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viernes, 16 de febrero de 2018

Las patronas y los patrones de Cáceres


(Incluida en el libro “Ventanas a la Ciudad”)
Este año ha dado la coincidencia de que se nos junten en Cáceres y casi en las mismas fiestas, los dos excelsos patronos de la ciudad, la Virgen de la Montaña y San Jorge, patronos, en los que hay una serie de coincidencias y curiosidades muy dignas de comentarse, aparte de la devoción que todos los cacereños les tenemos, como bien demostrado queda en el recibimiento hecho a la Virgen de la Montaña. Entre las coincidencias, señalaremos la de que éstos son los mismos patronos de Barcelona, ya que la imagen que aquí  llamamos de la Montaña, fue una primitiva imagen de Monserrat, que trajo a Cáceres en el siglo XVII el anacoreta de Casas de Millán, Francisco de Paniagua. Es más, la talla, sin los ropajes que lleva en Cáceres, es una virgen sentada, al igual que la de Monserrat y a la que aquí comenzó a llamársele de Monserrate. Bajó por primera vez a Cáceres, desde su improvisado santuario, en 1642 y el Ayuntamiento la declaró su patrona en 1668.
A San Jorge se le tiene por patrón desde el primer momento de la reconquista de Cáceres, en el siglo XIII, quizás por darse la doble circunstancia de haberse tomado la villa en su festividad y porque la cristiandad le declaró protector de sus ejércitos, por haber sido capitán en los de Diocleciano.
Pero Cáceres y su Ayuntamiento tuvieron otras muchas devociones y patronos hoy día olvidados. Uno de los más antiguos fue Santo Toribio de Liébana, a cuya ermita peregrinaban Concejo y pueblo cada 16 de abril. La ermita estaba más allá de lo que se conoce por Montebola, al otro lado de la carretera, en la heredad de Pontefuera, hoy convertida en tinado y casa de campo (creo que es ahora de la duquesa de Valencia), pero en 1632 todavía había ermita y población en el lugar. Otros patronos y patronas fueron: Santa Catalina, San Gregorio, San Sebastián y San Fabián, Santiago, La Purísima, La Virgen del Vaquero, la del Rosario, el Ángel de la Guarda, La Piedad, el Niño de la Congregación, la Caridad y el Nazareno.
Diario HOY, 23 de abril de 1987

miércoles, 7 de febrero de 2018

La calabaza de Paniagua


En Cáceres, como posiblemente en otros sitios, de vez en cuando ocurren cosas verdaderamente curiosas. Yo creo que ya les conté cómo apareció en tiempos del alcalde Alfonso Díaz de Bustamante el “Libro de Becerro” municipal, que llevaba perdido un montón de años. En ese libro es donde están inscritas las propiedades de fincas municipales y según decía el historiador don Publio Hurtado, en su tiempo comenzaron a desaparecer hojas del libro y un buen día desapareció el libro completo, que llevaba perdido un montón de años hasta que al mencionado alcalde se lo devolvieron, a través de un sacerdote y en secreto de confesión, por lo que no hubo forma de averiguar quién fue el “secuestrador” del libro que, hasta pudo ser un antepasado de la persona que lo devolvió a su antiguo dueño.
Con el “Libro de Becerro” pudo haber hasta un interés crematístico en el robo, por ocultar las lindes de una finca o por cualquier otro motivo material y de intereses poco confesables, pero con lo que vamos a contarles ahora no caben más que “intereses” espirituales, religiosos o supersticiosos, si ustedes quieren. El caso es curioso. Como casi todos los cacereños saben, en el santuario de la Patrona, Nuestra Señora de la Montaña, se enseña la antigua cueva en la que vivió el eremita Francisco de Paniagua, que trajo su imagen y su vocación a Cáceres. En la pequeña cueva hay una serie de sencillos enseres de los que Paniagua se valía: escudillas, candiles, ollas y cántaros de barro y alguna que otra calabaza para agua de las que el bendito Paniagua utilizaba para litigar su sed cuando viajaba, porque, al decir de las biografías, pocas veces probaba el vino, Pues bien, una de esas calabazas había desaparecido misteriosamente de la cueva y, la verdad, nadie la echó en falta hasta que ahora, dieciocho años después, un devoto la ha devuelto a la Cofradía, ocultando su nombre y sin explicar por qué razón efectuó el robo.
Diario HOY, 15 de enero de 1987

martes, 9 de enero de 2018

Sobre los "grecos" de Talavera la Vieja


El 18 de marzo de 1983 publicaba yo en este mismo periódico y en esta misma sección de “Ventana a la ciudad”, una titulada: “La historia de “los grecos” de Talavera la Vieja”, que no coincide en todo con la versión que Carlos Zeda ofrecía ayer en nuestro periódico bajo el título: “Piden la devolución a Extremadura de tres cuadros de el Greco”. La versión que el autor da, para mí, es curiosa y desconocida, ya que parte de 1927, pero el final de ella en la que dice que esos lienzos fueron llevados a Madrid en el 59 para su restauración, no coincide con la versión última que yo conozco, que viví directamente, y que —por si completa su historia— narré entonces y volveré a narrar sucintamente ahora. Puede que hasta no sea la misa historia porque él habla de tres “grecos” y yo conozco sólo lo sucedido a dos, procedentes de Talavera la Vieja.
Para mí es válida toda la primera parte de la historia pero no el final que fue el que yo narré entonces. En síntesis, ese final es el siguiente: los cuadros se tenían en Navalmoral de la Mata para llevárselos a restaurar y, como el pueblo de Talavera quedaría inundado, se pensó instalarlos en algún museo en Cáceres. Era entonces gobernador civil de Cáceres Alfonso Izarra, que se desplazó a Navalmoral con motivo de no sé qué fiestas. Estando allí se presentó un fraile que venía de parte del museo de restauración de Toledo (o así dijo él) y que hizo ver al gobernador que mejor era que él llevara los cuatros a mano, que enviarlos de otro modo, razones por las que Izarra autorizó al fraile a llevárselos. Y no volvieron a Cáceres, por más gestiones que se hicieron, quedando en un museo toledano. Esto no pudo suceder en 1959 porque Izarra fue gobernador en Cáceres del 1964 al 1967.
Posteriormente, siendo alcalde de Cáceres Alfonso Díaz de Bustamante, se interesó por la devolución de los cuadros a través de Gratiniano Nieto, pero el Arzobispo de Toledo le hizo ver que Talavera la Vieja pertenecía a su diócesis y por tanto los cuadros deberían quedar en Toledo y no en Cáceres que era diócesis distinta. Como consolación, Gratiniano consiguió que se enviara a Cáceres el “Jesús”, obra de la escuela de El Greco, y otros diversos cuadros de relativo valor, que fueron la base para hacer el “Museo del Mono”. Esta es “mi historia”, vivida por mí, y que cuento, no por enmendar planas a nadie, sino por aclarar la verdad.
Diario HOY, 28 de enero de 1986

domingo, 7 de enero de 2018

Artabán, el cuarto mago


El poeta, escritor  y buen amigo que es Fernando Bravo, a cuenta de una de mis “ventanas” titulada: “El cuarto rey mago”, en la que yo me refería al Defensor del Pueblo como tal, me escribe una carta titulada : “El cuarto rey mago”, en la que yo me refería al Defensor del Pueblo como tal, me escribe una carta con unos preciosos versos en la que me habla del cuarto mago al que él llamaba Artabán, y traza el argumento de un poético cuento suyo, inédito, referido al mismo.
Como quiera que la festividad de los Reyes Magos, como quien dice, acaba de pasar, todavía es tiempo de hablar de ellos y de lo que hay de verdad histórica en esa tradición cristiana de la que no se sabe más que lo que dice el Evangelio de  San Mateo, de que unos sabios o magos de Oriente vinieron guiados por la estrella a venerar al Niño Dios y lo que sucedió con ellos. Lo de que eran tres y que se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar, así como lo de que eran reyes, fue una tradición cristiana surgida mucho después.
Volviendo ahora al cuento de mi ben amigo Fernando Bravo, diré que él, tomando también una traición existente, llama al cuarto rey mago Artabán y, en efecto, por la época de Cristo existió un rey de los partos llamado Artabán III, al que Tiberio destronó un montón de veces. Según ese cuento, Artabán, que marchaba con Melchor, Gaspar y Baltasar, en vez de continuar hacia el Portal se entretuvo haciendo el bien a unos y otros y llegó, moribundo, a conocer a Jesús.
Diario HOY, 13 de enero de 1986

NOTA.- Junto al texto anterior, Fernando deja una nota manuscrita en la que indica: “Muy mutilado y hecho sin sensibilidad ni cabeza, lo que le quita todo el sentido que tiene.
Se adjunta el original en el que se subrayan en rojo las partes suprimidas”. El original completo, al que se refiere, dice lo siguiente:

El poeta, escritor  y buen amigo que es Fernando Bravo, a cuenta de una de mis “ventanas” titulada: “El cuarto rey mago”, en la que yo me refería al Defensor del Pueblo como tal, me escribe una carta con unos preciosos versos en la que me habla del cuarto mago al que él llamaba Artabán, y traza el argumento de un poético cuento suyo, inédito, referido al mismo.
Como quiera que la festividad de los Reyes Magos, como quien dice, acaba de pasar, todavía es tiempo de hablar de ellos y de lo que hay de verdad histórica en esa tradición cristiana de la que no se sabe más que lo que dice el Evangelio de  San Mateo, de que unos sabios o magos de oriente vinieron guiados por la estrella a venerar al Niño Dios y lo que sucedió con ellos. Lo de que eran tres y que se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar, así como lo de que eran reyes, fue una tradición cristiana surgida mucho después. Según los “Apócrifos” y otras tradiciones, estos sabios magos, que eran astrólogos, pudieron ser cuatro, otros elevan la cifra a seis y algunos hasta a doce, lo que parecería una verdadera multitud de sabios ante el Portal de Belén, que posiblemente hubieran prohibido los romanos poco amigos de manifestaciones, aunque fueran de amor En fin, que lo de hacerlos reyes surgió también después, para significar una superior categoría de estas personas, más bien científicos, cuyos nombres la tradición señaló como el de Melchor, Gaspar y Baltasar.
Volviendo ahora al cuento de mi buen amigo Fernando Bravo, diré que él, tomando también una traición existente, llama al cuarto rey mago Artabán y, en efecto, por la época de Cristo existió un rey de los partos llamado Artabán III, al que Tiberio destronó un montón de veces. Según ese cuento, Artabán, que marchaba con Melchor, Gaspar y Baltasar, en vez de continuar hacia el Portal se entretuvo haciendo el bien a unos y otros y llegó, moribundo, a conocer a Jesús cuando éste expiraba en el Gólgota.

sábado, 6 de enero de 2018

El cuarto Rey Mago


Los hombres sencillos, los hombres de la calle, en estas fechas tenemos que creer en algo con la misma ingenuidad infantil de los niños, ingenuidad que no debe abandonarnos del todo a lo largo del resto del año, como puede ser la carta a los Reyes magos: Melchor, Gaspar y Baltasar. Yo diría que para muchos, nos han quedado sólo dos sitios a donde acudir: a los Reyes Magos y al Defensor del Pueblo, al que vemos como una especie de rey mago de diario que estará allí para oír nuestras quejas y, como Melchor, Gaspar y Baltasar, comprobar si hemos sigo buenos o malos y si merecemos regalos o carbón, riñas o aplausos, porque el hombre sigue añorando eso que se llama comprensión de los demás.
No nos damos cuenta que nos hemos fabricado un mundo en el que cada cual expone lo suyo esperando la respuesta del otro que no llega porque el otro suele tener ese mismo problema, por lo que los únicos que parecen escucharnos son los Reyes Magos y el  Defensor del Pueblo al que me imagino como el cuarto mago que, en vez de tener el teléfono de la Esperanza, suele tener la estafeta de ella.
Pero todas estas ingenuidades tienen también su quiebra o su transformación dentro de la sociedad de consumo en la que nos movemos y en la que comienzan a sustituirse a nuestros viejos Reyes Magos, juzgadores de conductas y premiadores de ellas, por Papá Noel, que está en las calles saludando a todos, dándoles caramelos y hasta haciendo publicidad en los grandes almacenes. Me cae también simpático, pero menos que nuestros Reyes Magos a los que considero mucho más democráticos que Papé Noel que no se para a escuchar ni juzgar a nadie, se toma su copa, da un regalo a cambio y sigue con su rollo. Nuestros reyes no: Melchor expone un problema de conducta del comunicante y entre los tres, mediante votación, deciden lo que se merece: carbón o regalos. Por eso, aunque no existan, habría que inventar a los tres magos, como se inventó al Defensor del Pueblo.
Diario HOY, 3 de enero de 1986

jueves, 4 de enero de 2018

Mantener la tradición


Llegaron otras brisas que barrieron muchas cosas malas y algunas buenas, o que al menos lo parecían. Nos referimos a las costumbres actuales de la Navidad de no hace tanto, y ello provocado por la llegada de un “Nabidal” de un impenitente poeta como es Fernando Bravo, y que sigue manteniendo la tradición de felicitar en Pascuas a sus amistades y familiares con unos poemas propios que tienen la singularidad de estar realizados en escritura fonética como la que propusiera en 1570 Gonzalo Correas, extremeño y catedrático en Salamanca. Fernando Bravo continúa con sus felicitaciones y, a decir vedad, es hoy día de las pocas personas que mantiene la tradición, lo que le agradecemos por lo que de original tiene enviar algo creado por uno mismo. En la actualidad las felicitaciones, las pocas que hay, se han hecho impersonales. La mayoría son impresas, compradas y enviadas por una secretaria, sobre una lista de señas que se mecanografían y se mandan por correo.
Como ven, es lo más contrario al espíritu de la Navidad que pueda imaginarse. Este espíritu supone el acercarse al otro, y llevarle algo de afecto que no sea solo un papel impreso que se envía impersonalmente y que ni lleva nada nuevo, ni el otro hará más que tirarlo al cesto de los papeles.
Puede que para lo comercial no haya otro sistema, pero lo comercial es lo menos afectuoso y navideño que pueda imaginarse. Hubo un tiempo en que era imprescindible intercambiar tarjetas de felicitación con todo el mundo; gracias a Dios ese tiempo ha pasado y estamos en el lado contrario del péndulo, en el que no se envían a nadie o a casi nadie, pero de enviarlas, que lleve algo personal, como esa de Fernando Bravo, unos versos propios, una firma autógrafa, una frase amable y personal, afecto en general pero no una frase impresa y para todos.
Diario HOY, 13 de diciembre de 1985

viernes, 29 de diciembre de 2017

Una simple precisión histórica


Lo hemos dicho más de una vez, pero no está de más repetirlo para evitar una “guerra de advocaciones” que parece ahora cada doce de octubre, entre las de la Virgen del Pilar y la de Guadalupe que, para decirlo con palabras de hoy, son representaciones de la misma persona, de María, pero con nombre y tradición distinta y con una vocación de regiones tras de cada uno de estos nombres.
La advocación de la Virgen que invocaron los descubridores y conquistadores fue, principalmente, la de Guadalupe. En el diario de Colón figura un pasaje que lo dice todo. Cuando el mar embravecido amenaza con dar al traste con las carabelas, todos se encomiendan a la Virgen de Guadalupe y prometen peregrinar a este monasterio para llevar a la Virgen un cirio de cinco libras de cera si salen con bien de toda su aventura, y cuando el mar se calma y se echa a suertes para ver quién irá a Guadalupe a cumplir la promesa, tocándole hacerlo al almirante, que se traslada allí en 1493, no sólo para llevar el cirio, sino para dar gracias por el descubrimiento y bautizar a los dos primeros indios, sus criados, que vienen a Europa. Sus partidas de bautismo figuran en Guadalupe, hasta con el detalle de que se les impusieron los nombres de Pedro y Cristóbal.
La advocación del Pilar no fue al Nuevo Mundo, porque en aquel entonces era totalmente desconocida, ya que —además— el Reino de Aragón no fue autorizado a mandar su gente allí, y porque la patrona de este reino era entonces la Virgen de Montserrat.
La Virgen del Pilar comienza a ser “famosa” a partir de la Guerra de la Independencia y su festividad se hacía el 2 de enero, hasta que en 1613, ya muy posteriormente, se cambió su fecha por la del 12 de octubre, esta es la escueta verdad histórica.
Diario HOY, 11 de octubre de 1985

lunes, 11 de diciembre de 2017

La falta de coordinación


Los “piques” también existen en estas cosas de la Semana Santa y de las cofradías. Suelen ser pequeñas cosas que acaban solucionándose, pero que a veces se enconan por esa falta de capacidad que solemos tener todos los humanos, de escuchar lo que los demás dicen y adaptarlo a lo que decimos nosotros. Ese partir las diferencias es de lo más difícil que suele darse, máxime si las diferencias son entre colectivos como las cofradías. Resulta que ahora nos vamos a encontrar con que el Lunes Santo, que es el próximo, habrá dos procesiones casi a la misma hora, y casi por las mismas calles. ¿Qué es lo que ha pasado aquí?, se pregunta uno que sabe que si la participación para una es escasa, más lo será para dos.
Pues bien, es algo que podríamos relacionar con los derechos adquiridos. Hace unos once años, la Cofradía del Cristo de las Batallas, por su carácter militar, dejó de hacer su desfile de la Semana Santa, que se hacía precisamente el Lunes Santo, con salida de Santa María a las ocho treinta de la tarde. Para cubrir ese hueco, la Cofradía del Nazareno, que tiene muchos “hermanos” y muchas procesiones, pasó la suya llamada “del Silencio” —que hacía en la madrugada del Sábado Santo— al lunes. Eso se hacía como “emergencia”, pero la tal “emergencia” ha durado once años, ya que éste, reformada y convertida en civil la Cofradía del Cristo de las Batallas, vuelve a reclamar su procesión del Lunes. Lo lógico es que la otra cofradía hubiera trasladado la suya al sábado, pero no se ha resignado y la anuncia para el lunes, a las nueve treinta, con salida de Santiago.
Sabemos que el mayordomo y los “hermanos” de la primera están molestos y hasta han recurrido al obispo, porque dicen: “Si casi todos somos cofrades del Nazareno, ¿cómo vamos a estar en las dos procesiones?”.
Ya ven cómo por la abundancia también se riñe.
Diario HOY, 28 de marzo de 1985

Una novedad religiosa


Voy a referirme a ello por ser una novedad al menos en Cáceres, donde la cosa ha caído muy bien. Se trata de que por primera vez en la historia parroquial las “Conferencias Cuaresmales” de San Juan, las predica un seglar y no un sacerdote.
La novedad ha hecho impacto en las gentes que, cada día más, acuden al templo a escucharle, no sé yo si por la propia novedad, o porque el conferenciante habla de forma distinta de la que hablan los curas y enfocando la religión desde el punto de vista laico.
Hay algo que hay que tener en cuenta y es que a las gentes les gusta que les hable “un paisano”, como ellos —sin sotana y sin la rigidez de unos votos—, un padre de familia, que tiene los problemas de cualquier hombre casado y con hijos, trabajador… Un poco como ellos.
El conferenciante es Alberto Rodríguez Gracia, presidente de un gabinete de estudios de una empresa, estudiante de Teología en la Universidad de Comillas, presidente de Justicia y Paz, de Madrid, asesor de la Comisión Episcopal del Apostolado Social y un “fuera de serie” en estas cosas ya que participará como ponente en el Congreso de Evangelización que organiza la Conferencia Episcopal Española. Pero a nosotros, hombres de la calle, se nos antoja que es más “uno de nosotros”, que lo es cualquier cura, quizá por aquello de llevar a la práctica lo que tanto se ha dicho de que la Iglesia somos todos y no sólo los curas. Las gentes somos muy simples y pensamos en que Alberto Rodríguez es un hombre de 48 años, con nuestros mismos problemas: mujer e hijos, y nos gusta que nos hable desde un púlpito. No nos paramos a pensar que Alberto Rodríguez es un hombre profundamente preparado en religión, cosa de la que adolecen a veces algunos predicadores.
Diario HOY, 27 de marzo de 1985

domingo, 10 de diciembre de 2017

San José y los carpinteros


Nuestra ciudad, que en esto de las devociones fue un poco voluble, ya que en el transcurso de los siglos tuvo diversos y variadísimos patronos, no tuvo entre ellos a San José, el patriarca carpintero, aunque sí es cierto que a través de su gremio —el de la carpintería— le celebró generosamente a través de los siglos y, como los carpinteros, no sé por qué, tienen fama de buenos bebedores, estas celebraciones fueron generosamente regadas con vino y solían terminar reposando la comida, para decirlo finamente, o durmiendo “la mona”, para decirlo más groseramente y como suele decirlo el pueblo.
Había una tradición que se ha mantenido hasta nuestros días pero que tampoco sé de dónde parte. Cáceres ha tenido  de antiguo buenos y numerosos talleres de carpintería por lo que este gremio tenía su peso específico en la población.
Se centraba en una excursión y comida campestre al lado del Guadiloba —que era el río más próximo— o bien, al Almonte, Salor o alguna charca o regato donde se pudiera pescar, ya que la comida se hacía a base de la pesca conseguida, que en el caso del Guadiloba solían ser pardillas que se pescaban con “coca”, “gordolobo” o algún otro producto que embarbascaba el agua produciendo a los peces la consiguiente borrachera como para dejarse atrapar. El lograr atraparlos, metidos en el agua, ya tenía mucho de diversión, y el tirar  frecuentemente de la bota para quitarse el frío.
Hoy todo esto se ha perdido, está prohibido pescar así y, más que faltar tradición, faltan carpinteros, por lo que todo pasó a la historia.
Diario HOY, 19 de marzo de 1985

viernes, 24 de noviembre de 2017

Somos poco santeros


Ayer fue el día de la festividad del patrono de Extremadura, patrono celestial ya que el de carne y hueso es Rodríguez Ibarra, y prácticamente nos ha pasado desapercibido a una gran mayoría de extremeños que no nos acordamos de nuestro patrono más que muy de tarde en tarde y, si acaso, para enseñar a los turistas la estatua de él que figura en la Plaza de Santa María de Cáceres, decirles que es obra de Pérez Comendador, y además un autorretrato de su rostro,  pare usted de contar.
Las diputaciones anteriores a la actual habían instituido una paga de “San Pedro de Alcántara” para sus funcionarios, que por ese solo motivo le iban tomando cariño y comenzaban a estimarle, aunque sólo fuera por la ayuda económica que con su nombre se les daba, pero como el actual presidente, señor Veiga, acordó suprimirla, nos tememos que al fallar ese estímulo, volverá a ignorársele como le hemos ignorado toda la vida, aún a pesar de esa misa y esos actos que dicha institución hace.
Porque es cierto que los extremeños, quizás por aquello de que nadie es profeta en su tierra, somos los que más ignoramos la vida, hechos y milagros de nuestro Pedro Garavito —que así se llamaba— y del que saben bastante más en Brasil, donde también le tienen por celestial patrono, que en su propia tierra.
Es curioso que esto, aunque en menor medida, nos pase también con nuestra patrona la Virgen de Guadalupe, de la que sabemos también poca cosa. Ejemplo de ello sería que sabemos quién fue el “descubridor” de la imagen mejicana de ella, el indio Juan Diego, pero ignoramos que Gil Cordero, el vaquero cacereño, fue el “descubridor” de la nuestra.
En fin, que en lo popular somos poco “santeros”, por desconocer nuestras cosas históricas a las que deberíamos tener más afición, porque el amor parte del conocimiento.
Diario HOY, 20 de octubre de 1984

lunes, 23 de octubre de 2017

César Borgia, obispo de Coria


Hay algo que desconocen la mayoría de los cacereños cual es que el famosísimo César Borgia fue también obispo de Coria. Hoy echamos la “ventana” por la curiosidad histórica y vamos a tratar de este tema.
Como se sabe por la historia, César Borgia era hijo de Rodrigo Borgia, elegido posteriormente Papa con el nombre de Alejandro VI, y hermano de la tristemente famosa Lucrecia Borgia, así como de Juan y Jofre, hijos todos ellos tenidos por Rodrigo, cuando era cardenal en Roma. Cuando el padre fue elegido Papa, eran ya crecidos y, como era habitual entonces, su padre los promocionó cuanto pudo ejerciendo lo que se llama nepotismo, que no es más que ayudar a la familia.
A César, el padre lo destinó a lo eclesiástico haciéndolo cardenal a los 18 años, aunque al ser su vocación la de las armas, trocó la púrpura cardenalicia por la espada, siendo uno de los mejores generales de su tiempo hasta llegar a ser el dueño de media Italia.
Pero dejemos la gran historia para ceñirnos a lo local. El hecho cierto es que César nunca estuvo en Coria, ya que el cargo era más bien honorífico y para proporcionarle una prebenda, ya que era el Nuncio el que cobraba las rentas de las diócesis y se las enviaba a Roma. Es más, en el “Episcopologio Cauriense”, de Orti Belmonte, aunque figura como el obispo número 54 de Coria se aclara que más bien figuró como administrador apostólico, entre 1496 y 1498, y se agrega que “noticioso el rey Fernando de Aragón de que intentaba dejar el capelo cardenalicio, ordenó que le secuestraran las rentas”. César acabó renunciando a su dignidad eclesiástica, ya que no había recibido más órdenes sagradas que el diaconado, y nunca visitó Coria.
Estos hechos eran normales en aquel tiempo y las designaciones se hacían para proporcionar unas rentas, sin ningún ánimo de que el designado dirigiera el propio obispado. Pero el hecho cierto es que figuró como obispo de Coria durante dos años.
Sucedió a César Borgia en el obispado de Coria, un primo hermano suyo: Juan de Borja (ya que el apellido Borgia o Borja eran el mismo). Este era hijo de una hermana del Papa Alejandro VI, que se había casado con un noble valenciano, que era el lugar de donde procedían todos los Borgias. El paso de Juan de Borja, por Coria fue de un año escaso, pero en la Catedral quedó su pétreo escudo
Y ya que de los obispos de Coria hablamos, diremos que desde el año 589 han pasado por la sede un total de 114 obispos, siendo el último don Jesús Domínguez, que ostenta precisamente ese número y es el primero de nombre Jesús que hay en la diócesis
Quede lo dicho como curiosidad poco conocida.
Diario HOY, 14 de enero de 1984