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miércoles, 13 de septiembre de 2017

Cáceres y el automóvil


Ojeando fotos antiguas, algunos cacereños se extrañan de la evolución sufrida en las siglas de las matrículas por los viejos automóviles cacereños. Este es el tema que, como curiosidad, trataremos hoy en la “ventana”.
Las siglas de las matrículas de los automóviles de Cáceres sufrieron la siguiente transformación a lo largo del tiempo: primero se designó a Cáceres con las letras “CA”, más tarde con las letras “CAC” y por último con las letras “CC”, que son las que ahora ostenta las matrículas actuales. ¿Por qué sucedió esto? Esto es lo que vamos a explicarles brevemente.
El primer automóvil español matriculado en la Península se matriculó en Cáceres el 18 de noviembre de 1900, a nombre de don Fabián Muñoz Serván. era un triciclo marca “Clement”, al que lógicamente se le impuso la matrícula “CA”, significativa de Cáceres, ya que en ninguna otra provincia había ningún “auto” matriculado como tal. Por curiosidad diremos que no fue el primer coche español matriculado, ya que en Palma de Mallorca se había matriculado, dieciocho días antes, o sea, el 31 de octubre, otro vehículo de la misma marca a nombre de don José Sureda Fuentes. Muy poco tiempo antes había comenzado la industria del automóvil y España no tuvo fábrica de ellos hasta que la “Hispano – Suiza” comenzó, en 1903, a fabricarlos.
Cuatro años después, el 6 de junio de 1904, se matriculó el segundo automóvil cacereño, que compró la “Sociedad La Unión Extremeña”, de Coria, para ponerlo “al punto”, con lo que también en Cáceres se matriculó el primer “taxi” español. En estas fechas se matricularon algunos coches más, hasta que el 14 de diciembre de 1907 se matricularon, por otra sociedad cacereña, dos ómnibus, para llevar viajeros de Cáceres a Trujillo, con lo que también la primera línea regular de automóviles de viajeros, de las españolas, se puso en Cáceres, Todos estos coches llevaron la matrícula CA, porque en Cádiz aún no había comenzado a matricularse, cuando esto sucedió, se indicó a Cáceres que usaran la tercera letra del nombre de la ciudad, entendiéndose aquí que las matrículas podrían llevar tres letras, por lo que durante bastante tiempo llevaron las de “CAC”. Pasados dos años, se aclaró que sólo deberían llevar dos letras, correspondiendo a Cáceres la primera y tercera de su nombre, con lo que se suprimió la A intermedia, que llevo durante bastante tiempo. Creemos que es un dato curioso para la pequeña historia de la ciudad.
Diario HOY, 22 de enero de 1983

El “embarullador de Machuca”


A modo de diccionario local, para andar por casa, iniciamos hoy una serie de definiciones muy útiles e ilustrativas para el ciudadano:
Embarullador de Machuca”: Llámase así a ese instrumento en forma de armario metálico, que toma el nombre de su aplicador den Cáceres, el concejal de tráfico y que, caso de funcionar bien, regirá el bosque semafórico que dicho concejal ha puesto en las cortas calles de: San Antón, San Pedro, Donoso Cortés y San Juan.
Ayer mismo le hurgaban en sus tripitas electrónicas unos técnicos especialistas, llegados al efecto a la ciudad, siendo el contenido del instrumento de cables, relés, cintas perforadas e incipientes cerebros cibernéticos, que son una verdadera delicia para la contemplación.
Pero como uno está con la cibernética tras de la oreja, recuerda aquel sofisticado ordenador que iba a regir las pasadas elecciones y que luego, por una flebitis en no sé qué complicado circuito, no sirvió para nada.
Hacemos votos para que éste no sea el caso. Porque si estimando su buen funcionamiento ya comienza a llamársele el “embarullador de Machuca”, no queremos ni pensar lo que pasará cuando dicho instrumento tenga la gripe —Dios no lo quiera— que muchas veces suelen padecer estos chirimbolos.
Última advertencia: el tal “embarullador” está en medio de un acerado próximo a la Caja  de Ahorros, frente a lo que en tiempos fuera la espartería de José Colmena y, aunque parece un buzón de Correos, no lo es; no vaya alguno de ustedes a echarle dentro alguna carta que, lejos de no llegar a su destino, nos “jeringaría” el invento.
De todos modos, deseamos al “embarullador” mejor y más prolongada vida que la que tuvo el “sonómetro”, instrumento que si no sirvió para mucho fue noticia de prensa durante casi un año y precioso juguete con el que más de una y más de dos veces se fotografió nuestro buen Machuca, al que le rogamos nos envíe una foto con el “embarullador” que podría servirnos para los mismos menesteres que las efectuadas con el “sonómetro”.
Quedamos sólo pendientes de la inauguración de todo el bosque semafórico y de los resultados que de ello se obtengan, para bien de la ciudad y su tráfico. Hemos dicho.
Diario HOY, 19 de enero de 1983

Multas y retiradas de carnet


Soliviantadillos andan los conductores de vehículos, infractores habituales algunos de ellos y poco amigos de pagar las multas —al menos municipales— que en algún caso van acumulando, como si trataran de empapelar alguna habitación con ellas. Algunos se confiesan, como los cosacos del Kazán, amigos del deber… y no pagar, aunque dicho sea de paso, estos agobios de impagados de multas municipales son más de las grandes poblaciones que en las pequeñas, donde por eso de conocernos todos las multas se acaban pagando.
No obstante nuestro Ayuntamiento también tiene un porrón de ellas sin pagar, aunque ayer en la Alcaldía no supieron darme el monto aproximado que sumarán todas ellas, pero haberlas “hailas”.
Los ayuntamientos socialistas, por aquello de arreglarlo todo de golpe, están revisando todo lo legislado en este sentido —como hace el Ayuntamiento de Madrid— para que estos impagados se hagan efectivos a “trancas y barrancas” y como sea. Estas cosas trascienden y también el infractor cacereños —aunque más modesto—  se encuentra alarmado por las decisiones ejemplares que en ese sentido pueda tomar el Ayuntamiento de la capital de este país, que antes se llamaba España.
También hay que decir que algunos ayuntamientos se exceden en lo de poner multas, y en este sentido yo tengo una experiencia personal, ya que hace tiempo recibí la comunicación de una que se había impuesto a mi coche en Jaén, donde ni mi coche ni yo hemos estado nunca, lo que tuve que demostrar con todo lujo de detalles… Pero en fin, que no es este el caso.
Lo que sí es cierto es que esto es tema de conversación ciudadana, y en este sentido cuento lo que nos contaba ayer mismo un entendido en la materia, hablando de las posibles retiradas de carnet, a cuenta de los impagos.
Según este amigo, y yo me lo creo, lo que sí contempla la ley es que un infractor reiterado, en infracciones peligrosas para la vida de los demás, que en el año haya hecho más de seis infracciones de este tipo, puede verse privado del carnet durante seis meses, y ello aparte de que pague o no pague las multas, porque el pago de ellas no evita que dicho conductor sea un peligro público para el resto de los ciudadanos, que es lo que viene a sancionar esa ley y no el impago de las multas. Esto es, si se quiere, una opinión, pero que tiene más lógica que todo el miedo que están metiendo para que la gente “se retrate”.
Diario HOY, 16 de enero de 1983

jueves, 17 de agosto de 2017

Los victorinos y el toro “burraco”


Me agradó a mí el que, habiéndonos quedado sin corridas de toros en nuestras ferias, a causa de la lluvia, vieran los buenos aficionados que aquí hay, a través de la pequeña pantalla, la retransmisión de una excepcional corrida como fue la del miércoles en Madrid, con toros de Victoriano Martín. Es curioso que, en casos de éstos, no importe el torero, sino más bien el toro y que los aficionados al referirse a esta corrida, en que salió todo redondo, no citen a los toreros sino a la ganadería y digan, por ejemplo: “¿Viste la corrida de los victorinos?”, lo que demuestra que en la fiesta de toros lo importante es el toro, aunque también lo sea el dinero, pero si no hay toros no puede haber toreros. Ello no quita méritos a Ruiz Miguel, Esplá y Palomares, que fueron los triunfadores de la tarde, pero gracias a estos toros – toros que este  paleto”, medio paisano nuestro, cuida como a las niñas de sus ojos. El triunfo fue de Victorino Martín y de su ganado, y dentro de ese éxito quiero señalar algo que,  en cierto modo, nos atañe.
Se dijo en la retransmisión, y lo confirmó el mismo Victorino, que esos magníficos toros habían pastado precisamente en campos de Coria y Moraleja, en nuestra provincia, con lo que podemos afirmar que algo tendrán nuestros pastos y nuestros campos cuando contribuyen también a formar esos toros de casta, por lo que también el triunfo es de un ganado cacereño, porque Cáceres ha sido y es una tierra de buenas ganadería bravas y eso lo demuestra.
Otra puntualización más, como comentario, es ver lo poquísimo que entienden de toros la mayoría de los que asisten al festejo. Muchos de ellos, en el último de la tarde, pedían que se retirara por cojo… y ya vieron el resultado que dio en la lidia. Esto nos recuerda el caso de un toro retirado a petición del público, porque alguien en los tendidos comenzó a gritar: “¡Fuera, fuera, que ese toro es “burraco”!” Se armó la bronca y el presidente hubo de retirarlo. Más tarde, alguno de los que más chillaba, pudo ver en un diccionario que “burrraco” es el toro que tiene pelo similar al burro, lo que no es razón para una protesta; pero así anda la fiesta, con unos “entendidos” que la arman por nada y aun sin saber por qué la arman.
Diario HOY, 3 de junio de 1982

miércoles, 9 de agosto de 2017

Otra vez el cepo


En esto el tráfico, unas cosas comienzan con buen pie y otras con malo. Como ejemplo podríamos citar la grúa, muy criticada en los ambientes ciudadanos, pero con “buena prensa” en general —excepto por parte de los que han tenido que sufrirla—, porque al fin y al cabo todos piensan que su actuación ha venido a arreglar —aunque sea poco— el maremágnum de tráfico que nos sufríamos y que nos continuamos sufriendo por lo que habría que decir que la grúa comenzó con buen pie.
No podríamos decir lo mismo del “sonómetro”, que a pesar de las buenas campañas que la prensa en general le hizo, de lo mucho que fiamos en él no sólo los ciudadanos, sino el propio señor Machuca, del que en algún momento se pudo pensar que era un enamorado de tal instrumento, se ha “marchado por el foro”, como un chisme inútil del que nunca hemos vuelto a saber una palabra. Se le presentaba entonces como “el dragón que iba a comerse los ruidos ciudadanos” y su servicio ha sido nulo, hasta el punto de que para darle alguna utilidad podría prestársele al concurso de dragones convocado por el señor Blanco, para el día de San Jorge, a ver si allí hacía algún oficio, aparte de ser pasto de las llamas.
Pero de todos los instrumentos “trafiqueros”, el que con peor pie entró —mejor diríamos peor muelle— fue el “cepo de tráfico”. Como recordarán, los dos primeros que se pusieron tuvieron mala suerte. Uno de ellos lo desmontó limpiamente el encepado y se lo llevó en su propio coche, y otro lo destrozó a porrazos o martillazos el propietario del coche al que se lo pusieron… Pues bien, parece ser que con la primavera vuelven a florecer los “cepos” y hemos vuelto a verlos puesto en algunos vehículos, con la lógica indignación de los “cazados”.
Yo no sé si el cepo es útil, porque creo que su utilidad la da la pronta llegada de la grúa, pero si ésta no llega y el coche estorba, lo que se hace es redoblar el estorbo, máxime si el encepado se niega a mover el coche, como en algún caso viene sucediendo… En fin, que el cepo es complementario y al lado de estas medidas debería solucionarse lo de los aparcamientos, bien con “zonas azules” o de algún otro modo.
Diario HOY, 2 de abril de 1982

jueves, 13 de julio de 2017

La escuela de saltos y el foso "salvapeatones"


Como da la casualidad de que cada día más automovilistas se pasan en rojo los semáforos, yo he comenzado a darle vueltas a algún sistema que evite el que esto suceda, porque —oiga— la amenaza de multa no vale, los guardias cada día se ocupan menos de estas cuestiones y al que “pescan”, si pescan alguno, acaba no pagando la multa.
El “invento” se me ocurrió tras de jugarme la vida con una bella conductora de un CC-E nuevecito, que se la veía muy “verde” y que tras de hacerme dar un salto para que no me arrollara, lo único que se le ocurrió decir fue: “¡Vaya, hombre, me pasé otra vez!”… y sin más comentario siguió su marcha mientras yo me quedaba temblando al pensar en lo que podía haberme ocurrido.
Como este no es caso único, sino más frecuente cada día, y como no sirve amenazas de pérdida de carnet, etc., comencé a darle vueltas al asunto.
Veamos, la solución puede tener dos partes: o bien, enseñarnos a los peatones, previo un entrenamiento diario, a dar saltos como los langostos, o poner algún dispositivo en los coches para que cuando se encienda el rojo, el vehículo —por alguna sincronización especial— frene automáticamente. Este último sistema estoy seguro que acabarán inventándolo en Japón, donde ahora se inventa todo, pero hasta que aquí llegue habrá que emplear algún otro sistema más rudimentario.
En cuanto al primer sistema me imagino una especie de “escuela municipal de saltos peatonales”, cuyas enseñanzas fueran gratuitas. Podría montarse a la vera de las piscinas municipales y tener allí un monitor que enseñara diversos quiebros al personal que asistiera a ella. Lo malo de esto es que los que no estuvieran en condiciones físicas acabarían cayendo y en ese número podríamos incluir a los ancianos disminuidos físicos, etc… Pero qué duda cabe que hubiéramos salvado al menos un 50 por ciento de la población más ágil, lo que desde un punto de vista estadístico no está del todo mal. Aunque justo es reconocer que no es el mejor sistema. Mi invento se cifra en hacer un foso delante de cada semáforo que se abriera, para tragarse el coche, cada vez que se encienda el rojo… Y, oiga, ni multa ni nada, el coche quedaría en el foso hasta que la grúa viniera a sacarlo cobrándole, como es lógico, sus servicios… quizá la obra en sí resultaría cara, pero de todos modos yo estoy esperando a que regresen Machuca y el alcalde para proponérselo.
Diario HOY, 28 de agosto de 1981

miércoles, 12 de julio de 2017

El cante grande y la gestión municipal


Comentaba yo con “Franquete” y “Laviana”, dos humoristas cacereños, que como Dios les da a entender y con mejor o peor fortuna —que este es el calvario de cualquier artista— siguen manteniendo viva la tradición humorística de la ciudad en la que de antiguo hubo nombres muy estimativos, como podrían ser los de Marra, Burgos o Palma. Comentaba yo, repito, que los griegos, de cuya cultura parte la actual, solían desterrar al ostracismo al convecino que no se le veía reír con cierta frecuencia.
Por cierto, “Laviana” apuntó: “Pues si los desterraban a todos a la misma isla estaría aquel lugar como para darse una vuelta por el mismo, con tanto “sieso”…” Y es que el humor es una espita de escape para la seriedad y la malquerencia, no exenta de “stress”, que a los humanos suele invadirnos. Qué duda cabe que “los duelos con humor son menos”. Y partiendo de esa premisa podríamos comentar lo que a nuestro Ayuntamiento le viene sucediendo con la rotura y desaparición de los “cepos de tráfico” que, habiéndose puesto de moda, son motivo de desesperación para el alcalde, señor Domínguez Lucero, y suponemos que del concejal de Tráfico, señor Machuca, que fue el que trajo esos instrumentos a nuestra ciudad —claro que con el permiso del alcalde y la Corporación—. El alcalde se indigna y dice que el que vuelva a destrozar un “cepo” puede acabar en el Juzgado de guardia para responder de daños y perjuicios. Pero si le echamos a todo esto humor, como se lo echaban algunos amigos que comentaban el caso, comenzaremos diciendo que al amigo Machuca, por eso de traer los cepos, le han comenzado a llamar “El Cepero”, y como “El Cepero” era uno de los mejores “cantaores” de flamenco que hemos tenido, traduciendo todo esto al lenguaje folklórico-flamenco, nos imaginamos a Machuca de vuelta de vacaciones en Portugal, cantando a imitación de Manolo Escobar:
“Mi cepo me lo robaron
estando de vacaciones,
si llego a estar en activo
se enteran estos “robones”.
¿Dónde estará mi cepo,
dónde estará mi cepo…?”
O bien, por soleares, que es cante más grande y profundo, como el de “Cepero”:
“El que robe o dañe un cepo
si le entrillan los dañados,
según dice nuestro alcalde,
puede verse en el Juzgado.”
Y todo esto acompañado a la guitarra por Cupido, que es el de la música.
Diario HOY, 23 de agosto de 1981

martes, 11 de julio de 2017

El "empecinamiento" de los conductores


De unos 11 a 19 automóviles mal aparcados viene recogiendo la “grúa” de tráfico de Cáceres diariamente. Aparte de ello, se han venido a sumar a esta “limpia” de las calzadas, encaminadas a un tráfico más civilizado, los “cepos” que nuestros policías municipales suelen ajustar a coches mal aparcados y que, si son la indignación del que “cayó en el cepo”, arrancan, por otra parte, el aplauso de una gran mayoría que ven que el tráfico puede mejorar con la aplicación justa de estos métodos que, en definitiva, deben pretender no sólo engordar las arcas municipales, sino imbuir un civismo a la anarquía que hoy tienen la mayoría de los conductores.
Ayer, por no ir más lejos, vimos la “limpia” que se hacía ante el edificio de Servicios Múltiples, de los coches aparcados en doble fila. Ello tuvo pendiente, media mañana, a los funcionarios, que con poco trabajo y con el calor estival encima, se entretenían desde las ventanas en ver a cuál le tocaba el que le pusieran el “cepo” y en las peripecias y discusiones que ello provocaba entre el guardia y los protagonistas.
Pero lo más curioso del caso era que mientras un coche con dotación suficiente de “cepos” estaba a la caza de estos “incautos”, había muchos más que sin enterarse de lo que venía pasando dejaban su coche, también mal aparcado, lo cerraba y se iban a sus negocios, sin darse cuenta de que ellos eran los próximos “encepados”. O sea, que vamos tan deprisa por la vida que no nos damos cuenta de aquello de: “Cuando las barbas de tu vecino veas pelar…”, y tropezamos en la misma piedra en que acaba de tropezar el que está al lado nuestro. Ello quiere decir que los guardias tuvieron “trabajo” de sobra y que, ya hartos de trabajar —no porque el resto de los coches hicieran caso— abandonaban este sitio de “caza” para marchar a otro, en el que volvería a ocurrir lo mismo.
Por todo ello yo he pensado que, como se hizo en tiempos con los accidentes de tráfico sería una sana medida que la Policía Municipal, tras de una “limpia” de este tipo, dejara un cartel en el que, más o menos dijera: “En este lugar cayeron en el cepo tantos vehículos.” Porque, oiga, acaban de multar a una veintena y, aun delante de las propias barbas de los guardias, siguen aparcando mal… Y esto, amigos, es empecinamiento que bien merece la multa.
Diario HOY, 14 de agosto de 1981

"El izquierdismo" de José María


Mi amigo José María, tras de cuyo coche, con el mío, he recorrido kilómetros y kilómetros, tiene el defecto de conducir por la izquierda. Conste que no es que José María sea inglés, ni como él dice para fardar, este vicio le haya quedado de los muchos años que vivió en Londres, porque se da el caso de que José María no ha visto Londres ni por el forro. Tampoco puede decirse que sea una “secuela de tipo político”, porque José María es un “facha” de tomo y lomo, que si se le echara eso en cara, era capaz de ir, de ahora en adelante, por la cuneta de la derecha para que vieran su verdadera posición ideológica lo que pudieran criticarle. Más bien se trata de una costumbre que comenzó sin darse cuenta y que ahora ha formado un hábito del que no es capaz de desprenderse. José María, pone en medio de las ruedas delanteras de su coche la raya que suele dividir la carretera y comienza a hacer kilómetros como si ello fuera para él el punto idóneo y seguro para lograr rendir viaje.
Recorriendo el vecino país de Portugal, donde como saben se conduce, quizá por influencia inglesa, por la izquierda o por donde cae, tuvo varios problemas que estuvieron rozando el accidente y entonces traté de hablar con él seriamente sobre el asunto haciéndole ver que en la carretera es mejor que cada vehículo vaya por su lado para evitar así el encontronazo en un posible cambio de rasante… Pues bien, mi razonamiento fue demolido por otro español que presenciaba la conversación y que sentenció:
— Es mucho mejor ir por la izquierda o por el centro de la carretera, por que así, si uno te viene mal de frente, tienes más tiempo de darle paso por un lado o por otro.
Ni que decir tiene que, después de las discusiones que en más de una ocasión hemos tenido sobre esto, su criterio salió reforzado y ahora conduce más por la izquierda que antes.
Si ustedes quieren, el asunto es nimio, pero igual que José María hay infinidad de conductores que por propia comodidad por hábito o por falta de seguridad, no respeta el Código y pueden llegar a ser los provocadores de accidentes cuando un coche, que viene por su lado y confiado, los ven aparecer invadiendo su espacio en un cambio de rasante.
Todas estas razones, y otras de este tipo, me hacen aplaudir la subida de las multas de tráfico. Ya veremos si José María, cuando les “casquen” 15.000 pesetas de multa, sigue pensando lo mismo.
Diario HOY, 13 de agosto de 1981