ahora quedarán libres para poder cultivar cuantas plantas quieran y venderlas al mejor postor, no tienen asegurada la cosecha por un monopolio que, aunque no les dejaba poner un grano más y les compraba al precio que quería, era un cliente fijo que aseguraba unos ingresos. Ahora se pondrá más difícil la cosa y habrá que hacer cooperativas para defender los precios, etc. La que no tiene que agradecerle gran cosa al monopolio es nuestra provincia que, habiendo sido la que más y mejor tabaco le proporcionaba a Tabacalera, y deseando tener una manufactura de cigarrillos aquí, no ha llegado a conseguirlo.
¡Vaya con Dios el monopolio!.
Diario HOY, 21 de agosto de 1986

Hay que formar "capitanes"


Tengo la obligación de justificarme con los lectores de esta sección, porque en la ultima “ventana”, en la del martes, titulada “Hacer algo, pero pronto”, salió un error de esos que producen los “electroduendes” en las redacciones de los periódicos, por el que desaparecieron dos líneas del escrito y vine a decir lo contrario de lo que quería decir. Para que se den cuenta de este curioso malabarismo, y para justificarme sin echar culpas a nadie, porque estas cosas suceden sin que se sepa cómo, voy a ponerles el párrafo, en él figurará entre paréntesis la parte escamoteada, con lo que verán el cómo a veces, por una errata, se dice lo contrario de lo que se quiere decir.
El contenido total se refería a los incendios forestales y a la repoblaciones en nuestro país y decía: “España está a la cabeza del mundo en el número de hectáreas forestales (arrasadas por los incendios, y en la cola del número de hectáreas) que se repueblan cada año”. Como podrán comprobar, si quitan lo que va entre los paréntesis —como sucedió— queda lo contrario de lo que quería decir. Aclarado todo, vamos a otro asunto.
Me complace que un grupo industrial francés se interese por una de nuestras industrias en quiebra como es CONALSA y, sin echar las campanas al vuelo, por aquello del “gato escaldado...” (recuerden la industria de transformación del granito, los “dragones”, la de las fresas, etc) me agradaría que CONALSA se salvara, por aquello de “hágase el milagro y hágalo el diablo”, pero habría que pensar en serio en qué es lo que nos falla en Extremadura, donde las industrias en las que más ilusión pusimos se nos vienen abajo. Hay quién dice que nos falta “capitanes de empresa” y que muchos de los que aquí han venido como tales “capitanes”, no tenían categoría ni de “cabos furrieles”. Yo no lo sé, pero habría que pensar en alguna “academia” que nos forme “capitanes  a nuestros jóvenes.
Diario HOY, 20 de agosto de 1986

sábado, 20 de enero de 2018

La marcha verde


Cáceres dejó de ser moro en el siglo XIII, cuando el rey Alfonso IX de León pudo entrar por un pasadizo, con sus caballeros. Las llaves del pasadizo y su situación se la había proporcionado a un caballero leonés la hija del Kaid agareno que mandaba la villa, que se prendó locamente del joven, traicionando de este modo a los suyos. El jefe moro maldijo a su hija convirtiéndola, a ella y a sus damas, en gallinas de oro, que salen en las noches de San Juan y San Jorge a recorrer las calles cacereñas lanzando píos lastimeros y que no volverán a su ser natural hasta que Cáceres vuelva a ser tomada por los moros.
Como pueden ustedes suponer todo esto es una leyenda muy ligada a la reconquista definitiva de Cáceres, porque Cáceres es una ciudad con infinidad de leyendas medievales, muchas de las cuales ligan su cumplimiento, o el de las personas mágicas que las protagonizan, a la vuelta de las tropas agarenas de las que Cáceres fue propiedad casi ocho siglos.
Pues bien, no sabemos si de una forma intencionada o sin darse cuenta de ello, nuestro alcalde y su grupo político están a punto de conseguir el que las leyendas se cumplan y la princesa mora deje de ser una áurea gallina y vuelva a descansar a su tumba sin andar asustando a los cacereños en las noches mágicas.
Decimos esto por la invasión mora, en forma de vendedores de baratijas de la que está siendo víctima nuestra ciudad. Desde la guerra civil, en que Franco trajo a los ejércitos regulares de Melilla, en Cáceres no habíamos visto tanto moro junto. Es más, conocida la leyenda, hay cacereños que temen que ésta sea una disimulada “marcha verde” como la que Hassan realizó para apoderarse de las “provincias españolas” del Sáhara. No sabemos si el ayuntamiento ha parado mientes en este peligro, que puede ser la marcha de la tortuga de la que se habla en Ceuta y Melilla.
Uno no quiere ser agorero, pero la princesa puede que muy pronto deje de ser gallina.
Diario HOY, 30 de mayo de 1986

jueves, 18 de enero de 2018

Debe haber trampa


Yo confieso que esto de los negocios cada vez lo entiendo menos. No sé si algunos de ustedes sabrá el secreto que existe en ese mundillo de los feriantes para dar anticipadamente, por la explotación de un puesto de churros, durante cuatro días de feria, 400.000 pesetas al Ayuntamiento, en la subasta de los terrenos. Y recojo el ejemplo del puesto de churros porque parece que tiene menos complicación que la explotación de cualquier otro “cacharro” de feria, como puede ser una “noria”, una pista de “coches de choque”, o una “rifa”.
Si echamos cuentas, cada día de esos cuatro días hay que superar el beneficio de 100.000 pesetas, si es que uno quiere que le queden ganancias; y yo no me explico cómo se puede lograr esto.
Ello alguna vez ha sido tema de conversación con alguna otra persona.
Es que, como en unos sitios ganan y en otros pierden —me ha dicho alguno— casando las ferias de ganancias con las de pérdidas, siempre queda algo”.
Para mí, eso no es argumento válido, porque en otras ferias de nuestro entorno, dan aún más dinero que aquí por los terrenos y, aunque el industrial tiene que seguir con su industria y en algún sitio ganará más que en otro o saldrá lo comido por lo servido, no creo que en Cáceres sea plaza en la que en cuatro días, vendiendo churros, se puedan sacar beneficios a 400.000 pesetas de inversión, como primer gasto, más otros más que llevará aparejada la industria. Oiga, ¿pero qué se gana con los churros y  cómo hay que venderlos para sacar esa inversión adelante?. Confieso que para mí este es un misterio, que miro cada año en ferias, como se mira el truco del prestidigitador, sin entenderlo, pero diciéndose uno internamente: “aquí tiene que haber trampa”.
Tampoco entiendo mucho el afán que les entra a los políticos al ras de las elecciones de ser los primeros en las listas de sus respectivos partidos, por el simple afán de servirnos a nosotros y a la patria… Pero esto es harina de otro costal, aunque huela también a churro.
Diario HOY, 9 de mayo de 1986

sábado, 30 de diciembre de 2017

Publicidad y gestores


Cuando los publicitarios quieren demostrarte lo bueno y útil de su profesión, de la que en cierto modo vivimos los medios de información, recurren al ya clásico cuento de la gallina y la bacalada. Esta última pone millones de huevos y no se entera nadie, pero la gallina, que pone sólo uno, entera a todo el mundo del acontecimiento porque lo cacarea, cosa que no hace el bacalao hembra. Ello quiere decir, según los publicitarios, que aquello de “el buen paño en el arca se vende” pasó a la historia  como no se pregone el paño, como la gallina pregona su huevo, no se venderá nunca por bueno que sea. Para entendernos, que importa mucho en todos los órdenes de la vida la publicidad, que en el caso de la gallina es el cacareo, aunque se trate de sólo un huevo, y no el silencio de la bacalada, aunque se trate de miles de ellos.
Pienso yo que con las regiones pasa tres cuartos de lo mismo; hay regiones que por poca cosa que hagan o por poco que necesiten, movilizan a España entera, porque tienen una serie de gestores (yo diría de publicitarios) que se saben mover. Otras regiones, entre las que se incluye la nuestra, siguen pensando en que el paño debe seguir en el arca, o carecen de gestores y ya pueden hacer lo que hagan que les pasará lo que a la bacalada, por muchos huevos que pongan.
Digo esto porque en no muy lejanos años padecimos aquí, estoicamente, una sequía de casi cuatro años en la que se nos vino abajo nuestra ya de por sí precaria economía, sin que se nos echara una mano o consiguiendo menos de lo que hubiera sido menester. Ahora la sequía ha asomado un poco la oreja por el norte y se han comenzado a pedir ayudas y socorros de todo tipo, que unas trombas de agua y lluvias torrenciales han estado a punto de echar por tierra; pero si esas peticiones están en marcha, ya puede llover lo que quiera que se llevarán adelante, o se cambiarán por daños por lluvias, por lo del cacareo y los gestores, que a nosotros, justo es confesarlo, nos faltan.
Diario HOY, 26 de octubre de 1985

lunes, 25 de diciembre de 2017

El cartel no es suficiente


En todo en esta vida hay que tener buen cartel. Ya saben aquello de “cría buena fama y échate a dormir” que puede servir para cualquier orden de cosas de la vida, desde un político a unas rebajas de agosto, porque la fe de la gente en la gestión de uno y en la calidad de lo adquirido en la otra dependerá del grado de credibilidad que queramos darle.
No merece la pena hablar de los políticos, de los que estamos hablando todo el año, para bien o para mal, pero sí de las rebajas que son las que animan esta atonía veraniega de agosto. Es curioso saber que una gran cantidad de gentes creen que en esto de las rebajas “hay truco”; vamos, que el comerciante no pierde un duro, no sólo porque el artículo ya estaba bastante cargado de por sí, sino porque hay establecimientos en los que la rebaja se nota solo por el cartel del escaparate y no por la bajada de los precios. Otros piensan que hay galerías y almacenes que se dedican a hacer artículos propios para las rebajas —de peor calidad— lo que explicaría que en esas galerías tengan rebajas durante todo el año. En cualquiera de esos casos, si es cierto que existen, el comerciante se engañaría solo. Cierto es que hay una picaresca comercial que tiende a engañar, en el mejor sentido, como es el poner el cartel de precio de 999 en lugar de mil, que si tuvo su efecto psicológico hace años, ahora no lo tiene, porque el cliente ha aprendido a marchas forzadas, ya que la congelación o disminución de sus ingresos le ha obligado a ello. Ahora los clientes miramos la peseta tanto como el comerciante, porque la crisis es común a unos y a otros, por lo que las rebajas, si no lo son, se nota y la clientela se retrae y espera a las rebajas de tal o cual establecimiento, cuyos nombres no vamos a decir porque no parezca publicidad, pero que en Cáceres los conocemos todos. Aquí es frecuente sorprender conversaciones de este tipo: “No, no me compro ahora tal cosa, yo espero a las rebajas de fulano” (y aquí el nombre comercial que no debemos decir). Aquí hay algunos establecimientos que han logrado llegar a esa fama, pero la mayoría no. En fin, para entendernos, que aquí en Cáceres y en este mes hay infinidad de establecimientos con el cartel de “rebajas”, pero los que realmente las tienen pueden contarse con los dedos de una sola mano, y nos quedamos largos.
Diario HOY, 25 de agosto de 1985