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jueves, 8 de febrero de 2018

Yo no acabo de entenderlo


Verán ustedes, les voy a hablar con toda sinceridad. Yo en esto de las manifestaciones y huelgas, con “toma” de edificios, corte de carreteras, etc, no estoy totalmente de acuerdo. Estoy de acuerdo en que la Constitución reconozca el derecho a la huelga y manifestaciones en casos extremos y con las autorizaciones debidas, porque ello es un síntoma de libertad que todos debemos acatar, pero teniendo siempre en cuenta que nuestra libertad acaba en el momento en que chafemos la libertad de los otros, porque en ese caso no estamos acatando la Constitución, sino pasándonosla por las narices. Por ejemplo, pienso que una manifestación de protesta porque el Gobierno no hace caso a un colectivo, como los jornaleros o los estudiantes, no “casa” muy bien con el corte de carreteras, en el que paga el automovilista que tiene que utilizarla y que no toca pito alguno en el Gobierno o con la ocupación de una oficina, sin dejar trabajar a los que están dentro de ella, ni atender a los que allí van a resolver algún asunto, que son tan ciudadanos como los que protestan y tienen igual derecho a que se les atienda. Tampoco veo muy claro el que el Gobierno monocolor y de un solo partido, niegue una cosa, y que el sindicato de ese partido, del Gobierno, en este caso la UGT, la organice en la calle cuando en muchos casos son las mismas personas en uno y otro lado, tienen la misma disciplina de partido, etc. esto no parece muy serio.
En fin, yo puedo estar equivocado, pero si es el Gobierno el que niega algo, córtesele la carretera u ocúpesele el despacho a los representante de ese Gobierno, pero no a los ciudadanos de a pie, que a lo mejor estamos hasta de acuerdo con jornaleros y estudiantes y simpatizamos con su protesta.
Diario HOY, 29 de enero de 1987

Olvidarse de lo principal


La asistencia a los plenos, sobre todo a los provinciales, los de la Diputación, es muy ilustrativa y aleccionadora. Es lástima que esa asistencia pública de la que tanto se habla, no siga dándose como dicen que se daba, aún en Cáceres, durante la época de la República. Es más, tengo oído, aunque no puedo afirmarlo, que en algunos de los plenos municipales, que eran públicos, como son los de ahora, la asistencia era grande y había un turno en el que el público asistente era invitado a hablar de una forma ordenada, con lo que se les condecía voz, aunque no voto, en los asuntos que podrían ser de un interés público.
Tengo leído, en algún periódico de la época, que en el mes de julio del 36 se celebró un muy movido pleno municipal, con intervención del público asistente, en el que se “ventilaba” —como suele decirse— el nuevo abastecimiento de aguas a Cáceres que venía avalado por el propio alcalde don Antonio Canales, que quedó aprobado y que no pudo efectuarse porque la guerra trastocó todos los planes y la historia prevista. Quede eso aparte y valga sólo para decir que la asistencia de público a los plenos era una cosa corriente en la época, que ahora se ha perdido totalmente, pero que sería muy aleccionadora para muchos de nuestros convecinos y para conformar su futura actuación en los próximos comicios.
Por hablar solo del más próximo, el de la Diputación, diremos que daba pena ver debatirse a los cuatro diputados de AP, contra los 14 (creo que eran esos) del PSOE. Como decía en broma en los pasillos, a ellos mismos, el presidente Manuel Veiga: “Os dejamos hablar un poquito, para que desahoguéis, luego os damos un golpe de rodillo y asunto concluido”.
Lo malo de todo esto es que los líderes del partido de oposición todo esto lo desconocen, porque siguen luchando por ver quién de ellos se lleva el sillón, importándoles un comino el futuro de su ideología.
Diario HOY, 25 de enero de 1987

La manifestación está servida


El que se dedica a estas cosas del periodismo suele preguntar en su redacción por las mañanas: “¿Qué tenemos para hoy?”, y la respuesta de estos días suele ser: “un par de manifestaciones por diversos motivos y un montón de ruedas de prensa a elegir”.
El motivo de los convocantes de una cosa y otra, motivos que entran dentro del más estricto juego democrático, no es otro que dar a conocer una situación de los colectivos que representan que ellos consideran injustas y en las que se supone han agotado todos “los pasos” normales que en una democracia pueden darse para la modificación de esas situaciones consideradas anómala, buscando únicamente el salir en la prensa (y todos los medios informativos) convirtiendo su protesta en noticia, porque se supone que de otra forma no harán caso a su gestión. Hay que encerrarse, cortas las carreteras, convocar huelga de hambre, en fin hacer algo llamativo para convertir la protesta en noticia y que los poderes públicos los escuchen. A veces se aduce que como existe un gobierno hegemónico, no hay forma de protestar por otros cauces porque su hegemonía barre cualquier gestión que pudiera suscitar la oposición de turno. Cierto que en estos casos es más lógico acudir a esa forma de protesta de la manifestación, la rueda de prensa, el corte de carreteras, la huelga de hambre, etc… dentro de los mecanismos que concede la democracia, pero a mí me queda siempre la duda de si se han empleado los otros “pasos” menos llamativos, sobre todo cuando ves en la protesta a miembros sindicales que al par son autoridades constituidas que dan la sensación de negar por un lado y pedir por el otro, cosa que de ser cierta, no parece del todo seria.
Lo malo es que los verdaderos “portavoces” somos los medios informativos y muchas veces tenemos la duda de si lo que “portamos” es artículo de recibo.
Diario HOY, 22 de enero de 1987

lunes, 5 de febrero de 2018

El berrinche de Simón


Eugenio Simón, socialista y por ello vicepresidente de la Diputación, tiene un berrinche tremendo porque el tribunal contencioso administrativo de la Audiencia obliga a la Diputación a cumplir la sentencia del hospital, la célebre sentencia que no voy a explicar de nuevo a ustedes. Lo dijo en el pleno corporativo y se hacía cruces (dicho sea con perdón) porque según él esa sentencia vulnera el artículo 140 de la Constitución y un montón de artículos más, produce indefensión y atenta a la autonomía que la Diputación debe tener e infringe un montón de preceptos legales más que él —y lo recalcó— con 31 años de ejercicio de la abogacía, no logra entender, Es más, se extendió en preguntar qué hacen ahora, admitiendo a unos y echando a otros, “¿habrá que preguntar a ese tribunal cómo lo hacemos?”, decía, para agregar un poco en tono de amenaza, que no sabían ni cómo ni cuándo pagarían las indemnizaciones a que la sentencia le obliga.
Eugenio Simón tenía un disgusto tremendo, posiblemente porque, como jurista, había presumido (ya lo hizo públicamente en algún pleno) de que los equivocados eran los jueces y tenían que rectificar con aquel recurso de amparo que se empeñó en intercalar y que siguió el mismo camino que otros recursos aducidos por él.
Yo lo que me pregunto es, ¿por qué nos empeñamos siempre en ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio?. Si Eugenio Simón, jurista, tiene una sentencia delante y sigue sin creérsela, no le queda más que ir a los jueces que la dictaron (como ya le apuntaron en el propio pleno) y preguntarles a ellos si es verdad lo que está escrito allí. Lo malo es que sus compañeros de grupo hicieron suyas las dudas de Simón y sus palabras, sin tener la humildad democrática de acatar la justicia, aunque no nos dé la razón, por muy socialista que seamos. Afortunadamente, a los jueces sigue sin impresionarles que el que mande sea muy fuerte.
Diario HOY, 21 de diciembre de 1986

sábado, 3 de febrero de 2018

Cómo celebrar la Constitución


Yo no sé qué habría que hacer para que todos conociéramos la Constitución y la aplicáramos como método de convivencia en cada momento de nuestra vida y en las relaciones con los demás. Estoy por asegurar que si son pocos los españoles que han leído completo “El Quijote” —llevando muchos más años y estando considerada como la mejor novela del mundo— mucho menos son los que han leído completa la Constitución, que debe ser nuestra norma de vida y comportamiento. Es más, estoy por asegurar que muchos de nuestros alcaldes y políticos tienen tal “galleta” mental, entre la Constitución actual y los pasados Principios Fundamentales del Movimiento, que mezclan una cosa y otra y se quedan tan anchos, aunque cada dos por tres invoquen la democracia y las leyes que la rigen a todos los niveles. De otro modo no se explican los muchísimos “zapatazos” que nuestras  autoridades dan, realizando cosas que, cuando tienen trascendencia y hay reclamaciones, acaba demostrándose que eran anticonstitucionales, no por mala uva del “aplicante”, sino por desconocimiento supino de la “Carta Magna” que ahora debe regir nuestra convivencia, y que conmemoramos en estos días, con fiestas, recepciones músicas y premios, pero no aplicándonos al estudio de ella, que sería lo más interesante.
Seguro que ustedes pueden argumentarme que muchos automovilistas hay conduciendo sus vehículos y no se saben entero el Código de la Circulación, lo que entraña un peligro para el resto de los ciudadanos. Cierto, pero también está la Policía y la Guardia Civil de Tráfico, que te cascan un multazo si averiguan tu ignorancia en la aplicación de la norma.
Por todo lo dicho, yo propondría que estas celebraciones anuales supusieran una especie de examen de revalidación de los artículos constitucionales, pero no a los niños, sino a los que ostentan mando, que son los que más obligación tienen de sabérsela.
Diario HOY, 6 de diciembre de 1986

La difícil democracia


Los políticos tienen que aprender a escuchar lo que no les gusta y aguantarse. Los tiempos democráticos han traído otros aires y parece que algunos de nuestros políticos no se han enterado de que cada cual puede tener su criterio, no coincidente con el del político de turno, y puede expresarlo correctamente en cualquier lado, sin que el político deba sentirse ofendido por ello. Pensar de otro modo es obligar al continuo aplauso que demandaban, y siguen demandando, los políticos dictatoriales. Las disciplinas de partido sólo obligan a los afiliados a ese partido, no al resto de los ciudadanos, que pueden tener su criterio propio, no coincidente con esa disciplina, y decir a los que gobiernan lo que les parece su gestión, con toda sinceridad. Tenemos que aprender a decir no, y acostumbrar al político de turno a escuchar el no, olvidándonos de decir amén, como ya hemos dicho demasiadas veces.
Es muy difícil aprender la asignatura de la democracia, aunque se nos llena la boca de ella. Estos días atrás, con motivo de los aniversarios de Franco y José Antonio hubo una serie de celebraciones, de los que siguen esas ideas, en las que se cantó el “Cara al sol” y se levantó el brazo. Uno, de bando contrario, señalaba como a un delincuente a una determinada persona que había estado en la celebración levantando el brazo y cantando ese himno de la Falange. El aludido se defendía diciendo: “Hago exactamente igual que tú en tus celebraciones, en las que levantáis el puño y cantáis “La Internacional”, porque en la democracia ambas cosas caben y son respetables, aunque aún haya alguien que no lo comprenda.”
Por ello, sin entrar en el fondo de la cuestión, creo que tiene razón el profesor Marino Barbero cuando, refiriéndose a los incidentes ocurridos en Plasencia con el Presidente de la Diputación, dice: “Muchas autoridades sólo quieren entender los elogios”. Es cierto y creo que tenemos que profundizar más en la democracia.
Diario HOY, 4 de diciembre de 1986

sábado, 20 de enero de 2018

Los estrictos principios democráticos


Me preocupa a mi personalmente, y creo que a muchas personas más, de las que formamos nuestro pueblo, las respuestas desproporcionadas que se nos da para muchas de las cosas que tenemos entre manos y que hemos de resolver pacífica y democráticamente, porque nuestros representantes —los de ahora y los que se elijan del mismo modo— los hemos elegido nosotros en democracia y hemos de esperar que con la Constitución en una mano y la democracia en la otra nos respondan a nuestras dudas y a nuestras aspiraciones —de manera informada por esas dos fuentes de que hablamos— y del mismo modo, cualquier petición que como pueblo hagamos deberá estar también dentro de esos cauces.
Viene esto a cuenta de la desaforada respuesta que, con amenaza de incoación de expediente, dio la Junta de Extremadura a los cazadores cacereños, reunidos en asamblea para protestar de aspectos legales de la caza y de la actuación de quien los lleva, basándose en que había presuntos indicios de manipulación por parte de la Federación que los representa. Pues bien, aún así —aunque los hubiera habido— no puede responderse con la amenaza por una simple sospecha, de una actuación que está dentro de las más estrictas normas constitucionales y democráticas que nos amparan. Lo de la Junta parecía una rabieta para defender a un director general que, según los cazadores a los que rige, lo viene haciendo muy mal. Si a los cazadores se los priva de opinar la gestión del que rige su deporte, lo que se está haciendo es cualquier cosa pero no democracia.
Desde luego ahora hay cosas que no se explican, como por ejemplo, a un representante de “Adenex” en una manifestación en la que en una pancarta se pide “goma-2 para Almaraz”. ¿A qué carta nos quedamos?, ¿a la democracia pacífica o a la de las medidas drásticas?.
Diario HOY, 27 de mayo de 1986

sábado, 13 de enero de 2018

Que usted lo vote bien


Como es hoy día de comicios, de entrada deseamos que usted lo vote bien, o no lo vote, porque como hay partidos que abogan por la abstención, ya no sabe uno qué desear a sus convecinos.
Lo que sí deseamos a todos son buenos modos, porque en muchas ocasiones estamos perdiendo los papeles a cuenta de salirnos con la nuestra, cada uno con la suya, y esto va en contra de la convivencia. No se puede uno llamar pacifistas —es un ejemplo— y destrozar lo que tiene delante, como dice el alcalde que ha sucedido en el Pabellón Polideportivo Municipal, tras de celebrar un acto para el que fue prestado a los pacifistas. Pues si es verdad, Dios nos libre de estos pacíficos.
No puede uno echar la democracia por delante y no comenzar dando ejemplo. Pienso que en general los españoles estamos muy mal dotados para la convivencia y esto podemos observarlos en cualquier reunión de amigos. Al que más se le escucha es al que se impone porque da las voces más altas que los demás, no porque sea muy razonable lo que dice. Nadie escucha al que habla bajito y mesurado, por muy genial que sea lo que diga. Hay una cuestión que no hemos aprendido todavía los españoles y es a escuchar a los demás Aquí cada uno suelta su rollo, aunque sea en reuniones de amigos íntimos, y nadie para mientes en el rollo ajeno, sino en el propio, dándose el caso de que no hemos aprendido a dialogar, sino más bien a monologar, imponiéndonos por mayores voces o peores modos, a los demás. Esto claro, es todo lo contrario de lo que se llama democracia, que es respetar las opiniones ajenas y que los demás respeten las propias, razón por la cual la democracia para muchos sigue siendo un apostolado del que estamos a años luz todavía.
Esperemos que hoy, al menos, respetemos la consulta electoral y todo transcurra por los mejores y más pacíficos caminos de la convivencia.
Lo dicho: que usted lo vote bien.
Diario HOY, 12 de marzo de 1986

jueves, 14 de diciembre de 2017

El primer club republicano


No sé por qué, en España, los cambios y las nuevas formas de lo que sea, a través de la Historia, han solido desencadenar un ateísmo que podríamos calificar de carnavalesco, porque siempre viene dado por una falta de formación y de sentido común. Esto ha ocurrido en algún programa de televisión, pero esto no es nuevo, sobre todo en Cáceres, donde por 1868 ocurrió lo que vamos a contarles.
En aquel entonces y en el periodo comprendido hasta el 1873, Juan Guillén Barroeta, regente de imprenta, fundó el primer centro republicano de Cáceres, que estaba instalado en el número 5 de la calle Carniceros (hoy Sergio Sánchez). Guillén fue también concejal de nuestro Ayuntamiento, fundador del Casino de Artesanos y propietario director del periódico “El Faro del Pueblo”, pero en lo de la fundación del Club Republicano no tuvo mucha suerte porque aparte de cuatro o cinco personas “de orden” y con un poco más de formación se “apuntaron” al club una verdadera chusma sin mucha formación en ningún sentido y que respondía más que por el nombre, por sus respectivos “alias”: “El mocito del barrio”, “El Caldobuche”, “El Cerandero”, “El Frutos”, Hilario “El Ciego”, etc.
Las sesiones se orientaban en demostrar que no había Dios. En una de ellas, Luis García “El Frutos”, le dio al Sumo Hacedor cinco minutos para que lo pulverizara en el acto y, de no ser así quedaría demostrado que Dios no existía. Pero la peor demostración fue la propuesta por Hilario “El Ciego”, que en un arranque de igualitarismo social pidió que, si era verdad que Dios existía, dejase también sin vista a toda la concurrencia. La petición le granjeó el ser expulsado del club a patadas y violentamente… sería por si acaso.
Diario HOY, 1 de mayo de 1985

jueves, 7 de diciembre de 2017

Entender al pueblo llano


Lo malo de las herencias es que se terminan y hay que arbitrar otras fuentes de ingresos, porque no se puede ir por la vida sólo de heredero. Tan se no gastan las herencias que la renta per cápita de los españoles de pocos años a esta parte se nos ha convertido en la mitad de lo que era y, como suele decirse en la Bolsa, seguimos con tendencia a la baja. Porque, dicho sea de paso, lo que nos importa a los hombres de la calle, partidos y tendencias políticas aparte, es que nuestro poder adquisitivo no vaya disminuyendo, nuestra cesta de la compra no esté cada vez más cara y  con menos artículos de los que tenía, nuestro puesto de trabajo no este más inseguro porque cada vez se cierran más industrias, y no se abren ningunas; que cada vez nos suben más los impuestos, sin darnos opción a enjugar nuestro déficit particular por aquello de las incompatibilidades —en muchos casos—, porque aumenta el paro, porque se nos engaña en todo, aun en esto y, porque dígase lo que se quiera, vamos a marchas forzadas a la España de la alpargata de la que salimos hace años, por las razones que fuera —que no deseamos nos expliquen porque muchos las vivimos— y los políticos de ahora no saben más que destruir sin crear, lo que no puede más que llevarnos todo lo cuesta abajo que ahora vamos y sin horizontes halagüeños para los que formamos el pueblo y no tenemos cargos políticos de los que sacar alguna renta.
Sé que contarles esto a políticos bien pagados, a todos los niveles, es un poco tontería,  porque uno mide por uno mismo y a ellos el nivel les ha aumentado, casi a cambio de nada, por lo que habrá que esperar a que se les termine “el chollo” —si es que logramos que se les termine— para que comiencen a entender al pueblo llano y sus angustias.
Diario HOY, 14 de febrero de 1985

sábado, 2 de septiembre de 2017

La expectación de la “larga noche”


La madrugada del 28 al 29 se nos pasó a los periodistas en felicitar al PSOE por su triunfo y en consolar a los de UCD por su derrota, todo ello aparte de apuntar y computar los datos que iban llegando a la sala de prensa del Gobierno Civil donde, todo hay que decirlo, no llegó a funcionar lo más nuevo, o sea las terminales, y hubo que llevar el cómputo principalmente por los sistemas tradicionales, con lo que queremos decir que tanto los funcionarios de allí, como los de tráfico y estadística “pringaron” lo suyo, porque a decir verdad, nuestra provincia fue una de las primeras que aportó datos a Madrid, sin que se notara en absoluto el fallo de la más nueva de las sofisticadas electrónicas-computadoras. Vaya por tanto la felicitación por la eficiencia a estos funcionarios, que bien se lo merecen.
Gozamos además de la presencia y compañía del “líder” Proverista, don Joaquín, que nos acompañó toda la noche y que viendo que su partido se quedaba en el alero, se consolaba viendo cómo tampoco los “suaristas” levantaban cabeza.
En esa larga noche hubo ocurrencias para todos los gustos. Uno de los extremados del ala derecha decía: “Vamos, menos mal que han salido los socialistas, que nos van a traer lo que Franco nos quitó”… Cuando alguien le preguntó qué era ello, respondió… “el hambre y las alpargatas”, con lo que, aparte de evidenciar su inclinación, señalaba, quizás con negros tintes, una de las mayores dificultades que se le presentan al PSOE, cual es que ahora, con mayoría, tiene que gobernar con mucho tiento, pues a decir verdad no es precisamente “un caramelo” lo que UCD le deja en las manos. Así es la democracia. Hay que acatar las decisiones del pueblo y desear que los socialistas sepan hacerlo a las mil maravillas, porque en definitiva lo que está en juego es el progreso del país, que según estima el pueblo puede llegar gracias al PSOE, que ahora tiene en sus manos el “testigo” y cuatro años por delante para demostrar que sabe hacerlo.
No es fácil ganar unas elecciones, pero las dificultades de verdad para cualquier partido, y el socialista no es una excepción, radican en gobernar bien desde que se ganan las elecciones en adelante, sin defraudar a la propia parroquia y a los que sin ser parroquianos pusieron la fe de su voto en ellos. Unos y otros quedamos expectantes en esta etapa que comienza tras los comicios.
Diario HOY, 30 de octubre de 1982

El día de la verdad


Yo tengo mucha fe en el civismo de nuestro pueblo. Es más, pienso que muchas veces no se observa este civismo, o se ignora, porque no hay quien le pida al pueblo que sea cívico. Prueba de lo que digo es que ayer, el propio alcalde de Cáceres reconocía ante los medios informativos que la operación de mantenimiento de limpieza de la ciudad, durante la campaña electoral, se había llevado bien por todos, quitando alguna simple transgresión de algún pequeño grupo o partido que no podía ensombrecer el buen cumplimiento de las normas que la totalidad de los partidos y ciudadanos habían observado. En su mayoría, los partidos se adaptaron a los espacios que se les habían dado para poner su publicidad. Sobre todo hay algo que tenemos que destacar, y es que todos ellos habían respetado el pacto de no ensuciar la Ciudad Monumental con propagandas y mantener en lo posible limpias las fachadas del resto de nuestra ciudad.
Dicho esto, pienso yo que nuestro pueblo tiene sensibilidad cívica y sabe cumplir cuando así se le pide, por lo que supongo que hoy, ese mismo saber estar y cumplir se manifestará igualmente en los colegios electorales, donde los cacereños iremos a depositar nuestro voto, aunque en algunos momentos habrá las consiguientes colas. Estamos seguros de que los 305.672 electores de nuestra provincia sabrán cumplir cívicamente con este derecho y deber que nos impone la democracia. La lucha electoral pasó y hoy es el día de la verdad, tras la meditación que debimos hacer ayer sobre  nuestra forma de decidirnos y de comportarnos. Algún amigo me decía que tras el atracón que nos han dado los diversos partidos, poco era un día para meditar, pero pienso que con atracón y todo, cada cual ha decidido ya anteriormente —aun antes del día de meditación— lo que va a llevar en su papeleta. Quedará después la incógnita que iremos conociendo durante la madrugada con el escrutinio de todo lo depositado en las urnas. Lo que sí hay que decir es que muchos convecinos estarán este día trabajando, escrutando y agilizando esos resultados. Son los que estarán en las mesas, en los dispositivos de recuento y en los de transmisión de datos. Ellos, en cierto modo, se van a “machacar” por los demás; pues bien, demostremos también nuestro civismo respetando ese trabajo y, si es posible, ayudándoles a realizarlo.
Diario HOY, 28 de octubre de 1982

domingo, 30 de julio de 2017

El "juicio de residencia", una sana costumbre desaparecida


Ahora que estamos con las nuevas leyes democráticas, constitucionales, etc., como “chiquillo con zapatos nuevos” —cosa que nos parece muy positiva— es oportuno recordar que en España ha habido leyes ejemplares —cumpliéranse o no, que esto es harina de otro costal— que en muchos casos han servido al mundo como inspiración de bien hacer y ordenar. No queremos remontarnos a las primeras leyes internacionales que creara el padre Vitoria, ni hacer un examen de las “Leyes de Indias”, que también tuvieron su ejemplaridad teórica, sino de algunas otras más próximas, como podría ser la Constitución de las Cortes de Cádiz, que luego derogó Fernando VII —un nefasto rey si los hubo—, pero que sirvió de inspiración a otras constituciones centroeuropeas y en ellas se ha mantenido hasta hace poco, o bien, a  los antiguos “juicios de residencia” que solían hacerse a las persona que habían ejercido cargos públicos, tras de su mandato pidiéndoles cuenta de todo lo hecho.
Recordamos a este respecto que el quijotesco y popular médico cacereño que fue don Ricardo Becerro de Bengoa, desaparecido ya, pero fundador de asociaciones e inquieto promotor de actividades, lo repetía cada dos por tres: “Hay que volver a realizar los juicios de residencia a los que han ejercido cargos importantes y tras ellos se verá la honradez o no de los que nos gobiernan.” Ni que decir tiene que nadie hizo caso a don Ricardo y hasta se le tildó de loco, pero para mi que, si hubiera vivido en estos tiempos de apertura, su proposición no está tan fuera de lugar como algunos decían, ya que el “residenciar” era una vieja —y sabia— tradición española que quizás por insólita obligaba a una continua honradez a los que mandaban, por saber que al final del mandato se le haría un juicio para pedirle cuentas.
Cuentas de este tipo rindieron en nuestra mejor época: el Gran Capitán, cuya respuesta a esta petición se hizo célebre con las llamadas “Cuentas del Gran Capitán”; pero todos los virreyes que ejercieron cargos, y de ahí para abajo todos los que desempeñaron cargos públicos administrando dineros ajenos, tenían que pasar por estos “juicios de residencia” y dar detallada cuenta de todo, respondiendo con su propio capital y hacienda de lo que podía dárseles “por comido” y si no, terminando en la cárcel para pagar su culpa. Podríamos citar numerosos ejemplos de personajes famosos que así acabaron, pero no es éste el caso, sino simplemente el preguntarnos: “¿Aguantarían hoy, muchos de nuestros cargos públicos, los mencionados “juicios de residencia?”
Diario HOY, 21 de enero de 1982