martes, 17 de octubre de 2017

Los Lucenqui extremeños


(Incluida en el libro “Ventanas a la Ciudad”)
Hay apellidos extremeños realmente raros que se formaron o se transformaron aquí, porque como ya he dicho en alguna ocasión, nuestra gente es venida de aluvión, en mucha parte, y llegada a nuestra tierra principalmente por las guerras.
En algunos casos quedaron aquí con el mismo extraño apellido que tenían, como podrían ser los Petit o los Capdevielles, y en otras, por ser el apellido de una difícil ortografía para el pueblo, quedó transformado y castellanizado en el que es hoy.
Un caso de éstos es el del apellido Lucenqui, que existe o existió en las dos provincias extremeñas y que parte de una transformación del apellido polaco —o sajón, que esto no está del todo claro— “Luchensky”. Este apellido llegó a España con las guerras napoleónicas, portado por algún oficial de aquellos ejércitos, que eligió Badajoz para quedarse y formar allí familia. De esta familia descendía el pintor y escultor don Antonio Luchensky que dejó obra y descendientes en Badajoz, y que ortografiaba su apellido de la forma originaria.
Un hijo suyo, don Rafael Lucenqui, que ya escribía el apellido de forma distinta, pasó a Cáceres. Este Rafael fue militar de profesión, alcanzando el grado de capitán pero, llevado de la afición familiar, cambió el sable por los pinceles y ocupó en Cáceres la plaza de profesor de dibujo del Instituto en el año 1848. Se le conoció como un magnífico pintor del que todavía existen buenas y apreciables obras, como el cuadro de “Nuestra Señora de la Paz” que aún figura en los soportales de la Plaza Mayor cacereña, y ante el que se  mantiene la tradición de poner velas, las parturientas cacereñas, para que la Virgen las ayude en tan delicado trance.
Al parecer, dejó bastante obra en Cáceres pero está sin catalogar y dispersa, aunque la traza y el colorido de ellas es francamente estimables.
Lo que no dejó este Lucenqui en Cáceres fue descendencia conocida, ya que murió soltero en 1873. Por cierto, bajo el cuadro que mencionamos existe, en el mismo soportal, el primitivo —y creemos que único— antiguo escudo de Cáceres, en el que el león figura en la parte diestra y el castillo en la izquierda, o sea, al revés de como se representa ahora.
Diario HOY, 30 de noviembre de 1983

Las viejas minas de fosforita


El acuerdo nacional de volver a investigar sobre los posibles yacimientos de fosforita en varias provincias españolas, entre las que se encuentra la de Cáceres, vuelve a poner en candelero a las viejas minas de fosfatos que aquí existieron hasta hace poco, y que dieron una indudable vitalidad industrial a Cáceres, impulso que ha durado hasta nuestros días.
Cáceres, capital y provincia, deben a esas minas una industria que dio de comer a muchas familias cacereñas y una serie de consecuciones que, a nuestro modo de ver, no se han valorado en su justa medida.
Las minas de fosforita las encontró en los alrededores de Cáceres, a finales del pasado siglo, un fraile que más tarde se secularizó y casó, formando aquí una familia que cuenta aún con descendientes del mismo, que siguen afincados en Cáceres.
Ya he narrado en otra de las “ventanas” de hace tiempo todo esto y no voy a volver sobre ello, sino más bien voy a centrarme en la importancia que para Cáceres tuvieron esas minas. Dichas minas las promocionó un personaje político de aquella época, don Segismundo Moret, que fue entre otras cosas ministro de Ultramar y de Hacienda. Precisamente por ello se puso su nombre el poblado minero que hoy es un barrio de Cáceres que se sigue llamando Aldea Moret.
Gracias a esas minas vino el ferrocarril a Cáceres; igual que el trazado del ferrocarril a  Guadalupe, se debe —principalmente— a que existieron otras similares en Logrosán que, al dejar de explotarse, dejaron inconcluso dicho ferrocarril, que hoy sigue sin terminar, aunque tuvo vías hasta Logrosán y funcionó aunque fuera en pruebas,
La explotación más importante fue la de Cáceres capital, que funcionó hasta los años 60, que siendo la primera y única gran industria de la capital, se la dejó marchar, sin pena ni gloria.
Aquello se relacionó con la explotación, más abundante y económica que se hacía de Fosbukras en el entonces Sáhara español, que al habérsenos ido de las manos vuelve a poner sobre el tapete de la actualidad esas antiguas minas españolas.
Esperemos que ello vuelva a abrir una posibilidad industrial a Cáceres o Logrosán que nos vendría de maravilla.
Diario HOY, 29 de noviembre de 1983

Los caprichos de las rúbricas


Cualquier cacereño de mi generación, y de otras muchas que pasaron por el viejo Instituto de Enseñanza Media de Cáceres, el único que había entonces, recordarán con cariño al que fuera profesor del mismo, don Martín Duque Fuentes, recientemente fallecido.
Don Martín fue muchos años profesor de latín del centro, director del mismo durante algún tiempo y educador justo que unía a la exigencia del conocimiento de su asignatura un gran amor a sus alumnos que, tras de haber salido de sus aulas, seguía prodigando. Era hombre serio, pero tenía una rareza que yo no acabo de encajar con su personalidad, como era el rubricar bajo su firma con un dibujo de rostro humano, como un diablillo, que se nos antoja risueño cuando la papeleta de examen suponía un aprobado, y sarcástico cuando suponía un suspenso.
Muchos alumnos de entonces recordarán esta manía, que no era única en personas tan serias como el propio don Martín, y a las que, como recuerdo, voy a referirme hoy.
Yo no sé qué aspectos psicoanalíticos pueden tener este tipo de rúbricas, pero alguno debe haber porque yo he llegado a conocer una serie de amantes del deporte de la caza que rubricaban así.
Por sólo citar personas famosas y, más o menos, conocidas en ese mundillo, lo haré con dos.
En Cáceres y en Arroyo de la Luz, donde estuvo anteriormente, vivió un famoso notario, don Julio Jiménez, más conocido por su enorme afición al deporte cinegético que ejerció hasta avanzadísima edad, cuya rúbrica protocolaria formaba, entre la cruz obligada de la misma, una diana de tiro al blanco, una escopeta y la cabeza de un perro, cosa que dejaba patente las aficiones del notario
Otro caso parecido, y también relacionado con el mundo cinegético, era el del famoso escritor Luis Berenguer, que aunque no nacido en Cáceres, estuvo muy vinculado aquí por formar parte de los primeros jurados del “Premio Cáceres de Novela Corta”. Luis Berenguer, autor entre otros muchos libros de caza del famosísimo: “El mundo de Juan Lobón”, firmaba también agregando el perfil de un perro a la rúbrica, lo que le catalogaba también entre los buenos aficionados a la caza. ¿Tiene que ver este deporte con estos caprichos de la rúbrica? No lo sé, como no sé si don Martín, en el fondo, era aficionado a la caza.
Diario HOY, 28 de noviembre de 1983

A vueltas con Veterinaria


Una de nuestras “ventanas” anteriores ha tenido, al menos, la atención de los alumnos de la recién creada Facultad de Veterinaria, que han puesto un recorte de la misma en los tablones de anuncio del centro, y hasta nosotros ha llegado el comentario de estos alumnos en el sentido de que agradecen el que alguien se ocupe de sus problemas.
Se suscitaba en ella el mal estado en que se encuentra el camino por el que tienen que llegar a la instalación provisional del centro, que se ha hecho en la antigua Granja Escuela de la Diputación, a espaldas de la Universidad Laboral.
Al parecer hay un compromiso verbal de la propia Diputación de reparar el camino, cosa que nos complace, pero tampoco es justo que carguemos las culpas de toda esta provisionalidad a este organismo que ha ofrecido lo que tiene, siendo la propia Universidad la que ha elegido, entre una gama de edificios e instalaciones ofrecidas, ésta como solución más idónea, bajo el propio punto de vista de la Universidad.
Queremos recordar que se ofrecieron para albergar la Facultad una serie de edificios, y entre ellos el recién adquirido palacio de los Duque de Valencia, aparte de otros terrenos y la posible inversión, por parte también de la Diputación, de 100 millones de pesetas.
Si la Universidad eligió esto, no es justo que carguemos a la Diputación las deficiencias que lo elegido pueda tener, aparte de que la elección es provisional, y en espera de lo que la propia Universidad arbitre como definitivo.
Hay un techo cierto que no debemos olvidar y es el que en este caso los organismos provinciales han invertido más en esa Facultad que la propia administración universitaria, y este caso se vino dando casi con todas las facultades y centros que existen en Cáceres.
Es posible que si la Universidad hubiera elegido como sede provisional de esa Facultad, por ejemplo, el palacio de Valencia, no hubieran surgido los inconvenientes de la lejanía y del propio camino, pero esto no es imputable a la provincia, que ofreció lo que tenía, sino más bien al destinatario del ofrecimiento.
Diario HOY, 26 de noviembre de 1983

Un difícil camino a recorrer


Como suele decirse, los socialistas están como “Pedro con la guitarra” con el poder. Es cosa lógica, porque en muy raras ocasiones lo tuvieron, pero el mantenimiento del mismo puede llegar a emborrachar y aun a no saber qué hacer con él, ni en qué medida utilizarlo.
Existe el dicho popular de: “cuando los míos lleguen al poder, ya veremos”. Y los suyos llegaron, con el tremendo peligro de que del uso puede pasarse al abuso y tirar por tierra el slogan, tan utilizado en las elecciones de: “Socialismo, cien años de honestidad”, lo que es fácil mantener cuando se está en la oposición, pero más difícil cuando se tienen en la mano todos los hilos del mando, para hacer lo que a uno le venga en gana y la tentación de utilizarlos sin medida, por la dictadura aplastante de los votos, que es otra tentación para que nadie nos pida cuentas.
Ya en lo local y provincial salió aquello de exigir el carné, más o menos veladamente para todo. El deseo del “colocar primero a los nuestros” sin pensar  si al hacerlo se atropellan otros derechos. El último pleno de la Diputación puso de manifiesto algunos de estos extremos: la acusación directa del alcalde de Plasencia; la de hacer un reparto del “Plan adicional” pensando más en el color de los ayuntamientos a que va, que en las necesidades de cada municipio y, como justificación —que esto es lo peor—, cuando la oposición se lo echa en cara, responde: “también la corporación anterior lo hacía”, tratando de justificar con una falta de honestidad anterior —si la hubo—, otra falta de honestidad propia: el invitar a los actos de organismos públicos sólo a las “autoridades de la cuerda”, etc.
Los diez millones de votos que los llevaron al poder, pensaba uno que eran para que gobernaran en bien de todos y no sólo en beneficio propio y de unos cuantos con carné de antes o de ahora, porque también hay allegados de última hora.
Diario HOY, 25 de noviembre de 1983

Recordando a Pedro Crespo


El que piense que la figura del alcalde del tipo de Pedro Crespo, aquel que retrató magníficamente nuestro Calderón de la Barca en su obra, tantas veces vista y recordada, de “El alcalde de Zalamea”, ha pasado a la historia está en un craso error y yo le hubiera remitido a la última sesión plenaria de la Diputación para que viera que el espíritu de Pedro Crespo sigue vivo —afortunadamente— entre nuestros alcaldes.
Ustedes recordarán que Pedro Crespo, ante el mismísimo Felipe II —que debería ser persona más dura que cualquier dirigente socialista de los de ahora— dijo aquello de: “Al rey, la hacienda y la vida se han de dar, pero el honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios.”
Pues mismamente nos lo recordaba en ese pleno a que hago referencia el actual y magnífico alcalde que tiene hoy en día la ciudad de Plasencia, José Luis Mariño Roco, que molesto porque creía que la figura del alcalde se había hecho de menos, llegó a afirmar: “Por encima del alcalde, en su territorio, no reconozco más figura que la de Dios y la del Rey.”
Las motivaciones eran el que, una institución de la Diputación, la del “Brocense”, en un acto celebrado en Plasencia, la exposición de Saura, no le había invitado, aunque sí habían invitado a concejales socialistas de los que se dijo que llevaban la representación del Ayuntamiento. Protestaba de este olvido ante el presidente de la Diputación, señor Veiga, como protestó, igualmente fuerte, porque —según parece— por aquello de tener el carnet socialista, se había nombrado en Plasencia a una secretaria de la Escuela de Enfermeras, no funcionaria, posponiendo a un funcionario que —al parecer— ya estaba propuesto.
No vamos a entrar en más detalles, que son propios de la reseña del pleno, sino más bien a decir que Mariño, hombre pulcro en el hablar, exquisito en su trato con los compañeros de Corporación y con el propio presidente de ella, no es un hombre blando que admita el que se ignore la figura del cargo que representa, es más bien, una encarnación de ese Pedro Crespo, en el que deben mirarse muchos de nuestros alcaldes… Así de sencillo.
Diario HOY, 24 de noviembre de 1983

lunes, 16 de octubre de 2017

Un cambio de criterios


Al parecer, oficialmente, no hay nada de la conversión y entrega para museo del palacio de los Duques de Valencia, adquirido por la Diputación provincial, hace ya tiempo, para instalar allí, según se dijo entonces, un Museo de Artes y Costumbres Populares.
Lo que sí es cierto y está rematada es la adquisición del inmuebles, pero lo que todavía no está, al parecer, decidido es su destino.
En él se comenzaron obras para instalar en el mismo la Facultad de Veterinaria, pero la Universidad no vio en él sitio idóneo para ello, por lo que se eligió la antigua Granja Escuela como sitio provisional para dicha Facultad, que es donde ahora funciona.
Ello ha hecho que el palacio recién adquirido por la Diputación no tenga decidido destino idóneo, porque según tenemos entendido, la dedicación a Museo de Artes y Costumbres Populares llevaba implícita la adquisición a Pérez Enciso de una nueva colección de ropas y enseres populares por lo que pide y hablamos de oídas, algo así como sesenta millones de pesetas. La adquirida al mismo coleccionista, que hoy figura en el Museo de las Veletas —y seguimos hablando de oídas— importó algo así como unos siete millones de pesetas, hace años, y sólo parte de ella está expuesta en dicho museo, ya que estas colecciones se repiten en sus objetos de tal forma que, por ejemplo, camisas de Montehermoso puede haber treinta casi iguales, cuando para exposición con una y otra en almacén, sobraba. No queremos decir con ello que la operación —si es que está en marcha— no se realice, pero puede que el elevado precio haya hecho desistir a la Corporación actual del destino que le había asignado a este palacio la otra anterior En fin, que lo del Museo está en el aire, como están en el aire otras muchas cosas y las corporaciones aplican cada una sus criterios que varían, como varían los miembros de la misma. Nos parece bien el aplicar criterios administrativos, y quizá éste sea un caso que lo merece, pero en lo cultural no debe privar sólo este criterio, porque corremos el peligro de quedarnos sólo en la cultura callejera del oso y del pandero, cuando antes se alcanzaron cotas mucho más altas.
Diario HOY, 23 de noviembre de 1983