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miércoles, 17 de enero de 2018

La leyenda de la mora cacereña


(Incluida en el libro “Ventanas a la Ciudad”)
No sabemos si los hechos ocurrieron así, porque la tradición oral los deforma en leyenda, pero los elementos materiales a los que se refieren existen, por lo que más o menos transformados tienen un fondo de verdad. Nos referimos a la toma de Cáceres, que se conmemora hoy con diversos actos: quema de dragones y bullicio festero. Ocurrió en 1229, cuando Alfonso IX de León, que llevaba varios años bajando a poner sitio a la villa mora sin lograr tomarla, lo consigue al fin gracias a una estratagema, en la que andan los amores de por medio. Resulta que en el largo sitio a la villa, un caballero cristiano había logrado enamorar a la hija del kaid con la que se veía en secreto por las noches a través de un pasadizo que las damas moras le franqueaban y que le llevaban a los jardines del Alcázar, que son, poco más o menos, los del actual Palacio de las Veletas. Los cristianos y su rey veían que la plaza no se rendía y que, de llegar el mal tiempo, tendrían que abandonar el sitio y volverse a León un año más. Así las cosas, el enamorado mozo cristiano contó a su rey sus encuentros con la mora poniendo por encima de sus amores los deberes con el rey y con la patria (cosa muy al uso entonces). Así las cosas se trazó el siguiente plan: una tropa escogida entraría por el pasadizo para tomar el Alcázar y, mientras tanto, por la Puerta de Coria (una de las de la muralla) se simularía un ataque para distraer a las mejores tropas morunas y prestar socorro a los del pasadizo, razón por la cual la puerta se llama desde entonces del Socorro.
Y así se tomó la villa una noche, víspera de San Jorge, agregando la leyenda que el Kaid maldijo a su hija y a las damas que sirvieron de celestinas, convirtiéndolas a ella en gallina de oro y a las damas en polluelas, que permanecerán así hasta que los moros vuelvan a tomar Cáceres; razón por la que el áureo gallinero tiene puestas sus esperanzas en Gadafi.
Diario HOY, 22 de abril de 1986

martes, 16 de enero de 2018

La cuarta verdad del barquero


En la ventana del 21 de marzo pasado, titulada “Las verdades del barquero”, recogía una tradición que, sobre este dicho popular, me enviaba Benigno Valiente. Se trataba de una tradición surgida en una romería que se hacía en Casas de Millán, y a la que pasaba la gente de Talaván, mediante las barcas del Tajo, puesto que no existía puente, a festejar a Nuestra Señora del Río, patrona de este último pueblo. El dicho popular es exactamente: “Las cuatro verdades del barquero”, y mi comunicante de entonces me envió sólo tres, por lo que yo solicitaba que, el que supiera la cuarta de las verdades, me la enviara para poder contársela a ustedes.
Pues bien, desde la localidad de Tejeda de Tiétar me escribe Emilio González Rodríguez que, tras decir que es un asiduo lector de HOY y de estas “ventanas”, me cuenta la que él cree que es la cuarta verdad del barquero, no sin antes justificar las otras ya contadas con las que dice estar de acuerdo. Emilio afirma en su carta que conoció esas barcas y que él también pasó de este modo el río que tenían que pasar los pocos estudiantes que se desplazaban entonces a Salamanca para “seguir carrera”, cosa que les hacía venir endiosados y tomar el pelo a sus convecinos. Esto es lo que le sucedió al estudiante con el barquero, al que comenzó a preguntarle sobre personalidades de las ciencias y las letras que el otro desconocía, diciéndole —el estudiante— que había perdido su vida desconociendo estas cosas tan necesarias. Así las cosas, la barca zozobró y los dos fueron al agua, logrando el barquero alcanzar la orilla, pero el estudiante agarrado a un madero gritaba. “¿Sabe nadar?”, le preguntó el barquero desde la orilla; “¡No!”, respondió el otro.
Pues de poco te valdrá lo que has estudiado, porque te ahogarás en un momento”.
Esta es, según Emilio, la cuarta y definitiva verdad del barquero.
Diario HOY, 6 de abril de 1986

miércoles, 4 de octubre de 2017

Brujos y saludadores


Yo creo que en alguna otra ocasión he contado con más detalles la historia. Se trata de que aquí, a principios del pasado siglo, tuvimos una aprendiz de bruja, que al igual que en la célebre composición musical de “El aprendiz de brujo”, equivocó las palabras mágicas y le salieron mal las cosas.
Nuestra “aprendiza de bruja” se llamó Mónica Regan y era de una familia acomodada, pero logró embaucarla una bruja “profesional” de las que aún existían en Cáceres por aquel entonces, y comenzó a recibir clases de la misma, a la que le llamaban de apodo “La Legañosa”, y ello le costó mucho dinero y hasta el ser coja para el resto de sus días, ya que la maestra, la convenció de que podía volar montada en una escoba y Mónica, ni corta ni perezosa, tras pronunciar las palaras mágicas, se lanzó con escoba y todo por una ventana viniendo a dar con sus huesos en el suelo y quedando coja para toda la vida.
Eran aquellos tiempos de mayor ignorancia que los de ahora, lo que en cierto modo justifica el hecho, aparte de que Mónica Regan tuviera fama de no estar del todo “bien de la chimenea”, como suele decirse. Pero en esto de las brujas, las creencias supersticiosas, los saludadores, los curanderos, etc., pienso yo que no nos vale el progreso, porque la verdad es que aun a pesar de ser el hombre actual más culto, dichas creencias siguen arraigadas en lo más profundo de todos, queramos o no queramos.
En definitiva, que es cierto lo que dicen los gallegos de: “No creo en brujas, pero haberlas hailas”, si no no se explica el que tengan tan buena acogida en muchas publicaciones actuales los horóscopos. Yo he conocido a alguna cacereña que cuando el horóscopo se le presentaba mal, prefería no salir de casa. Existe la creencia arraigada en la “jefatura” de los días 13 y martes, o de los días “fastos y nefastos”, aunque los cultos remonten estas creencias a las antiguas religiones romanas.
En fin, que el hombre actual, aun confesándose culto, sigue en el fondo creyendo en estas cosas, aunque, como el gallego, sólo sea para “por si acaso”.
Viene esto a cuento de la prosperidad que los curanderos, o brujos en general, suelen tener en nuestro culto mundo, Me dicen que en Francia, país civilizado, tienen ahora más arraigo que nunca los brujos, curanderos y echadores de cartas, en los que creen a pie juntillas muchos franceses,
Pero sin irnos tan lejos tenemos en nuestro entorno curanderos de tanta fama o más que cualquier médico con fama.,
Muerto no hace tanto, existía en “El Gordo”, el señor Matías, que curaba la psoriasis y que tenía cola en la consulta. No habrá que irse tan lejos cuando “Pepe el Sabio” está curando la mar de dolencias y cuando ahora, irrumpe en la escena del curanderismo “Teodoro el de Almaraz” o “El Saludador de Montánchez”, este último hasta con carteles que anuncian “su gracia” para infinidad de dolencias.
En fin, que la cultura va a por un lado y la superstición —o lo que sea— va por otro distinto.
Diario HOY, 21 de junio de 1983

lunes, 18 de septiembre de 2017

Una leyenda de Torremocha


Muchos de nuestros pueblos poseen leyendas curiosas en el fondo de las cuales suele haber algún resto de historia antigua, aunque mezclada con la imaginación propia de las leyendas y aún deformada por la tradición oral, que le ha ido añadiendo detalles imaginados.
Uno de estos pueblos es Torremocha, donde de antiguo se contaba una de estas leyendas, sobre su fundación.
Según ella, el primitivo pueblo se fundó a dos kilómetros del actual en el lugar conocido por Torralba, o Torrealba, y pasó que este vecindario tuvo la mala ocurrencia de matar, sin razones, a un obispo extranjero que se alojó de paso en dicho pueblo.
Pues bien, según la leyenda, dicho pecado fue castigado por el Cielo con el envío de una plaga de serpientes, escorpiones y toda clase de bichos inmundos que cayeron sobre el vecindario, precisamente una noche en que se hallaban dormidos, ahogando a todo el que no pudo huir, en el propio lecho.
Ni que decir tiene que la desbandada fue en todos los sentidos, logrando reunirse los grupos más numerosos y crear otros pueblos próximos que son: la actual Torremocha, Valdefuentes, Benquerencia y Botija, aunque el más importante de los creados, por crearlo el grupo más numeroso, fue Torremocha, al que los demás pueblos citados reconocieron por cabeza durante muchos años.
Lo de llamarlo Torremocha dicen que era por la forma de la torre de la iglesia, que parecía una torre desmochada, no sabemos si por haberla hecho así de intención, o porque la desmocharon en alguna de las guerras posteriores.
En fin, que para purgar el pecado pasado, en el antiguo lugar donde estuvo este vecindario, en Torralba, fundaron una ermita, la de Nuestra Señora de Torralba, o Torrealba, a la que en desagravio todos estos pueblos peregrinan anualmente el tercer día de la Pascua de Resurrección.
Como verán la leyenda es muy curiosa y, yo diría, que muy imaginativa, aunque posiblemente haya un fondo de verdad histórica en ella muy difícil de aislar de la parte imaginativa. Desde luego queda algo claro, cual es el origen común de Torremocha, Valdefuentes, Benquerencia y Botija.
Diario HOY, 23 de febrero de 1983

viernes, 14 de julio de 2017

Los buscadores de tesoros ocultos

(Incluida en el libro “Ventanas a la Ciudad”)
No crean ustedes que el mundo ha evolucionado mucho, en cuanto a pensamientos se refiere, de unos siglos a esta parte; lo que pasa es que hay modas. Ahora, para hacerse ricos rápidamente, se confía en las quinielas y en la lotería; antes —cuando no había estas cosas— se confiaba más en la búsqueda de tesoros ocultos y había hasta quienes se dedicaban a estos menesteres aprovechando sus vacaciones para picar, como topos, en algún antiguo monumento sobre el que hubiera alguna leyenda de este tipo. Es más, hemos llegado a conocer algún libro en el que, de forma cabalística y oculta, se describían los lugares de nuestra geografía donde podían buscarse estos tesoros, aunque eso sí, se agregaba que como alguno de los buscadores dudara de la existencia del mismo, el tesoro —automáticamente— se enterraría tres estadios más en la tierra, con lo que algunas de estas búsquedas acababan a bofetadas entre lo buscadores por achaques de las dudas de algún incrédulo entre “los socios”.
De los últimos tesoros de que se ha hablado en nuestra geografía provincial ha sido del existente en la llamada “Huerta del Tesoro”, que está frontera al complejo San Francisco, y del que no tenemos más datos; otros dos puntos que se señalaban como lugares propicios para la búsqueda eran las ruinas de la ciudad de Sansueña, entre Arroyo y Aliseda, y donde todavía siguen hurgando algunos adeptos a los que, justo es decirlo, les estimuló el encuentro del fabuloso Tesoro de Aliseda; el segundo punto, que se ha llevado su secreto a las profundidades de las aguas del Tajo, es la famosa Torre de Floripes, que todavía puede verse emerger del pantano de Alconétar cuando bajan las aguas. En este lugar, los últimos que hurgaron fueron un barbero de Madrid —al que conocí— que vacacionaba a la vera de la torre cuando ésta estaba en seco, que la taladró por diversos puntos sin resultado positivo, y mi buen amigo Vila, que fue el último al que le sorprendieron las aguas en estos menesteres, y aunque había encontrado una escalera cegada que prometía mucho, hubo de abandonar su empeño y la herramienta empleada, que todavía estará en el interior de la torre. También se creía en los “gnomos”, “jinas” y guardadores de estos tesoros, como se creía en el “karma” que era una especie de maldición que pesaría sobre el que, encontrando el tesoro, lo empleara mal... Ingenuidades, pensarán ustedes, pero —oiga— ¿no se cree hoy en los OVNIS y en los extraterrestres? ¿No será que les hemos cambiado el nombre?
Diario HOY, 4 de septiembre de 1981