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domingo, 17 de diciembre de 2017

La viga en el propio…


En otra ocasión dije que en lo que se había especializado el Gobierno socialista era en “cabrear al personal”, cabreo este que llega ya hasta a los propios ugetistas, sindicalistas que han sido la esencia del socialismo y los que mantienen la “O” en las siglas del PSOE, porque los únicos obreros que figuran en el partido proceden precisamente de la UGT; el cabreo llega hasta el punto que este sindicato ha tenido que romper la disciplina de voto, para manifestarse en contra del recorte de las pensiones, como muy bien nos decía Miguel Ángel Rubio, secretario general en Cáceres, cuando convocó la manifestación para el día 4, por nuestras calles. A nivel nacional lo ha hecho Nicolás Redondo y otros altos sindicalistas, posiblemente con el mismo desencanto que nos confesaba, en el caso nuestro, Miguel Ángel.
Es una lástima que vayamos para atrás en las metas conseguidas por los obreros en regímenes y gobiernos anteriores y que sean los socialistas, los que tengan que quitar trenes, recortar pensiones y apretar el cinturón a todos los demás —muchos también socialistas— por no saber cómo apretárselo a quien más cintura tiene.
Conste que ese razonamiento lo hemos oído en la calle, donde unos cacereños con pinta de pensionistas se decían: —“Si el asunto económico anda tan mal, por donde deberían comenzar a recortar es por el sueldo de los políticos, no digo que los quitaran, pero sí que los recortaran, aunque sólo fuera para dar ejemplo, porque figúrate —agregaba— con un poquito de recorte a los miembros de todas las Juntas y Asambleas autonómicas, y a todos los alcaldes y concejales de España que cobran opíparos sueldos —aparte de su normal “modus vivendi”— lo que se conseguiría, cosa que tiene más razón que el que me quiten de mis 14.000 pesetas, aunque sea solo unos céntimos”.
Diario HOY, 4 de junio de 1985

domingo, 29 de octubre de 2017

El mono forzudo


Pienso yo que lo habitual deja de ser noticia, por mucho que lo haya sido cuando era excepcional. Y esto sucede, no ya a nivel de medios informativos, sino a nivel de hombre de la calle, que en la actualidad y por el cúmulo de huelgas que se organizan para protestar de todo, lo más que pregunta es: “¿Y estos qué protestan, quiénes son?”, sin entrar siquiera en el contenido de la propia protesta y en si es justa o no, o si la razón está del lado de los “protestantes”, o de los que no les dan, o no les pueden dar, lo que piden.
A veces he llegado a pensar que los sindicatos que ahora nos disfrutamos, son un poco como el mono del que hablaba un caricato argentino, que tuvo mucho predicamento por la radio en los años cincuenta, que lo presentaba ante los oyentes y decía: “Y la fuerza que tiene… querrá usted creer que apretó un “Pegaso” con la mano y sacó un “Seiscientos”. Posiblemente alguno de ustedes recordarán a aquel cómico llamado Pepe Iglesias, “El Zorro”, y a su célebre mono forzudo Pues bien, en muchos casos he llegado a pensar que algunos de estos sindicatos están más interesados en demostrar su fuerza —tanto de convocatoria, como de protesta— que el solventarles el problema a sus afiliados y a los trabajadores en general.
No digo que no haya razón en algunas huelgas, sino que en ellas se habla sólo de derechos y no de obligaciones, cuando una cosa es contraprestación de otra y para pedir algo hay que ofrecer algo, no solamente el “acogotar” a las pocas empresas que van quedando y que, con la crisis, ya están bien “acogotadas” de por sí. Yo no soy empresario, sino un trabajador más al que me gustaría que me dieran la Luna, pero que como sé que no van a poder dármela, no se me ocurre montar una huelga porque no me la dan. Creo yo que el derecho a  la huelga es un derecho reconocido en la Constitución, pero para emplearlo excepcionalmente y cuando no hay otros cauces para conseguir algo posible que se nos niega. Los cauces naturales en democracia, deben ser: el Parlamento, los partidos, la negociación lógica. Se olvida que la empresa es un barco en el que reman todos y el provocar el naufragio del barco, no beneficia ni al capitán ni a los remeros, aunque alguien esté empeñado en que se vayan todos al agua. Mal síntoma es que comencemos a “pasar” también de las huelgas, por lo frecuentes.
Diario HOY, 2 de marzo de 1984

lunes, 3 de julio de 2017

Spain is diferent


Me ha llamado a mí la atención eso de que los japoneses, según los estudios del profesor Tsunoda —japonés también— tienen el cerebro diferente. Este profesor ha lanzado un libro titulado “Nihonjin no no”, donde lo demuestra. A mí se me había “barruntado” algo por eso de ser los japoneses tan trabajadores, hacer sus huelgas de protesta trabajando unas horas más, en vez de parando de trabajar o “racaneando” como las  hacemos por aquí, aunque lo que a mí “se me había barruntado” era que los diferentes éramos nosotros que hasta habíamos acuñado un “slogan” que rezaba: “Spain is different”, para decir que los distintos somos nosotros. Lo que yo ya no sé es si la diferencia radica en el cerebro o en otro cualquiera “menudillo” de nuestro sandunguero cuerpo español.
Cosa es ésta digna de investigarse porque lo de los japoneses, que han puesto a su nación a la cabeza del mundo, que trabajan hasta cuando protestan, etc, eso se veía  venir, porque ellos saben que su nación es pobre; pero, oiga, nuestro caso es distinto porque nuestra nación es rica, cosa que deduzco de que aquí sin que demos golpe, las cosas siguen adelante y ninguno —ni individualmente ni en grupo— nos hemos planteado la cuestión de lo que pasaría si todos de golpe nos pusiéramos a trabajar seriamente, en vez de hablar tanto. Seguro estoy que nos pondríamos a la cabeza del mundo, aunque como decía aquél: “¿para qué vamos a intentarlo?, ¿para quitar el pan a algún padre de familia japonés?” A nosotros lo que se nos da bien es la teoría, reunirnos —por ejemplo— para ver cómo defendemos la democracia y la Constitución, pero sin que a nadie se le ocurra decir que la mejor defensa de esas dos cuestiones es trabajando cada cual seriamente en lo suyo, porque así lo hace cualquiera.
Lo difícil es llegar, pero sin sacar las manos de los bolsillos. Por eso me pienso yo que merecía investigarse el cerebro español a  ver cuál es la diferenciación con los otros cerebros —hasta con los japoneses—. Tanto es así que yo, imitando al profesor nipón, estoy preparando un libro que se titulará: “Estructura de las ñáñaras españolas”, que tratará de todo eso intentando —como quien dice— “afeitar un huevo”.
Diario HOY, 7 de junio de 1981

miércoles, 28 de junio de 2017

A la próxima me apunto


Me ha gustado a mi ese sistema que se han inventado en Valverde del Fresno para hacer más llevaderas las manifestaciones, Ya conocen ustedes la noticia: el medio centenar de manifestantes que se juntaron el día 1 de mayo, se fueron recorriendo las tascas y tomándose “chatos” por ellas (suponemos que también alguna “tapa” que otra), dando sus gritos habituales que, al final pensamos, se convertirían en “cantos de alterne” y en algún “El vino que tiene Asunción” o canciones por el estilo. Eso es dar amenidad y atractivo a una convocatoria de las centrales y, si el vino y las tapas las pagan éstas, auguramos un gran futuro en próximas convocatorias. Es más, yo estoy por decir que hasta cuenten conmigo, porque todo lo que sea innovación me gusta y hemos de reconocer que hay que salirse de la rutina en la que ya venimos cayendo con el lógico aburrimiento general y hasta ya es hora de renovar los “gritos” esos de: “Compañero únete”, ”Dónde están, no se ven las banderas de UCD” y otros pareados por el estilo. Como simple sugerencia, propondría yo, si es que “me daban vela en ese entierro” —que no me la van a dar— otros gritos nuevos que podrían ser: “Vino y tapa con jamón en la manifestación”, “Compañero, venga vino y no te pongas mohíno”, “Apúntate al sindicato y pasarás buenos ratos”, “Venga reivindicaciones, pero con vino y jamones”, “Este ilustre tabernero también es un compañero”, “Queremos cosas sencillas: danos vino con morcilla”… u otros gritos por el estilo que amenizarían la manifestación y pondrían una nota original saliéndose de la rutina en la que estamos cayendo.
Decimos esto con todos los respetos para los manifestantes y para esas centrales que pueden seguir haciendo lo que les venga en gana, porque esto es una democracia, pero ya es un síntoma el que tenga que ser la “iniciativa privada” de los de Valverde la que inicie esta modificación que, dicho sea de paso, es bastante más atractiva que las manifestaciones a “palo seco”.
Porque, oiga, para seriedades ya nos da bastante la vida diaria y cuando a alguien se le ocurre una modificación hay que aplaudirla sin reservas.
Para el próximo 1 de mayo, si Dios nos da salud, vamos a ser muchos los que nos apuntemos a la manifestación de Valverde, si es que siguen haciéndola como este año. Porque, la verdad, eso puede ser hasta un filón con vistas al turismo, del que debería aprender la propia capital.
Diario HOY, 5 de mayo de 1981