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jueves, 1 de marzo de 2018

Un centro con futuro


A nuestros políticos, a todos los niveles, se les puede llenar la boca diciendo que hay que invertir en investigación y tecnología, porque el futuro va a ir por esos derroteros y este país (España, claro) no puede seguir pagando “royalties” por todo e importando científicos, cuando aquí pueden formarse. La cosa no es sencilla y como en esos mundos de la tecnología hay también tiburones, a veces nos suelen dar gato por liebre, como sucedió con la fábrica de ordenadores y alguna otra industria similar. Pero pienso que ello no debe desilusionarnos, sino ilusionarnos en el sentido de que, como dicen los refranes castellanos, “tropezando se aprende” y “el que no se aventura no pasa la mar”. Lo malo de esos tropezones sería que nos convirtieran en recelosos y escépticos, mismamente como “el gato escaldado que huye del agua fría” (para seguir con los refranes) y que estos políticos encargados de la gestión hubieran perdido la esperanza de sacarnos del hoyo en que está Extremadura.
Y es que se nos puede dar el caso de que por nuestra puerta pase la ocasión y la desperdiciemos, por esas malas experiencias vividas en un pasado más o menos remoto.
Yo pienso que una de esas ocasiones, que suelen darse una vez en la vida de cada ciudad y región, es la que se está viviendo en Cáceres con el primer paso dado para la creación de un Centro de Microcirugía, que será de momento —y caso de contar con el apoyo de estas “escaldadas” autoridades– el primero que se cree en España de este tipo, en el que, por si pudiera dudarse de ello, están estos días los microcirujanos más prestigiosos del mundo. Pienso yo que Manuel Veiga, presidente de la Diputación, es un político con verdadero olfato y creo que en esta ocasión no se ha equivocado al no regatear ayudas.
Diario HOY, 16 de septiembre de 1987

jueves, 11 de enero de 2018

"Las Anejas" cumplen 50 años


(Incluida en el libro “Ventanas a la Ciudad”)
Precisamente hoy, 14 de febrero, se cumplen los 50 años de las Escuelas Anejas a la Normal en el edificio que hoy siguen ocupando, que se pusieron en marcha un 14 de febrero de 1936. Muchos cacereños que hoy peinan canas y tienen nietos, niños y escolares entonces, acudieron a la inauguración de la que existe una de esas fotos históricas en la que la mayoría están sentados en la escalinata de la escuela, acompañados de sus maestros, de grata memoria y fama de sabios: don Tomás Lucas, don José Gabriel, don Luis Sánchez Gómez... y del mítico alcalde socialista de Cáceres, don Antonio Canales, que con sus bigotazos, se fotografió en medio de todos. A la mayoría de los niños se los ve con algo de lo que, como cosa señalada, se les regaló para que recordaran el día: un duro de plata, una cartilla de la Caja de Ahorros, un bollo y una pastilla de chocolate. Unos están con el duro en la mano, enseñándolo, o con la cartilla o el bollo, que se comieron una vez terminado el ceremonial fotográfico.
Las Anejas, como la propia Escuela Normal, eran lo más moderno y mejor dotado que imaginar se puede. Unas y otra se debían a una gestión personal del alcalde Canales con Marcelino Domingo, ministro de Instrucción Pública en la República, que le prometió, y cumplió, hacer en Cáceres, si se le proporcionaba solar, la mejor y más moderna Escuela Normal de España.
Antonio Canales, cacereño por encima de sus ideas, se dirigió a otra persona que compartía con él el mismo cacereñismo, don Fernando Valhondo, que fue el que proporcionó el solar sobre el que se construyó el edificio. La Escuela, con su Aneja, era en efecto de las mejor dotadas de España, con proyectores, laboratorios, modernísimo material en el que se habían desterrado los pupitres, ya que los escolares se sentaban en mesitas de cuatro, con sus propios cajones, libros, cuadernos y cuanto pudieran necesitar, que se daba gratuitamente. Una y otra fueron las mejores de España durante unos meses, porque en el mes de julio del mismo año estalló la Guerra Civil, y el edificio quedó requisado para hospital militar, perdiéndose todo el material que atesoraba.
Diario HOY, 14 de febrero de 1986

jueves, 28 de diciembre de 2017

Elevar el tono universitario


Antonio Sánchez Misiego, el rector de nuestra Universidad, tuvo ayer una frase feliz en la apertura de curso: “No debemos mantener el chabolismo universitario”, dijo, para explicar un poco que esas aulas prefabricadas que fueron necesarias en un momento no pueden quedar como definitivas. Tocó eso el rector, como tocó la relación Universidad – sociedad extremeña, “en la que queda mucho por hacer pero se ha dado un gran paso adelante”.
Pues bien, en ambas cosas le doy la razón al rector de nuestra Universidad, aunque sería oportuno puntualizar que el chabolismo de nuestra Universidad, tanto en Cáceres como en Badajoz, ha sido necesario para que la Universidad viniera y se afianzara; nosotros, como la región más pobre de España, no teníamos valedores ni mecenas y lo que sí sabíamos —quizás por intuición— es que en esto de la Universidad lo que importa es el contenido y no el continente, por lo que aunque las clases, para comenzar a recorrer ese camino, hubieran tenido que darse en un chozo no tendríamos más remedio que haberlo admitido distinto es que ya ha pasado suficiente tiempo como para que esa provisionalidad del chabolismo universitario se vaya desterrando de nuestros “campus” universitarios, y nuestras autoridades de todo tipo tengan conciencia de que la mejor inversión que puede hacerse es en la propia Universidad.
Por lo que a la relación Universidad – sociedad, creo que ha pasado el tiempo suficiente como para que los extremeños veamos la necesidad de esa relación. Está en esas pequeñas cosas de los bares universitarios, las pensiones o residencias para estudiantes, en ese tono universitario que está invadiendo nuestras calle y nuestras cosas, impensables hace sólo unos años. Pero aunque esto sea así, estoy de acuerdo en elevar el tono de todo ello.
Diario HOY, 8 de octubre de 1985

lunes, 4 de diciembre de 2017

El rebosar universitario


A unos años ya del funcionamiento de la Universidad de Extremadura, hay algo positivo de ella que va quedando en el pueblo. No quiero decir que no haya otras muchas cosas positivas, directas, en el funcionamiento de una Universidad, sino que hay otras indirectas quizás un poso de lo que allí se “cuece” que llega al pueblo llano que no tiene oportunidad de pasar, “oficialmente”, por sus aulas. Esta para mí es, quizás, la parte más importante del ser de la propia Universidad, que es rebosar su propio recipiente y dejar caer algo de su saber o ciencia a su alrededor, al que puede llegar el pueblo no matriculado en las aulas. A un lado lo oficial y a otro, lo que se da por añadidura, que para mí es también muy importante. Es más, hasta pienso que las universidades del futuro han de salir del encasillamiento clásico y tradicional para volcarse más en esas actividades en las que el pueblo, de a pie, se le da algo de lo que, por las razones que sea, no pudieron alcanzar en su momento, siguiendo la burocracia oficial de matrículas, cursos, etc.
En este orden de cosas creo que vienen siendo muy importantes los diversos ciclos de conferencias montados por departamentos universitarios, también cara a la calle, pero sobre todos ellos, a mi modo de ver, el de mayor trascendencia en el sentido de siembra, o divulgación universitaria, es el servicio de publicaciones de la Universidad de Extremadura, sobre todo en esas ediciones económicas llamadas “biblioteca de bolsillo”, de las que están editados ya ocho volúmenes, unos más amenos que otros, pero todos al alcance del hombre de la calle que puede participar, así, de los “saberes universitarios” que imparta la Universidad.
Diario HOY, 23 de enero de 1985

lunes, 27 de noviembre de 2017

Las imprevisiones


La huelga que las alumnas de la Universidad Laboral mantienen a cuenta de la falta de calefacción en el centro, ha tenido variada acogida por parte de los cacereños que las vieron manifestarse ante el MEC, con mantas y pancartas.
Algunos, los que han sufrido los años españoles de escasez, personas mayores, solían decir: “Pues anda, que si a éstas les toca una escuela como la que tuvimos nosotros, en que no tenía brasero más que el maestro, apañadas estaban”. Algunos recordaban aquellos tiempos de escuelas sin cristales, y con el único brasero del maestro, en el que era un privilegio ser elegido el que movía las brasas con la badila, donde pasaba frío todo el mundo sin protestar. Otros oponían un lógico razonamiento cual era que, en efecto, eran tiempos malos pero el alumno, al dejar la escuela, podía calentarse en el brasero de casa (por que no había otro tipo de calefacción) y entrar en calor, al menos mientras permaneciera en su hogar; pero en el caso de estas 2.000 alumnas, su hogar es la propia Universidad Laboral y la falta de calefacción no abarca solo a las clases, sino a los cuartos de dormir y en general a todo el centro donde permanecen las veinticuatro horas del día y la incomodidad y el frío es por tanto continuo.
En contraposición, están las declaraciones del director provincial del mEC, de que las obras de calefacción no han terminado y hasta el día 26 de noviembre no podrán entrar en funcionamiento, lo que bien pensado no deja de ser una salida de tono porque si eso se sabía, y se sabía también que en noviembre hace frío en Cáceres, o se deberían haber acelerado esas obras, o haber retrasado el comienzo del curso sin dar lugar a esta huelga en que, dicho sea con todos los respetos para el director provincial, tienen razón las alumnas. El que ahora se las haga regresar a sus hogares no deja de ser una imprevisión de la Delegación, que debería haber tenido el centro a punto para el comienzo de curso.
Diario HOY, 17 de noviembre de 1984

jueves, 16 de noviembre de 2017

El jardín de filosofía


Gracias a Dios, nuestras escuelas universitarias y nuestra facultades, nos referimos a las del semidistrito de Cáceres, tienen problemas de crecimiento.
No hace mucho el director de la Escuela Politécnica, don Daniel Serrano, nos hablaba de lo que le venía sucediendo con las de Informática, Ingeniería Técnica y Obras Públicas, a las que la llamada “Casa Grande” ya les viene chica y están a toda prisa buscando nuevos locales para el próximo curso; el mismo problema de falta de espacio padece ya, a un año sólo de su funcionamiento, la Facultad de Veterinaria y problema mucho más grande tiene la más veterana, la de Filosofía y Letras, que está reestructurando el edificio de la Fundación Valhondo, donde funciona, porque se le ha quedado chico, según nos decía el decano en funciones, don Manuel Ariza.
Nos alegran todos estos problemas, que se deben a la aceptación que todos esos centros han tenido, porque lo grave sería que alguna estuviera con tan pocos alumnos que hubiera que pensar en cerrarla, como algún agorero vaticinó cuando comenzaron a ponerse en marcha. Son problemas de crecimiento que el rectorado no tendrá más remedio que afrontar.
Pero entre los problemas de la Facultad de Letras hay uno que nos señalaba el profesor Ariza que no por pequeño debemos desestimar, y es el del jardín de la Facultad, que se instaló hace años y está creciendo en plan salvaje, porque no hay dotación para que lo atienda un jardinero. El verdadero peligro es que el pasto y el propio jardín pueda un día arder, con lo que posiblemente ardería también la Facultad. Yo creo que este es un problema en el que el Ayuntamiento podría echar una mano, al menos provisionalmente, hasta que la Facultad pueda resolverlo por sí. Fue el Ayuntamiento el que regaló el jardín, y también debería regalar el atenderlo, hasta que la Facultad pueda hacerlo directamente.
Diario HOY, 8 de agosto de 1984

martes, 14 de noviembre de 2017

El contenido y el continente


Desde luego, en todo interesa más el contenido que el continente. Dicho de otra forma más entendible, diríamos que de nada sirve tener una buena jaula, si no se tiene un buen pájaro dentro, y puestos a elegir entre pájaro y jaula, contenido y continente hay que desear primero tener el pájaro, porque la jaula vendrá por añadidura.
Este es el caso de nuestra flamante Facultad de Veterinaria que, con sólo un año escaso de funcionamiento, en unos locales impropios e inadecuados, es modélica en cuanto al contenido y la seriedad de sus enseñanzas como comienza a reconocerse fuera de ella y aún a niveles oficiales, que es en definitiva lo que importa, porque la adaptación de nuevos y más capaces locales vendrá por añadidura.
Es este el reconocimiento que ayer, en la sección de ruegos y preguntas del pleno de la Diputación, se puso de manifiesto de una forma oficial. Decimos de forma oficial porque el órgano provincial ha sido uno de los promotores de esa Facultad en Cáceres, para la que ofreció unas ayudas que en aquel entonces pudieron parecer no adecuadas, y es este mismo órgano el que reconoce que, aún con la precariedad de los locales habilitados y su insuficiencia, gracias al interés del decanato, al magnífico cuadro de profesores, y aún a la apetencia vocacional de su alumnado la flamante Facultad está realizando una labor muy seria en el campo de la formación de sus alumnos y aún en el de la investigación. Lo decía así el presidente de la Diputación respondiendo a las preguntas de un diputado, sobre cuándo estaría en marcha las obras del nuevo edificio que va a destinarse a ella. Se habló de que ya está hecha la maqueta del mismo, que falta el proyecto y que hay un contacto entre el decanato y la Diputación para realizar todo aquello lo antes posible. Pero sobre todo, lo que debe complacernos, es que aún con toda la provisionalidad con que se ha trabajado este primer curso, el nivel de enseñanzas está a la altura de cualquier Facultad de este tipo con más años de veterinaria.
En definitiva, que tenemos el contenido que bien merece se acelere el continente, aunque sea lo secundario.
Diario HOY, 22 de julio de 1984

martes, 17 de octubre de 2017

A vueltas con Veterinaria


Una de nuestras “ventanas” anteriores ha tenido, al menos, la atención de los alumnos de la recién creada Facultad de Veterinaria, que han puesto un recorte de la misma en los tablones de anuncio del centro, y hasta nosotros ha llegado el comentario de estos alumnos en el sentido de que agradecen el que alguien se ocupe de sus problemas.
Se suscitaba en ella el mal estado en que se encuentra el camino por el que tienen que llegar a la instalación provisional del centro, que se ha hecho en la antigua Granja Escuela de la Diputación, a espaldas de la Universidad Laboral.
Al parecer hay un compromiso verbal de la propia Diputación de reparar el camino, cosa que nos complace, pero tampoco es justo que carguemos las culpas de toda esta provisionalidad a este organismo que ha ofrecido lo que tiene, siendo la propia Universidad la que ha elegido, entre una gama de edificios e instalaciones ofrecidas, ésta como solución más idónea, bajo el propio punto de vista de la Universidad.
Queremos recordar que se ofrecieron para albergar la Facultad una serie de edificios, y entre ellos el recién adquirido palacio de los Duque de Valencia, aparte de otros terrenos y la posible inversión, por parte también de la Diputación, de 100 millones de pesetas.
Si la Universidad eligió esto, no es justo que carguemos a la Diputación las deficiencias que lo elegido pueda tener, aparte de que la elección es provisional, y en espera de lo que la propia Universidad arbitre como definitivo.
Hay un techo cierto que no debemos olvidar y es el que en este caso los organismos provinciales han invertido más en esa Facultad que la propia administración universitaria, y este caso se vino dando casi con todas las facultades y centros que existen en Cáceres.
Es posible que si la Universidad hubiera elegido como sede provisional de esa Facultad, por ejemplo, el palacio de Valencia, no hubieran surgido los inconvenientes de la lejanía y del propio camino, pero esto no es imputable a la provincia, que ofreció lo que tenía, sino más bien al destinatario del ofrecimiento.
Diario HOY, 26 de noviembre de 1983

lunes, 16 de octubre de 2017

Un cambio de criterios


Al parecer, oficialmente, no hay nada de la conversión y entrega para museo del palacio de los Duques de Valencia, adquirido por la Diputación provincial, hace ya tiempo, para instalar allí, según se dijo entonces, un Museo de Artes y Costumbres Populares.
Lo que sí es cierto y está rematada es la adquisición del inmuebles, pero lo que todavía no está, al parecer, decidido es su destino.
En él se comenzaron obras para instalar en el mismo la Facultad de Veterinaria, pero la Universidad no vio en él sitio idóneo para ello, por lo que se eligió la antigua Granja Escuela como sitio provisional para dicha Facultad, que es donde ahora funciona.
Ello ha hecho que el palacio recién adquirido por la Diputación no tenga decidido destino idóneo, porque según tenemos entendido, la dedicación a Museo de Artes y Costumbres Populares llevaba implícita la adquisición a Pérez Enciso de una nueva colección de ropas y enseres populares por lo que pide y hablamos de oídas, algo así como sesenta millones de pesetas. La adquirida al mismo coleccionista, que hoy figura en el Museo de las Veletas —y seguimos hablando de oídas— importó algo así como unos siete millones de pesetas, hace años, y sólo parte de ella está expuesta en dicho museo, ya que estas colecciones se repiten en sus objetos de tal forma que, por ejemplo, camisas de Montehermoso puede haber treinta casi iguales, cuando para exposición con una y otra en almacén, sobraba. No queremos decir con ello que la operación —si es que está en marcha— no se realice, pero puede que el elevado precio haya hecho desistir a la Corporación actual del destino que le había asignado a este palacio la otra anterior En fin, que lo del Museo está en el aire, como están en el aire otras muchas cosas y las corporaciones aplican cada una sus criterios que varían, como varían los miembros de la misma. Nos parece bien el aplicar criterios administrativos, y quizá éste sea un caso que lo merece, pero en lo cultural no debe privar sólo este criterio, porque corremos el peligro de quedarnos sólo en la cultura callejera del oso y del pandero, cuando antes se alcanzaron cotas mucho más altas.
Diario HOY, 23 de noviembre de 1983

Sin ánimo de sacar trapos sucios


Los chicos y chicas que estudian veterinaria están sumamente contentos porque, días atrás, cuando vino por aquí un equipo de Televisión Española, aprovecharon para tomar unas secuencias de la nueva Facultad, en pleno trabajo, pasándoles al aula nueva que hasta el momento es la única que se ha amueblado, aunque la que utilizan habitualmente es otra, y que todo saliera muy bonito.
Lo tomado saldrá en una especie de “Plaza Mayor”, que se emite sobre las dos del mediodía, y veremos en él lo bien que están estos chavales, lo atendidos que los tienen y lo contentos que se encuentran.
Lo que seguramente no se dirá en ese espacio, porque las cámaras no lo habrán tomado, es el calvario que estos alumnos pasan hasta llegar a la Facultad, diariamente, a través de un camino lleno de charcos, destrozado por los coches que llegan a ella y que los ponen  perdidos en el trayecto —al vaciar los charcos y salpicarlos— porque el autobús urbano los deja en la carretera y, aunque llueva a chuzos, ellos tienen que hacer el recorrido del camino a pie hasta la parada, sin que hasta el momento haya más que una promesa de arreglo del mismo que, al parecer, ha hecho la Diputación.
Esto, aparte de la poca iluminación del tramo que hay que recorrer cuando es ya noche cerrada, al terminar las últimas clases.
No es que queramos ser agoreros y presentar sólo la parte negativa de las cosas, pero nos parece lógico que en ocasión única, como es esa de la televisión, debe presentarse la cara y la cruz del problema y no quedarnos sólo con la parte positiva, que es una forma de triunfalismo actual que comienza a ser más habitual de lo que sería de desear. El no hacerlo así es informar sólo a medias, y ocultar un problema que, si nos parece nimio a los que no lo padecemos, no lo es tanto desde el punto de vista de los alumnos de la flamante Facultad que tienen que sufrirlo a diario, bajo la lluvia, y varias veces en la jornada.
No se trata de sacar trapos sucios, sino tratar de que se laven los pocos o muchos que pueda haber.
Diario HOY, 18 de noviembre de 1983

viernes, 13 de octubre de 2017

Tres pasos hacia adelante


Pienso yo que el día de ayer, al menos visto desde la “ventana” de la ciudad que, lógicamente, tiene vistas a la calle, ha supuesto para Cáceres tres pasos hacia adelante, lo que no es poco, si estimamos que muchas veces las ciudades y las regiones también dan pasos hacia atrás y suele costar Dios y ayuda el encarar el futuro avanzando en el mismo.
Un primer paso, que no puede pasarnos desapercibido, fue el de la apertura de clases de la nueva Facultad de Veterinaria, instalada provisionalmente tras de la Universidad Laboral y, a la que acudieron, por primer día, los futuros educandos con el lógico despiste de estas primeras ocasiones en las que suele desconocerse todo, La nueva Facultad está en marcha y ello es lo que importa.
El segundo paso importante, que trasciende de la ciudad y aun de la región, fue la clausura del “III Encuentro Luso – Español de Administración Local”. Dos directores generales se reunieron para el evento, el de Portugal y el de España, y sin entrar en los matices de tipo técnico que son los que no importan al pueblo hemos pulsado en el encuentro el deseo de una y otra parte de un mayor entendimiento, precisamente en provincias que como las nuestras, pertenecieron a la antigua Lusitania, y necesitan de ese contacto que no debe romper una frontera.
En este encuentro, sin hacer de menos a nadie, ha habido una verdadera estrella del mismo, el señor Mosquera Fernández, que nos ha asombrado por conocer nuestros pueblos a “golpe de calcetín” y ser uno de los más entendidos en todos sus problemas, lo que es gratificante cuando estaos acostumbrados a los técnicos que no suelen salir del despacho.
El tercer y último paso adelante, aunque a alguno no se lo parezca, ha sido la protesta de la Facultad de Letras ante el rector de la Universidad. No vamos a entrar en motivos que no encajan en esta sección de comentario, sino a decir que sólo el hecho de la libertad de protestar y ser escuchados, es un síntoma de que nuestra Universidad y las facultades que la forman son algo vivo y participante en ese todo que forma la moderna Extremadura que comienza a opinar y discutir sobre sus cosas aunque en algún caso, como éste, sean diferencias.
Diario HOY, 27 de octubre de 1983

martes, 10 de octubre de 2017

Un cambio a tener en cuenta


Insensiblemente y sin que nos demos mucha cuenta de ello, Cáceres se nos ha convertido en una ciudad universitaria. No se trata ya de comentar los acontecimientos protocolarios de una apertura de curso, sino de decir que la fisonomía de la ciudad ha cambiado con esa gran masa de alumnos que cursan sus estudios en las facultades y escuelas, y la de los profesores de las mismas que, en avalancha, invaden nuestras calles, que son ya las suyas, nuestros bares y la ciudad en general.
Cáceres ha cambiado su aire adusto por un aire juvenil que se nota más en estos comienzos de curso, en los que parece que una nueva sangre o savia ha entrado en las antiguas venas de nuestra ciudad para darle otro ritmo que puede gustar o no gustar, pero que es como abrir una ventana al aire fresco de la juventud, con todas las ventajas y con todos los inconvenientes que esa masa juvenil, con problemas distintos, conlleva.
Yo, personalmente, estimo que esto es bueno para Cáceres, aunque hay que reconocer que estos diez años de universidad han corrido más aprisa de lo que podíamos esperar y hasta comienzan a configurar una imagen distinta del Cáceres tradicional con la que habrá de contentarse de aquí en adelante.
Lo que yo pienso es que las estructuras ciudadanas no han evolucionado al mismo ritmo de este cambio y se ha creado una serie de problemas nuevos a los que debería prestarse mayor atención.
Entre ellos están los problemas de alojamiento del profesorado y del alumnado, que han encarecido de tal modo los pisos, amueblados y sin amueblar, que no hay forma de encontrar uno y, dicho sea de paso, hay arrendatarios que vienen haciendo su agosto en este río revuelto.
Hay grupos de estudiantes que toman alguno en arriendo para vivir en república, en comunidad y así solucionan el problema. Las pensiones estudiantiles han comenzado a surgir pero todavía son escasas.
Problema parejo es el del profesorado al que el alojamiento, por esa escasez, le resulta malo y caro, siendo esta una cuestión delicada porque, si queremos tener profesorado bueno y estable, hay que pensar en darle facilidades de alojamiento y estancia que, de algún modo, debemos hacerles grata.
Diario HOY, 7 de octubre de 1983