lunes, 21 de agosto de 2017

Los viejos lugares de baño de los cacereños


Anterior a la proliferación de piscinas en Cáceres, donde las hay de tipo público y aun privado en la actualidad, para dar y tomar, ya que la mayoría de los chalet más o menos próximos cuentan con las suyas, instaladas con las garantías de depuración que se exigen en el momento, yo he conocido el Cáceres ayuno de piscinas públicas y privadas, donde la juventud de aquel entonces, cuando apretaban los calores, buscaban cualquier charco para remojarse en plena canícula.
Ni que decir tiene que en ellos no había las garantías sanitarias que hoy se exigen, ni el permiso paterno y familiar que hoy se concede. Sucedía que los chavales de entonces, sin que sus familiares lo supieran, se iban a remojar —y a veces a ahogarse— donde buenamente podían y luego tenían que disimular, hasta embarrarse con tierra o arena para que en casa no se notara que habían estado en tan peligrosas prácticas, porque aquí —todo hay que decirlo— había bastante miedo al agua y la mayoría de los cacereños de la capital no sabían nadar, o nadaban mal, en aquel entonces.
Entre los puntos próximos más utilizados entonces, figuraban las charcas o abrevaderos de ganado: la del Rodeo, la Musia, la Charca de la Bala, la del depósito de aguas del Vivero, que se llenaba con un molino de viento muchas de ellas desaparecidas ya.
Entre las que pudiéramos llamar de agua corriente, figuraba “El Marco” y el “Charco del tío Pepe”, en las inmediaciones de Fuente Fría, o los zonches que tenían las huertas para otros usos, que también se utilizaban para esto, entre los que figuró como más famoso el “Zonche Villegas”, frente a la gasolinera “Temis”. También estaban los depósitos de agua de las minas de Aldea Moret, entre los que era famoso “El cuatro”.
Más lejos estaban los Barruecos, en Malpartida, o los charcos que quedaban en el Guadiloba, pero eran más para la excursión dominguera, como lo eran los del Salor, por “El Galindo”.
En fin, que el darse un remojón entonces tenía sus visos de aventura y hasta el regusto de hacer algo prohibido. Muchos de mis lectores recordarán aquello y podrán apreciar lo que va a de ayer a hoy, transformación ocurrida en menos años de lo que podría pensarse. Hoy es raro el cacereño que no tiene el bono de piscina o hasta piscina propia y desde luego, ahora lo raro es no saber nadar, aunque siga ahogándose la gente.
Diario HOY, 13 de julio de 1982

Un manuscrito de Mario Roso


Conste que el libro al que voy a referirme me lo ha regalado mi buen amigo Juan Ramón Marchena, que poseía dos ejemplares, y sabiendo de mis aficiones a todo lo que se refiere a Cáceres y provincia tuvo la amabilidad de hacerme este regalo. Lo digo porque  no pueda pensarse que el libro, editado ahora por la Institución Cultural “El Brocense”, es regalo de ésta en el que “obligatoriamente” — más o menos— hay la obligación de hacer una recesión y “echar unos piropos” a lo publicado… Nada de eso, aunque los piropos voy a echárselos, no por la obligación social del agradecimiento del regalo, sino por el contenido del libro que creo es sumamente interesante.
Se trata  del titulado “Logrosán (legajo histórico)” del que es autor el fabuloso sabio que nació en dicha tierra, entendido y doctor en muchas materias que se llamó en vida Mario Roso de Luna.
La Institución Cultural “El Brocense”, que tantas cosas buenas viene haciendo en su campo, ha tenido el buen acuerdo de reproducir en facsímil un manuscrito propiedad del Ayuntamiento de Logrosán, en el que el indicado sabio dejó su crítica y conocimientos sobre su tierra natal y entorno, en una serie de folios de su puño y letra que son los que ahora se reproducen, con dibujos del propio autor, y hasta con las tachaduras originales que tiene,
El libro es totalmente inédito y se edita como homenaje a Roso de Luna, en el cincuenta aniversario de su fallecimiento, siendo más curioso aún saber que dicho manuscrito le fue vendido al Ayuntamiento de Logrosán por su propietario, en 1900, en el precio de ciento cincuenta pesetas.
El contenido, del que no tenemos espacio para hablar profundamente, es sumamente interesante y se adjuntan, no sólo las noticias sobre el propio pueblo, sino otros sobre lo más notable del partido, con la soltura y gracia que Roso de Luna ponía en sus escritos.
Si ustedes quieren, la noticia es nimia, pero como entraña el rescatar algo casi perdido en un momento oportuno, tenemos que aplaudir tanto el acuerdo de Logrosán, de comprar ese manuscrito en su día, como el de la Institución “El Brocense” al darle esta divulgación.
Finalmente, pienso yo que muchos legajos de interés parecido deben andar por esos ayuntamientos cacereños y sería interesante que, de algún modo —como en el presente caso—, se trataran de rescatar para la posteridad.
Diario HOY, 11 de julio de 1982

Aquí todo se explica


Como siempre puede explicarse lo absurdo, vamos a tratar de explicar como lo hace el hombre de la calle esa noticia que más o menos dice lo siguiente: “Si se aprueban las enmiendas presentadas por la minoría catalana al proyecto de ley del fondo de compensación, irán cerca de siete mil millones menos para Extremadura y cinco mil millones más para Cataluña.”
Algún “juan extremeño” puede muy bien explicar o admitir la explicación siguiente: “Tienen razón los catalanes por aquello de que en su tierra tienen más población extremeña que la que hay en cada una de las provincias de Extremadura.”
¿No lo dice el pareado popular: Extremadura dos, Cáceres y Badajoz? O aquel otro que surgió para decir que en el norte había tanta población extremeña emigrada como en la propia Extremadura: “Extremadura tres: Cáceres, Badajoz y Avilés.”
Pues haciendo parangón de esos pareados populares, podría decirse, si es que esa petición de la minoría catalana se lleva a efecto, “Extremadura tres, Cáceres, Badajoz y Hospitalet”, porque si bien lo pensamos, en Hospitalet, por citar uno de los puntos de emigración de nuestros paisanos, hay tantos extremeños como en la propia Extremadura.
Claro, que de aprobarse eso y con estas razones absurdas, que son tan buenas como otras cualquiera, podríamos llegar a la conclusión de que esos emigrantes de Extremadura tendrían que tener también aquí, en lo regional, su propia representación, para intervenir en las decisiones que se lleven a cabo en nuestro territorio, que también es el suyo aunque se hayan visto obligados a emigrar Y conste que esto no es nuevo, porque algún partido político viene hablando largo y tendido de este asunto, en el que si se cede, tendríamos que pedir, también en el futuro parlamento extremeño y siguiendo el mismo planteamiento, que estos emigrantes tuvieran sus representantes, con lo que la paridad de las dos provincias —tan discutida— se podría ir al garete y se nos convirtiera no en paridad sino en “triaridad”. Los miembros representantes de la Extremadura de las dos provincias y los miembros representantes de esa otra Extremadura que está por esas cataluñas de Dios,  trabajando. ¿O es que esos paisanos nuestros no tienen también derecho a manifestar su parecer en nuestro futuro parlamento? En fin, amigos, que aquí como en caballería, todo tiene explicación.
Diario HOY, 10 de julio de 1982

El intrusismo heladero


Yo no sé por qué los heladeros la han tomado con la estatua de Gabriel y Galán del paseo de Cánovas, pero o don José María en vida tuvo vocación de vendedor de helados o el concejal que estos puestos distribuye así lo piensa. Lo cierto y verdad es que ya, el pasado año, se armó la marimorena a cuenta de colocarle —casi como de peana— a este vate de las letras extremeñas un puesto de helados, y este año, cuando se distribuyen las ubicaciones de estos puestos, le vuelven a colocar en sus mismos pies otro armatoste de este tipo. Lo único que faltaba es que hubieran quitado la estatua para poner el puesto, o hubieran puesto el puesto —valga la redundancia— encima de la peana, o hubieran metido a la estatua en la caseta, para despachar helados y ahorrarse personal. Porque ahora, con el puesto a los pies, mirando a la estatua con su libro en las manos, uno acaba pensando que lo que don José María Gabriel y Galán tiene en ellas más que un libro es un helado de corte, y esto es un “crimen de lesa cultura” que indigna al más pintado.
Habrá que oír a don Valeriano Gutiérrez Macías —por citar a un galanista de pro, que organiza ante ella actos anuales de tipo literario—. Lo menos que puede decir don Valeriano es que a nuestro don José María le están tratando de “fresco”, cuando tanta insistencia tienen en convertirle en heladero.
En fin, la indignación general es grande, aunque hay que reconocer que es una indignación refrigerada, ya que de puestos de helados se trata.
Lo que sí decimos es que la comisión o el concejal que estudió estas concesiones de puestos de helados lo hizo muy a la ligera y sin recordar que ya en años pasados había habido protestas por esta distribución. Por ejemplo, en la avenida de la Virgen de la Montaña se puso otro que cerraba el paso a la cabina telefónica y al poste de Correos pero, afortunadamente, se ha quitado de allí, suponemos que ante las protestas de los usuarios de esos dos medios de comunicación. Ahora sucede lo mismo con lo de la estatua de Gabriel y Galán, y conste que no es porque se trate de ella, sino porque aquí andamos tan escasos de monumentos ornamentales que, si encima los tapamos, no van a poder cumplir su función. ¿Qué pensarían ustedes si alrededor de la fuente luminosa y en su césped comienzan a autorizarse los puestos de Sandías y melones? Pensarían, y lo decimos sin ánimo de ofender, que los “melones” eran los que los habían autorizado. En fin, que las estatuas tienen su función que no pueden obstaculizarse con un “intrusismo heladero”, por muy refrescante que parezca.
Diario HOY, 9 de julio de 1982

La gasolina y el “caso Abundio”


Me parece a mí, querido lector, que según se están poniendo las cosas nos va a pasar como a Abundio. Seguramente usted conocerá el “caso Abundio”, porque es sumamente conocido. Abundio fue el que tuvo que vender el coche para poder comprar gasolina. Pues como el buen sentido no lo remedie me temo que muchos de los que ahora tenemos coche vamos a tener que imitarle.
Lo malo es que el coche hoy día no es un lujo, aunque el Gobierno o la Administración se empeñen en cargarle con el alto “impuesto de lujo”, del que vienen protestando fabricantes y vendedores de estas máquinas, que, al decir de ellos, suponen unas trabas a la hora de colocarlos a los cada vez más escasos compradores.  El coche hoy día en muchos casos es una herramienta de trabajo de la que no se puede prescindir en muchas profesiones a menos de prescindir también de la profesión: albañiles, representantes, periodistas y un largo etcétera lo siguen utilizando como tal. Y es  a éstos a los que peor se les van a poner las cosas.
No hace muchos días el propietario de una estación de servicio nos contaba que hay muchos usuarios que se acercan al poste de la gasolina para poner a su coche lo que les puedan dar por cien, doscientas y aun por treinta y tantas pesetas… porque no se tenía más dinero para más. Piensen qué pasará si la gasolina, que según declaraciones del propio presidente de CAMPSA, Enrique Sánchez de León, “en España está en la cota máxima de los precios europeos”, nos vuelve a subir de nuevo.
En este sentido se han manifestado ya los expendedores, los fabricantes de coches y otros profesionales más señalando la inoportunidad de una subida de precios, subida que, al parecer, es inminente por el déficit público.
Hay unas noticias concatenadas, que por cierto publicaba ayer nuestro periódico; una, referida a las declaraciones del propio Sánchez de León, que decía: “La gasolina puede subir en cualquier momento”, y otra relacionada con los acuerdos que se están discutiendo entre CAMPSA y las centrales sindicales sobre el posible “cierre nocturno y dominical de las gasolineras”… No quiero ser pájaro de mal agüero, pero pienso que si la gasolina sube, no sólo se va a conseguir el cierre nocturno y dominical de las gasolineras, sino el cierre definitivo de muchas estaciones por la falta de clientes. Vamos, lo que decíamos de Abundio al principio del comentario.
Diario HOY, 8 de julio de 1982

Los “misterios” del veraneo

El que más y el que menos, en plan familiar, comienza a trazar sus vacaciones de verano, si es que no las ha trazado ya y se encuentra broceándose en alguna playa o matando langostos por esas sierras de Dios.
Es cierto también que muchos, y quizás cada día en mayor número, han de contentarse con lo que mi compañero en la radio, Polito, llamaba, con la gracia que le caracteriza: “La playa del Botijo”, para dar a entender que los calores se los pasaría en casa y alrededor de ese oasis clásico de agua fresca que son nuestros “piporros”.
Pero esto no quita para que muchas familias estén en estos momentos solicitando información de las agencias de turismo, o de los sitios oficiales que antes llevaba “Educación y Descanso”, para pasarlo en residencias que ahora están incardinadas a otro estamento oficial, cuyo nombre no recuerdo de momento y ustedes me perdonarán que todavía no me haya aprendido el nombre.
En fin, que cada familia, mirando en principio qué dinero puede destinar a estos menesteres —dinero que cada año va siendo más escaso— lea y relea una y otra vez las propagandas que esas agencias de viaje proporcionan, todas muy llamativas, con gran profusión de fotos refrescantes, en las que se ofrecen veraneos, en tal o cual sitio, “desde tantas —y aquí un número asequible— pesetas”. Suele luego suceder que el “desde”, se incrementa siempre con algunas, bastantes, pesetas más por este u otro matiz, y lo que en cartel es un reclamo se convierte después en algo más serio y privativo.
Pero hay un fenómeno que no podemos dejar de señalar y que suele extrañar al veraneante español de a pie, con pocas posibilidades económicas. Resulta que en la actualidad, y en líneas generales, sale más barato veranear en el extranjero que en el propio país. No digamos si el país es de los de la “esfera del Este”, porque en ese caso las promociones que se vienen ofreciendo son francamente baratas, con lo que el paisano que en principio hubiera querido pasar unos días en la Costa del Sol o en la Costa Brava, acaba marchándose a  China, Yugoslavia o cualquier otro país extraño del que volverá más o menos complacido, pero es el que “le han obligado” a elegir por sus escasas disponibilidades económicas… Yo no sé si esto será bueno a la larga. Puede que al extranjero le resulte barata España, pero lo que sí digo es que a los españoles nos está resultando carísimo y privativo veranear en ella, aunque sigamos diciendo que somos una “potencia turística”.. ¿Quién nos aclara el misterio?
Diario HOY, 7 de julio de 1982

domingo, 20 de agosto de 2017

Geografía e historia callejera


(Incluida en el libro “Ventanas a la Ciudad”)
La formación de las calles de Cáceres —y volvemos otra vez al callejero—, al menos en lo antiguo, podrían dividirse en calles gremiales, a las que se las nominaba por los oficios de los que en mayoría habitaban en ellas; o bien las que recibían nombre de alguna industria o dedicación que había en dicha calle. Poca diferencia había entre ellas, pero sí alguna. Por ejemplo, entre las primeras, las gremiales, podríamos señalar Caleros, Caldereros, Pintores, Carniceros y alguna más que hablaban, generalizando, de la profesión que tenían sus vecinos.
Entre las otras, que también tenían un arranque gremial, podríamos citar: Picadero, Canterías, Tiendas o Reñidero de Gallos y podrían estar entre ellas las de “Portal del Pan” o “Panera”, con el matiz que señalamos al principio de que el nombre se refería lo mismo a una determinada industria que al propio gremio de los vecinos.
Otras calles recibían el nombre de los accidentes del terreno o del propio entorno, entre las que se nos ocurre señalar la de Parras, que se llamó así porque en su entorno había viñedos, y la de Piñuelas o “Peñuelas”, cuyo nombre se debe a que en esa plaza había un verdadero roquedal.
No quiere decir esto que no hubiera nombres antiguos también referidos a personajes que en ellas vivieron, como puede ser la misma calle de Peñas, que de antiguo se llamó “de Juan de la Peña”, o a las que nominaban las familias como la calle Sande, en la que vivía una familia importante de este apellido.
Pero lo que sí vamos a señalar es que entre las de dedicación especial y como señalando lo que allí hubo de antiguo, hasta el punto de que al oír el nombre puede averiguarse qué industria hubo en ellas, está, como ejemplo, la llamada de Reñidero de Gallos. Esta calle, que desconocen muchos cacereños, está detrás de lo que hasta hace poco fue el Instituto Provincial de Higiene, y el nombre le viene dado por que allí, hasta hace relativamente poco tiempo, existió una cancha o reñidero para los gallos de pelea, afición que si está ahora casi perdida tuvo mucho predicamento en Cáceres.
Hubo otros nombres arraigados en lo popular pero que no llegaron a tener cartel de nominación oficial, como puede ser la de “plaza de los Pucheros”, como se llamó popularmente, por tener puestos dedicados a esta industria y a la que oficialmente se llama plaza Marrón. En definitiva, que por los propios nombres de las calles puede estudiarse una “geografía ciudadana” que tendría también mucho de historia.
Diario HOY, 6 de julio de 1982

Una historia antigua que puede actualizarse


En el último número dela revista cultural “Alminar”, que se publica unida a nuestro periódico, hay un interesante artículo de José Sanabria Vega, titulado: “Antiguos sellos de los concejos de Cáceres y Mérida”, referido a un documento de 1409, en el que aparece como escudo de Cáceres (o sello) un castillo y como representación del Concejo de Mérida, un león. No voy a entrar en el contenido del artículo, interesante sin duda, pero que suscita la interrogante de si el antiguo escudo de Cáceres fue simplemente el castillo, sin el león, y no unidos como ahora le vemos.
A cuenta de ello y aclarándolo para nuestros convecinos, diremos que desde la toma de Cáceres por Alfonso IX de León, en el siglo XIII, el Concejo de Cáceres estuvo dividido en dos facciones: los partidarios de León, que utilizaban el sello de aquel reino y los partidarios de Castilla que utilizaban el de éste. Para entendernos, que según mandaban unos u otros, el concejo usaba los “sellos” de su facción, lo que quiere decir que en el Concejo, o ayuntamiento, había dos sellos: uno con el león y otro con el castillo. Así, cuando se fecha y firma el documento al que hace alusión el artículo de referencia la facción mandante en nuestro concejo era la de Castilla.
¿Cuándo se solucionó esta división? Pues bien, solucionó en 1477 con la venida a Cáceres de la reina Isabel la Católica, que reestructuró —con gran visión de futuro— nuestro Ayuntamiento, tomando de uno y otro grupo seis personas, a las que impuso la tarea de gobernar juntos y sin diferencias y solicitando los “sellos” que unos y otros usaban, formó un único sello es el que figuraban ambos; el castillo y el león, que es el origen de nuestro actual escudo.
Para que ustedes lo entiendan y actualizando el asunto, diremos que en todos los tiempos se “han cocido habas” y en aquel entonces sucedía, más o menos, lo que sucede —por ejemplo— con la UCD actual: parte de Sánchez de León y parte de Rovira Tarazona (dicho sea a título de ejemplo), y por referirnos a lo local… Lo que pasa es que nos haría falta una Reina Católica que, con suficiente autoridad, uniera facciones, partiera diferencias y les dijera —como se les dijo entonces a los concejales divididos—: “Hijos míos, de aquí en adelante, pelitos a la mar, y a trabajar juntos, que es lo que importa.”
¿Pero quién encuentra una  Reina Católica en esta ocasión presente?
Diario HOY, 4 de julio de 1982

Los cines de verano cacereños

Cada época tiene sus formas de entretenimiento que luego, cuando las circunstancias varían, cambian totalmente. A nadie se le ocurriría poner ahora un cine de verano, pero en la década de los 50 hubo auténtico furor por los cines de verano y tuvimos cines de este tipo para dar y tomar En más, recuerdo que hasta la familia Chacón tuvo uno en su “Huerta del Conde”, en el que se estaba agustísimo, pero los mosquitos espantaron la posible clientela.
El momento de los “cines de verano” vino dado porque en aquel entonces lo del aire acondicionado en sitios cerrados era privativo y no había televisión, que es el espectáculo casero que ha dado abajo con muchas cosas, entre ellas la convivencia familiar, que es más importante. Entonces, con el calor que nos solemos disfrutar en las noches de verano cacereñas, no había otro remedio que echarse a la calle y tratar de tomar el fresco en alguna terraza de bar (de las que también van quedando pocas), o de forma más barata paseando por Cánovas o por alguna carretera. Ello, pienso yo, hizo surgir los cines de verano, que comenzaron por el de la Plaza de Toros. Entre los de más predicamento figuraban éste, como muy popular, y el más selecto de Capitol, que se hizo precisamente para este fin. Hubo muchos en barriadas, como el citado de la familia Chacón o el que Severiano Población montó en la barriada de San Blas. En fin, que aquello durante algún tiempo fue negocio y fue el punto de reunión de muchas familias cacereñas que tras la cena temprana y aprovechando que los programas solían ser “continuos” y sin muchas preocupaciones se daban cita en el local no sólo para ver la película, sino para pasar más agradablemente el calor de las primeras horas de la noche. Había escenas muy curiosas, ya que en la mayoría había cierto “compadreo” por conocerse todos. Recuerdo una vez en que durante la proyección comenzó a llorar un crío. Alguien desde atrás gritó:
—Dale teta.
A lo que una voz contestó:
—Si tiene quince años…
—¡Pues dale un bofetón!— apostilló el primero.
Ni que decir tiene que los acomodadores andaban locos con estas bromas o con los chavales que se “colaban” saltando las tapias… En fin, un entretenimiento casi familiar del que ahora no queda más que el recuerdo.
Diario HOY, 3 de julio de 1982

Compartir, no repartir


Dice un “slogan”, creo que misional: “Compartir, mejor que repartir”, y a mi modo de ver creo que el “dicho” entraña mayor filosofía de la que puede apreciarse a simple vista Por cierto, el “slogan” se ilustra con la fotografía de una fruta abierta a su medio, como ofreciendo la otra mitad al hermano, lo que viene a redondear el pensamiento de este cartel que hemos visto y vemos en la puerta de muchas iglesias
La idea es, si se quiere, sutil, pero en apreciar la diferencia en lo que es compartir y repartir radican muchos matices a los que necesariamente hay que llegar en muchas cosas que se nos suscitan en la vida.
Dicho esto, voy a entrar en un tema que creo es delicado pero al que le viene muy bien la sutileza de diferenciar el “compartir” del “repartir”. Pienso yo que en esa sutileza radica el que muchos extremeños actuales, de ambas provincias, lleguemos a comprender lo que es hoy y ha de ser en el futuro nuestra Universidad de Extremadura: “una Universidad compartida” pero no repartida, como parece ser se empeñan algunos en que sea.
Compartir significa participar de lo que es del otro, repartir es dar a cada uno lo que se estima su parte, sin que se obligue a este a compartirla con nadie, si esa no es su voluntad. Ya ven qué matiz existe entre una cosa y otra: mucho más hermoso el compartir que el repartir, que es lo que dice ese “slogan” de la Iglesia que sí ha sabido captar la diferencia.
Digo esto porque yo pienso que nuestra Universidad “compartida” (no repartida) tiene mucho para la orientación futura de lo que ha de ser la Universidad española tan necesitada de una reforma que remueva sus líneas clásicas y ya pasadas. Mi forma de ver el problema es que tenemos el privilegio de ser —si sabemos llevarlo adelante— la primera Universidad que hace un “ensayo piloto” de lo que puede ser la futura Universidad. Creo que otro ensayo de este tipo se viene llevando a cabo en Canarias y tengo la esperanza de que tanto canarios como extremeños veamos en ello un paso hacia el futuro y no un defecto de los montajes clásicos.  Claro que los que han de verlo antes —y yo estimo que ya lo han visto— son las autoridades académicas y ser ellas las que nos convenzan a los demás que el ensayo es bueno y vale para el futuro, que en definitiva es lo que importa. No verlo así es quedarse anclados en un pasado que a todas luces no es bueno.
Diario HOY, 2 de julio de 1982

Volviendo al callejero

Y vamos hoy de callejero que lo tenemos un poco olvidado. Resulta que yo vivo en la calle “Profesor Rodríguez Moñino”, pero resulta también que no hay forma de que las cartas lleguen con el nombre justo de la calle. Cada carta es una sorpresa en cuanto a las señas puestas y hasta algunas tienen su gracia: las más aproximadas son las que ponen: “Profesor Rodríguez Mañino” o “Profesor Rodríguez Mañico”, pero las hay que hasta ponen: “Profesor Rodríguez Monino” y “Profesor Rodríguez Mohino”… En fin, carteros, me llegan las cartas, porque de las que pongan el nombre cierto: “Profesor Rodríguez Moñino” puedo contar que son menos del 45 por ciento de las que se reciben, no ya en mi domicilio, sino en la calle entera.
La cosa viene a cuento de que, si el desconocimiento del nombre es grande, pienso que más será el de la persona que le dio nombre a la calle, por lo que, siguiendo la costumbre que en algunas otras “ventanas” nos hemos impuesto, vamos a dar, al menos una nota biográfica, aunque sea breve, del profesor Antonio R. Rodríguez Moñino, que da nombre a la calle y que, sin duda, fue uno de los polígrafos más importantes que Extremadura ha tenido en los últimos tiempos.
Don Antonio R. Rodríguez – Moñino ha fallecido ya, pero fue en su tiempo un erudito y escritor de gran categoría, nacido en Calzadilla de los Barros, provincia de Badajoz, en 1910. Fue catedrático de Lengua y Literatura especializado en los problemas bibliográficos y de historia del libro.
Publicó mucho y bueno en su tiempo, y algunas de sus obras han vuelto a reeditarse recientemente, aparte de gran número de artículos y opúsculos en diversas revistas especializadas de España y del mundo. Entre sus obras más destacadas podemos citar: “La Biblioteca de Benito Arias Montano”, “Virgilio en España”, “Diego López”, “Dictados tópicos de Extremadura”, “Poetas extremeños del siglo XVI”, recientemente reeditada por la Diputación de Badajoz, y “La Historia de la Literatura Extremeña”.
Su apellido Moñino es muy frecuente en la provincia de Badajoz, aunque parezca extraño en otras regiones españolas y posiblemente originario de la zona de Mérida, donde siguen existiendo Moñinos que no sabemos si están emparentados o no con el profesor que nos ocupa y que ocupó un importante puesto en la reciente investigación bibliográfica española.
Valga ello para que al menos, los que viven en esa calle, sepan el origen del nombre.
Diario HOY, 1 de julio de 1982