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domingo, 14 de enero de 2018

"¡Uf, menos mal que pasó!"


El tema de conversación ayer en Cáceres, como creo habrá sido en otros sitios, podría cifrarse en esta exclamación: “¡Uf, menos mal que pasó esto!” Claro está que la gente se refería, con estas u otras palabras, al referéndum, del que lo curioso era que lo que menos importaba a todos era el resultado en más o menos y los tantos por ciento, sino el que se había ganado “por los pelos”, nos habíamos quedado como estábamos, como en el chiste del inválido del carrito que fue a Fátima, y el mundo y la vida seguían con un poco más de tranquilidad y con menos zozobra de la vida días atrás cuando unos y otros, pidiendo votos en uno u otro sentido, o abstenciones, sólo nos prometían males de todo tipo, de hacer lo contrario de lo que ellos decían.
Dicen que todos los políticos están contentos con los resultados salidos de las urnas, pero la verdad es que quien más contento se ha quedado ha sido el pueblo, pero no por los resultados (de los que dice eso de: “para ese viaje no se necesitaban alforjas”) sino por la tranquilidad de que todo ha pasado sin malos modos y dentro de unos cauces de orden y sensatez que ha sido el pueblo el que se ha encargado de mantener con una madurez tal, que bien podrían tomar ejemplo nuestros políticos de ella. Suena a tópico, pero viene a cuento decir aquello que tantas veces se ha dicho: “Dios, que gran vasallo si hubiera buen señor.” No quiero decir con ello que tengamos unos políticos que no nos merecemos, porque cuando Dios y las urnas nos los dan, será o porque no hay otros mejores o porque nos los envían como penitencia para hacernos purgar nuestros pecados. Estos día pasados me recordaban aquellas antiguas y exageradas misiones con altavoces gritando: “Arrepentíos… y votad lo que yo os diga en el referéndum” aunque esto último lo agrego yo exagerando un poco, pero en fin: “¡Uf, menos mal que ya pasó todo!...”
Diario HOY, 14 de marzo de 1986

sábado, 13 de enero de 2018

Predicar y dar trigo


En esta cuestión del referéndum de la OTAN, y a niveles locales (posiblemente también a niveles nacionales), se está tergiversando todo. Es enternecedor ver que los que se pasaron años y años abogando por el “no”, se esfuercen en pedir ahora el “”; los que se esforzaron siempre por el “”, aboguen ahora por la abstención y se entretenga al pueblo más joven con bailes y cuchipandas, para pedirles el voto negativo o positivo, que esto importa menos que el conocer y pulsar los mecanismos para manejar las masas más jóvenes y, posiblemente, más inmaduras, dicho sea con perdón de los más jóvenes, que no les gusta que se los llama así, aunque lo sean, pero la madurez es cosa de años y yo les deseo a todos que los vivan.
Con todo lo dicho, no es esa la cuestión más llamativa en Cáceres, donde existe una ciudad monumental que, en anteriores campañas electorales, por ser ella nuestro museo para el turismo que nos visita, todos o casi todos los grupos han respetado llegando al acuerdo de no ensuciar los monumentos y calles que la forman con carteles y pintadas. Es más, para que respetaran las fachadas del resto de la ciudad, que nos cuesta un montón de dinero a todos los vecinos el que se limpien, el Ayuntamiento puso unos paneles para la propaganda del referéndum y, curiosamente, los grupos que se confiesan más pacifistas, los que abogan por una convivencia más democrática (que es respetar a los otros y que nos respeten), los que se llaman “verdes, pacíficos y no contaminantes”, con sus “platajuntas” tan “pías” aparentemente, son los que menos respetan la propaganda de los demás, las fachadas de la ciudad monumental, o no monumental, y predicando la ecología y no contaminación, los que más contaminan con sus carteles y sus pintadas, sin darse cuenta que, si ellos son los primeros en no cumplir lo que predican, poco pueden engañar al que tenga dos dedos de frente.
Diario HOY, 9 de marzo de 1986

viernes, 12 de enero de 2018

"Si lo sé no vengo"


Gracias a las “Jornadas de Derecho Comunitario”, algunos cacereños, aunque muchos menos de lo que sería de desear, nos estamos enterando de lo que se nos viene encima con la entrada en el Mercado Común Europeo en cuanto a leyes, normas y derechos que en muchos casos estarán en discordancia con las leyes, normas y derechos que estamos acostumbrados a acatar de toda la vida.
Uno de los últimos conferenciantes llegó a afirmar que muchas normas chocarán con las españolas, pero tendrá preferencia de aplicación el Derecho Comunitario, aunque las normas internas se opongan, y entre esas normas puede estar hasta nuestra Constitución, o algunos aspectos de ella. Una usted esto a lo que usted y yo sabemos del IVA y su aplicación, norma esta de obligado cumplimiento (aunque en otras naciones como Grecia o Portugal hayan retardado su aplicación); comience usted a pensar que por la aplicación o concierto que quiere hacer nuestra Hacienda (que ha pecado siempre de ir al grano positivo y caiga quien caiga) pueden cerrarse en la provincia 1.600 pequeños bares de pueblo que, quiérase o no, daban algún puesto de trabajo y ayudaban a vivir mejor a algunas familias campesinas, y acaba usted pensando que para lo que había que haber hecho u referéndum explicándolo todo antes era para la entrada en el Mercado Común y no para la entrada o salida de la OTAN en la que, aunque posiblemente nos juguemos más, le tiene más sin cuidado al ciudadano de a pie que ve que la “entrada” en Europa nos quedará más pobres, más esquilmados, con unas leyes y disciplinas más férreas, que es exactamente lo contrario de lo que nos decían nuestros político de cualquier color, desde hace muchos años. Con lo que, como en el espacio de la “tele”, el que más y el que menos piensa aquello de “si lo sé no vengo”, o de “oiga esto nos debería haber consultado”.
Diario HOY, 21 de febrero de 1986

sábado, 6 de enero de 2018

No escribo a los Reyes Magos

La verdad es que estoy perplejo y, así como otros años he escrito la carta a los Reyes Magos y sabía qué pedirles, este año estoy tan perplejo que, como muchos cacereños (españoles de siempre y más europeos aún desde e día 1 de enero) no me atrevo a pedirles nada, no vaya a ser que me salga, como suele decirse, “el tiro por la culata”, porque da la casualidad que el pasado año yo fui de los que en mi carta a Melchor, Gaspar y Baltasar, les pedía —entre otras cosas— nuestro pronto ingreso en la Comunidad Económica Europea y me encuentro con la sorpresa que nos encontramos muchos, que Sus Majestades nos han concedido el ingreso pero cargándonos ese IVA tan temeroso con el que, ciertamente, no sabemos lo que se nos viene encima.
Pienso yo que si las cosas se hicieran como es debido, más que el referéndum de la entrada o salida de la OTAN, que dicho sea de paso nos tiene con menos cuidados al hombre de la calle (aparte de lo que digan los políticos) que esta otras cosas que nos atañen al bolsillo y nos encarecen la vida, lo que debería hacerse era un referéndum para salirnos del IVA, aunque ello implicara el ser un poco menos europeos, como dicen que pasa en Grecia que tienen el IVA aplazado. En esto, pienso yo, que es donde se debe consultar al pueblo ya que con su escaso dinero es con el que se juega, pero dígame usted cómo le cuento yo esto a los Reyes Magos, que ni son europeos ni les importa un pito Europa ya que ellos son del Oriente y esto del IVA le debe sonar raro. En fin, el tonto fui yo que les pedí en la carta la entrada en la CEE, por creerme que de ello sólo se desprendían ventajas y, mire usted por dónde, que “al primer tapón zurrapa”, como dicen los castúos entre los que me cuento. Yo para mí el IVA, es una especie de carbón que nos echan por haber sido malos… y si no al tiempo, pero yo este año no escribo carta, no me atrevo.
Diario HOY, 5 de enero de 1986

miércoles, 3 de enero de 2018

Aprender de Europa


Yo no sé cómo lo conseguirán en Europa, donde ahora vamos a “entrar” aunque creo que de Europa no hemos salido nunca, razón por la que difícilmente podríamos entrar el año que viene. Donde vamos a entrar, y esto hay que precisarlo, es en la Comunidad Económica Europea, donde nunca habíamos estado, aunque no hayamos nuca dejado de ser europeos. Preciso este asunto para ver si dejamos de oir esa frase tan común como absurda de: “¡Ya somos europeos!”
Dicho esto, vamos a tratar de un tema que nos diferencia de los europeos grandemente, que es el de la magnífica conservación de sus monumentos y la desastrosa conservación de los nuestros No quiero ampliar esta apreciación a lo nacional, sino a lo que como cacereños nos atañe a todos, pues entiendo que lo cívico comienza por tener civismo con el vecino de al lado, como la educación empieza con ser educado con nuestra propia familia. A mí, como cacereño, me da hasta vergüenza ver nuestros escasos monumentos, alguno de ellos de autor importante, robados, rotos, maltratados y deteriorados por esa falta de civismo que comienza en esos educandos —que no educa nadie— y que se dedican al “deporte” de romper papeleras o destrozar bancos de los paseos. Esos no serán nunca europeos, sino zulúes (y que perdonen los zulúes por la comparación), ni serán educados nunca porque no entienden que el compromiso de la educación trasciende de las aulas. Yo no sé, decía, cómo conservan en Europa sus monumentos, sus pequeñas fuentes, sus estatuas públicas que están tan nuevecitas en cualquier pueblo de cualquier país allende los Pirineos, como nuestro Cáceres y aún más grande, pero tendremos que enterarnos para reparar la estatua de Gabriel y Galán, con motivos robados; la de Muñoz Chaves destrozada; las fuentes de Cánovas con motivos ornamentales machacados, y ver la forma de que se reparen y de que esa minoría indeseable no vuelva a atentar contra ellas.
Diario HOY, 11 de diciembre de 1985

El timo y la ilusión


Alfonso Vera y Vega, presidente de la Sociedad Española de Ovinotecnia que ha celebrado sus décimas jornadas nacionales en Cáceres, decía en unas declaraciones a HOY que la entrada en el Mercado Común se había firmado como en barbecho y que para los hombres de la agricultura, esta entrada era al menos problemática porque, si era cierto que en la llamada “agricultura de montaña” la Comunidad aporta un 25 por ciento para su mejora, lo hace si el Estado de turno aporta el 75 por ciento restante, que es lo más problemático porque lo difícil será convencer a nuestro Estado de que aporte ese 75 por ciento, con lo que la pelota sigue estando en el tejado y no hay panaceas con la entrada en la CEE, sino que persiste el dicho de “Ayúdate y te ayudaremos”.
La verdad es que nada nuevo aportaba este razonamiento, aunque con él Alfonso Vera pusiera el dedo en la llaga, puesto que nuestro pueblo dice y repite una y otra vez que “nadie da duros a cuatro pesetas”, lo que en todos los órdenes, sobre todo industriales y de negocio, de la vida, es una verdad como un puño. A mí, personalmente,  lo que me duele es esa forma nueva de timo a la ilusión que nuestro pueblo viene sufriendo una y otra vez a todos los niveles y que nos está convirtiendo en un pueblo receloso y escéptico. Es el político que, por vivir bien él, promete la luna al pueblo y le engaña; es  el “hombre de empresa” (o de presa) que nos monta un tinglado para alcanzar unas subvenciones y ayudas y, conseguidas éstas, se larga y nos deja tan “desindustrializados” como estábamos antes y, lo que es peor, con el mal sabor de boca de que hemos sido timados colectivamente y se nos ha matado la ilusión que habíamos puesto en todo. Cierto que nadie da duros a cuatro pesetas, pero hay timos colectivos que deberían castigarse en función de la ilusión que matan.
Diario HOY, 8 de diciembre de 1985

martes, 2 de enero de 2018

Europeizar la Administración


Yo creo que ahora que vamos a entrar en Europa, esta entrada no debe notarse solamente en que se nos encarezcan las cosas, que al parecer es lo que comenzamos a temer los hombres de la calle y con lo que se nos “amenaza”, como el IVA y otros “cocos” que se nos vienen encima.
Creo yo, aunque de esto se habla poco, que para el hombre de la calle habrá alguna ventaja con esa entrada en Europa y a mi me gustaría que alguien nos dijera claramente en qué consisten esas ventajas de las que sólo se habla nebulosamente, sin que nadie profundice en ellas, y las explique a “Juan Español” —como se decía antes—, porque resulta que a él es a quien se le viene todo encima, sin haberle dado ocasión siquiera de un referéndum de entrada en Europa, como es el caso de la OTAN. Pues mire usted cómo son las cosas: si me apuran, creo que más necesario hubiera sido el de  entrada en Europa que en la ONU, porque si a uno le dan un bombazo ni se entera, pero si le sangran a impuestos toda la vida, el asunto no será agradable.
Pero aparte de eso hay que decir que los modos europeos los debe también tomar nuestra Administración y no sólo los ciudadanos de a pie. No sé si en otros sitios pasan cosas, pero en Cáceres, hay ciudadanos que aprobaron una oposición y llevan meses “currelando” sin cobrar aún, porque no se los incluirá en nóminas hasta primeros de enero; los que se jubilan tardan un año o dos en poder cobrar su jubilación, porque nuestra administración es lenta. Los proveedores de los organisms oficiales, cobran tarde y mal. Hay en Cáceres industrias a las que la Administración les debe millones (que cobrarán en su día, pero sin sumar los intereses) y son llevados a la ejecutiva, nada más que deben un duro a la Administración.
Pienso yo que esto no es europeo, como no debe serlo el que por que las nóminas se estén informatizando los funcionarios no cobren, por lo que creo que es nuestra Administración, y a todos los niveles, la que debe europeizarse, porque hay que estar a las duras y a las maduras.
Diario HOY, 26 de noviembre de 1985

lunes, 18 de diciembre de 2017

A mí que me saquen


No me percaté yo de la cara de europeo que tiene Marcelino Cardalliaguet, el primer teniente de alcalde de Cáceres, cuando en el trazado de los programas de la pasada feria de mayo, en una entrevista, me decía que le parecía muy lógico que se hubieran suprimido las peleas de gallos de dichas ferias y que, si en su mano estuviera, suprimiría hasta las corridas de toros. Yo tomé aquello por una rareza particular de Marcelino que, como ha estado entre libros toda la vida, ni ha visto ni verá una pelea de gallos o una corrida de toros, pero no lo relacioné con su europeísmo hasta que, ayer mismo, leo unas declaraciones del diputado británico conservador Richard Cottrell, en las que dice que “tarde o temprano el parlamento europeo, tendrá que prohibir las corridas de toros en España y Portugal, si queremos ser buenos miembros de la CEE”, calificando las corridas como “torturas medievales a un toro desgraciado” que violan el reglamento de la Comunidad. Yo no sabía lo que se nos venía encima por esto de entrar en Europa, y me sigo enterando por mi compañero Gaspar García Moreno, que para nuestra agricultura y nuestros “patas negras” (cerdos, con perdón), tampoco nos viene muy bien la entrada; leo por ahí que eso del “chatear” al estilo tradicional español se acaba con la CEE, que el IVA es un nuevo “coco” peor que el señor Boyer (que Dios guarde, lo más lejos posible) en fin, que me siento engañado, porque a mí me habían hablado de paraíso y no de estas cosas de las que comienzan a hablarme, tras de firmar.
Esto sí que merecía un referéndum y lo de la OTAN, pero después de explicotearnos las cosas, porque si resulta que los únicos espectáculos sangrientos que se permiten son los de los “forofos” del fútbol inglés, no se puede tapear, ni andar de “chatos” y el IVA es un invento más nefasto que los de Boyer, a mi que me saquen.
Diario HOY, 15 de junio de 1985

martes, 12 de diciembre de 2017

El "milagro" de Peña Redonda


Yo no sé si lo que voy a contar es una leyenda o es una tradición que recoge un hecho histórico. Todos los historiadores a los que he leído y narran el suceso, lo hacen con imprecisión de fechas y aún de nombres, pero algo de verdad debió haber cuando se ha venido recogiendo desde entonces. Vamos con los hechos: Las cofradías en la antigüedad, no eran sólo para hacer desfiles procesionales, sino prácticas piadosas entre las que se contaba el acompañar a los reos de muerte, portando sus cruces, hasta el lugar de la ejecución que, aquí en Cáceres, en 1586 —fecha a la que se refiere lo ocurrido— era la Peña Redonda.
A “garrote vil” se había condenado en aquel entonces a dos jóvenes a los que se llevaba a ejecutar acompañados por un Cristo de la parroquia de Santiago (que después recibiría el nombre de Cristo de los Milagros). Había el rumor de que se los condenaba injustamente y al tratar de hacerlo, por dos veces consecutivas, se quebraron los cordeles con los que se trataba de ajusticiarlo y saltaron los clavos de las manos del Cristo, que quedaron sueltas, “¡milagro!”, comenzaron a gritar los cacereños que presenciaban el hecho y aun los propios clérigos y religiosos. Tan evidente quedó el milagro que, dos moros —que entonces los había en Cáceres— y que presenciaban aquello cayeron de rodillas pidiendo ser bautizados, siendo posteriormente católicos verdaderamente cumplidores de la doctrina abrazada.
Ni que decir tiene que los dos reos fueron perdonados.
Diario HOY, 5 de abril de 1985

martes, 5 de diciembre de 2017

Los mendigos de la CEE


A todos nos preocupa la meta de entrada de la CEE, en el Mercado Común, quizás porque no tenemos otra meta a la vista y porque nos han mentalizado en el sentido de que entrar en la CEE, es algo así como entrar en la Jauja de los cuentos infantiles, aquella que tenía las casitas de turrón, donde las perdices estaban guisadas y a mano de quien quisiera cogerlas y donde ataban a los perros con longanizas y hasta la polución era a base de azúcar molido. Un verdadero sueño, que nos han ido poniendo delante, como al burro la zanahoria, pero que nunca acabamos de alcanzar. Es como un espejismo de los del desierto que, cuando lo tienes a mano se hace aire, o lo ves más lejos aún.
Comenzó la cosa cuando vivía aún Franco. Se nos decía entonces —no sé quién, pero se decía y se escribía— que nada más muriera Franco y se instalara una democracia en España entrábamos de golpe en el Mercado Común, se nos devolvería Gibraltar por parte de los británicos, desaparecería la ETA, que no tenía razón de ser en democracia y hasta dejarían de apresarnos los barcos los moros.
Llegó la democracia y el espejismo se marchó más lejos y ahí está últimamente Morán para explicarlo: “Los ajustes de la agricultura, la readaptación industrial para no causar trastornos, la gestión no es fácil y es delicada, etc., etc.” y el espejismo se nos ha ido más lejos cada vez que lo tenemos a mano. Lo que no se nos ha explicado claramente es qué vamos a sacar los hombres de la calle del Mercado Común en cuanto a ventajas. ¿Poder viajar sin pasaporte?, ¿baratura en los artículos? Si es por lo del intercambio ahí tenemos en Cáceres una treintena de mendigos portugueses que nos llegan del vecino país, yo no sé si será como anticipo de la CEE, pero si tardamos mucho en entrar, entraremos también como mendigos —tal y como están las cosas— al menos Portugal ya marcha delante, cosa que tampoco debe ser consuelo para nadie.
Diario HOY, 26 de enero de 1985

domingo, 26 de noviembre de 2017

Vamos a contar un cuento


Hay que comenzar a desmitificar las cosas y a mi, y creo que a muchos cacereños conmigo, me parece que esto de la CEE, o del Mercado Común, es más una reunión de mercaderes en la que cada uno está a lo suyo —entiéndase que digo mercaderes y no comerciantes— que un organismo serio para la defensa en común de los intereses de Europa.
Es más, estoy por asegurar que, tras la noticia que leo de que “España está condenada a seguir esperando”, porque Francia quiere defender sus frutas y verduras; Italia y Grecia piden condiciones más favorables a su aceite de oliva y vino, y unos y otros se pasan la pelota para que se nos den ventajas en los productos que no tienen, pero no en los suyos, la sensación que me dan es que la tan cacareada CEE es más aún mercado de verduleras en la que cada cual defiende sus puestos y los productos que el puesto tiene, sin dejar instalar a España un puesto nuevo, por la competencia que podría suponer para los suyos.
Esta desmitificación debería abarcar también a lo que se nos dijo hace años —en vida de Franco— de que, nada más que tuviéramos democracia, entraríamos de lleno en el Mercado Común, nos devolverían Gibraltar, etc., etc. ¿Eran éstas mentiras o ingenuidades de nuestros políticos de turno? Según vemos los hombres de la calle, a la Comunidad del importa un pito el régimen que tengamos, nada más que entremos como compradores y no como vendedores de la competencia. Si nosotros desmontamos nuestras industrias y tragamos, bien; y si no, a seguir esperando. Así de simple. Total que esto es como el cuento de Caperucita —y conste que la idea no es mía— que España, con su cestita de frutas y verduras, quiere ir a Bruselas a dárselas a su abuelita y el lobo, o los lobos no la dejan.
¿Terminará el lobo engulléndose a Caperucita?
Diario HOY, 15 de noviembre de 1984