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martes, 6 de marzo de 2018

Entrenadores políticos


A la vista de lo que le viene sucediendo al Club Polideportivo Cacereño y a otros muchos clubes que promocionan popularmente el deporte del balompié, se me ocurre a mí que podríamos traspasar los resultados a la política y a lo mejor “inventábamos” una mejora en las relaciones populares de nuestros políticos. No, no voy a hablar de fútbol, como alguno habrá pensado, sino más bien de las consecuencias que las experiencias futboleras pudieran tener en un mejoramiento de la política
Nadie duda a estas alturas de que las consecuencias de lo que le viene pasando al Cacereño no son de imputar a su antiguo entrenador Pepe Bizcocho, al que no tengo el gusto de conocer personalmente, por lo que no se me puede tildar  como partidista. Digo que no son de imputar, porque el tal entrenador —como muchos otros— sólo sirvió de “cabeza de turco”, de hombre pararrayos o chivo expiatorio, como prueba el que, también sin él, el Cacereño sigue en picado. Pero los entrenadores saben lo que se juegan y lo aceptan con resignación y humildad. Ellos saben que si el equipo sube, los parabienes serán para la directiva y su presidencia, y si baja, ellos son los primeros que tienen que ofrecerse como víctimas, para contentar a la afición. Pues bien, yo propondría que al igual que en los equipos de fútbol hay un entrenador al que echarle las culpas, en los equipos de políticos debiera haber otro, con las mismas prerrogativas de recibir los insultos y la indignación del público, quedando a salvo el mal quehacer de los “jugadores”, que en este caso serían los políticos de turno, que seguirán equivocándose a sus anchas, tras de haber expulsado al entrenador y tener otro al que expulsar en su próximo traspiés.
Imagínense la serie de entrenadores que hubieran resultado expulsados a cuenta de “Valero” o de otros muchos “affaires” que han sido “goles” colados al equipo político.
Diario HOY, 27 de octubre de 1987

sábado, 24 de febrero de 2018

Cosas de la democracia


Pienso que cada pueblo tiene lo que quiere, y por tanto no es lógico que el grupo mayoritario de la oposición de la Diputación, se asombre en el primer pleno de constitución y reparto de responsabilidades y competencias, porque los socialistas, por obra y gracia y resolución del presidente Veiga, se lo queden todo y comiencen pasando el rodillo, con mucho más descaro que en la pasada legislatura. La misma composición de la actual Corporación nos anticipa ya que el “concierto” que piensan darnos los diputados socialistas durante estos cuatro años de gestión, va a ser un “solo” monocolor y monocorde, en el que la oposición va a “tocar el pito”.
Quince diputados del PSOE, contra ocho de AP, a los que en todo caso —y no siempre— pueden sumárseles los dos del CDS, no pueden alcanzar equilibrio alguno en un organismo tan importante como la Diputación. Si la Corporación fuera orquesta, a la oposición le habría correspondido la percusión y el triángulo, que pueden armar algún ruido, pero que nunca pueden llevar la melodía. La melodía la va a llevar Manolo Veiga y sus muchachos socialistas, al igual que la llevaron —con menos rotundidad por bisoños— durante los cuatro años anteriores. Ni que decir tiene que, estos próximos cuatro años, la Diputación socialista va a hacer lo que le venga en gana, quizás molestados con un posible mosconeo de la oposición, incómodo, pero no preocupante.
¿Esto es bueno o malo? Pues verá usted, esto es exactamente lo que ha querido nuestro pueblo, que lo ha votado así y, bueno o malo, nuestro pueblo se lo tiene que tragar durante otros cuatro años. Y si al final de ellos le pareciera malo, tendrá que votar otra cosa, porque la democracia tiene estas cosas.
Diario HOY, 8 de agosto de 1987

miércoles, 21 de febrero de 2018

Abrir las puertas a tiempo


Yo no sé si lo ocurrido en estas últimas elecciones servirá para escarmiento y rectificación de conducta en las instituciones que tenemos y que vamos a seguir teniendo, casi con las mismas personas, pero escarmentadas por una baja importante de su popularidad ante el pueblo, valga la redundancia. Es cierto que los peones del tablero de ajedrez que configuran la política provincial y aún regional han variado algo, aunque poco, pero yo creo que lo suficiente como para pensarse las cosas y hacerlas mejor en la próxima legislatura. Por ejemplo, si nos referimos a lo local, el PSOE ha bajado de 12 concejales que tenía, a nueve y aunque puedan hacerse muchas lecturas de este asunto, hay una que es comenzar a buscar dónde fueron los tres concejales perdidos por el PSOE. Sorprendentemente, no se fueron a la izquierda, sino al CDS, al centro derecha, que se enriqueció además con otro de los dos independientes perdidos. Uno se fue al centro y otro a Extremadura Unida, que aumentó también un concejal, sobre los de la Corporación anterior.
Pienso yo que esto debería servir de lección al PSOE que nos va a continuar gobernando en las diputaciones y en la autonomía, para pensar que la popularidad, como se gana se pierde y que no valen sólo los “slogans” de “Las cosas bien hechas”, sino que hay que hacerlas mejor que las venían haciendo porque, de no ser así, su popularidad continuará bajando.
Había una queja de mis compañeros que en Mérida vivieron una larga noche, pidiendo a la Junta una información que no llegaba a tiempo, sobre los resultados de los comicios porque, al parecer, tenía que pasar una censura previa, como en los tiempos franquistas. Esto es todo un síntoma y la nueva Junta que nos gobierne (aunque sea con las mismas personas) tendrá que aprender que cuando se habla de política de puertas abiertas hay que saber abrir las puertas de la información a tiempo y no eternizarse en peticiones y permisos de los superiores, con amenazas de destituciones como en los peores tiempos de la dictadura. Las democracias tienen estas cosas, que hay que aprenderlas.
Diario HOY, 14 de junio de 1987

martes, 20 de febrero de 2018

Esperar resignado


Como no hay bien ni mal que cien años dure, y por aquello de que todo llega y todo pasa, esta noche conoceremos de una forma más lógica lo que tenían de verdad o de mentira los sondeos de opinión que a mí, particularmente, me han parecido siempre como el cuento de la lechera, o más bien como las cábalas que las familias hacen cuando echan la imaginación a  volar, tras de comprar un billete de lotería, o de rellenar una primitiva. “Si me tocan los millones vamos a hacer esto o lo otro” —dice el padre o la madre de familia en el seno familiar, un poco para quitarse el miedo a la pobreza— y esto, más o  menos, es lo que hacen con esos sondeos anticipados los partidos, para quitarse el miedo a no salir o a salir con menos votos de los que se imaginaban. ¡Qué de ilusiones rotas va a haber esta noche, tras de los escrutinios provisionales! Porque lo humano es creerse un ganador (o tener ese hilillo de esperanza) hasta que las urnas, fríamente, vomitan sus papeletas que, como aquel que dice, suelen ser habas contadas y no dan más de sí para la ilusión o la ingenuidad de muchos.
Recuerdo que en Cáceres, no hace tanto, vivimos la ilusión de los que “ficharon” por la operación Roca. Estuvimos con ellos hasta el último momento, en los que se creían millonarios de votos; manejaron estadísticas que decían que ellos tenían que conseguir algo, acorde con la ilusión puesta en su campaña, y ¡zas!, las frías urnas, o el frío pueblo les echó el jarro de agua fría.
Querido aspirante de cualquier partido, ponte en lo peor y espera con confianza y resignación, porque rocas más fuertes han caído por un quítame de allá ese voto.
Diario HOY, 10 de junio de 1987

Don dinero y la campaña


Los pies fríos y la cabeza caliente hemos sacado, en líneas generales, de esta campaña electoral los ciudadanos de a pie que nos hemos “tragado” todas las cosas que los aspirantes de cada partido nos han dicho reiteradas veces a través de ruidosos altavoces: papeles y carteles por todos sitios, en la prensa, en la radio y en la televisión (cuando les han dejado). Ustedes cambian las caras, o las listas, y aplican lo dicho o escrito por todos a otras formaciones que no son las suyas, y vale perfectamente porque, en líneas generales, todos dicen cosas parecidas o similares: “que si vienen nuevos tiempos”, “que si las cosas hay que hacerlas bien”, “que tienes que llevar imaginación a tu ayuntamiento”, “que su partido avanza”, etc. Ni uno solo de los aspirantes ha concretado lo que piensan hacer, aparte de cobrar el sueldo, una vez que estén cerca del mango de la sartén y esto es muy sospechoso.
A mí, un entendido, me indicó cómo se hacen las campañas electorales por parte de los partidos de implantación nacional encargándoselas a unos profesionales de la publicidad y el “marketing” que, más o menos, le dicen: “¿Cuántos aspirantes quiere colocar?”. Tantos”, le contesta el partido y el técnico en campañas le dice: “Eso cuesta tantos millones. Ahora, si quiere un resultado más ramploncillo, tenemos aquí unas campañitas para partidos menos pudientes, que quedan muy bien, pero, claro, no es una campaña de lujo”.
En fin, que como lo cuenta mi amigo el entendido, las campañas no las hacen ni los partidos ni las ideologías, sino los técnicos en estas cosas, con lo que la uniformidad de lo que dicen todos, sirve para unos y para otros y las diferencias la da el dinero empleado en ellas. No sé si las cosas son así o no, pero si lo son, a mí me producen una gran desilusión y tristeza, porque la campaña la ganará “don dinero”.
Diario HOY, 9 de junio de 1987

lunes, 12 de febrero de 2018

El melón cerrado


Ayer nos referíamos a que el alcalde pedirá a Manuel Veiga, presidente de la Diputación, ayuda económica para poder poner en marcha de nuevo el reloj de las cuatro esferas de la torre de Peñarredonda, con lo que si Veiga da los cuartos, el reloj dará las horas. Pero sobre este punto, José María Saponi, concejal portavoz de la oposición y posible cabecera de lista de los próximos comicios por su partido, no sabemos si por comenzar a hacer méritos públicos, nos decía que lo de poner en marcha el mencionado reloj se lo habían pedido a él los vecinos de ese barrio, y él se lo había dicho al alcalde. En definitiva, el de la decisión tiene que ser el alcalde, y nos parece muy bien que tanto al alcalde como al portavoz de la oposición les preocupe poner el reloj en marcha porque, dicho sea de paso, hay muchos relojes parados en estos lares.
Dicho esto, pasemos a otro asunto que suscitamos más como información para todo que como protesta Se trata de los usos y abusos de las ruedas de prensa que convoca cualquiera que tiene muy poco o nada que decir, con lo que a los profesionales de la información nos traen corriendo de un lado para otro para comunicarnos, en muchos casos, cuatro vaciedades.
Puede argumentarse que los tontos somos nosotros por aceptar todas las que nos echan, pero lo cierto y verdad es que las “ruedas de prensa” suelen ser un “melón cerrado” que no sabe uno qué tiene dentro hasta que el melón se abre, sin que ello quite para que la mayoría de las veces el melón se convierta en pepino. Pero el abuso sufrido estos últimos tiempos es digno de tenerse en cuenta. Un colectivo, no diremos de momento cuál, nos viene llamando desde la semana pasada por teléfono para convocarnos en un determinado establecimiento a una rueda de prensa que nunca se realiza, porque suele faltar, por unas cosas u otras, el convocante. Uno no acierta a entender estas informalidades cuando en estas “ruedas” el que debe mostrar mayor interés es el convocante. Aquí, como en el cuento del lobo, puede ocurrir que ese colectivo, cuando en realidad tenga algo que decir, se encuentre con que no tiene informador que le escuche.
Diario HOY, 14 de marzo de 1987

jueves, 8 de febrero de 2018

Olvidarse de lo principal


La asistencia a los plenos, sobre todo a los provinciales, los de la Diputación, es muy ilustrativa y aleccionadora. Es lástima que esa asistencia pública de la que tanto se habla, no siga dándose como dicen que se daba, aún en Cáceres, durante la época de la República. Es más, tengo oído, aunque no puedo afirmarlo, que en algunos de los plenos municipales, que eran públicos, como son los de ahora, la asistencia era grande y había un turno en el que el público asistente era invitado a hablar de una forma ordenada, con lo que se les condecía voz, aunque no voto, en los asuntos que podrían ser de un interés público.
Tengo leído, en algún periódico de la época, que en el mes de julio del 36 se celebró un muy movido pleno municipal, con intervención del público asistente, en el que se “ventilaba” —como suele decirse— el nuevo abastecimiento de aguas a Cáceres que venía avalado por el propio alcalde don Antonio Canales, que quedó aprobado y que no pudo efectuarse porque la guerra trastocó todos los planes y la historia prevista. Quede eso aparte y valga sólo para decir que la asistencia de público a los plenos era una cosa corriente en la época, que ahora se ha perdido totalmente, pero que sería muy aleccionadora para muchos de nuestros convecinos y para conformar su futura actuación en los próximos comicios.
Por hablar solo del más próximo, el de la Diputación, diremos que daba pena ver debatirse a los cuatro diputados de AP, contra los 14 (creo que eran esos) del PSOE. Como decía en broma en los pasillos, a ellos mismos, el presidente Manuel Veiga: “Os dejamos hablar un poquito, para que desahoguéis, luego os damos un golpe de rodillo y asunto concluido”.
Lo malo de todo esto es que los líderes del partido de oposición todo esto lo desconocen, porque siguen luchando por ver quién de ellos se lleva el sillón, importándoles un comino el futuro de su ideología.
Diario HOY, 25 de enero de 1987

domingo, 4 de febrero de 2018

Aprenderse la lección


Los políticos tienen que aprender la máxima que tanto utiliza el comercio y que dice: “el cliente siempre tiene razón”, aunque en este caso se transforme en algo así, más o menos; “los electores siempre tienen razón”, porque los partidos no son tales partidos sin electores, como el comercio no es tal comercio sin clientes. Tras de ese aprendizaje, tienen que pasar a ese otro, que también se utiliza mucho en el comercio: “nosotros siempre hacemos lo que nuestros clientes apetecen, porque de ellos vivimos”, para decir poco más o menos; “nosotros estamos siempre al servicio de nuestros electores, porque gracias a sus votos, ostentamos estos cargos”. Lo que quiere decir algo que los dirigentes de muchos de nuestros partidos políticos olvidan con frecuencia: que el partido no es nada sin electores y que cualquier cambio en las alturas debe hacerse con el suficiente tiento como para que las “bajuras”, o sea las bases, no se amosquen y den su voto y su confianza a otro cualquier partido que presente mejor imagen cara a la calle. La imagen ante los electores es muy importante y muchos partidos de centro derecha suelen olvidarlo, actuando sus mandos como si la investidura les hubiera llegado del cielo y por ciencia infusa y no por el voto de unos ciudadanos que confían e ellos, pero que nada más dejen de confiar, enviaran su voto a otros partidos de apariencia más seria. Mucho se ha hablado de los que en tiempos sucedió a UCD y de lo que ahora viene sucediendo a Coalición Popular y de lo que sucedió no hace tanto con la operación Roca que, con magníficos “mandos” la rechazó el electorado por que no le “había entrado por el ojo”. Todo esto ocurrió a nivel nacional, pero las repercusiones son también locales y por eso tocamos y aquí comienza a decirse con insistencia que Fraga era un gigante, dirigiendo un partido de enanos y estamos en el momento en que Gulliver se marchó del país de Liliput. ¿Es que esos “mandos” no se dan cuenta de la sensibilidad del pueblo?
Diario HOY, 18 de diciembre de 1986

lunes, 22 de enero de 2018

Las razones del loco


Yo no sé si conocen ustedes el viejo chiste que cuenta que, visitando una persona un manicomio, el director del mismo le explicaba las manías de cada interno y, enseñándole un cajón con paja que había en un rincón, le decía “Este es el lugar de un pobrecito que se cree una gallina que está a punto de poner un huevo y se pasa el día cacareando”. “¿Y cómo no le quitan ustedes el cajón?”, preguntó el visitante, a lo que el director del centro respondió; “¿Y si pone el huevo?”.
Pues bien, a mí me parece que razones de este tipo son las que juegan en las elecciones, o en los resultados imprevistos de las mismas. Digo esto porque para mí, la meditación más sabrosa es la que se hace a la vista de los resultados de las elecciones y no antes y a veces, a mucha parte del programa salido de nuestro presidente del Gobierno, me decía lo mismo que el director del manicomio: “¿Y si lo reduce?; con lo que queda demostrado que los españoles tenemos mucho de ingenuos, o estamos poco acostumbrados a saber que las promesas electorales no comprometen a nada, o nos falta mucho rodaje en todo esto de la democracia. Porque para hablar claro, las promesas hay que tomarlas de quien vienen y del momento en que se hacen. Por ejemplo, si Felipe González promete la creación de 800.000 puestos de trabajo (cosa que prudentemente no ha repetido en esta ocasión y así y todo ha sacado 8 millones de votos) la cosa es para ponerla en duda, por las circunstancias anteriores, pero si la prometiera Ruiz Mateos, aún siendo un perseguido, la cosa sí tendría más visos de realidad. Pues bien, a mi juicio, a esas distinciones no hemos llegado aún los españoles.
Diario HOY, 24 de junio de 1986

Al estilo de Campón


Es cierto eso de que al perro flaco todo e le vuelven pulgas y lo malo es que las pulgas vengan de otro perro tan flaco como el nuestro o poco menos. Me refiero a que ahora se ha legalizado un partido en Andalucía que se llama el partido “Andalusí” que nos reclama nada menos que el sur de Extremadura, sin precisar sitio, ya que ellos se creen representantes de la cultura hispano – árabe de “Al – Andalus” y quieren reivindicar todos los territorios que formaron parte de ella, con lo que me temo que por lo menos el reino moro de Badajoz puede ser reclamado de un momento a otro.
Yo no sé si es que estamos jugando a la “des – reconquista” que costó 800 años de nuestra historia poner al derecho y ahora nos vamos a empeñar en poner al revés, aunque nos cueste otros 800 años, pero me parece poco serio legalizar partidos que suenan un poco a “cachondeo” o a elucubración mental pseudo -  intelectual, que quieren que las aguas de la historia corran al revés.
No quiero decir nada de lo del Herri Batasuna, porque es un problema vasco y Vasconia es un territorio español sin romanizar, según decía Sánchez Albornoz, y allá ellos, pero esto me suena a tan poco serio como el partido que en la segunda República española fundó y acaudilló el pintor cacereño Campón, que residía en Madrid y al que todo el Madrid de aquel entonces tenía simpatías por lo bohemio y vividor que era. Se llamó el partido “Eti – Estético” y según decía el propio Campón en sus mítines, que pronunció muchos, “no tenía más ideal que llevarle a él al Parlamento para que pudiera recibir un buen sueldo, sin dar ni golpe”.
Yo me temo que algunos de estos partidos y partidillos que están surgiendo tienen el mismo propósito que el de Campón, aunque menos sinceridad en confesarlo.
Diario HOY, 13 de junio de 1986

domingo, 21 de enero de 2018

Una amenaza infantil


El equilibrio democrático de la Corporación local de Cáceres ha perdido su encanto. Los del grupo popular municipal hablan de posible ruptura del pacto de gobierno, por el asunto de la presidencia de la Comisión de Ferias, cuando el grupo socialista, que es muy práctico, sabe de sobra que ya no le hacen falta tales pactos para gobernar el Ayuntamiento como les venga en gana. ¿Rompieron los socialistas tales pactos?, no, en absoluto, se los dieron rotos y, como suele decirse, las cosas se les han puesto como dicen que “se las ponían a Fernando VII” porque el gobierno municipal cacereño, que era un ejemplo de equilibrio democrático, por circunstancias ajenas al grupo socialista municipal, ha quedado convertido en el vulgar rodillo que existe en otras corporaciones con mayoría socialista, como por ejemplo la Corporación provincial, quedándole a los “populares” del municipio exclusivamente el derecho al pataleo. ¿Cómo sucedió todo?, pues por circunstancias rodadas que, brevemente, vamos a recordar.
El grupo municipal que salió de las elecciones del 83, lo que era la primitiva Corporación, lo formaban: 12 socialistas, incluido el alcalde; 9 de Alianza Popular; dos concejales de Extremadura Unida y otros dos de la Agrupación Cacereña Independiente. Ello quiere decir que sumados los grupos de oposición tenían un voto más que la minoría mayoritaria socialista que regía el Ayuntamiento. Esto es lo que dio lugar a los pactos de gobierno. Lo que pasó después fue que: de los 9 del grupo popular se echó fuera José Blanco; de los dos de Extremadura Unida, Sánchez Buenadicha está jugando su futura carta socialista, y de los dos independientes, Hurtado Ricafort, por circunstancias personales, no va a las sesiones. ¿Cómo han quedado ahora los grupos? Pues el de los socialistas incrementado con un voto más de Buenadicha y el de oposición disminuido en tres votos y como mucho, en dos si es que Blanco vota con ellos. ¿Necesitan los socialistas pacto alguno para gobernar el Ayuntamiento? Como puede verse la amenaza de los  populares” es totalmente infantil.
Diario HOY, 7 de junio de 1986

Estar en la actualidad


Definitivamente nos hemos hecho comodones y en muchas ocasiones no vemos que los tiempos evolucionan y que hay muchos fenómenos o cosas que se pierden en esa evolución y otras se ganan.
Esto a veces no suelen verlo ni los propios ecologistas, que ahora están tan de moda. En cosas tan nimias como es la disminución de las colonias de buitres (negros o leonados, que eso es lo de menos) no influye más que la evolución de las costumbres de la población humana en su propio trabajo. El trabajo de la agricultura ahora se hace con tractores y máquinas y antes se hacía con animales que, al morir, servían de carroña a los buitres; ahora la ganadería está estabulada y si muere un ejemplar se le entierra y se le quema, sin que haya aprovechamiento para el buitre. Antes, todas las poblaciones tenían un lugar próximo, donde se vertían basuras y carroñas animales (en Cáceres el llamado “Cerro de la Buitrera”), ahora las basuras se transforman y las carroñas está prohibido dejarlas de pasto de buitres o de otros animales, por las infecciones. El progreso tiene estas cosas. Ahora casi todo el mundo (aunque hay “honrosas” excepciones) se ducha diariamente, y antes era malo lavarse tan frecuentemente “porque se quitaba la pelusilla del cuerpo y venían las enfermedades”, según se afirmaba en nuestros pueblos. El mundo evoluciona y de ello hablábamos con nuestro alcalde días atrás, a cuenta de que con la campaña electoral de su partido, está obligado a participan en mítines, que también son una reliquia del pasado. “Todos estamos convencidos —nos decía— de que los mítines son los que menos votos dan, porque se dirigen a la propia “parroquia”, cuyo voto está asegurado, pero ningún partido nos atrevemos a prescindir de ellos, quizás por ser una reliquia del pasado.” Ahora lo que priva —decimos nosotros— es la televisión, que va a gentes de la parroquia y de fuera de ella, y por eso existen esas luchas por repartirse sus espacios. Pero ello es pura actualidad.
Diario HOY, 4 de junio de 1986

sábado, 20 de enero de 2018

¿Realidad o electoralismo?


Poco a poco nos vamos adaptando a los nuevos modos y modas que impone la democracia y toda su parafernalia (¿lo he dicho bien?) electoral de los partidos políticos. Hasta el punto de que muchos pensamos que no son de fiar las promesas que comenzaron por parte de todos ellos, ayer mismo, para terminar tras del escrutinio de las urnas. Hay toda una nueva experiencia en forma de refranes transformados que harían las delicias de Sancho Panza si es que el escudero de don Quijote hubiera llegado a vivir estos avatares que ahora nos disponemos a vivir los españoles: “De promesas políticas y santidad la mitad de la mitad”, ponemos como ejemplo, pudiendo transformar otros muchos como el de: “No debes fiarte de cojera de perro ni de llanto de mujer”, al que podríamos agregar: “ni de promesa electoralista”; o el de “Se coge antes a un mentiroso que a un cojo”, en : “se coge antes a un político en elecciones que a un cojo”, o: “El que mucho promete, poco cumple”, “vale más voto en urna que ciento volando”, etc.
Todo ello viene a demostrar que éstas, para los políticos de turno que aspiran a su sillón, son situaciones anómalas, en las que parece no tienen obligación alguna de cumplir lo que dicen, cosa que puede hacernos caer, al pueblo, en un escepticismo en el que acabaremos no viendo lo que es real y lo que es engañoso.
Confieso que esto es lo que me pasa a mí, y a algunos más, con ese parador de turismo que nos ha prometido para Cáceres el presidente de nuestra Junta, don Juan Carlos, y la iluminación nueva de la Ciudad Monumental. Yo no quisiera dudarlo, pero las circunstancias, los momentos y los refranes, me hacen entrar en la duda de si “será realidad tanta belleza”. ¿Oiga, don Juan Carlos, por qué no nos lo promete fuera de la campaña electoral?.
Diario HOY, 1 de junio de 1986