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martes, 27 de febrero de 2018

Récord de visitantes en "Las Veletas"


Nuestro museo de “Las Veletas”, dedicado principalmente a la arqueología, artes y costumbres populares, está registrando el mayor número de visitantes de toda su historia. Nada más, ni nada menos que más de 14.000 personas le han girado visita desde el día uno al 28 de agosto, lo que quiere decir que en los días que faltan para completar el mes la cifra puede aumentarse considerablemente,
Llegar a las 14.000 personas visitantes en sólo veintiocho días es todo un récord, en el que no incluimos las 4.000 personas que en este tiempo visitaron el “Museo del Mono”, que tiene la sección de bellas artes de nuestro conjunto museístico.
Es curioso ver que “Las Veletas” está siendo cada día más visitado y que ello se debe, en mucha parte, a la labor del director del museo, Antonio Álvarez, que ha tenido el acierto de saber hacer amena y entretenida la visita al turista. Mucho tienen que ver también en ese despertar curiosidad, la cinco nuevas salas de arqueología remodeladas, en las que cualquiera, no versado, acaba enterándose de lo que es y lo que significa lo allí expuesto. Son las nuevas orientaciones de los museos que no son ya almacenes de piezas raras sino amenos escaparates en los que podemos ver y aprender como fue nuestro pasado.
Hay otra curiosidad en cuanto al museo, por las estadísticas que de él se llevan, sabemos que en el mes de mayo el mayor número de visitantes es de grupos de colegiales; el mes de junio es también de visitas de grupos, pero de la tercera edad y este mes de agosto, en el que se han desbordado las visitas el mayor número de visitantes es el de familias españolas que hacen turismo nacional; hay también un número de visitantes extranjeros que se mantiene estable, pero la importancia de nuestro turismo en agosto se debe a las familias de otras regiones que nos visitan.
Diario HOY, 30 de agosto de 1987

jueves, 22 de febrero de 2018

Sólo dos palacios


No digo yo que el “Fuero de Cáceres” sea un libro de mesilla para los cacereños, pero sí que al menos una síntesis de él o algo de su contenido, debería ser conocido de todos, puesto que ese antiquísimo “Fuero” fue la ley que rigió los destinos de nuestra villa y su territorio que era tan extenso casi como la actual provincia. Digo villa, porque Cáceres, como Madrid, fue villa hasta 1881 en que, por una equivocación de Alfonso XII, se nos dio el título de ciudad, cuando a mi juicio hubiera sido más singular ser villa y capital de provincial, al igual que Madrid es villa y Corte.
Pero volvamos a lo nuestro. Pienso yo que, teniendo ahora una Facultad de Derecho, alguien de ella (y esto es sólo sugerencia) podría encargarse de hacer una divulgación “digesta” de ese “Fuero” en lo que pueda ser curioso para los cacereños actuales, sin terminologías técnicas y más bien contando curiosidades del mismo.
Para ir por delante, a título de curiosidad, diré que dicho “Fuero” dice, más o menos, que “En Cáceres sólo habrá dos palacios, el del Rey y el del Obispo”, cosa que, leída por los actuales cacereños no acaba entendiéndose porque a cada una de las casas de la ciudad monumental las llamamos actualmente palacios. Bien, voy a aclarar esta aparente contradicción diciendo que en la época en que el “Fuero” fue escrito la denominación de palacio sólo la recibían las casas que tenían concedido “derecho de asilo”, o sea, que el reo que allí se refugiaba, quedaba protegido de sus perseguidores. Esa denominación, y por tanto ese derecho, sólo lo tenían en Cáceres el Alcázar del Rey (desaparecido) y el Palacio Episcopal, que aún existe.
Como ven, en el “Fuero” hay muchas cosas curiosas que contar.
Diario HOY, 27 de junio de 1987

lunes, 19 de febrero de 2018

Una ciudad especial


Hay profesiones y oficios que se están perdiendo por la lógica evolución de los tiempos. Qué duda cabe que, de hacer un mueble de artesanía a hacerlo con máquinas hay un abismo, sobre todo en el precio final que este mueble tendrá y en el acabado del mismo que, de ser pieza única pasa a ser una más de una serie hecha como se hacen los churros, uno tras de otro. Sucede esto con los oficios artesanales principalmente, muchos de ellos perdidos para siempre. Pero ocurre que hay ciudades especiales que necesitan de estos oficios y de estos artesanos para poder seguir estando a punto. Yo no sé si ustedes han visto los albañiles acuáticos de Venecia, que son únicos de esa ciudad, porque le son necesarios hasta el punto de que Venecia, sin ellos, dejaría de ser la Venecia clásica que conocemos, para convertirse en un “pastiche” tipo decoración cinematográfica.
Bien, pues un poco de eso comienza a ocurrir con ciudades monumentales,  como la de Cáceres, donde en su recinto no sólo hay que utilizar materiales auténticos, sino artesanos para poner ese material, que sepan hacerlo por técnicas artesanales tradicionales. Ejemplo pudiera ser el revestir una pared, que azota el agua, con tejas árabes, en vez de planchas de uralita, o hacer unas rejerías de forja y no imitaciones, o labrar la cantería como supieron hacerlo en su tiempo Gil de Ontañón u otros maestros. Esto, que puede parecer una tontería, no lo es en absoluto. Podemos decirles que, no hace tanto, cuando hubo que empedrar una de las plazas del recinto monumental no se encontraban maestros empedradores y la técnica artesanal se había perdido totalmente, por lo que hubo que recurrir a algún viejo maestro jubilado, que indicó cómo debía hacerse. ¿Se sabría hacer ahora un escudo esgrafiado, como el que existe en la fachada del palacio de Hernando de Ovando?. Posiblemente no. Por ello nos parece de maravillas la labor que viene haciendo, de recuperación de técnicas y técnicos artesanos entre la juventud, la Escuela Taller de la Universidad Popular de Cáceres, porque con ella se cumplen dos finalidades: conservar técnicas que se van perdiendo o se han perdido y hacer un servicio a una ciudad monumental como la nuestra, que necesita de esos artesanos y esas técnicas para seguir estando viva.
Diario HOY, 27 de mayo de 1987

Conservar los monumentos


Dice el profesor Antonio Campesino, hombre preocupado por el urbanismo de Cáceres y que lo ha estudiado a fondo, que la mejor forma de conservar los viejos edificios de la ciudad monumental es devolverles el uso que tuvieron en su tiempo; o sea, dedicarlos a morada y habitación de los cacereños.
Coincidí con Antonio Campesino en una “mesa redonda” sobre estas cosas y me sorprendió la claridad de ideas que sobre el punto tiene, aunque estimo que muchas de estas ideas son difíciles de llevar a la práctica, pero nuestra vieja ciudad monumental no puede ni debe venírsenos abajo y máxime ahora que no es sólo patrimonio de los cacereños, sino del mundo entero. Es posible que por ello, ese inconcreto “mundo entero” pueda echarnos una mano llegado el caso, pero como la conservación del patrimonio, al igual que la caridad bien entendida, comienzan por uno mismo, tendremos que ser nosotros los de casa, los que demos el primer paso.
Volviendo al tema suscitado sobre la conservación de la ciudad monumental, la dificultad reside en que muchos de esos palacios tienen más de un centenar de habitaciones (el de Hernando de Ovando tiene 200) y ustedes me dirán cómo pueden habitarse y conservarse tantas habitaciones en un solo inmueble. Lo más fácil para la conservación es convertir algunos de esos palacios en museos pero, según el profesor Campesino, esa sería la muerte de la ciudad, que debe seguir conservando su vida, o la vida dentro de esos palacios, dándoles una función viva —valga la redundancia—. Por ello me complace el que la  Diputación haya comprado uno de estos enormes palacios para convertirlo en parte de ese parador u hostería que dentro del recinto se está construyendo. No importa el que ese inmueble esté algo alejado de lo que será núcleo principal del parador, sino que volverá a cumplir una función como la que tuvo, tener gente dentro que viven en él. Aunque sólo fuera por eso, habría que darle las gracias a la Diputación provincial… Aunque nos queden otros muchos palacios a los que darles función.
Diario HOY, 21 de mayo de 1987

sábado, 17 de febrero de 2018

Unos por otros y la casa a oscuras


Yo ya no sé a qué achacar las cosas: a falta de interés, a falta de coordinación, a personalismos en los que no “se reparte juego” y no se responsabiliza a cada cual en su parcela, ocurriendo que cuando el que centraliza todo falta, o se olvida, todo anda de cabeza. Parece es este el caso municipal de Cáceres a juzgar por una serie de pequeños detalles que, al fallar, chafan lo que viene siendo el empujón y empeño de todos.
Sucedió el pasado día 23, festividad de San Jorge en que no fue encendida la iluminación extraordinaria de nuestra ciudad monumental, siendo el día más señalado para ello y, por si fuera poco, volvió a suceder el pasado viernes, festividad del uno de mayo, el sábado y el domingo último. Cosa extraña cuando hay órdenes del alcalde (eso dice él) de que se encienda esta iluminación todos los fines de semana, dado que estamos en la celebración de haber sido incluidos en la lista del patrimonio de la Humanidad y en las “inmediaciones” de las Fiestas Medievales que así lo van a festejar y con afluencia de más gente que nunca a ver nuestra ciudad, y sobre todo la monumental, que es la que ha dado lugar a tal designación.
Se da además el caso de que el viernes y sábado pasados era el “besamanto” de despedida a la patrona, Nuestra Señora de la Montaña, con lo que había colas de cacereños, que llegaban desde la Concatedral, donde estaba la imagen, hasta la propia Plaza Mayor, pero como esas calles —sin la luz extraordinaria— están a oscuras, estos cacereños tuvieron que aguantar la casi oscuridad, señalando la desatención o el olvido del Ayuntamiento. Al alcalde le preguntamos ayer qué es lo que había pasado y nos dijo que no lo sabía, porque había estado fuera, pero que se enteraría. Esperemos a ver qué nos dice don Juan Iglesias y, sobre todo, a ver si se evita el que estas pequeñas cosas, que tanto irritan al vecindario, vuelvan a suceder. Es pedir bien poco.
Diario HOY, 5 de mayo de 1987

martes, 13 de febrero de 2018

El cojo infiltrado


Aquí en Cáceres, cuando comenzaron las campañas electorales, al principio de la democracia, todos los partidos políticos de aquel entonces se reunieron para tomar el acuerdo de no colocar cartelería, ni hacer pintadas, en los palacios y casonas de la Ciudad Monumental, ya que entendían que el hacerlo era deteriorar, de algún modo, un patrimonio que era de todos.
Este pacto se ha observado en todas las elecciones y ha quedado ya, como un acuerdo tácito, par cuantos efectúan una protesta o convocan una manifestación o se quejan de algo. Tenemos ciudad suficiente en la parte nueva, sin que sea necesario ensuciar la Ciudad Monumental Así lo hemos entendido todos, y raras veces han aparecido pintadas en los monumentos de esa zona, a la que podíamos llamar de respeto.
Las protestas y los encierros de ahora.
Ahora, los que están efectuando protestas y encierros por esa parte son los estudiantes universitarios, gente a las que se les presupone una cultura, que no se presupone a otros colectivos y dándose el caso curioso y doloroso de que, con ellos, se ha roto ese pacto, al menos en parte, y precisamente en la fachada y puerta del rectorado.
Uno de los profesores, que está de acuerdo con la protesta de los estudiantes, como estamos de acuerdo otros muchos cacereños, nos decía que les había rogado que fueran ellos los que dieran ejemplo en este sentido, máxime cuando la ciudad es más de todos que nunca, al haber sido nombrada Patrimonio de la Humanidad.
No lo han sabido entender.
Esto deberían entenderlo, por esa cultura universal, los universitarios, pero no lo han entendido, o bien ha habido un “cojo Manteca” infiltrado entre ellos, que está enturbiando lo que aquí era un pacto entre caballeros, que entendieron otros con menos cultura y sensibilidad. Yo quiero pensar que esto ha sido obra de ese cojo infiltrado, al que ellos mismos deberían echar de sus filas y su protesta, si es que no quieren perder la razón.
Diario HOY, 17 de marzo de 1987

lunes, 12 de febrero de 2018

Ver las cosas con ojos nuevos


Las celebraciones conmemorativas de la designación de Cáceres como “Patrimonio de la Humanidad” se están extendiendo a todos los colectivos, hasta el punto de que cualquier cosa que piensa organizarse se la motiva y relaciona con la designación de nuestra ciudad como patrimonio del mundo.
No es malo
Yo no digo que esto sea malo, sino que me pregunto si en realidad servirá para algo que cree conciencia en los mismos cacereños de lo que realmente se celebra y les sirve para valorar esa joya de ciudad monumental conservada de milagro. Es curioso saber que muchas familias cacereñas han recorrido el mundo, porque ahora se viaja mucho, sin ocurrírseles ni por asomo el visitar el propio museo de las Veletas, y el aljibe árabe, que se señala como pieza única en el mundo, donde no existe más que otro similar en Constantinopla. A cuenta de ello, un cacereño amigo me confesaba que, estando en esa ciudad turca, en uno de estos viajes organizados, les llevaron a un aljibe y el guía les indicó: “Esta es pieza única en el mundo y sólo existe uno similar en España, en la ciudad de Cáceres”.
La vergüenza de no conocerlo
Tal vergüenza me dio no conocerlo, siendo yo cacereño —me decía ni amigo— que nada más llegué a Cáceres, lo primero que hice fue marchar al Museo de las Veletas y pedir visitar el aljibe, que me pareció curioso y del que, por lo menos ahora, puedo decir que lo conozco”.
Yo creo que a muchos cacereños nos ha pasado eso alguna vez y hemos sentido la misma vergüenza de no conocer lo que tan cerca tenemos. Eso es lo que espero yo que pase con estas celebraciones de conmemoración que, si traemos a muchos forasteros y turistas en general, ávidos de conocer esta ciudad, recién declarada patrimonio del mundo, nos despertarán el “apetito” de conocerla a los que en ella vivimos y nos acercamos por allí con otros ojos. Porque para muchos, aquellas calles son estrechas y de paso exclusivamente y les suele pasar como a un presidente de la Audiencia Territorial de los primeros tiempos que, en unos informes sobre la ciudad decía: “Sus casas son viejas y de pura piedra sin blanquear. Los indígenas dicen que no las blanquean porque son palacios, disimulando así su dejadez y holgazanería”. Estaba enterado el presidente.
Diario HOY, 12 de marzo de 1987

viernes, 9 de febrero de 2018

"Pastiches" y aditamentos


Para los que siguen estas cosas de la historia de Cáceres tango que puntualizar que, en la última “ventana”, titulada: “trastocar unas letras”, por desgracia se nos trastocaron también a nosotros y salió una errata, con lo que el trastueque y su anécdota no se notaba, por lo que aclaro que el referido pétreo cartel del obispo Galarza trasladado a la trasera del Palacio Episcopal, ha quedado como puede verse, llamando Calarza (con “C”) al obispo y Goria (con “G”) a nuestra episcopal ciudad de Coria. Aclarado esto, continuaremos con algunos de los “pastiches” de nuestra ciudad monumental, para continuar el tema de ayer.
Algunos estudiosos de nuestra historia que conocen cómo, por una disposición de los Reyes Católicos se mandaron desmochar y limpiar de defensas y almenas todas las torres particulares, excepto la de las Cigüeñas, se preguntan cómo la torre del palacio de los Golfines de Arriba está también almenada. Bien, nunca estuvo esa torre almenada y el deseo de construir almenas en ella cuando se edificó, provocó un pleito de los Saavedra, aduciendo lo dicho, por lo que no pudieron ponérsele. Las almenas que ahora tiene se construyeron en los años sesenta, autorizándolo el alcalde de entonces, al que interesaba más lo bonito que el rigor histórico que, ciertamente, no regía ya en nuestros días.
La torre que hay frente a Santa María, en la esquina del palacio de Hernando de Ovando (conocido ahora por Canilleros) también fue inventada recientemente, ya que allí existió una casita que, al retocarla y por una serie de circunstancias que interesaban al Ayuntamiento, fue convertida en simulada torre desalmenada, que nunca existió en tiempos antiguos. También está “inventada” en su totalidad la plaza de San Jorge, puesto que en ella había una fea plazuela, rodeada de viejos cocherones, en los que existieron carpinterías y una tapia, con puerta, que daba acceso a los bajos del edificio que hoy es la residencia Luisa de Carvajal.
Diario HOY, 6 de febrero de 1987

Trastocar unas letras


(Incluida en el libro “Ventanas a la Ciudad”)
Oiga, en honor a la verdad, aunque decimos que nuestra Ciudad Monumental es totalmente auténtica y sus piedras son las mismas que estaban en ella desde el siglo XVI, algún pastiche hay; la verdad es que no mentimos del todo, porque las piedras son de esa época, aunque algunas han variado de sitio y hasta la variación ha entrañado alguna anécdota que ha pasado desapercibida para muchos, pero que convendría contar para la posteridad. Por tener poco espacio, vamos a referirnos sólo al reparto de piedras, motivos, portadas, escudos y dovelas que se hizo del Seminario de Galarza (antiguo Cuartel Viejo) desaparecido en expolio y demolición de sus piedras labradas, entre 1963 al 1972, en que se acabó de demoler para hacer el aparcamiento que existe al final de la calle de Parras. De ese enorme edificio, que tenía una bella portada exterior, a la que se accedía por escalinatas, se repartió todo —en el entorno de la Plaza de Santa María y los Golfines y en el Adarve del Arco de la Estrella—, menos la escalinata a que hacemos mención. Los escudos de sus ventanas, que llevaban las armas del famoso obispo, amigo de Felipe II, se trasladaron a las ventanas que se hicieron sobre el edificio actual de la Jefatura de Obras Públicas. Una bella portada interior, que daba a un claustro, en la que figura una imagen de la Virgen de Guadalupe de Méjico, es la que ahora sirve de puerta exterior del Palacio de la Diputación y la enorme puerta principal, toda ella también de cantería, se trasladó, piedra a piedra, a las traseras del Palacio Episcopal y ahora de frente, casi, al Arco de la Estrella. Pero lo curioso del traslado es que al montar las piedras se trastocaron dos de ellas y donde había una “G” se puso una “C”, o viceversa, quedando el “frontis” con la siguiente atrocidad: “Don García de Calarza obispo de Goria”.
Diario HOY, 5 de febrero de 1987

lunes, 5 de febrero de 2018

¿Para cuándo las luces?


El pasado viernes, día 26, llegó a Cáceres el presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, y a bombo y platillo fue inaugurada la iluminación artística y extraordinaria de nuestra Ciudad Monumental; inauguración que —según se había dicho— reseñaba de algún modo la reciente designación de Cáceres como patrimonio de la Humanidad. Como la noticia trascendió en todos los medios informativos, muchos fueron los cacereños y muchos los turistas que aprovecharon el fin de semana para venir a ver la Ciudad Monumental con la iluminación extraordinaria, que el presidente de Extremadura había inaugurado el día antes, y se llevaron el tremendo chasco de que aquello estaba tan oscuro como antes, ya que esa iluminación inaugurada por Rodríguez Ibarra a bombo y platillo por lo único que brillaba era por su ausencia, como suele decirse en las reseñas sociales. Ni que decir tiene que la indignación de los visitantes de dentro y de fuera fue grande y los primeros preguntados por la iluminación fueron los policías municipales, que dijeron que “antes las llaves para encender y apagar la iluminación que había las tenían ellos, pero que ahora no sabían quién las tenía y como las preguntas del personal eran continuas habían informado a sus superiores”.
Hubo opiniones para todos los gustos porque nadie puede imaginarse que el concejal de  Alumbrado tenga tan pocas luces como para dejar a oscuras la Ciudad Monumental en Navidad y en un fin de semana, o que el alcalde reserve las luces extraordinarias sólo para cuando nos visite algún “capigordo” amigote, y el pueblo —como siempre— tenga que conformarse con las migajas de cuatro bombillas, porque va a resultar que el patrimonio de la Humanidad se nos ha quedado en patrimonio de cuatro amigos y “superiores”, que es para los únicos que gastará vatios el encendido extraordinario.
Uno no imagina que haya tan poca vista o tanto abandono.
Diario HOY, 30 de diciembre de 1986

domingo, 4 de febrero de 2018

Atender al que llega


Estas designaciones sobre Cáceres han supuesto sin duda una mayor publicidad sobre nuestros monumentos y sobre lo que se puede ver en una visita a nuestra ciudad, razón por la que en los “puentes” y fines de semana normales se nos llena Cáceres de un turismo interior que apetece verlo todo y pasar unos días entre nosotros, sin poder lograrlo del todo por la falta de alojamientos y, en general, por la falta de infraestructura turística que tenemos. Uno y otra hay que remediarlos cuanto antes mejor, y antes de que los que nos visitan divulguen aquello de: “Cáceres es estupendo en cuanto a monumentos, pero allí no hay forma de alojarse, por lo que es mejor que vayas a otro sitio, y si acaso, de paso ves la ciudad en unas horas.” Porque, además, se da el caso de que a esta masa que demanda información sobre alojamientos, restaurantes, museos, monumentos y tantas otras preguntas como le surgen al que llega a ciegas a una ciudad, por muy monumental que sea, se vienen resolviendo por la buena voluntad de los guardias y de los paisanos, que procuran ayudar cuando pueden por propia iniciativa.
De ello hablábamos ayer con el alcalde, Juan Iglesias, preguntándole si no sería oportuno crear alguna comisión o persona que, dentro del Ayuntamiento, se encargara de eso, con capacidad de gestión para resolver los problemas que surgieran. Juan Iglesias nos dijo que hay una comisión informativa de Cultura, Educación y Turismo, que informan simplemente al alcalde, pero que, en efecto, no estaría de más gestionar algo de ese tipo, aunque no sabía cómo.
Diario HOY, 12 de diciembre de 1986

sábado, 3 de febrero de 2018

Ver Cáceres con otros ojos


Una de las frases felices, y que me ha parecido de las más acertadas que se han dicho con motivo de declarar a Cáceres patrimonio de la Humanidad, ha sido el llamarla “la pequeña Florencia”. Parece que la frase la pronunció el miembro del ICOMOS, que hizo la encendida defensa de nuestra ciudad como merecedora del título ante la UNESCO. Quiero explicar por qué me ha parecido acertada la frase y, de paso, ofrecer a los cacereños un nuevo modo de ver nuestra ciudad monumental. Florencia es la ciudad que marca el paso del mundo antiguo al Renacimiento. Pues bien, en los monumentos de nuestra Cáceres está marcado el paso, en lo arquitectónico, de la Edad Medieval a la Edad Moderna. Lo que eran nuestros palacios y casonas solariegas antes del descubrimiento de América, y lo que son después cuando llegan a ellas los primeros símbolos americanos, que nos marcan el inicio de la edad moderna.
Dentro del Cáceres monumental, la plaza que arquitectónicamente es la de antes del descubrimiento, es la de San Mateo. Sus viejas casonas excepto el escudo de armas y el arrabá que enmarca la portada, no tienen más adorno; las torres son de castillos medievales, desmochadas o no, como pueden ser ejemplo de ello la de los Plata, Los Golfines de Arriba o las Cigüeñas. La plaza que inicia la Edad Moderna y recoge los primeros símbolos americanos, con una mayor profusión de adornos en sus fachadas, es la de Santa María. el mismo escudo esgrafiado en el palacio de Hernando de Ovando; los medallones del palacio episcopal, con una china y una india (el viejo y el novísimo mundo); La Virgen de Guadalupe de Méjico que enmarca la portada de la Diputación; la profusión de adornos en toda la fachada de Golfines de Abajo, dicen muy a las claras que llega un orden nuevo, que también está en el balcón de esquina del palacio de Godoy con lo que en Cáceres, como en Florencia, puede estudiarse el paso de una edad a otra.
Diario HOY, 5 de diciembre de 1986