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viernes, 19 de enero de 2018

Una soledad sola


Uno piensa en el bullicio de estos “Días familiares” que se vienen celebrando en las residencias de ancianos. El sábado fue el de la Residencia Asistida, de la carretera de Trujillo, donde hay un total de 300 ancianos y ancianas que, la mayoría, no se valen por sí mismos y que están allí para recibir un tratamiento dentro de lo que se pueda y a esperar pacientemente la muerte. Así de claro, por duro que parezca. A menos que pensemos desde nuestro nacimiento estamos en el camino de la muerte.
Como decía el poeta: “Nada de en el camino de la vida, la frase se convierte; en medio del camino de la muerte”. Lo malo es que cuanto más viejos somos, más cerca vamos estando de ella, aunque los accidentes nos vengan demostrando que no hay edad para ese trance. Yo no quiero ponerme demasiado triste. Ese camino lo estamos recorriendo todos y, aunque hablar de ello es “nombrar la soga en casa del ahorcado”, hay que hablar alguna vez, pero no es a eso exactamente a lo que voy a referirme.
En esa Residencia, como en otras, ese “día familiar” fue de gran júbilo y alegría, se convivió con los queridos familiares a los que no se puede tener en casa, “porque están más atendidos donde están” —hay que reconocerlo— “y porque son un incordio” ya que “yo trabajo y mi marido también y dígame a cargo de quién los quedamos”. Pasaron los tiempos en los que los abuelos se aguantaban en familia y hasta servían para volcar su experiencia y amor en los nietos, aun a pesar de sus manías y caprichos infantiles. Se vive ahora de otro modo y, como a lo cerdos, a todos “nos llegará nuestro San Martín”, porque los jóvenes de hoy seremos los viejos desatendidos por la familia de mañana. Hay que mentalizarse así desde ya. Pero de todos modos, el momento tremendo que me imagino es que, tras la marcha de los familiares que vinieron a convivir un día, y tras la alegría de él, otra vez más queda a los abuelos la soledad, que es más soledad comparada con el anterior bullicio.
Diario HOY, 19 de mayo de 1986

martes, 16 de enero de 2018

Casi despedida a la francesa


Cuando las gentes, los colectivos sanitarios y aún la propia UGT, se cansaron de pedir la dimisión de Antonio Mancha sin conseguir que se fuera, cuanto todo el mundo se había convencido de que a Mancha no había quien lo moviera de su cargo de director provincial del INSALUD y, cansados, habían desistido de pedir su cabeza, cuando, finalmente, nadie se acuerda ya de Mancha, es cuando le llega el cese o traslado voluntario o no, que esto no importa tanto. No sabemos si Mancha ha cumplido ya con las órdenes que le dieron al llegar al cargo y, consumada la labor de reforma o “deforma” (como algunos dicen), le han agradecido los servicios prestados, o se lo llevan de pararrayo en expectación de destino para cualquier otra acción de reforma a contrapelo que se le presente, porque Mancha, según algunos, es un “camicace” del PSOE. Yo más bien le llamé a el, y a algunos otros, en esta misma sección “hombres pararrayos”, ya que están para recibir las descargas eléctricas contundentes y, si llega el caso, quemarse ellos y no el partido o el superior que allí los puso.
Salvando las diferencias, Mancha en lo provincial y sanitario, era lo que Calviño en lo nacional y televisivo. A ambos, desde casi el principio de sus respectivas gestiones, al decir de muchos, les “olía la cabeza a pólvora”, pero debieron acostumbrarse a este perfume y lo utilizaron como loción capilar sin importarles mucho.
Mancha al fin se va y alguno de los que pedían su cabeza nos ha dicho aquello de: “enemigo que huye, puente de plata”, pero casi con tristeza de que se vaya por lo de “vale más lo malo conocido…” y porque uno se acostumbra a todo.
Calviño se queda aún, Mancha se marcha y hay que decir que hemos de agradecerle la serie de noticias que nos proporcionó en toda su gestión.
Diario HOY, 12 de abril de 1986

viernes, 5 de enero de 2018

Del no llegar, al pasarse


Con estas cosas de la Navidad, como con todo en la vida, te puedes pasar o no llegar, como en el juego de las “siete  media”, del que decía la obra de Muñoz Seca, “La venganza de Don Mendo”: “El no llegar da dolor, porque indica que mal tasas… mas ¡ay de ti si te pasas!, si te pasas es peor.”
Pues bien, esto es exactamente lo que ha pasado con las músicas de ambiente que se han puesto alrededor de la Navidad cacereña, en una infinidad de altavoces repartidos por todas la calles comerciales de Cáceres, cosa que han hecho los industriales, ya que aunque la luz corre a cargo de la Comisión de Fiestas del ayuntamiento, como corre la organización, la instalación de esa megafonía corre a cargo de la comisión de industriales que son los que se han unido para hacer más grata la Navidad a todos, cosa que les hemos de agradecer todos los cacereños. Pero así como han acertado en otras cosas, en esto de la megafonía no ha habido acierto y los primeros que lo reconocen así son muchos comerciantes que, tras intentar que esa música estuviera en un tono agradable de fondo, no lo han logrado, por las razones que sean, y al parecer en algún caso, lo único que han logrado es que se suprima del todo durante algún tiempo.
Nos consta que José Antonio Bravo, uno de los industriales que con gusto vio que se hiciera todo esto estuvo el día 24 y el 25 llamando a todos sitios, porque en las calles donde tiene el establecimiento y él mismo vive, no había quien aguantara la música, por su intensidad, ni aún dentro de casa, y las quejas del vecindario se las daban a él. Nicolás Javier, otro industrial de sobra conocido, nos manifestaba su indignación por la misma cuestión y nos decía lo difícil que es el que la música esté en tono bajo, no sé por qué razones técnicas, pero lo cierto es que en plena calle a veces no podía hablarse y  que más que ambiente de Navidad lo que se ha conseguido es convertir el centro en un ferial inaguantable, aunque haya sido con buena intención.
Diario HOY, 27 de diciembre de 1985

jueves, 28 de diciembre de 2017

Cáceres, paraíso del infarto


Hay temas de los que a uno le da repelús hablar, pero que en muchos momentos surgen como interrogantes que uno desearía que alguien le aclarara. Se ha llegado a afirmar y al parecer es cierto, que nuestra ciudad y aun sus pueblos del entorno son una especie de “paraíso” para los infartos de miocardio. Dicho de otro modo, que aquí es muy corriente morir de infarto, sin que al parecer se sepan las causas ciertas de ello, ya que otras zonas y comunidades que tienen la misma dieta alimenticia que la nuestra y aun el mismo entorno climático padecen menos esta enfermedad que la padecemos nosotros
Algún especialista de estas cosas me confesaba que se aventuraban muchas teorías para justificar este fallo localista de morir de infarto —sin hacer falta las auditorías anunciadas por algún destacado socialista— pero que no se llega a saber ciertamente por qué unas comarcas son más dadas a una determinada enfermedad que otras, y a la nuestra le ha tocado como popular esa forma de dejar este valle de lágrimas. Como resulta que el valle hay que dejarlo de todos modos, muchos se consuelan diciéndose: “¡Qué le vamos a hacer, ya que de algo hay que morir!”. En efecto, pero uno espera que sea lo más tarde posible.
El doctor Sodi Pallarés, un especialista mundial de estas cosas, que ahora está en Cáceres, nos decía que el infarto se gesta en el individuo treinta años antes de que se le manifieste y es entonces cuando hay que comenzar a prevenirlo, no cuando ya lo tenemos encima. Por si les vale, también nos decía que las materias enemigas del corazón son el sodio y el calcio y las amigas son el potasio y el magnesio.
En fin, que los cardiólogos se han reunido en Cáceres, y ahora sería el momento de que nos aclarasen estas cosas.
Diario HOY, 10 de octubre de 1985

Una aclaración necesaria


No queda para mi muy claro el que Manuel Veiga, actual presidente de la Diputación, quiera “cargarse” el Hospital Provincial, si atendemos a lo que dicen los médicos que en él trabajan y la propia oposición mayoritaria que viene denunciando la maniobra al decir de ellos “solapada” para terminar cerrando el Hospital
Pienso yo que cualquier político que llega a la altura que ha llegado Veiga, la de presidente de la Diputación, cargo que tiene un indudable y tradicional prestigio, lo que intenta es perpetuar su nombre en la gestión y quedar algo por lo que se le recuerde; por lo que, si vamos a creer a todos éstos, resulta que Veiga será recordado solamente como el presidente durante cuyo mandato se suprimió el canon de energía, se cerró el Hospital Provincial, fenecieron los “Otoños Musicales”, dejó sin función un magnífico complejo deportivo y otras muchas cosas negativas más, aunque sea cierto que  compró un montón de inmuebles en la Ciudad Monumental para ampliación de servicios y propia conservación de los mismos, lo que no deja de ser positivo. En fin, que en esa balanza imaginada, según éstos, el platillo de lo negativo tiene más peso que el de las cosas positivas, por lo que la fama por la que Veiga será recordado será por nefasto y no por fasto.
Pienso yo que don Manuel es lo suficientemente inteligente como para no desear esto, y creo que debe haber otras razones para que él tenga una línea que da a sospechar todas esas cosas: ¿Quizás un equivocado criterio ahorrativo?, ¿una imposición política?... qué sé yo, hay infinidad de cosas que podrían explicar todo esto, y sobre todo el propio don Manuel que, llegando a estas alturas, debería haberlo aclarado para su propio beneficio y futura fama… es que quiere tenerla positiva.
Diario HOY, 6 de octubre de 1985

jueves, 21 de diciembre de 2017

Enfermos de tercera

Hablábamos ayer del posible cierre del único matadero frigorífico que tenemos en la provincia de Cáceres, “Mafricasa”, y del deterioro y retroceso que esto puede tener para la marcha de un sector tan importante como es el carnicero y ganadero. Según nos dice algún entendido, matadero similar no existe otro en la provincia, siendo los más próximos de características idóneas el de Mérida y el de Olivenza. Este es un tema en el que tendrá que decir mucho el Ayuntamiento y su alcalde, pero hay otros temas igualmente de interés general, o al menos de un amplio sector, en los que Cáceres va para atrás —como ayer decíamos— sin que la mayoría se entere con pormenores de lo que pasa, y de por qué pasa, porque nadie se lo explica.
También de este tema nos hablan los entendidos, por lo que hay que fiar de ellos, para al menos suscitarlos y que los cacereños se enteren de cómo están las cosas. Al parecer, en Cáceres nos hemos quedado sin radioterapia, ya que había dos aparatos para dar este servicio médico: uno en la Residencia y otro en el Hospital y ambos, por las razones que sea, están averiados y no funcionan, por lo que los cacereños que, tras una operación o extirpación, tienen que recibir sesiones de radioterapia, han de viajar a Sevilla o Madrid, que son —según nos dicen— los puntos más próximos done existen estos aparatos. Nos dicen también que la cosa podría solucionarse con la reparación de ellos, pero los responsables de llevarla a cabo no se deciden, por las razones que sean. Si son económicas, en pequeño material para los hospitales de Plasencia y Cáceres, la Diputación aprobó ayer un presupuesto de 22 millones, y suponemos que el “gran material” —del que no hay otros instrumentos en toda la provincia— debe merecer también la atención económica de estos organismos, o los cacereños pasaremos a ser enfermos de tercera categoría.
Diario HOY, 21 de julio de 1985

lunes, 27 de noviembre de 2017

El castillo de irás y no volverás


Como no nos duelen prendas, cuando la Televisión acierta, también lo decimos, y acierto nos parece un reportaje pasado en el espacio “En portada”, original de la Televisión Francesa, en el que se daban detalles de jóvenes franceses, apresados y condenados en cárceles de Tailandia, por consumo y tráfico de drogas en aquél país. Se hablaba de la ruta de la droga y de cómo más de 5.000 jóvenes franceses pasan por la India, camino de Tailandia en busca de ella, cómo están “enganchados” y cómo terminan su vida en un verdadero basurero humano, del que no hay regreso, o bien en alguna cárcel tercermundista tailandesa, cargados de cadenas y con condenas que oscilan entre los veinte años y cadena perpetua. No hace mucho se habló también de algunos españoles que, por el mismo motivo, se eternizan en esas cárceles.
El reportaje era estremecedor y buena cosa hubiera sido que a los muchos jóvenes que aquí, en nuestro Cáceres, se inician en el consumo de drogas, están ya “enganchados” en la heroína y juegan a este juego terrible del mundo de la droga, se les pusieran reportajes de este tipo, para que vieran reflejados en ellos su final. Rememorando cuentos infantiles, a mí ese mundo se me antojaba el del “Castillo de Irás y no volverás”, porque los que se inician —aunque sea por juego— no suelen regresar.
Ahora que aquí hay alguna inquietud sobre ello, que en el Haza de la Concepción funciona la institución “El Patriarca” para tratar de salvar a algunos, que en familias cacereñas conocidas hay “enganchados” y traficantes que pueden no saber el final que les espera, estos reportajes desgarradores y realistas podrían ser aleccionadores para ellos.
Que al menos, nuestros jóvenes, los que aquí se inician en ese juego terrible,  no vaya a ciegas y sepan que no hay posible regreso, que la droga es ese castillo de “irás y no volverás” cuyos primeros pasos es mejor no iniciarlos.
Diario HOY, 22 de noviembre de 1984

miércoles, 8 de noviembre de 2017

La ley del embudo


Aparte de que la administración socialista hable tanto del cambio y propiciarlo, lo que sigue siendo verdad es que una cosa es predicar y otra dar trigo, porque precisamente la administración a todos los niveles, siendo la primera que debería dar ejemplo, viene aplicando la llamada “ley del embudo”, con la parte ancha para su lado y la estrecha para el de los demás, siendo ella la menos propicia para cambiar cuando es la que debería dar ejemplo.
A nivel nacional hay noticias que parecen insólitas. Recordamos una reciente de un industrial valenciano, al que su ayuntamiento le ha embargado por unos pequeños débitos de unos miles de pesetas, cuando el propio ayuntamiento que le embarga debe al industrial casi cinco millones de pesetas, que no hay forma de que éste cobre. Precisamente, en declaraciones que el industrial hizo, dijo que al no pagar esas tasas trataba de resarcirse de algún modo del mucho dinero que le deben y que no es capaz de cobrar. Pues bien, estas cosas que trascienden como noticias nacionales se dan también en el terreno local y provincial porque parece que esto es un mal administrativo que no hay quien arregle. Un montón de casos conocemos de industriales de nuestro entorno —sobre todo de la construcción— a los que se les deben cifras sustanciosas, que cobran mal y tarde, aunque se los pasa a la ejecutiva por alguna gabela que ellos deben a sus deudores. Un caso palmario y reciente es el de la Asociación de Empresarios de Ambulancias de nuestra provincia a los que el INSALUD les debe de cuarenta a cincuenta millones de pesetas, sin que sean capaces de cobrárselas, aunque a ellos se les exigen puntualmente sus débitos a la Seguridad Social, recargándoselos con un 20 por ciento si se retrasan. En definitiva, que es la Administración la que debe dar ejemplo y no seguir con la ley del embudo.
Diario HOY, 22 de mayo de 1984

domingo, 5 de noviembre de 2017

Una nación de hipertensos


Según datos de la Organización Mundial de la Salud, España está a la cabeza de la hipertensión mundial, ya que un 25 por ciento de la población española somos hipertensos Y digo somos porque el que esto escribe también está entre ese cuarto de la población española que padece esa enfermedad de la zozobra, el “stress” o como ustedes quieran llamarlo. Los datos, según me dicen, son fiables, porque se han utilizado científicamente en una reunión de la Liga Española para la lucha contra la hipertensión arterial. Esta hipertensión es el factor de riesgo más importante de las enfermedades cardiovasculares y responsable del cuarenta por ciento de las muertes que ocurren en España.
La cosa hay que tomársela en serio, pero nos queda eso de que un cuarto de los habitantes de nuestra nación son hipertensos, y el consuelo del refrán de: “Mal de muchos…” No obstante, uno comienza a preguntarse, como la Bomby: “¿Por qué será?”, porque sin duda habrá algún motivo para que los españoles, de golpe y de pocos años a esta parte nos hayamos convertido, en gran mayoría, en hipertensos, cuando antes no lo éramos. Pero no queda ahí la cosa, ya que en Galicia, Málaga y Murcia, la hipertensión afecta a un porcentaje mas alto de la población rural que de la urbana. Yo no sé, pero supongo que haya alguna relación con la inseguridad en que ahora vivimos los españoles: la inseguridad ciudadana a todos los niveles, el paro, el aumento de la delincuencia, el no ver un futuro claro, el aumento de los impuestos, la subida de todo, las pocas salidas de la población rural, lo mal que va el campo y los negocios, en fin, la zozobra continua en que vivimos, tendrá algo que ver en eso de que España sea también diferente en esta  pachuchez” que hemos comenzado a padecer los españoles. Lo peor es que esta situación no se cura con píldoras, sino con un mejor gobierno, y eso es pedir peras al olmo.
Diario HOY, 26 de abril de 1984

viernes, 27 de octubre de 2017

El caso de Juan de Robles


En un antiguo hospital que figuró sobre el solar donde hoy está el cine Capitol, había una piedra de cantería que tenía grabadas las armas del caballero don Juan de Robles, promotor de dicho centro, y bajo el escudo el siguiente cartel, también de piedra:
“El señor don Juan de Robles
por ayudar a los pobres
con actitud ejemplar
hizo este santo hospital”.
Cartel al que alguien agregó, pintado debajo:
“… pero antes hizo a los pobres”
para significar que dicho caballero había sido un verdadero explotador de la clase baja y después, quizás arrepentido, creó el hospital para ayudarlos.
Creo yo que con la liberación del uso de las drogas, a una escala nacional,  nos viene pasando algo de esto, porque es encomiable el esfuerzo que instituciones como nuestra Diputación viene haciendo para desintoxicar a los drogadictos, creando en el flamante Hospital de Cáceres una unidad que se encargará de ello y encomiable es también el esfuerzo que otros hospitales nacionales, así como particulares, como esas Asociaciones de Ayuda al Toxicómano, vienen haciendo en la lucha contra la droga y en la rehabilitación del drogadicto, pero de poco nos va a servir si no hay una acción conjunta de Gobierno para luchar contra esa verdadera epidemia que se nos ha venido encima por una desacertada legislación sobre la materia.
Era estremecedor ver en Televisión al alcalde e Sabadell, contándonos lo que había ocurrido en su ciudad, donde de unos cincuenta delitos mensuales denunciados en las comisarías que tenían más o menos relación con la droga, —aunque fueran asaltos, robos, etc.—, se habían pasado desde el mes de noviembre al doble, por lo que habían decidido una acción conjunta de las fuerzas de orden para perseguir el tráfico de drogas en el municipio, cosa que venían haciendo con resultados positivos, aparte de atender a los drogadictos en centros, como el ahora creado en Cáceres.
Yo pensaba al oírlo que, aquí en Cáceres, el número de delitos denunciados (que no suelen ser todos los que ocurren) habían rebasado esa cifra con creces, sin que aquí hayamos tomado actitud decidida de perseguir, conjuntamente, el tráfico de drogas.
Pero aparte de todo ello, recordó a don Juan de Robles, pensando que nuestro Gobierno, con esas liberalizaciones, está recordando lo que en tiempos hizo aquel prócer: creándonos los drogadictos para que después sean desintoxicados por entidades como nuestras diputaciones, o nuestros hospitales, que no tendrían tanto trabajo si la legislación general hubiera sido más sabia. También en este caso, una rectificación de las leyes podría ser una sabia medida.
Diario HOY, 18 de febrero de 1984

lunes, 9 de octubre de 2017

Una endemia cacereña


Uno debe creer a los médicos y cualquiera que sea de Cáceres, sobre todo del Cáceres de hace unos años, les habrá oído decir que el tifus y las paratíficas eran aquí endémicos, achacando ellos, que son los que sabían de estas cosas todo esto a que en nuestra ciudad muchas de las huertas eran regadas por “aguas negras” portadora de los “bichitos” que transmiten dicha enfermedad.
Cualquier cacereño de mi época, por la razón que sea, ha padecido de paratíficas, al menos un montón de veces y otras, diarreas o enfermedades menores que nuestros médicos de aquel entonces achacaban a las dichosas huertas regadas con aguas residuales. No obstante, ellos mismos solían decirnos que, tras padecer estas enfermedades y salir de ellas, quedábamos autovacunados para el futuro, y agregaban que lo peor era para los forasteros que, indefectiblemente, solían agarrar el tifus o las paratíficas, con peores consecuencias para su salud que la de los indígenas que ya estábamos acostumbrados y aun inmunizados a todo esto.
Por aquello de que “doctores tiene la iglesia” y los sanitarios lo eran en lo suyo, nuestro Ayuntamiento, ya hace años, se tomó en serio esto de que los hortelanos de nuestra ribera no regaran con aguas fecales, y comenzó a hacer una carísima inversión que ha durado años y aún no está terminada del todo, para canalizar las aguas negras de la ribera del Marco, con el fin de evitar estos riesgos, dejando espacio también para que, aguas limpias, fueran las que se destinaran a las huertas causantes, según ellos, de esas enfermedades endémicas.
Otras prácticas se arbitraron también como eran los análisis continuos de las aguas de consumo para denunciar la presencia del “bacilo de coli” en algúna de las fuentes de que entonces se bebía y señalárselo así al vecindario para que no bebiera de ellas.
Así las cosas, todos nos quedamos tranquilos porque suponíamos que los primeros interesados en que los productos de sus huertas no estuvieran contaminados eran los propios hortelanos ya que de antiguo, por esas dudas que habían suscitado los que entendían del caso, la mayoría de los cacereños rechazaban los productos de esas huertas por el peligro que entrañaban. Pues bien, lo verdaderamente curioso del caso es que los hortelanos, o algunos de ellos, han hecho caso omiso a todo ese carísimo montaje de saneamiento que nuestro Ayuntamiento ha hecho y taladran los conductores de aguas fecales para regar sus huertas.
Yo no sé si al lado de esa operación se hizo también una prohibición de regar con esas aguas —que a lo mejor se hizo— pero las cosas están así y si esos riegos son peligrosos, según afirmaron siempre los sanitarios, el seguir haciéndolos es atentar contra la salud pública, aunque económicamente se perjudiquen los hortelanos y exista eso de los intereses creados. Las cosas son así de claras y los que tienen en ello la última palabra no son los hortelanos, sino los responsables de esta salud pública que son los que deben dar su veredicto y tomar las medidas oportunas.
Diario HOY, 21 de agosto de 1983

martes, 29 de agosto de 2017

Los nuevos “Lucrecios Borgios”


Resulta que si ahora en ferias, o en cualquier otro momento, se come usted un paquete de cacahuetes, le puede provocar un cáncer de hígado e irse, como se suele decir vulgarmente, “cantando la caña” al otro mundo, por ingerir este “jamón de mono”, que parece tan inocente.
La cosa surge porque, según una noticia fechada en Vigo, “cinco mil de los veinticinco mil kilos de cacahuetes contaminados con aflotoxinas, que fueron importados a España (no dice la nota de dónde) el pasado día 17, no han aparecido aún, aunque se sospecha que han pasado la frontera —esta vez legalmente— y están siendo distribuidos en el norte de Portugal.”
Agrega la nota que según el “Reader Digest” unas ciento cincuenta mil personas murieron hace poco más de dos años en Turquía por haber consumido trigo contaminado por aflotoxinas que pueden provocar, entre otros efectos graves, cáncer de hígado… Total que las autoridades portuguesas los han declarado no aptos para el consumo… pero quién le dice a usted que en un inocente paquete de cacahuetes, no le llegan algunos de estos y nos pasa algo como pasó con el aceite de colza… Y es que vivimos de milagro.
Uno no se explica que estas cosas pasen, y que tras de aquello, siga como quien dice “lloviendo sobre mojado” y hoy sean los cacahuetes y mañana otro cualquier producto y acaba uno pensando que casi era mejor vivir en la época de Lucrecia Borgia, porque aunque era una “reina del envenenamiento” lo hacía con las personas próximas a ella y que le estorbaban… Ahora los “Lucrecios Borgios” son muchos: fabricantes, exportadores y no hay forma de defenderse contra ellos. Porque en aquel entonces las familias solían comer lo que ellos mismos cultivaban y con no aceptar invitaciones ajenas tenían bastante, pero ahora como todo lo compramos, tenemos que fiarnos de los otros, y por lo que se ve, muchos no son gentes de fiar.
En aquel entones, si eras un potentado, tenías un “probador” que tomaba antes que tú el alimento y si él no “cascaba”, tú podías tomarlo… pero dígame ¿qué hacemos con los cacahuetes?, alguno puede pensar que con comprarse un mono estará la cosa solucionada, pero dígame usted dónde encuentra monos a estas alturas, máxime si tiene que esperar a que se le desarrolle el cáncer, etc… En fin, que vivimos de milagro y lo verdaderamente malo es que hay que comer… aunque sea veneno, lo que no es cosa para tomársela a risa.
Diario HOY, 30 de septiembre de 1982