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miércoles, 24 de enero de 2018

Jerga de emigrantes


Me hace gracia, aunque me parece horterada de mal gusto, la jerga que muchos de nuestros emigrantes en Cataluña, que ahora están pasando las vacaciones entre nosotros, utilizan para presumir aquí de catalanes cerrados o imitar a los catalanes realmente nacidos en aquel territorio. Se trata de una mezcla de palabras castellanas y catalanas, pronunciadas mal unas y otras.
A muchos de ellos, sobre todo a ellas, les debe parecer de muy buen tono entrar en un comercio de su propio pueblo, o de los de la capital, presumiendo de que hablan un catalán perfecto, cuando lo que sabe de este idioma son cuatro palabras coloquiales mal pronunciadas que mezcla, en un disfrazar el castellano, con otras también mal  pronunciadas, en español. La comedia es curiosa y a mi me parece una carnavalada porque esta gente sólo consigue hablar mal aquí, en su tierra y en Cataluña donde trabajan.
Me recuerda el chiste de los estudiantes de latín, que en compañía femenina habían ido a un huerto a coger peras, pero el que se subió al árbol tenía roto el pantalón y enseñaba las nalgas por lo que otro de ellos comentó con el compañero: “Se lo voy a decir en latín, para que las chicas no se enteren”, con lo que se produjo el siguiente diálogo: “¡Petrus!” (dijo el de abajo), “Cué” (respondió el otro). “¡Que se te viden las nalgus…!” y se quedaron tan conformes.
El catalán es un idioma para andar por Cataluña y me parece muy bien que los extremeños que allí trabajan traten de aprenderlo y utilizarlo, pero allí. Cuando vengan a su tierra, que procuren hablar el castellano más puro, o en su defecto el extremeño castúo que es su verdadero “idioma”. Pienso que son los catalanes los que deben defender su idioma y nosotros el nuestro.
Diario HOY, 7 de agosto de 1986

domingo, 24 de diciembre de 2017

La puerta sigue cerrada


Yo recuerdo, porque los he vivido, los tiempos en que para preguntar cualquier cosa, por nimia que fuera, en un organismo oficial, tenías que pedir permiso a la delegación de Información y Turismo y ésta, a su vez, en muchos casos, tenía que pedir ese mismo permiso a Madrid, si estimaban que el asunto era delicado.
Total, que cuando te llegaba la respuesta, la pregunta estaba ya obsoleta y ni la pregunta ni la respuesta le importaba ya un “pito” a nadie, Como habrán adivinado, me estoy refiriendo a la labor diaria que como periodista nos toca hacer a los profesionales de cualquier medio, que en muchos casos nos solemos tropezar con el muro del silencio o con el portazo.
Ni que decir tiene que me estoy refiriendo a la época de la dictadura, y hay que reconocer que con la “ley Fraga” que llegó por entonces, algo mejoró ésta cerrazón a dar cualquier  tipo de información oficial sin medirla y pesarla, como era obligado entonces. Desde esa ley en adelante ya dependió todo de “los miedos” de cada gobernador de turno.
Si el gobernador era miedoso y temía le volara el sillón por un enfado de los de “arriba”, estabas perdido y había que hacer las preguntas hasta por escrito y aguardar turno.
Pensamos que todo este “centralismo” de Madrid se había ido al garete con la llegada de la democracia y aún, más todavía, con la llegada de la autonomía. Pues amigos, hay que decir que nos equivocamos, el centralismo se ha trasladado ahora a Mérida y la cerrazón allí es más grande que lo fuera en la antigua capital de España. Si usted quiere un simple dato del turismo que pase por Cáceres, que antes te lo daba la oficina local, tiene que telefonear o escribir a Mérida, a Felipe Rodríguez, Jefe del Gabinete de la Consejería de Turismo que, suponemos tendrá que preguntarle al señor Torres, si da o no los datos y éste a su vez, a sus superiores.
¿Y lo de las puertas abiertas?, pues mire, es que como hace tanto calor, si se abren se nos escapa todo el aire acondicionado.
Diario HOY, 14 de agosto de 1985

martes, 31 de octubre de 2017

¿Para qué nos sirven?


Se dice que el propio presidente del Gobierno, Felipe González, está preocupado por el caos económico de las autonomías. Resulta que políticamente el estado de las autonomías puede ser una realidad, pero económicamente es un caos que puede acabar en la quiebra financiera del Estado.
Es público el que las 17 autonomías han generado un déficit e 130.000 millones de pesetas, siendo una parte de ello los sueldos de sus presidentes y consejeros que, en varios casos, cobran más que el propio presidente González.
No obstante esto, la misma comunidad murciana acordó subirse los sueldos en un 30 por ciento, cuando los de cualquier trabajador no han subido, o han subido como máximo menos del 8 por ciento.
No vamos a entrar en esto que es un contrasentido para cualquiera que se lo piense despacio, sino en que el hombre de la calle comienza a preguntarse: “Aparte de generar déficit y subirse los sueldos, ¿para qué nos han servido las autonomías?”
Uno piensa que en todo debe haber una contraprestación y supone que eso que nos viene costando tan caro, entre otras cosas por los generosos sueldos acordados al modo de Juan Palomo —yo me lo guiso y yo me lo como—, debe sernos útil al resto de los ciudadanos para alguna cosa: aminorar los trámites burocráticos anteriores, estar mejor atendidos que con la Administración central anterior, o mejor informados, o más cultivados, o mejor protegidos. Pero se da cuenta de que todo se ha complicado más, aparte de costarnos más caro, y comienza a pensar si las autonomías se van a quedar sólo en la creación de poltronas bien pagadas para dormir, tan ricamente, la siesta, mientras solo los ciudadanos de a pie somos los que nos apretamos el cinturón, para cumplir los criterios de austeridad que propugna el presiente del gobierno, Felipe González
Diario HOY, 16 de marzo de 1984

domingo, 29 de octubre de 2017

El reparto de la herencia


Esto de las autonomías me lo imagino yo —quizás con una simpleza ingenua— como algo similar a cuando un padre da la herencia anticipada a sus hijos. Los hijos podrían ser las regiones que, en la marcha unida de la familia, unos realizaron una carrera, otros se hicieron comerciantes, otros emprendieron un negocio, todos ellos ayudados por esa unión familiar, quedando otros a vivir en la casa, un poco como el hijo pródigo y sus hermanos. Posiblemente los menos favorecidos son los que quedaron a vivir en casa.
A ras de ello, me viene a la mente aquello que se cuenta de que cuando a un padre se le dijo: “¡Qué hijo más feo tienes!”, él respondió: “¡Qué más da, como lo quiero para el campo!
En fin, que nosotros, como el hijo de aquel padre, fuimos los que nos “quedamos para el campo”, en solidaridad de aupar a lo otros que encontraron antes un mayor favoritismo paterno.
Tengo entendido que, históricamente, la idea de autonomía o federalismo comenzó con la primea República, en el siglo pasado, más orientada hacia los restos de nuestro imperio colonial, como Cuba, Filipinas y algo más que nos quedaba, porque aquel Gobierno veía que todo ello se nos iba de las manos, y una forma de retenerlo podría ser aquélla. Pero aquello se entendió mal, no llegó a lograrse, provocándose absurdos como el que Béjar se declarara cantón independiente, quedando la idea principal en aguas de borrajas.
Ahora se lleva más camino recorrido, pero pienso que tampoco —yo al menos— acabamos de entenderlo del todo, ni nos ha servido la lección histórica para mucho. Creo que en ese reparto anticipado de la herencia debió haber unas compensaciones a los menos favorecidos, para que todos pudiéramos marchar con el mismo caudal inicial, cosa que pienso no se ha hecho, porque si de lo que se trataba era de evitar el centralismo de Madrid a cambio de otro centralismo en un punto de cada región, poco o nada hemos conseguido, al menos en nuestro caso y el de otras autonomías pobres, que seguiremos siendo los hermanos menos favorecidos de la familia. Espero que alguien pueda explicármelo.
Diario HOY, 1 de marzo de 1984

domingo, 17 de septiembre de 2017

La bici de Pedro Cañada


Desde luego hay personas que tienen verdadera garra, o carisma si ustedes quieren, para hablar en público y soltar una frase o idea ingeniosa que, a lo mejor, hace reír a la concurrencia, pero que centran la atención en lo que se está diciendo o desarrollando en esos momentos.
No es ni necesario ser un gran orador sino tener ideas originales y expresarlas con toda sencillez para que la multitud las capte y aun para que ría con ellas, porque esa risa ha logrado disparar el mecanismo de atención de la multitud para la que lo peor es el aburrimiento.
Este es un caso muy corriente entre determinadas personas sencillas que, como suele decirse, hablan a la pata la llana, pero logran prender esa atención de la multitud que es difícil lograr para muchos otros.
Un caso así es el de Pedro Cañada. Pedro, en su intervención del pasado domingo en la concentración “antiestatuto” de la Plaza Mayor de Cáceres, hizo una comparación muy curiosa entre la bicicleta y la autonomía, que provocó la risa y el aplauso de la multitud que escuchaba. Más o menos, vino a decir: “Quieren hacer que la bicicleta de la autonomía funcione con una rueda mayor que otra, o poniendo una rueda encima y otra debajo, pero lo que van a conseguir es que la bicicleta no funcione.”
El que más y el que menos comenzó a darle vueltas a la idea y pensó: “En efecto, si las ruedas las ponen como indica Pedro Cañada, no será una bicicleta lo que hagan, sino un velocípedo, ese instrumento anticuado que llevaba una rueda enorme, con los pedales, y otra pequeñita detrás, como pendiente de un rabo metálico, a la que hacía funcionar un señor patilargo con levita y chistera encaramado al artilugio como un mono…”
Porque el velocípedo fue invento anterior a la bicicleta y precursor de ella, ya que el primero se inventó en 1869, o sea, a mediados del pasado siglo, que hacía perder el equilibrio a los que lo cabalgaban.
Ya veremos si el PSOE, encaramado al velocípedo autonómico logra hacerlo funcionar o tiene que recurrir a la bicicleta, que es más moderna.
Diario HOY, 15 de febrero de 1983

lunes, 21 de agosto de 2017

Aquí todo se explica


Como siempre puede explicarse lo absurdo, vamos a tratar de explicar como lo hace el hombre de la calle esa noticia que más o menos dice lo siguiente: “Si se aprueban las enmiendas presentadas por la minoría catalana al proyecto de ley del fondo de compensación, irán cerca de siete mil millones menos para Extremadura y cinco mil millones más para Cataluña.”
Algún “juan extremeño” puede muy bien explicar o admitir la explicación siguiente: “Tienen razón los catalanes por aquello de que en su tierra tienen más población extremeña que la que hay en cada una de las provincias de Extremadura.”
¿No lo dice el pareado popular: Extremadura dos, Cáceres y Badajoz? O aquel otro que surgió para decir que en el norte había tanta población extremeña emigrada como en la propia Extremadura: “Extremadura tres: Cáceres, Badajoz y Avilés.”
Pues haciendo parangón de esos pareados populares, podría decirse, si es que esa petición de la minoría catalana se lleva a efecto, “Extremadura tres, Cáceres, Badajoz y Hospitalet”, porque si bien lo pensamos, en Hospitalet, por citar uno de los puntos de emigración de nuestros paisanos, hay tantos extremeños como en la propia Extremadura.
Claro, que de aprobarse eso y con estas razones absurdas, que son tan buenas como otras cualquiera, podríamos llegar a la conclusión de que esos emigrantes de Extremadura tendrían que tener también aquí, en lo regional, su propia representación, para intervenir en las decisiones que se lleven a cabo en nuestro territorio, que también es el suyo aunque se hayan visto obligados a emigrar Y conste que esto no es nuevo, porque algún partido político viene hablando largo y tendido de este asunto, en el que si se cede, tendríamos que pedir, también en el futuro parlamento extremeño y siguiendo el mismo planteamiento, que estos emigrantes tuvieran sus representantes, con lo que la paridad de las dos provincias —tan discutida— se podría ir al garete y se nos convirtiera no en paridad sino en “triaridad”. Los miembros representantes de la Extremadura de las dos provincias y los miembros representantes de esa otra Extremadura que está por esas cataluñas de Dios,  trabajando. ¿O es que esos paisanos nuestros no tienen también derecho a manifestar su parecer en nuestro futuro parlamento? En fin, amigos, que aquí como en caballería, todo tiene explicación.
Diario HOY, 10 de julio de 1982

viernes, 18 de agosto de 2017

Un idioma para andar por casa


Como ya les dije, he pasado unos días en Cuba, pero puedo agregar que medio Cáceres aprovechó esta promoción turística a La Habana por lo económica, y puedo asegurar que algunos de los hoteles —a juzgar por la gente de Cáceres que en ellos nos juntamos— estaban como la propia calle Pintores cacereña. Es más, hasta el vicepresidente de la Diputación, mi tocayo Fernando Nebreda, formaba parte del grupo cacereño.
El grupo español lo formábamos en mayoría extremeños y catalanes y a cuenta de los catalanes, puedo contarles un caso curioso. Cuando llegó el momento de alojarnos en los hoteles, momento en que habíamos de entregar el pasaporte para confrontarlo con la lista de los viajeros, en la que figuraban los apellidos de cada uno de nosotros, la mayoría de los catalanes no aparecían por ningún sitio, y sus pasaportes no coincidían con los nombres de la lista de alojamiento. Ni que decir tiene que los catalanes, que suelen ser protestones de por sí, iniciaron su protesta y nadie se explicaba cómo no figuraban en el alojamiento… ¿qué había pasado?
Bien, el misterio se fue aclarando poco a poco. Nuestro amigos los catalanes se habían puesto, en el pasaporte español, el nombre en catalán —cosa que pueden hacer— pero los cubanos que sólo hablan español y no catalán, tomaban sus nombres por apellidos y allí no aparecía ningún señor Jordi, ni ningún señor Francesc, ni ningún señor Ferrán (nombres estos que corresponden a Jorge, Francisco y Fernando), aunque sí figuraban los señores López, Pérez y Gutiérrez... y gracias que el grupo no era vasco, porque entonces los transformados hubieran sido los apellidos y cualquier López se llamaría Lopezguerri, cualquier Pérez, Peregundiz y cualquier Gutiérrez, Gutibuturribez… Total, que el cubano de turno se mataba a decir:
“¡Oye, chico, y si tu pasaporte es español porqué no escribes: Jorge, o Francisco o Fernando, en “cristiano” y no nos vienes con esa mandanga que no entendéis más que vosotros… mira, a mí en mi casa me llaman Chucho, y no se me ocurre ponérmelo en el pasaporte…”
En definitiva que, por mucho nacionalismo catalán que haya, ese idioma es para andar por casa o por la península, pero es exagerado ponerlo en el pasaporte.
Diario HOY, 22 de junio de 1982

jueves, 17 de agosto de 2017

El arreglo de la Calle Mayor


Entre las muchas confraternizaciones que Cáceres viene realizando con otras ciudades me complace sobremanera la que tanto en la feria de Cáceres como en la de Badajoz, de hace unos años a esta parte, realiza una ciudad con otra.
Acabamos de celebrar el “Día de Badajoz”, de las ferias de Cáceres, y en las próximas ferias de San Juan, de Badajoz, también se hará, como obligada invitación de vuelta, el “Día de Cáceres”. A decir verdad, este último “Día de Badajoz” de nuestras ferias ha tenido unos lazos más fuertes que los tímidos que se hicieron en ferias anteriores. Participó en ellos el elemento oficial, pero lo importante es que también, al lado de ese elemento obligado hubo confraternización a nivel de calle, que a nuestro juicio es lo más digno a tenerse en cuenta. No fue sólo entregar una bandera, comer juntos y tomarse unas copas, sino que en la calle hubo grupos folklóricos de Badajoz que se escucharon con gusto: charangas y agrupaciones de la provincia hermana que pusieron la nota popular en el festejo y badajocenses de “a pie” que se lo pasaron bomba en nuestras ferias.
A mi juicio, esto es lo más importante, porque no se ama lo que no se conoce y es de ese conocimiento popular del que puede surgir la verdadera hermandad de Extremadura. Yo no sé si quizás soy excesivamente imaginativo, pero pienso yo que la Universidad compartida —esa que de un lado y otro ha recibido tantas críticas— ha sido un poco el vehículo que ha ido acercando a las dos provincia, en un quehacer diario al que no le damos importancia, pero que la tiene.
Esa serie de jóvenes de Badajoz y esa serie de jóvenes de Cáceres que tienen que desplazarse de un lado a otro de la región, para estudiar en las facultades y escuelas de la otra provincia, son los que a mi juicio están haciendo el milagro de este verdadero acercamiento popular que, queramos o no, es un hecho que cada vez afianza más este “recoser” los dos mapas provinciales. Lástima que la única carretera que une las dos capitales siga siendo un camino de cabras, porque de no serlo, más deprisa llegaría esa unión de la que no pueden surgir más que beneficios. Esto habría que pensarlo y poner más énfasis en el arreglo de esa “Calle Mayor” de Extremadura que, aún con todos sus inconvenientes comienza ya a serlo.
Diario HOY, 2 de junio de 1982

sábado, 22 de julio de 2017

El futuro Parlamento Extremeño


Confieso que no creo mucho en la autonomía, como le pasa a un montón de extremeños de las dos provincias. Pero como “los tiros” futuros van por ahí no habrá más remedio que tragarla y procurar que el Parlamento Extremeño del mañana esté trazado con unas normas de equilibrio que no puedan permitir la hegemonía de una provincia sobre otra, sino hecho en pie de igualdad que no pueda suscitar reticencias entre Cáceres y Badajoz, sin que los extremeños y los políticos de una y otra provincia puedan, como suele decirse, arrimar el ascua a su sardina provincial y dejar la raspa a la otra.
Como todo esto es lo que está en candelero y es lo que encendió su polémica en el último pleno de la Diputación —con votación en contra de los diputados socialistas cacereños—, es por lo que quiero hacer unas reflexiones propias con los elementos de juicio que tengo a mano, que puede no sean todos, pero que estimo son suficientes.
Explicado con la mayor sencillez posible, parece que la Diputación de Cáceres —y con ella la provincia a la que representa— quiere que en el futuro Parlamento haya igual número de parlamentarios de Cáceres que de Badajoz. No quiero entrar en si esto se había negociado o no, aunque parece ser que sí. Por su parte, un sector de Badajoz, al que se unen los diputados socialistas de Cáceres, quieren que el número de parlamentarios sea proporcional al número de habitantes de cada provincia, con lo que saldría perjudicada la de Cáceres, que cuenta con menos habitantes. Por otro lado hay un argumento que la Diputación Cacereña no quiere utilizar por no inclinar este desequilibrio a su favor, cual es el que, no obstante, en la provincia de Cáceres hay doscientos dieciocho municipios y en la de Badajoz sólo ciento sesenta y dos que, al ser entidades autónomas, podrían muy bien aspirar a tener representación parlamentaria, pero el argumento no beneficiaría a Badajoz y, conscientes de ello, los cacereños no lo utilizan, pidiendo a cambio que haya un pie de igualdad representativa para ambas provincias. Sin entrar en sus argumentos, que “liarían más la pelota”, la aspiración de Cáceres es así de sencilla para integrarse en ese Parlamento, pero los políticos de Badajoz se aferran al número de habitantes —que les beneficia— como se aferran —y esto es más alarmante— el grupo de diputados socialistas cacereños.
Dicho esto, que cada cual saque las conclusiones oportunas, de las que pensamos que en regiones con más provincias cabría esa proporcionalidad —aunque el algunas, como las vascas, no se ha admitido—, pero en una región con sólo dos provincias sería discriminatorio para la de menor número de parlamentarios.
Diario HOY, 24 de noviembre de 1981

El sarampión y los medallones


Pienso yo que las democracias, como las personas, tienen sus enfermedades que se superan con la edad, pero que hay que pasar, como por ejemplo las personas pasan el sarampión o la escarlatina. Son enfermedades obligadas que hay que pasar a determinada edad, porque si se pasan cuando la persona es ya mayor, entrañan más peligro, pero pasadas en su momento no suelen tener mayor importancia y hasta los antiguos médicos las llamaban “enfermedades del crecimiento”, y es más, las madres, cuando uno de los pequeños tenía el sarampión, preferían que el resto de los hermanos se contagiaran de él para evitar que lo pasaran a edades mayores que entrañaban mayor riesgo.
Creo que todas estas enfermedades se llaman “eruptivas”, porque brotan a modo de erupción y suelen ser contagiosas.
Bien, pues uno de estos sarampiones que suelen pasar algunos de nuestros partidos políticos de la democracia, yo los he catalogado como el momento patológico —aunque quizás no grave— de “los cambianombres y descuelgarretratos”, que se manifiestan en el afán de enmendar lo pasado y no aceptar lo que ya es historia, cosa que entraña el peligro de entretenerse mirando hacia atrás y no ver lo que se tiene por delante. En este momento patológico se encuentran algunos miembros de nuestros partidos socialistas acusando algunos síntomas claros de esta enfermedad que yo suponía iba a ser más pasajera. Como ejemplo podría valer una moción presentada al Pleno de la Diputación de Cáceres relacionada con una interpelación formulada en el Congreso por varios diputados socialistas de Badajoz a los que no les agrada que en el salón de sesiones de la Diputación cacereña sigan figurando dos medallones con la imagen de Franco y de José Antonio. Estos medallones figuran al fondo, porque en el lugar preferente figuran otros dos con la imagen de los Reyes de España, hechos por el mismo artista. Pues bien, entre los argumentos que el diputado socialista cacereño, César Martín Clemente presentó en esa sesión pidiendo que se quitaran, figuró uno —entre otros muchos— realmente insólito: pedía que se quitaran porque tanto el de Franco como el de José Antonio estaban muy mal hechos, aunque los de los Reyes no estaban tan mal… No se salió con la suya, claro, pero creemos que no pensó que el argumento estético se le podía haber vuelto, en el sentido de que la Corporación acordara encargar otros dos en los que la efigie de Franco y José Antonio alcanzaran mayor parecido.
Confiemos en que el “sarampión” pase y los que lo padecen se dediquen a algo más constructivo.
Diario HOY, 21 de noviembre de 1981

lunes, 10 de julio de 2017

¿Y qué es lo que gana el pueblo?


El hombre de a pie, el hombre de la calle, marcha muchas veces con retraso. Recuerdo que cuando lo del sindicato vertical, algunas de estas gentes sencillas comenzaron a enterarse de lo que era cuando lo quitaron. Pues bien, ahora parece que el “Juan del Pueblo”, o “José Poviño” como le llaman los portugueses, va a sufrir el mismo despiste de interpretación con las autonomías, aunque no se atreva a afirmar que se enterarán de lo que son cuando las quiten.
Viene esto a cuento de que algunos se asombran cuando algunas entidades dedicadas a estos menesteres afirman, tras de encuestas hechas en diversas regiones, que “las autonomías aumentarán la presión fiscal”. La encuesta que comentamos es una hecha por “Sofemasa” para el Centro de Estudios y Comunicación Económica, que por cierto pasa por alto la opinión de los extremeños en cuanto a la autonomía, y que viene a decir que el primer fenómeno negativo para el hombre de la calle es que habrá un aumento de la presión fiscal, así como que estiman también negativo la movilidad de los trabajadores por el territorio nacional que quedará limitado por las “diversas nacionalidades”…
¿Pero es que se creía que los mayores gastos de la autonomía, la duplicidad de nuevos cargos y el montar una nueva burocracia a nivel regional iba a ser gratuito? En cuanto a los trabajadores, ¿es lógico que cada región reserve sus puestos de trabajo para sus administrados regionales?
Decía nuestro paisano Roso de Luna que la evolución del mundo se mueve no en círculos, sino en espirales que a veces parecen en retroceso pero que luego a la larga no lo son. ¡Ojalá no se equivoque el fallecido y sabio paisano, porque a veces parece que esto de las autonomías es volver a los antiguos reinos o a las taifas!
Entonces, para financiar lo que pudiéramos llamar la administración del reino o la ciudad se cobraban toda clase de alcabalas, portazgos y derechos de paso del ganado y de otros productos de los otros reinos o nacionalidades… ¿No se intentará ahora hacer otro tanto, y por consecuencia dar un paso atrás en la economía? Yo no lo sé, pero el que haya varios “listos” que se han lanzado a ocupar cargos regionales bien remunerados me tiene un poco mosca, porque, oiga, los sueldos de esos ministros regionales, como el de los nacionales, salen de los mismos bolsillos, o sea, del mío y del suyo, y la verdad, como “socios” de este negocio, ¿qué ganamos usted y yo?
Diario HOY, 7 de agosto de 1981

¿Un nuevo juicio salomónico?


No ha caído bien aquí, entre mis paisanos, las declaraciones del alcalde de Badajoz, Luis Movilla, que ha dicho que su ciudad “es la de mayor prestancia para representar como capital a la región”, saliendo al paso del acuerdo de UCD y anterior del PSOE de proponer a Mérida como sede de las instituciones autonómicas. Por ello, el alcalde en funciones de Cáceres, Jesús Guirau, se ha apresurado a declarar que para capitalidad como Cáceres ninguna, porque es la ciudad que cae más en el centro de la región —la más centrada—, aunque a veces sus políticos se descentren, como es el caso de un senador que, lejos de defender una tesis equilibrada que beneficie a Cáceres —la ciudad a quien representa— se inclina por el desequilibrio, hasta el punto de que por aquí se han preguntado: “¿No será que en las próximas se va a presentar a senador por la otra provincia? Al fin y al cabo él no es de ninguna de ellas.”
En fin, sin entrar en profundidades, lo que me temo es que los alcaldes de las demás ciudades de las dos provincias comenzarán a hacer sus declaraciones en el sentido de decir: “Para capitalidad la de mi ciudad, que es más guapa, o más alta, o más rubia, dicho sea sin ánimo de ofender a nadie, ni con deseos de alabarme.”
A mi esto me recuerda la fábula del reparto que hizo el león, que acabó diciendo: “Y esta parte más grande me la llevo por ser el león, y el más fuerte.” Esa sería la tesis de Badajoz, en la simplicidad de las declaraciones de Movilla y olvidando que nuestros hidalgos —tanto los de Cáceres como los de Badajoz— le decían al rey: “Como hidalgo, señor, valgo tanto como vos y todos juntos valemos más que vos.” Porque todas las provincias con su capital, son hidalgos que valen tanto unos como otros, y aun tanto como el rey, y lo que importa no es el tamaño, sino la unión, porque todos juntos valemos más que el rey, pero desunidos no. Los hombres son hombres, aparte de su tamaño, y las provincias provincias pariguales, aparte de las dimensiones de sus capitales o pueblos…
Por ello, yo pensaba que el gesto de los de UCD de Cáceres se tomaría por generoso, ya que no han pedido esa capitalidad para ninguna ciudad de su provincia, ni para ellos, sino para una ciudad de Badajoz… ¿Qué hubiera dicho Movilla, si esa capitalidad se pide para Trujillo, o Plasencia, o Coria, ponemos por caso? En fin, que a los alcaldes no hay quien los entienda.
Diario HOY, 6 de agosto de 1981