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sábado, 3 de febrero de 2018

Cómo celebrar la Constitución


Yo no sé qué habría que hacer para que todos conociéramos la Constitución y la aplicáramos como método de convivencia en cada momento de nuestra vida y en las relaciones con los demás. Estoy por asegurar que si son pocos los españoles que han leído completo “El Quijote” —llevando muchos más años y estando considerada como la mejor novela del mundo— mucho menos son los que han leído completa la Constitución, que debe ser nuestra norma de vida y comportamiento. Es más, estoy por asegurar que muchos de nuestros alcaldes y políticos tienen tal “galleta” mental, entre la Constitución actual y los pasados Principios Fundamentales del Movimiento, que mezclan una cosa y otra y se quedan tan anchos, aunque cada dos por tres invoquen la democracia y las leyes que la rigen a todos los niveles. De otro modo no se explican los muchísimos “zapatazos” que nuestras  autoridades dan, realizando cosas que, cuando tienen trascendencia y hay reclamaciones, acaba demostrándose que eran anticonstitucionales, no por mala uva del “aplicante”, sino por desconocimiento supino de la “Carta Magna” que ahora debe regir nuestra convivencia, y que conmemoramos en estos días, con fiestas, recepciones músicas y premios, pero no aplicándonos al estudio de ella, que sería lo más interesante.
Seguro que ustedes pueden argumentarme que muchos automovilistas hay conduciendo sus vehículos y no se saben entero el Código de la Circulación, lo que entraña un peligro para el resto de los ciudadanos. Cierto, pero también está la Policía y la Guardia Civil de Tráfico, que te cascan un multazo si averiguan tu ignorancia en la aplicación de la norma.
Por todo lo dicho, yo propondría que estas celebraciones anuales supusieran una especie de examen de revalidación de los artículos constitucionales, pero no a los niños, sino a los que ostentan mando, que son los que más obligación tienen de sabérsela.
Diario HOY, 6 de diciembre de 1986

miércoles, 29 de noviembre de 2017

La Constitución y su día


Pienso yo que el “Día de la Constitución” no se ha orientado bien, si lo que se pretende es divulgarlo entre los españoles. Es más, la celebración que se realizó a niveles locales —y pienso que a otros niveles— estaba mal orientada y hasta desorientaba a los españoles de a pie que, de buena fe, participamos en los actos organizados.
El primer despiste se originó con que en unos organismos se dio día de descanso y en otros no. Diría más bien, en unos centros de trabajo “se curreló” y en otros no se pareció por ellos, con lo que la Constitución que une e iguala a todos los españoles, ya comenzó a celebrarse mal en el VI aniversario. Porque, lo que decían algunos de los que “currelaron”: “¿Es que los que descansan son más constitutivos que nosotros?”, y tenía razón, si la Constitución es para todos, la celebración —con descanso incluido— también debe serlo. Yo recuerdo que el “18 de julio” debió su popularidad a que todo el mundo descansaba y, además —esto es importante— se les daba una paga extraordinaria, cosa que se sigue manteniendo en la actualidad, por lo que todos recordamos afectuosamente esas fechas. Pues bien, si se quiere que recordemos afectuosamente las de la Constitución debería dársenos otra paga extraordinaria a todos los niveles —ya verían ustedes cómo subía el afecto hacia ella—. En contra de esto que parece lo razonable, aquí se orientó la cosa de otro modo: En la Diputación, los portavoces de los distintos partidos nos soltaron el “rollo” sobre cómo ven la Constitución, y conste que no exagero. El más breve fue el alcalde de Plasencia, independiente, que improvisó; pero el de AP nos leyó ocho folios que nos parecían largos hasta que cerró el acto el del PSOE, con doce folios, leídos a tropezones, que hicieron pequeña la intervención anterior. ¿No hubiera sido mejor descanso y paga extra, como sucedía los 18 de julio?.
Diario HOY, 7 de diciembre de 1984

La Constitución y su aniversario


Me creo yo que con esto de la Constitución a los españoles nos viene pasando como con “el Quijote”, que todo el mundo habla de él sin haberlo leído. Ya conocen el cuento del inspector de escuela que llegó a una de ellas, en un pueblo, y se le ocurrió preguntar a uno de los escolares quién había escrito el Quijote, respondiéndole el niño: “Yo desde luego no he sido, aunque me echan la culpa de todo.” El cuento puede alargarse mucho más, pero no vamos a hacerlo, porque de por sí el chiste es suficiente para dar un ejemplo de un estado de cosas que en realidad vienen sucediendo. La mayoría de los españoles no han leído el Quijote, aunque llegado el momento hablan de él como unos verdaderos entendidos.
Pues bien, creo que lo mismo nos suele suceder con la Constitución, que muy pocos conocemos en todos sus detalles, aunque sea la ley de todos desde que entramos en la democracia y por la que nos debemos guiar en cada momento. Digo esto, porque el próximo día 6 vamos a celebrar el “VI aniversario de la Constitución Española”, con actos organizados en Cáceres por el Gobierno Civil y la Diputación, que serán una maravilla pero que agregarán poco en cuanto al conocimiento de ella.
Pienso yo que en cuanto a los políticos que rigen nuestros destinos, de alcaldes para arriba —al menos— debería exigírseles ese conocimiento, como para conducir un vehículo se nos exige conocer el Código de la Circulación. Es más, estoy por afirmar que si a nuestros alcaldes se los examinara de Constitución, serían muy pocos los que pasaran el examen, y no me pueden regir los destinos de un pueblo, si no se sabe el “código” que los ordena que es el caso de la Constitución. No digo que se hicieran exámenes sobre ella, pero sí algo para divulgarla entre los que tienen obligación de conocerla.
Diario HOY, 5 de diciembre de 1984

miércoles, 18 de octubre de 2017

El examen constitucional


Juan Francisco Fernández Tena, alcalde de Granja de Torrehermosa, es uno de los pocos alcaldes españoles que se sabe, de memoria, la Constitución española. Esta es una razón por la que no me quito el sombrero ante él, y le felicito cordialmente porque pienso que el caso, que venía reflejado ampliamente en nuestro periódico, es realmente insólito y no debería ser así. Me explico. Si para conducir un simple vehículo, moto o coche, se nos exige a todos los españoles sabernos el Código de la Circulación, y ser examinados para demostrarlo, dándonos a cambio un carné que así lo atestigua, pienso yo que para conducir a un pueblo, caso de los alcaldes, debe ser también obligado el saberse la Constitución de cabo a rabo, aunque no sea tan de memoria como se la sabe Juan Francisco.
Dicho esto, paso a hacer unas reflexiones sobre el caso. Si la Constitución es la norma que rige actualmente la convivencia ciudadana, son los principios fundamentales de ella y la Carta Magna que nos rige, lo menos que debe exigírsele a quien ostenta el mando, del alcalde hacia arriba, es sabérsela, porque es el único modo de aplicarla.
Es más, estoy por decirles que, no ya a nivel de alcaldes, sino a más altos niveles, si examináramos a nuestros políticos, de cualquier partido, sobre los aspectos de la Constitución, a la mayoría tendríamos que darles un “cate” como una casa, aunque haya excepciones, como esa del alcalde de Granja de Torrehermosa.
Yo no sé cómo podríamos arreglar todo esto, pero se me ocurre que en estas celebraciones de aniversarios de dicho documento, más que actos de relumbrón —que por otro lado no están de más— podría hacerse algo más serio, como podría ser citar a examen a todos los que tienen mando y preguntarles, por ejemplo: “Dígame el artículo 128, sobre economía y hacienda”, y si el examinando no se los sabía, retirarle el carné de mando, y poner en su lugar a otro que lo supiera. Igual que cito ese artículo podemos citar los 169 que forman la Constitución y todas sus disposiciones adicionales, transitorias y finales. Estoy totalmente seguro que a más de uno y a más de dos —y me quedo corteo— tendríamos que retirarles el carné constitucional, por mucho que ellos digan o contrario.
Diario HOY, 7 de diciembre de 1983

viernes, 6 de octubre de 2017

La bandera

Yo envidio a pueblos que, como el inglés o el norteamericano, usan su propia bandera hasta para llevarla de calzoncillos. Nadie puede extrañarse de esta afirmación, ya que habré visto a ingleses vistiendo traje de baño con sus colores nacionales o a yanquis vistiendo camisetas con sus barras y estrellas, aunque a algunos españoles esto les parezca una paletada supina.
No obstante, esta costumbre tiene su parte práctica, que es la familiarización de pueblos y razas de aluvión, como la propia Norteamérica, con un solo símbolo que los identifica a todos. Un indio o un negro norteamericano podrán tener sus polémicas raciales con la Administración yanqui, pero no discutirán nunca el símbolo común de todos, que es la bandera. Por encima de diferencias raciales, de credos, de cultura y hasta de posiciones políticas, la bandera nacional no se discute.
¿Por qué no pasa esto en España? A mi modo de ver aquí hemos seguido un camino contrario y sin querer —o queriendo, que esto no lo sé— hemos cometido el error de identificar la bandera nacional con una facción política.
Para muchos, la bandera nacional, quizás por el uso que de ella ha hecho la derecha, la hemos identificado con esa posición política conservadora.
Cabría preguntarse por qué ha ocurrido esto y, a mi juicio, ello parte del error de que la República —y lo digo por confesión hecha por un republicano— cambió la bandera bicolor por la tricolor, cuando en realidad esa bandera tricolor era la bandera del partido republicano, sin la pretensión de llegar a ser la nacional.
Un peligro similar se corrió con el Movimiento cuando se intentó sustituir la bandera nacional bicolor por la de Falange, aunque la astucia de Franco no lo consintiera.
Hasta no hace tanto, los socialistas, cuando estaban en la oposición, tenían en sus sedes la bandera republicana, aunque el buen sentido de sus dirigentes olvidara este símbolo al llegar al poder, aceptando la bandera bicolor como la de todos los españoles. “Estos polvos han engendrado los actuales lodos”, como suele decirse, y hora es ya de que toda la izquierda y toda la derecha vean ese símbolo como el de toda la nación y no sólo como el de una parte de ella.
Finalmente, hemos de decir que en esto el Partido Comunista Español, quizás por cuquería, estrategia o lo que sea —que no lo sé— nos ha dado lecciones a todos ya que desde su legalización —y de ello soy testigo— en sus sedes, al lado de su bandera roja, ha puesto siempre la bicolor, siendo entonces la única izquierda que no tuvo empacho en reconocer ese símbolo nacional, que debemos acatar todos, desde los moderados a los extremistas, como el único símbolo que está por encima de las particulares ideas.
Diario HOY, 4 de agosto de 1983

jueves, 7 de septiembre de 2017

El cumpleaños de Pepita


Hace dos días cumplió cuatro añitos y está hecha una rosa, vamos, muy desarrollada para niñas de su edad y conste que no es pasión familiar lo que me impulsa a decirlo. Llevaba un lacito rojo en el pelo y una rosa en la mano, talmente para contarle lo que dice el romance tradicional extremeño de: “Dame la mano, dame la mano y la flor, que te doy mi amor…” Es como una pequeña Caperucita, de la que yo creo que le va a dar ciento y raya al lobo por muy feroz que se presente.
Como todas las niñas de su edad, ha comenzado a hablar sin ceceo, aunque con esa “irreverencia” de los niños llama “Pipe” a don Felpe González, “Nolo” a don Manuel Fraga y a don Alfonso Guerra “Padrino”, no sé si porque le recuerda a “Don Calógeno” o porque la sacara de pila, que estas son cosas que no me he atrevido yo a preguntarle.
Muchos la llaman cariñosamente “Consty”, aunque su verdadero nombre es Pepita, ya que se le impuso en razón y recuerda de una abuela suya gaditana que vivió —malamente, que todo hay que decirlo— allá por 1812 y a la que todos llamaban “La Pepa”. Lo que sí hay que decir es que heredó la gracia andaluza y que se está haciendo una buena moza, y ya lo demostrará si Dios le da salud y llega a la mayoría de edad, como todos le deseamos.
En fin, que como a todos los niños les gusta mucho el que les hagan fiesta, resulta que aquí, a iniciativa del alcalde, se reunieron con ella en el salón del Ayuntamiento muchas gentes, lo señorones y los menos señorones, para echarle piropos. El que más y el que menos le dijo: “Te lo prometo, resalá, que estás más guapa y más tóo.” Y luego los mayores se tomaron su copichuela dejando a la niña jugando con una peseta rota en un rincón, pensando posiblemente —como es lógico que hagan en estas fechas lo niños— escribir la carta a los Reyes Magos y pedirle más juguetes, porque los vecinos se los rompen todos. El grandullón del piso de arriba, aunque dice que la quiere mucho, le quita las barquichuelas y hasta le ha quemado algunos camiones con los que ella jugaba tan ricamente, y el moreno del piso de abajo también anda a quitarle los barquitos, que luego los cambia por cromos… En fin, que no sé yo qué vamos a tener que pedirle a los Reyes para ella Yo pienso que deberíamos pedirle un aro, para ver si es capaz de hacer que pasen por él el grandullón y el moreno.
Diario HOY, 8 de diciembre de 1982

sábado, 2 de septiembre de 2017

El día de la verdad


Yo tengo mucha fe en el civismo de nuestro pueblo. Es más, pienso que muchas veces no se observa este civismo, o se ignora, porque no hay quien le pida al pueblo que sea cívico. Prueba de lo que digo es que ayer, el propio alcalde de Cáceres reconocía ante los medios informativos que la operación de mantenimiento de limpieza de la ciudad, durante la campaña electoral, se había llevado bien por todos, quitando alguna simple transgresión de algún pequeño grupo o partido que no podía ensombrecer el buen cumplimiento de las normas que la totalidad de los partidos y ciudadanos habían observado. En su mayoría, los partidos se adaptaron a los espacios que se les habían dado para poner su publicidad. Sobre todo hay algo que tenemos que destacar, y es que todos ellos habían respetado el pacto de no ensuciar la Ciudad Monumental con propagandas y mantener en lo posible limpias las fachadas del resto de nuestra ciudad.
Dicho esto, pienso yo que nuestro pueblo tiene sensibilidad cívica y sabe cumplir cuando así se le pide, por lo que supongo que hoy, ese mismo saber estar y cumplir se manifestará igualmente en los colegios electorales, donde los cacereños iremos a depositar nuestro voto, aunque en algunos momentos habrá las consiguientes colas. Estamos seguros de que los 305.672 electores de nuestra provincia sabrán cumplir cívicamente con este derecho y deber que nos impone la democracia. La lucha electoral pasó y hoy es el día de la verdad, tras la meditación que debimos hacer ayer sobre  nuestra forma de decidirnos y de comportarnos. Algún amigo me decía que tras el atracón que nos han dado los diversos partidos, poco era un día para meditar, pero pienso que con atracón y todo, cada cual ha decidido ya anteriormente —aun antes del día de meditación— lo que va a llevar en su papeleta. Quedará después la incógnita que iremos conociendo durante la madrugada con el escrutinio de todo lo depositado en las urnas. Lo que sí hay que decir es que muchos convecinos estarán este día trabajando, escrutando y agilizando esos resultados. Son los que estarán en las mesas, en los dispositivos de recuento y en los de transmisión de datos. Ellos, en cierto modo, se van a “machacar” por los demás; pues bien, demostremos también nuestro civismo respetando ese trabajo y, si es posible, ayudándoles a realizarlo.
Diario HOY, 28 de octubre de 1982

lunes, 24 de julio de 2017

De nuestro escaso conocimiento de la Constitución


Hoy es el día de la Constitución que es la “nueva ley fundamental” por la que nos regimos los españoles. Lo malo de ella es que todavía no se ha popularizado lo suficiente como para que la conozcamos todos los españoles y estoy por asegurar que no la conocen ni muchos de nuestros políticos, que sin embargo la andan invocando a cada dos por tres, sin haberla visto ni por el foro. No me voy a referir a los concejales de centro-derecha de la localidad madrileña de Valdemoro, que tras un pleno han votado al no hacer ni día de fiesta este día dedicado a la Constitución, porque estimo que cuando ellos se han opuesto a dedicarle esa atención será porque antes se la han leído de cabo a rabo y han decidido que no merece el dedicarle tal día de fiesta… Este fenómeno es muy tradicional en nuestra patria, porque resulta que aquella célebre Constitución de las Cortes de Cádiz, que aquí duró el tiempo justo para que el Rey Fernando “el Deseado” —el rey más nefasto de nuestra historia— se la “cepillara” nada más que volvió a tomar las riendas del poder, mientras esa Constitución —con las obligadas reformas más o menos ha servido como inspiración a la que hasta hace poco rigió naciones como Holanda… O sea que aquí hacemos las cosas bien, para que las conozcan otros, pero no nos molestamos ni en conocerlas  ni defenderlas.
Para abundar en lo dicho, seguro estoy que si a nuestros concejales se les “examina” de Constitución, seguro que la mayoría de ellos habría que suspenderlos por ese desconocimiento de la misma, aunque la sigan invocando cada dos por tres…
Yo no sé como podría evitarse eso y hacer que los españoles, poco a poco fuéramos conociendo más esta ley que nos rige a todos. Recuerdo que terminada la Guerra Civil, se puso en moda —por mandato, claro, de los que mandaban— mentalizarnos a todos con las doctrinas de José Antonio, y en todos los medios de difusión aparecían unos “slogans” que rezaban: “José Antonio ha dicho” (y aquí la frase que fuera). No digo que se haga lo mismo, pero sí algo similar, sobre todo en la “tele”, en los espacios de la publicidad, comenzando por algo así como: “Dice la Constitución…” Ello, claro es, aparte de sacar banderitas y colgaduras una vez al año, porque, oiga, lo que acaba amándose es lo que se conoce y ahora, muy pocos españoles podemos decir que conozcamos a la Constitución que hoy festejamos.
Diario HOY, 6 de diciembre de 1981