miércoles, 13 de diciembre de 2017

"Los borrachos de Cuacos"

Hay una anécdota sobre Carlos V, quizás poco conocida, y que según dicen recoge Rodrigo Alemán en su magnífica sillería del coro de la Catedral de Plasencia, donde en una de las tallas se ven unos pellejos de vino, de cuyas bocas salen cabezas de hombres. A dicha escena se la suele llamar “Los borrachos de Cuacos” y de ella se cuenta, lo que a mí me han referido y, de memoria, voy a recordar para ustedes.
Cuando en noviembre de 1556 el emperador Carlos V llega a Jarandilla, primer alojamiento mientras le preparan el del monasterio de Yuste, viene muy enfermo y padeciendo gota, enfermedad en la que un roce o un movimiento desencadena un dolor inmenso y le han preparado lo mejor que hay para poder trasladarle a mano por aquellos vericuetos que, por aquel entonces, son verdaderos caminos de cabras. Se le traslada en una silla o litera cubierta —que está expuesta en Yuste— que cerrada tiene la apariencia del chasis de un “seiscientos”, que en vez de ruedas termina en brazos como los de las andas de llevar los santos. Pues bien, para llevarle por aquellos accidentados caminos se contrató a unos expertos de Cuacos, que fueron los que llevaron a hombros, o a mano, la litera del emperador. Hemos de tener en cuenta que hasta nuestros días ha llegado un refrán que pone de manifiesto lo difícil que debería ser en aquel entonces conocer aquellos lugares, y menos viajar por ellos. Cuando se quiere decir de alguien que sabe mucho, que ha visto mucho mundo, suele decirse: “Este sabe a Cuacos y a Yuste”. Pues por esos perdidos caminos llegó el emperador allí, y tan magníficamente, que ofreció a sus transportistas la gracia que quisieran pedirle, y ellos, que era hombres sencillos y sin ambiciones, le pidieron un pellejo de vino para cada uno, como pago del servicio.
Diario HOY, 17 de abril de 1985

Le digo a usted…

Foto: Paco Mangut
Hay cosas, gestiones o peticiones de algunos de nuestros actuales concejales que a uno le llaman la atención por insólitas. Si son cacereños sabrán —y si no se lo cuento yo— que desde tiempo inmemorial en la calle de Pintores (la calle peatonal de los comercios de Cáceres) algunos humildes cacereños, económicamente débiles, como ahora se dice, suelen vender productos que recogen ellos mismos por sus manos para ayudarse un poco, muy poco, en la economía familiar: espárragos trigueros, cardillos, poleo, criadillas de tierra, galápagos y alguna otra cosilla de esas que puede coger cualquiera en el campo porque todavía no son de nadie; queremos decir que son silvestres y no hay que sembrarlas. La economía de estos vendedores está rozando la pobreza, pero todavía tienen arrestos y “vergüenza torera” —como suele decirse— para no pedir a cambio de nada, sino ocupar parte del tiempo de su paro en buscar algo por el campo que ofrecer en venta, lo que es más digno que poner la mano con un cartel delante (cosa que ahora está de moda también) que diga: “Soy un parado, padre de tantos hijos, ayúdame…”; o soy una viuda, o una madre de familia. Se da también el caso de que en la calle de Pintores hay más mendigos de este tipo, portugueses incluidos, que dignos vendedores de pequeñas cosas.
Pues bien, en el último pleno el concejal socialista Vázquez Navedo pidió que se suprimieran estos puestos de venta porque había visto a un turista extranjero hacerles fotos y ello podría redundar en desprestigio de la ciudad.
¡Oiga, señor Navedo! ¿No nos desprestigian más los mendigos que usted y otros como usted no son capaces de quitarnos de encima? ¡Vaya una salida de un socialista…! Porque si por las fotos es, también deberíamos suprimir la Torre de Bujaco porque la fotografían los turistas…
Le digo a usted…
Diario HOY, 16 de abril de 1985

El médico misterioso


Uno de los misterios cacereños sin aclarar es saber quién fue el médico Ceresoles y si tenía el título o no de doctor en Medicina. Un comunicante me pide datos sobre el mismo y voy a decirle lo que yo sé de este médico misterioso.
Don Mauricio Ceresoles fue médico en Arroyo de la Luz (entonces del Puerco), en 1824 y destacó como médico y cirujano de verdadero prestigio nacional en su tiempo. También se metió en política, haciéndole la vida imposible al entonces gobernador civil de Cáceres, don Joaquín Rodríguez Leal, que harto de sus insolencias le denunció al Juzgado el 23 de diciembre de 1839 “por usar nombre supuesto y ejercer sin título la profesión de médico”. Ello fue un bombazo en el Cáceres de entonces, donde Ceresoles era un personaje. Pasó a la cárcel y se instruyó proceso, que prácticamente no vino a aclarar nada sobre la acusación, sino a liar más la madeja. Llegó a afirmarse que era de origen italiano y prestó servicios sanitarios en Mequinenza, invadida por la fiebre amarilla del 1821 al 22, robando la documentación a un médico que falleció de dicha enfermedad que era el verdadero don Mauricio Ceresoles, usando él el nombre y título del fallecido.
Él había presentado título de médico que no pudieron ser comprobados ya que las documentaciones desaparecieron en la guerra de la Independencia. Dijo llamarse Mauricio Quinquer Ceresoles y haber nacido en Castellfullit, pero este pueblo también había sido arrasado y quemados sus archivos. ¿Qué pasó? Pues que estando en la cárcel una hija del regente de la Audiencia, don Joaquín de Palma, enfermó gravemente y, ya desahuciada, se recurrió a Ceresoles que logró salvarla, lo que parece ser influyó de algún modo para salir absuelto de todo y para que se echara tierra al asunto, quedando la verdadera personalidad de Ceresoles en el misterio.
Diario HOY, 13 de abril de 1985

El recetario de Alcántara


En el año 1807 los soldados de Napoleón saquearon la biblioteca del Conventual de Alcántara robando, entre otras muchas cosas, el recetario de cocina de los frailes alcantarinos que, como casi todos los frailes, eran esmeradísimos degustadores de las especialidades culinarias. Se recogían en él recetas exquisitas que los propios frailes tenían como secretas. Hasta tal punto gustó este botín de guerra a los franceses que el gran cocinero galo Escoffier afirmó, refiriéndose a este recetario: “Fue el mejor trofeo, la única cosa ventajosa que consiguió Francia de aquella guerra”; y el mismo Escoffier reproduce varias de las recetas tomadas de aquel libro culinario extremeño, como “faisán a la mode d’Alcantara”, “pedreu a la mode d’Alcantara” y algunas más.
Este recetario pasó a las manos del general Junot, que se lo regaló a su esposa, antes de ser nombrado duque de Abrantes, por el propio Napoleón, y pienso yo que de no haber ocurrido aquel robo el libro se hubiera perdido o permanecería ignorado. Gracias al robo nos han llegado, a través de Francia, algunas recetas del mismo que de otro modo no hubieran llegado hasta nosotros. Es más, algunas designaciones de la cocina gala se toman del libro, como: “consonmé”, que procede de la palabra extremeña “consumado”, con la que se designa a un caldo de dicho recetario que recogía el extracto de varios alimentos, hasta que se consumían, para echarles después un chorro de buen vino y servirlo. Los franceses lo lanzaron al mundo como invento culinario propio y hasta afrancesaron la palabra convirtiéndola en “consonmé” que nosotros hemos vuelto a recoger y nombrar como “consomé” cuando su origen es extremeño y de antiguo se llamó “caldo consumado”.
Diario HOY, 12 de abril de 1985

De peregrinación a Santiago


Nuestro alcalde, acompañado de un grupo de concejales y algunos técnicos, han emprendido viaje a Santiago de Compostela, para participar en las jornadas de ciudades históricas, grupo al que pertenece la nuestra con Salamanca, Toledo, Granada y Santiago. En algunas ocasiones anteriores estas cinco ciudades se reunieron también en Cáceres para defender objetivos comunes.
Al parecer, nuestro alcalde lleva a la reunión el tema de “Política institucional en defensa de los conjuntos histórico – artísticos”.
A nosotros nos parece muy bien el que se celebren reuniones de este tipo y se teorice sobre esto y aquello y, en alguna ocasión, se apliquen estas teorías en beneficio de nuestras ciudades monumentales, ya que estamos de acuerdo en que esto es patrimonio de todos y por tanto se debe ayudar a estas ciudades y a los ayuntamientos que las rigen a mantener esos conjuntos, cosa que cada vez resulta más cara. Pero hay algo que estos ayuntamientos deben hacer, y nos referimos más al nuestro que es el que conocemos, y es dar ellos el primer paso y ser los que decididamente se vuelquen en la conservación y cuidado de estas ciudades históricas. Aquí, en tiempos, tuvimos un alcalde excepcional que se volcó en ella y al que echamos en cara que no se ocupaba más que de la ciudad vieja, algún otro hemos tenido de signo contrario, al que echamos en cara que sólo se ocupó de la nueva; pues bien, al de ahora no podemos echarle en cara ni una cosa ni otra, porque entre viajes y ausencias no tiene tiempo material de aplicar las teorías que tiene, que son muchas y buenas, porque es una gran cabeza.
Alguno pensará que esto lo decimos en broma, pero para ver que no, sólo hay que darse una vuelta por nuestras dos ciudades, la nueva y a vieja y ver en qué estado se encuentran ambas, lo que no quita para teorizar sobre todo.
Diario HOY, 11 de abril de 1985

No sólo prometer


Cuando suceden las desgracias todo el mundo promete “echar una mano”, lo malo es que pasado algún tiempo la promesa se olvida y “si te he visto no me acuerdo”. Esto exactamente es lo que viene pasando a la familia damnificada por la caída de un lienzo de la “Torre Desmochada”, de las murallas de Cáceres. Como recordarán, esta familia tiene su vivienda bajo la torre, y dicho desprendimiento aplastó parte de su vivienda, aunque tuvieron la suerte de no estar ninguno de ellos en las habitaciones afectadas por el desplome, que quedaron sin techumbre y a las que se las dotó provisionalmente de un plástico como techo. En aquellos momentos el alcalde ofreció correr con los gastos de alojamiento en alguna pensión, mientras se reparaba la vivienda. La señora, ya que se trata de una mujer viuda, con un hijo, ya mayor, rechazó el ofrecimiento del alcalde, por no ser gravosos al municipio y, suponiendo que la reparación sería inmediata, se quedaron a vivir en una o dos habitaciones no afectadas.
La señora se equivocó como nos equivocamos todos. Resulta que la reparación inmediata no llegó, que la torre cuya propiedad ha sido siempre del Ayuntamiento, ahora no es de nadie, porque el Ayuntamiento niega su propiedad por evitar responsabilidades, puesto que Bellas Artes, que al parecer corre con la reparación de la torre, indica que la de la casa debe hacerla el dueño de la torre, y que la torre tampoco es suya. en definitiva, que parte de la vivienda sigue tapada con un plástico que no ha valido durante esto días de intensa lluvia y viento, con lo que se han inundado las habitaciones sin techumbre y el agua ha inundado también a las habitaciones donde vive esta familia, que ya no sabe a quién recurrir para que le reparen aquello. Posiblemente el alcalde y Corporación “pasan” de todo esto.
Diario HOY, 10 de abril de 1985

martes, 12 de diciembre de 2017

Aquí se explica todo


Hablábamos con un viejo refranista, queremos decir hombre de campo, que conoce los refranes y tiene fe en ellos, porque los refranes son la sabiduría del pueblo, y hablábamos precisamente de la lluvia que ha deslucido esta Semana Santa, a lo que nuestro interlocutor nos respondió: “En abril, aguas mil”, agregando como para justificar lo dicho: “Las aguas de abril todas caben en un barril, pero si el barril se quiebra, ni en la tierra”, y así nos siguió ensartando una serie de refranes que vienen a demostrar que el actual abril está dentro de la norma tradicional y meteorológica de lo que deben ser los abriles, por lo que aceptando lo dicho nos quejamos de que, así y todo, lo malo es que la lluvia ha deslucido la Semana Santa…
“Es que eso de mover los santos tiene su peligro —no dijo— porque como los santos, de antiguo, se movían sólo para pedirles lluvia cada vez que se los mueve, aunque sea para la Semana Santa, ellos creen que es para lo otro y nos largan lluvia creyendo que nos complacen”.
Lo decía tan convencido que no parecía sino que había estado charlando con toda la corte celestial. “San Pedro de Alcántara —continuó— que en esto de la lluvia tiene mucha mano, es al que recurren los demás santos para preguntarle: oye, Pedro, ¿por qué nos mueven? Y él, posiblemente porque ya está viejo, o por no complicarse la vida, les dice: es que quieren agua, y así nos pasan estas cosas. ¿Usted no sabe lo de las nubes?, nos preguntó y sin aguardar respuesta nos dijo: “San Pedro es el jefe de las nubes y según llegan les va preguntando dónde ha llovido y cada cual confiesa: por Valencia, por el País Vasco, por Cataluña, en fin, por lo que suena. San Pedro entonces dice; ¿Y quién se acordó de Extremadura? Pero como nadie pía, monta en cólera y dice: Pues venga, a cumplir todos con Extremadura. Y así nos llegan estas lluvias torrenciales”.
Diario HOY, 7 de abril de 1985

El "milagro" de Peña Redonda


Yo no sé si lo que voy a contar es una leyenda o es una tradición que recoge un hecho histórico. Todos los historiadores a los que he leído y narran el suceso, lo hacen con imprecisión de fechas y aún de nombres, pero algo de verdad debió haber cuando se ha venido recogiendo desde entonces. Vamos con los hechos: Las cofradías en la antigüedad, no eran sólo para hacer desfiles procesionales, sino prácticas piadosas entre las que se contaba el acompañar a los reos de muerte, portando sus cruces, hasta el lugar de la ejecución que, aquí en Cáceres, en 1586 —fecha a la que se refiere lo ocurrido— era la Peña Redonda.
A “garrote vil” se había condenado en aquel entonces a dos jóvenes a los que se llevaba a ejecutar acompañados por un Cristo de la parroquia de Santiago (que después recibiría el nombre de Cristo de los Milagros). Había el rumor de que se los condenaba injustamente y al tratar de hacerlo, por dos veces consecutivas, se quebraron los cordeles con los que se trataba de ajusticiarlo y saltaron los clavos de las manos del Cristo, que quedaron sueltas, “¡milagro!”, comenzaron a gritar los cacereños que presenciaban el hecho y aun los propios clérigos y religiosos. Tan evidente quedó el milagro que, dos moros —que entonces los había en Cáceres— y que presenciaban aquello cayeron de rodillas pidiendo ser bautizados, siendo posteriormente católicos verdaderamente cumplidores de la doctrina abrazada.
Ni que decir tiene que los dos reos fueron perdonados.
Diario HOY, 5 de abril de 1985

Historias de la Cofradía de los Ramos


(Incluida en el libro “Ventanas a la Ciudad”)
Como estamos en plena Semana Santa, vamos a hablar de procesiones ya que hoy sale la cofradía de los Ramos con su imagen más preciada, la Virgen de la Esperanza, a la que suelen acompañar las cacereñas vistiendo la tradicional mantilla. Es casi un rito obligado en honor de la Virgen a la que se ha dado en llamar la Macarena cacereña.
También esta imagen y esta cofradía, aun en el corto tiempo que lleva constituida (sobre todo si la comparamos con las medievales) tiene sus curiosas historias. Se fundó en el 1947, siendo su primer mayordomo Antonio Fernández Mijares, al que sustituyó en 1948 Abelardo Martín Fernández, a iniciativa del cual se compró esta imagen que realizó el escultor cacereño, residente en Madrid, José García Bravo y que importó 135.000 pesetas (de las de antes). El día 1 de abril de 1949 la bendecía el obispo de Coria, don Francisco Cavero y Torno, que marchó a Coria para presidir la procesión de las Palmas que sale de aquella catedral el Domingo de Ramos. Pues bien, en el momento de salir la procesión de la catedral y a la puerta de ella, con la palma en la mano, falleció repentinamente mencionado obispo.
Hay otra curiosidad relacionada con esta cofradía y es que en 1980 fallecía su segundo mayordomo, don Abelardo Martín Fernández, que se enterraba precisamente una mañana del Domingo de Ramos de aquel año, mientras su cofradía realizaba el obligado desfile y procesión de las palmas.
Le sustituyó entonces Esteban Moretón Moreno, que desde esas fechas sigue siendo el mayordomo de la cofradía de los Ramos.
Para que vean que aun las cofradías más jóvenes van atesorando ya sus anécdotas e historias, propias para recordar estos días y sobre todo, para que las conozcan los propios cofrades.
Diario HOY, 3 de abril de 1985

La cosa no vino sola


Para estos días de Semana Santa no hay una sola plaza hotelera en Cáceres. Este fenómeno se viene dando todos los años desde hace un montón de ellos y es cosa que espera toda la hostelería de la ciudad y de sus alrededores, porque muchos de los que vienen a ver la Semana santa, si no pueden hacer su “campamento central” en la capital, se instalan en algún alojamiento de los pueblos o ciudades cacereñas de los alrededores, porque nuestra Semana Mayor es atractiva por su tipismo, pero no solo en la capital sino en nuestros pueblos que ahora con la floración de la primavera tiene magníficos paisajes que ofrecer, sitios históricos, etcétera.
Pero esta venida del turismo en grandes cantidades y en estas fechas, principalmente turismo nacional, no se ha hecho espontáneamente, aunque se nos explique que es turismo de paso a las Semanas Santas del sur, o a las playas de Andalucía, para acabar diciéndonos que prácticamente ha venido sólo sin que nadie lo promocione.
Pienso yo que en la promoción del turismo de la Semana Santa de Cáceres tuvo mucho que ver la “vista” del ya fallecido obispo de Coria-Cáceres, don Manuel Llopis Ivorra, que como buen levantino sabía buscar el punto práctico de las cosas y, allá por 1957, creó en Cáceres la llamada “Comisión Pro – Semana Santa”, que durante muchos años no solo aunó los esfuerzos de las diversas cofradías penitenciales, sino que se encargó de la propaganda externa de nuestra Semana Santa, con concursos, carteles, guías y folletos de turismo, que se enviaban al resto de las provincias españolas en una labor lenta pero continuada, de la que creo estamos ahora recogiendo los frutos. Las cosas no se han hecho solas y promocionarlas cuesta tiempo.
Diario HOY, 2 de abril de 1985

Ha muerto "Enrique el Cojo"


Ha muerto un “hijo predilecto” de Cáceres, al que el Cáceres actual no tiene el gusto de conocer. Enrique Jiménez Mendoza, conocido en el mundo de la danza como “Enrique el Cojo”, murió en Sevilla (donde pasó toda su vida) a las seis de la tarde del pasado viernes y, ayer sábado, a las cuatro de la tarde, fue enterrado en Sevilla, oficiándose funeral en la parroquia de San Andrés.
Enrique, que contaba ya muchos años, fue declarado por nuestro Ayuntamiento “hijo predilecto” en un acto que se celebró el día 26 de mayo de 1984, y en el que él no pudo estar presente por encontrarse ya enfermo. El título lo retiró un sobrino suyo, Enrique García Jiménez, que en su nombre dio las gracias a Cáceres, por acordarse de su tío.
Enrique había salido del Cáceres, donde nació, a los cinco años, y no había vuelto aquí, por lo que decimos que el Cáceres actual no había tenido el gusto de conocerlo, más que si acaso, a través de la televisión, donde últimamente, y ya muy disminuido de facultades, lo vimos como una vieja y decrépita gloria andaluza, porque ni él mismo hizo alusión ninguna a su tierra natal que, lógicamente, también le era desconocida. Tampoco se le cumplió el deseo de venir por Cáceres, tras de su nombramiento, en ese tiempo de menos de un año en el que ha disfrutado del título, y ha muerto, quedando como tal desconocido para Cáceres, porque tampoco hubo acierto con la placa puesta en la calle Moret, primero porque hubo equivocación de casa y segundo por la imprecisión de la misma, que ni cita fecha de nacimiento de Enrique, ni fecha en que la lápida se puso, con lo que Enrique el Cojo seguirá siendo una personalidad nebulosa para las próximas generaciones cacereñas.
El alcalde ha enviado un telegrama de pésame a la familia.
Diario HOY, 31 de marzo de 1985

Algo casi perdido


Los cacereños, que son tan amantes de sus cosas, van a tener ocasión de escuchar, una vez más las saetas al estilo tradicional y casi perdido que se cantaban de antiguo en Cáceres. A decir verdad, la saeta cacereña es más fea que la andaluza, porque ésta está más adornada y la cacereña es un cante escueto, seco si se quiere, que sin adorno dice lo que quiere decir sin entrar en florilegios de garganta. Es más una oración gritada que tiene el mínimo ritmo para poder ser canto, pero no pretende agradar a la concurrencia —como la andaluza— sino decir lo que se lleva muy dentro y se grita a la imagen que pasa.
Su origen podría ser  castellano —yo no lo sé—, pero pienso que si los “moros” no hacían procesiones ni cantaban, las saetas y el origen de ellas y de las procesiones hubo de venir del Norte, tras la Reconquista, y de la oración cantada castellana —o leonesa— el andaluz hizo el preciosismo de su propia saeta a la que adicionó la gracia morisca de su canto.  Si esto fuera así, las nuestras serían los restos de un canto cristiano y medieval a las imágenes que se hubiera perdido si algunos viejos cacereños, como Teresa la Navera, el Niño de la Pizarra y algún otro, no la hubiera seguido cantando, y si hace años emisoras como Radio Cáceres, no la hubieran promocionado con sus concursos.
Hoy, en San Mateo, vamos a tener ocasión de oírlas en la propia Iglesia, también promocionadas por el Ayuntamiento que, además, ha montado un concurso para estos días, en el que se ha registrado la curiosidad de inscribirse un cacereño de noventa años, conservador de este tipo de cante y por tanto competidor de Teresa, que está deseoso de intervenir y que confiesa que no lo ha hecho antes porque “le da reparos cantar por el micrófono” o malo es que este tipo de saeta acabará perdiéndose con ellos, por eso es más curioso el escucharla.
Diario HOY, 30 de marzo de 1985

lunes, 11 de diciembre de 2017

Una cuestión ortográfica


Sea o no sea el Cáceres actual descendiente de la antigua colonia romana “Norba Cesarina”, cosa en la que no están de acuerdo los “sabios” que se dedican a estas cosas y de lo que hablamos, no hace mucho, en uno de estos espacios, lo cierto y verdad es que la palabra “Norba”, desde la época romana, se ha escrito siempre con “b”, como atestiguan los muchos documentos lapidarios (queremos decir de piedra) que sobre ella hablan; los más de ellos, escritos por los propios romanos. Con “b” estamos acostumbrados a verlo escrito los cacereños actuales, descendamos o no de ella —que eso es harina de otro costal— y nos duele la vista cuando lo vemos escrito con “v”, como ahora lo ha puesto el cartel luminoso de una cafetería que lleva el nombre de “Norba que, curiosamente, el resto de los carteles que la nombran —como los de su puerta— los tiene bien escritos Si fuera una simple errata del cartel, encargado a una firma comercial, la cosa pasaría, pero al parecer, y por lo que nos dicen ha habido intencionalidad por parte del “encargante” de que se ponga con uve, porque piensa que en la época roana no solía usarse la “b”.
Como de mantenerse el cartel puede inducir a un error ortográfico, cosa que es fea (aunque no sea ninguna tragedia porque peores cosas suceden en esta vida), remitimos a quien eso afirma a la llamada “piedra fundacional de Cáceres”, que se encuentra en el despacho de la alcaldía y se encontró antiguamente en la muralla. Está escrita por romanos de la época, o sea, el año 32 al 20 antes de Cristo, y dice en abreviatura latina: “L CORNELO BALBO IMP. C. NORB. CAESAR PATRONO”, que traducido es algo así como “La Colonia Norba Cesarina a su Patrono el general Lucio Cornelio Balbo”. Allí lo escribían con “b” y así lo escribimos nosotros, a no ser que con esto del cambio haya de hacerlo de otro modo.
Diario HOY, 29 de marzo de 1985