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domingo, 4 de marzo de 2018

Una asociación cultural de Coria


Creo que el Cabildo Catedral de Coria-Cáceres ha dado un gran paso de apertura a los fieles, y no fieles, a todos, creando en Coria —cabecera de la sede episcopal— la “Asociación Cultural de Amigos de la Catedral de Coria” en la que, aparte de recibir unas cuotas de los que se inscriben en ella, van a involucrar en las necesidades, atenciones e historia de este bien cultural que es el templo más importante de la Diócesis, a un montón de personas que llegarán a conocer mejor el viejo templo y llegarán a amarlo más, ligándose a sus propias necesidades.
Si nos ponemos la mano en el corazón y nos preguntamos qué conozco yo de la catedral de Coria, cabecera de mi Diócesis, acabaremos reconociendo que conocemos más bien poco. Ya que, unas veces por lejanía y otras por la pereza, no son muchos los cacereños de cualquier punto de la provincia, y aún los diocesanos de Coria, que hayamos visto la catedral cauriense con detalle. Y, mucho menos, sepamos la historia de tan valiosa edificación. Por ejemplo, pocos sabemos que el claustro es una pieza casi única, del gótico severo del siglo XIV. En el relicario se conservan, entre otras reliquias de gran veneración y fervor tradicional, el Mantel de la Santa Cena; un “Lignum Crucis” y la Biblia que usó el patrono de la Diócesis y santo ejemplar que fue Pedro de Alcántara. O que su torre, caída durante el movimiento sísmico que asoló Lisboa, fue reconstruida en el siglo XVIII por Manuel de Lara Churriguera, el mismo arquitecto que realizó el Arco del Cristo, de Cáceres, o la fachada del Ayuntamiento de Salamanca. Esto sin citar que su archivo catedral posee uno de los fondos documentales más importantes de Extremadura. En fin, que hay que conocer mejor Coria y un paso importantes es la asociación cultural que acaba de crearse.
Diario HOY, 16 de octubre de 1987

NOTA.- La “Ventana” contiene un lapsus del que Fernando no se percató: al hablar de Manuel de Lara Churriguera lo refiere a la realización del Arco del Cristo de Cáceres, cuando en realidad se está refiriendo al Arco de la Estrella de Cáceres. (Nota de Teófilo Amores).

miércoles, 14 de febrero de 2018

Lo atrevido de la ignorancia


Extremadura, por ignorada, se presta mucho a servir de América peninsular para mucho papanatas que en alguna ocasión, y sin mucho bagaje cultural, accidentalmente descubre alguna de nuestras tradiciones, que no suele entender en absoluto y se cree un Colón o se erige en juzgador de algo que realizan nuestras gentes que, dicho sea de paso, están de vuelta de descubrir y conquistar el mundo, no sólo con la espada, sino con el intelecto, porque al lado de los Pizarro y Cortés tenemos a los Muñoz Torrero, redactor de una Constitución admirada por el mundo; los Donoso Cortés, los Torres Villarroel y otras muchas destacadas personalidades del saber humano, que hubieran brillado más si Extremadura hubiera tenido menos abundancia donde elegir hombres excepcionales que, cualquiera de ellos, podría ser por sí solo la gloria y el orgullo de otras regiones y aun de otras naciones, menos afortunadas que la nuestra en producir hombres tan excepcionales y tan seguidos.
Viene esto a cuento, porque un hombre ignorante llamado Alfonso Olmedo de Castro, que vive en una urbanización de un pueblo de Málaga, que lleva nombre de un santo de Extremadura, San Pedro de Alcántara, se ha permitido desde su pequeñez y estrechez mental, juzgar a todos los extremeños en una carta que envía al alcalde de Villanueva de la Vera, tras presenciar las fiesta del “Pero Palo”, de la que ha hecho fotocopias para repartirlas y en las que dice, tras otros muchos insultos a la región, textualmente: “Supongo que usted, como todo su pueblo, será analfabeto también y tendrá a mano a alguien que le leerá esta carta repetidas veces para que se entere.” La fotocopia de la carta, un libelo de mala baba, nos la envía una vecina de Villanueva de la Vera, con una contestación que entendemos no merece la pena publicar, porque visto el chozo se conoce al guarda, y visto el contenido de este rebuzno escrito que es la carta de Alfonso Olmedo, se adivina su mente cuadriculada y su ignorancia enciclopédica, aparte de su atrevimiento de juzgar a un pueblo por una tradición que, ni entiende ni entenderá en la vida, de no ser que le fundieran de nuevo.
La lástima es que hay muchos Alfonsos Olmedos por esos mundos de Dios para los que el mejor desprecio es no hacerles aprecio.
Diario HOY, 28 de marzo de 1987

jueves, 21 de diciembre de 2017

El barco del presidente


En esta profesión nuestra la falta de espacio es casi siempre agobiante y ello es motivo muchas veces de que algún trabajo se vea mutilado, ya que de la publicidad es de lo que viven los periódicos —y que no falte—. Esto, a modo de justificación, viene al caso porque en alguna ocasión algo queda “cojo” y su titular interior —al que nosotros llamamos “ladillo”— no se corresponde con el texto que sigue a continuación porque esa imperiosa necesidad de que hablamos al principio ha dado lugar a un corte. Esto es lo que pasó con el trabajo publicado el día 21, titulado “Gruista, una profesión arriesgada”, donde al final de él, tras del ladillo “El barco del presidente”, se habla de la botadura de un yate por este “gruista” al que entrevistábamos, pero el lector se queda con la curiosidad de por qué se ha titulado aquello: “El barco del presidente.” Como la cosa no tiene mayor importancia y como uno no va a ir uno por uno contestando esa pregunta, he preferido aclararlo en esta sección y agregar algún dato más de los que me daba el entrevistado Héctor Madrigal sobre de qué presidente es ese barco y el porqué recibe ese nombre popular, historia que creo es sumamente curiosa.
Ese pequeño yate de 10.000 kilos es propiedad del presidente de Hidroeléctrica Española don José María de Oriol, que lo tenía en Cartagena y que a cuenta de un accidente ocurrido a un allegado familiar, al que, según dicen, una de las hélices le produjo la muerte, se le “condenó” a navegar por las aguas del pantano de Alcántara, donde está ahora y donde Héctor Madrigal y sus grúas lo extraen del agua para diversas reparaciones. En este yate viajó también el presidente Felipe González en su reciente visita al pantano. Por tanto el nombre puede venir del propietario o del viajero o de ambos a la vez.
Diario HOY, 23 de julio de 1985

viernes, 15 de diciembre de 2017

El puente de Almaraz


Almaraz, pueblo cacereño que ahora es famoso por la central nuclear, lo era ya anteriormente por el puente sobre el Tajo, que lleva su nombre, aunque ni en una ni en otro puso nada Almaraz como vamos a ver en lo referido al puente, del que daremos una serie de curiosidades.
Este puente se llamó en principio de Albalat, ya que estaba comprendido en el territorio conocido como “Campana de Albalat” y fuera del término de Almaraz, nombre este último que se le dio al ser destruido Albalat y ser Almaraz la población más próxima a él.
El puente se hizo en el reinado de Carlos V y fue costeado por la ciudad de Plasencia, dirigiendo las obras Pedro Urías, casi un desconocido por aquel entonces. Uno de sus arcos fue destruido en la Guerra de la Independencia y estuvo muchos años sin repararse, teniendo que cruzarse el río por las barcas. Finalmente, dos extremeños, don Joaquín Rodríguez Leal y don Gonzalo María de Ulloa (conde de Adanero), hicieron la reparación del puente a sus expensas, resarciéndose de lo invertido con la concesión del portazgo durante cuarenta años. Pero tampoco fue fácil la reparación, ya que surgieron los inconvenientes de no encontrar un ingeniero que la dirigiera ni dentro ni fuera de España, ya que se hicieron gestiones que resultaron infructuosas en Inglaterra y Francia. Así las cosas, se prestó a dirigir estas obras un fraile exclaustrado, Manuel Ibáñez (jesuita), que logró rematarlas y quedar el puente tal como está ahora, en 1845.
Quizás por eso de haber sido fraile el director de la obra, surgieron una serie de leyendas, entre las que figuran el que las claves del arco las puso el fraile solo, una noche de tormenta, sin que nadie le ayudara dejando escrito en ellas.
“¡Almaraz, Almaraz,
Si te caes no te levantarás.
Y si te levantan, no como estás!”
Como ven, todos los puentes tienen leyendas, y no es una excepción el de Almaraz, por lo que como curiosidad lo recogemos.
Diario HOY, 17 de mayo de 1985

miércoles, 13 de diciembre de 2017

El recetario de Alcántara


En el año 1807 los soldados de Napoleón saquearon la biblioteca del Conventual de Alcántara robando, entre otras muchas cosas, el recetario de cocina de los frailes alcantarinos que, como casi todos los frailes, eran esmeradísimos degustadores de las especialidades culinarias. Se recogían en él recetas exquisitas que los propios frailes tenían como secretas. Hasta tal punto gustó este botín de guerra a los franceses que el gran cocinero galo Escoffier afirmó, refiriéndose a este recetario: “Fue el mejor trofeo, la única cosa ventajosa que consiguió Francia de aquella guerra”; y el mismo Escoffier reproduce varias de las recetas tomadas de aquel libro culinario extremeño, como “faisán a la mode d’Alcantara”, “pedreu a la mode d’Alcantara” y algunas más.
Este recetario pasó a las manos del general Junot, que se lo regaló a su esposa, antes de ser nombrado duque de Abrantes, por el propio Napoleón, y pienso yo que de no haber ocurrido aquel robo el libro se hubiera perdido o permanecería ignorado. Gracias al robo nos han llegado, a través de Francia, algunas recetas del mismo que de otro modo no hubieran llegado hasta nosotros. Es más, algunas designaciones de la cocina gala se toman del libro, como: “consonmé”, que procede de la palabra extremeña “consumado”, con la que se designa a un caldo de dicho recetario que recogía el extracto de varios alimentos, hasta que se consumían, para echarles después un chorro de buen vino y servirlo. Los franceses lo lanzaron al mundo como invento culinario propio y hasta afrancesaron la palabra convirtiéndola en “consonmé” que nosotros hemos vuelto a recoger y nombrar como “consomé” cuando su origen es extremeño y de antiguo se llamó “caldo consumado”.
Diario HOY, 12 de abril de 1985

viernes, 8 de diciembre de 2017

Los campistas y Guadalupe


A mis manos ha llegado el número uno de una nueva revista titulada “Camping Caravaning – Actualidad”. Es una revista nacional magníficamente editada en papel satinado, con amplias fotografías y que según esa primera editorial suya, sale a la palestra para “servir más y mejor” al sector campista. La he hojeado y ojeado (quiero decir que he pasado las hojas de ella —con h— y mis ojos —sin h— por sus páginas) y me ha parecido una magnífica y entretenida revista, no sólo para los campistas sino para cualquier lector curioso ya que se incluyen: naturaleza, excursiones, turismo, caza fotografía, etc., etc.
Pero así y todo, yo no me ocuparía en esta sección de ella si no dedicara más de cuatro páginas y la central con una foto a doble página a la “Tercera Acampada de la Hispanidad en Guadalupe”, celebrada el día 12 de octubre pasado año  en la que convivieron, con los campistas extremeños, campistas de toda España presididos por don Emilio Freixa, presidente de la Federación de Campistas Españoles. Las fotos de la acampada son magníficas, se recogen momentos como cuando los campistas de cada región llegan al monasterio vistiendo cada uno sus trajes regionales, desfiles por el pueblo, aparte de las fotos de la Virgen de Guadalupe, la sacristía del Monasterio, con las pinturas de Zurbarán, etc., etc., pero el texto del amplio artículo no le va a la zaga. Como muestra ahí va al principio; “Sin ánimo de molestar a los aragoneses, oso decir, que la auténtica Patrona de la Hispanidad es la Virgen de Guadalupe, y quien tenga un atisbo de duda le sugiero que se pasee, sí, que se pasee en esta fecha 12 de octubre, por GUADALUPE con mayúscula…”
Así continúa el artículo defendiendo lo que es historia, para narrar lo grato de la jornada vivida, lo infame de las carreteras, y otras realidades, que han causado impacto a estos campistas de toda España con los que, dicho sea de paso, no quiso estar nuestro presidente autonómico, señor R. Ibarra, aunque estaba invitado a ello.
Diario HOY, 21 de febrero de 1985

lunes, 20 de noviembre de 2017

Epitafio a nuestros pueblos muertos


También como las personas, los pueblos nacen, viven y mueren, aunque algunos tengan una larga agonía más desoladora que la propia muerte. En Extremadura tenemos una larga lista de pueblos muertos o que están a punto de morir y hasta a alguno tratamos de resucitarlo, como sucede con la vida misma de los hombres. Otros cayeron definitivamente y sólo están en el pensamiento de la historia de los hombres, señalados si acaso por un montón de piedras.
Podrían ser pueblos a los que mató la historia, como Cáparra, Valparaíso, San Gregorio y otros tantos de los que se cuentan viejas historias, para justificar sus muertes: que los invadieron las hormigas, que fenecieron con una guerra, que una epidemia se llevó a sus vecinos, etcétera.
En los alrededores de Cáceres, hay otros pueblos de este tipo fallecidos casi recientemente, como podría ser Zamarrilla, cerca de Valdesalor, muerto no se sabe de qué, porque en estos casos no hay médico que certifique y justifique su muerte; o bien, Arcos, cerca de Cañaveral, muerto por inanición y hay otros asesinados brutalmente, como podría ser Talavera la Vieja, ahogada en las aguas de Valdecañas, o Granadilla comprado por una compañía particular, que no deja que lo visiten sus vecinos, mientras se le inyecta para resucitarle no sabemos a qué nueva vida.
Pero para mi, no es lo malo los pueblos que más o menos murieron en medio del dolor de sus deudos, sino los que ahora agonizan, comidos por el cáncer de la emigración o por no saber cómo les van a “alimentar” sus vecinos, como podrían ser muchos de los nuevos de colonización y otros muchos a los que vemos demacrarse y morir lentamente. Yo no tengo la solución pero se me ocurre que podríamos hacer, al menos, un monumento a los pueblos extremeños, caídos por el progreso, muchas veces de otras regiones ajenas a la nuestra.
Diario HOY, 3 de septiembre de 1984

lunes, 6 de noviembre de 2017

Rescatar la organería


Extremadura es lo que pudiéramos llamar el “paraíso” de los órganos góticos y barrocos, habiéndose conservado en neutra región un gran número de estos instrumentos que en el periodo barroco tuvieron su edad de oro. No se sabe ciertamente si esta milagrosa conservación se debe a la falta de medios para sustituirlos por otros más modernos, como ha sucedido en otras regiones, o por un gusto conservador que se ha dado aquí en estos, cada día más escasos instrumentos. Pero lo cierto es que ahí están y muchos de ellos esperando una restauración que, al ser costosa,  en muchos casos se retrasa. En la capital se han restaurado algunos órganos de este periodo, pero no así en nuestros pueblos de los que es curioso saber que en la antigüedad tuvieron más tradición y prestigio musical “organero” que la propia capital, a la que abastecían de organistas, como es el caso de Garrovillas, durante los siglos XVI y XVII, que formó una verdadera escuela de organería, de la que salieron prestigiosas figuras y, entre ellas, Domingo Marcos Durán, que escribió el primer tratado sobre órganos que se conoce en España.
Decimos todo esto porque a nuestro juicio merece más atención de la que le prestamos el que en nuestros pueblos comiencen a rescatarse estos raros instrumentos, muchos de ellos a punto de desaparecer, y debería prestarse más amplia ayuda, por parte de los organismos culturales, aunque sólo fuera por tratar de resucitar el viejo esplendor que esta rama musical tuvo en lo antiguo. Viene este comentario a cuento de que el párroco de Santa María, de Brozas, don Gregorio Carrasco, entendiéndolo así, lleva más de seis años trabajando en restaurar el órgano de su iglesia, lo que acaba de conseguir, tras muchos esfuerzos y sinsabores, anunciando para el próximo domingo un concierto inaugural del mismo a cargo del organista extremeño Miguel del Barco.
Creemos que el ejemplo de don Gregorio es digno de imitarse en otras muchas de nuestras parroquias y que merece, a nuestro juicio, un aplauso sin reservas.
Diario HOY, 9 de mayo de 1984

lunes, 30 de octubre de 2017

Resucitar Granadilla


Me complace la noticia de que Granadilla será reconstruido, porque este pueblo, abandonado y muerto por la construcción del pantano “Gabriel y Galán”, bien merece ser resucitado, aunque sólo sea porque, habiéndolo sido todo, quedó en la nada en beneficio de los demás, llegando hasta perder su verdadero nombre, que fue Granada, para convertirse en Granadilla, cuando la Granada andaluza se convirtió en cristiana. La de Granadilla es una larga historia de un pueblo venido a menos. En la antigüedad fue hasta capital de la comunidad en que se integraban: Abadía, Ahigal, Aldeanueva del Camino, Caminomorisco, Cerezo, Granja, Guijo de Granadilla, Mohedas, Nuñomoral, Pinofranqueado, Rivera Oveja, Pesga, Santibáñez el Bajo, Zarza de Granadilla, Alberca y Sotoserrano; estos dos últimos son hoy día pueblos de Salamanca.
Por ser, Granadilla fue arciprestazgo y cabeza de partido judicial que componían: 4 villas, 22 lugares, 5 concejos compuestos por diferentes alquerías y 6 despoblados.
Con la construcción del pantano “Gabriel y Galán” quedó convertido en península y, abandonado pasó a propiedad de la Confederación Hidrográfica del Tajo. Conserva sus murallas, que hoy lamen las aguas, su viejo castillo y sus casas en ruinas, Atrás queda su vieja historia: construido por los árabes en el siglo IX, fue conquistado, en 1170, por Fernando II de León, cediéndolo su hijo, don Alfonso, a la Orden de Santiago, en 1191. Tras la conquista de Granada, cambia de nombre y se e cede a los duques de Aba. En 1962, cuando se construye la presa y surge el pantano, Granadilla prácticamente muere.
Para resucitarlo, ya que era uno de los pueblos más bonitos de la provincia, hubo varios intentos. Recuerdo el de una compañía hispano-alemana que quiso hacer de él todo un gran hotel para alojamiento de millonarios que vinieran allí a cazar o pescar, pero todo quedó en intento.
Hubo otros intentos también fallidos y ahora surge éste que, si no muy concreto, al menos parece será el único que podrá llevarse adelante en estos momentos. El empeño bien merece la pena, por la belleza y el entorno que, aun en ruinas, conserva aún Granadilla a la que, ojalá, veamos resucitada.
Diario HOY, 9 de marzo de 1984

martes, 24 de octubre de 2017

Coria y la fuga del río


Los pueblos son muy dados a olvidar las catástrofes o los hechos que les han dejado mal sabor de boca. Pero esto da lugar a que se pierdan, por ese olvido, datos que son muy preciosos para la historia posterior.
En Cáceres, por poner un ejemplo, hay un hecho inmediato casi en el tiempo del que nos hemos olvidado, cual es el bombardeo aéreo que padeció nuestra ciudad en la guerra civil, en el que murieron —de manera inmediata casi— más de una treintena de cacereños, quedando algunos otros lisiados o mutilados. Puede que la estrategia de la guerra no aconsejara entonces dar cifras o detalles, pero el hecho es que aun los que vivieron aquello han acabado olvidándolo.
Si esto es así para una cosa inmediata, ustedes nos dirán cómo se pueden recabar datos de catástrofes que ocurrieron siglos atrás.
Es éste el caso de la ciudad de Coria que, teniendo puente y río, un buen día el río se cansó de pasar por debajo del puente y tiró por otros derroteros dejándolo seco. Este hecho debió ser una verdadera conmoción, porque el río no volvió a tener puente hasta pasados tres siglos teniendo que pasarse por medio de barcas. Pues bien, hoy día se desconocen las circunstancias ciertas de por qué sucedió esto, la fecha exacta y los detalles de lo sucedido. Tal estupor y asombro debió proporcionar a los corianos, que prefirieron olvidarse del tema, que no se refleja, con detalles, en ningún documento posterior, o se refleja en muy pocos.
La única referencia más precisa la leí en un trabajo del fallecido investigador —coriano por más señas— Tomás Martín Gil, que dice encontró un documento en la Biblioteca Pública, que supone perteneció al convento de San Benito, de Alcántara, y en el que se dice que “en el año 1590, por una violenta avenida del río Alagón, se produjo una rotura del cauce en el sitio conocido por “El Cachón”, por encima del puente, cambiándose el curso del río y quedando sin agua la madre antigua, y en seco el puente.”
Se refiere también a la serie de pleitos que todo ello produjo, por la invasión de aguas en otras tierras, los esfuerzos por volver el río a su cauce, todos infructuosos, quedando la ciudad aislada hasta principios de nuestro siglo en que se realizó el puente de hierro, que aún existe, teniéndose que pasar el río por barcas.
Al parecer, una de las cosas que contribuyó a que eso sucediera, era lo sucio que tenían el cauce y la manía de llevarse —para otras construcciones— las canterías y piedras que en algunos sitios lo encauzaban.
Pero con ser todo esto curioso, lo más curioso es que faltan documentos detallados y abundantes de este fenómeno, que debió conmocionar a la Coria de aquel entonces.
Diario HOY, 20 de enero de 1984

miércoles, 18 de octubre de 2017

La “Encamisá” y la Reconquista


En la madrugada anterior los torrejoncillanos y otros forasteros que se habrán sumado al acontecimiento habrán vivido con fervor y perplejidad la llamada fiesta de “La Encamisá”.
La fiesta es realmente singular, ya que el pueblo todo, vestido con largas camisas blancas y cabalgando enardecidos con gritos y versos a la Virgen y el resonar continuo de escopetazos de pólvora, se dirigen al templo donde recogen el estandarte de la Virgen que presidirá la cabalgata que recorrerá las calles del pueblo para acabar después en una fiesta alegre y compartida por todos.
No se sabe ciertamente el origen histórico de la fiesta y hay numerosas teorías que suplen la falta de documentación antigua sobre la misma. La mayoría de estas leyendas la cifran en algún hecho de armas vivido por los antiguos hijos de Torrejoncillo, quizá en algún lugar remoto.
Yo le he dado muchas vueltas a este asunto y hasta, en ocasión anterior, he expresado mi opinión sobre lo que creo que es una reminiscencia o celebración conservada de milagro, de los hechos de armas de la Reconquista que se centraron precisamente en este pueblo de Torrejoncillo, que fue “cabeza de puente” para ella, en numerosas ocasiones.
Por los datos históricos que se conservan se sabe que los reyes leoneses que venían a reconquistar el sur del Tajo ponían su campamento principal en Coria. Este es el caso de Alfonso IX de León, que hizo el intento en varias ocasiones. Torreoncillo debería ser la vanguardia o puesto avanzado de estas acciones de guerra de donde partía —con las mejores tropas— a la reconquista de los castillos que guarnecían el paso del Tajo por el único vado existente entonces, Alconétar. Lo demás es fácil de imaginar: a estas tropas se las enardecía con la entrega de la insignia que presidiría la acción guerrera; es posible que lo de las camisas blancas fuera una especie de camuflaje, aprovechando una nevada, y pienso que esta acción se refiere posiblemente a la toma del próximo castillo de Portezuelo, punto clave para afianzar la vanguardia.
Puede que lo que digo sea sólo imaginativo, pero pienso que en los archivos de Coria, referidos a la Reconquista, podría encontrarse algún documento que lo avalara. No obstante, lo importante es que Torreoncillo ha conservado de siglos este recuerdo, aunque ahora no sepa el origen del mismo.
Diario HOY, 8 de diciembre de 1983

El raro privilegio de Portezuelo

Dentro de la historia de Cáceres y sus pueblos hay cosas poco conocidas, y menos estudiadas, que suelen llamarnos la atención por tratarse de aspectos o privilegios realmente insólitos.
Un caso de éstos, al que yo le he dado muchas vueltas sin lograr encontrar razones para ello, es el caso del pueblo cacereño de Portezuelo.
Esta pequeña población está a la derecha del río Tajo, en la falda norte de la cordillera que cruza la provincia, paralela al mismo, en lo que fue viejo camino de Cáceres a Coria, y hoy es carretera, cerrando un puerto de dichas montañas —de donde creo le viene el nombre… y tenía un fuerte y viejo castillo, que hoy es pura ruina, y que últimamente perteneció a la Orden de Alcántara, que celebró en el mismo algunos de sus últimos capítulos. Todo esto es historia pasada, como lo es lo que voy a contar.
Este pueblo de Portezuelo tiene el rarísimo privilegio que creo es único entre los pueblos de España, que le fue concedido por el Rey Carlos I, de poder examinar y dar su correspondiente título a los maestros de cualquier oficio mecánico pudiendo ejercer en todos los pueblos del reino e impedir que otro lo ejerciese si no tenía autorización concedida por esta villa o por otra que tuviese igual privilegio.
Como puede verse, Portezuelo debería ser algo así como una especie de universidad salmantina en lo tocante a las artes mecánicas, aunque no a las letras, a que ningún maestro de oficios podría llamarse tal si no había sido examinado en Portezuelo.
¿Por qué este raro privilegio? Francamente no lo sé, como no sé si el propio Portezuelo se tomó en serio el título concedido por el Rey y ejerció como tal universidad de oficios durante algún tiempo; ni si había maestros allí que pudieran juzgar y ejercer tal disciplina.
Hay que pensar que cuando un Rey como Carlos I otorgaba un privilegio de tal amplitud debería tener sus razones para ello, pero tampoco consta en documento el por qué de lo raro de la concesión, ni la forma de desarrollar tales exámenes para los que, por lógica, debió existir una especie de reglamento. Esperemos que algún investigador futuro ponga todo esto en claro.
Diario HOY, 3 de diciembre de 1983