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viernes, 2 de marzo de 2018

Hay un orden de valores


Yo quisiera obrar con la misma prudencia que ha obrado el pleno de la Diputación, retirando del orden del día de su sesión un punto que decía: “Suspensión de las obras de construcción del camino vecinal de Fresnedoso de Ibor a Robledollano”. Las razones que se han dado han sido la petición de los alcaldes de las dos localidades cacereñas que solicitan “no se les archive este asunto y se siga en diálogo con los ecologistas, haciéndoles ver la incomunicación en que están ambos pueblos” Por su parte, la Diputación manifestó, a través de su Comisión de Planificación, que debía solicitarse de la Dirección General de Medio Ambiente (de nuestra Junta, claro), más información sobre el tema.
Los ecologistas han convencido
Todo esto nos hace sospechar que los “ecologistas” han convencido a esta Dirección General —que necesita muy poco para convencerse— de que no de permiso, o se oponga con uñas y dientes a la realización de ese camino vecinal, porque es mejor que queden incomunicados los vecinos de dos pueblos cacereños, que interrumpir los apareamientos de los “sapos parteros ibéricos” o espantar las cigüeñas de cualquier color que haya en la zona. No es que a mi me parezca mal que se defienda a los “bichos” pero pienso que el primer “bicho” a defender es el bípedo llamado hombre que habita en Robledollano y en Fesnedoso de Ibor, que tienen necesidad de que el progreso llegue hasta ellos y de que en algún caso —más frecuente de lo que parece—, alguna ambulancia pueda ir a evacuar a un enfermo de esa zona a un centro hospitalario.
Cuando todos los pueblecitos de Extremadura y sus habitantes estén lo suficientemente atendidos en lo que es infraestructura primaria de comunicaciones, será tiempo de hablar de “sapos parteros” y otras zarandajas por el estilo. Dicho sea con el perdón de mis amigos los ecologistas.
Diario HOY, 26 de septiembre de 1987

jueves, 1 de marzo de 2018

Está bien, pero sin pasarse


Yo me felicito y felicito a don Jesús Garzón por lograr declarar al embalse de Cornalvo parque natral y porque en él no sólo hay terrenos de municipios de Badajoz, sino de varios municipios de Cáceres, que quedarán a salvo dela especulación y contaminación de los seres humanos, como ocurrió en Proserpina. Como ocurre en Valdesalor, agrego yo, y en otros muchos sitios donde el ciudadano bípedo va a disfrutar a su aire, sin ocuparse de que pueda molestar a los bichitos, —es más, me complace saber que entre tantos bichos como se citan en las informaciones sobre el suceso, hay un “sapo portero ibérico” que yo me lo imagino como un bran batracio con cachimba y gorra de galones, casi igual a algún portero bípedo que hubo en algún centro sanitario cacereño. En realidad se trata de un error. El oficio del sapo es otro, No es portero, sino partero.
Si gentes como nosotros hubieran logrado vivir en la época de los dinosaurios y grandes bichos, ahora serían los grandes bichos los que nos estuvieran protegiendo a nosotros y, en justa correspondencia, ahora debemos hacer lo mismo con los pocos bichos que están quedando, aunque en esto de la protección, como uno se embale, acaba teniendo bichos por todos lados, por molestos que sean. Es más, pienso que si hubiera habido tanto ecologista cuando se inventó el DDT, a estas horas estábamos rascándonos los piojos por el método antiguo. En fin, no es que esté uno en contra de que haya más parques naturales porque, en definitiva, Extremadura por haber sido un gran latifundio en manos de muy pocos, ha sido casi un parque natural toda ella.
Diario HOY, 18 de septiembre de 1987

sábado, 24 de febrero de 2018

Nuestros árboles


No sé si fue Pons o alguno de los muchos viajeros clásicos que recorrieron nuestra tierra y escribieron sus memorias, el que dice que el extremeño en general odia los árboles y los maltrata o arranca, sin pensar en las funestas consecuencias que la desertización puede acarrear a sus tierras. La observación es muy aguda y aún hoy en día ese odio concentrado a las especie arbóreas sigue existiendo entre nuestros paisanos y convecinos, a todos los niveles. Se da el caso de que, desde los mismos ayuntamientos, se decretan arrancados de árboles, por aprovechar la tierra que hay bajo ellos o por realizar algún cultivo de dudoso futuro.
Históricamente, en algunos momentos, eso fue necesario, aunque no lo fuera el abuso. Por ejemplo, las llanadas entre Cáceres y Trujillo, que se desmontaron hace siglos, se hicieron, al parecer, para la siembra de cereales que eran entonces necesarias, pero no se volvió a intentar poner ni un árbol más, sino que parece que nos encontramos muy a gusto en los paisajes desérticos, sin ninguna protección de las arboledas. Esto sin duda se mama, como suele decirse, y estamos hartos de ver a muchos padres y madres que hasta ríen la travesura de sus retoños cuando tronchan un arbolito. Ese niño, al crecer, no tendrá respeto alguno a sus convecinos de la especie vegetal y los tratará como si no fueran seres vivos. Por ello, tenemos que aplaudir la actitud de los ayuntamientos cacereños que han llegado a hacer una ordenanza por la que, el que tiene que “matar” un árbol por necesidad ha de comprometerse a plantar tres o cuatro árboles más, ordenanza que no es nueva porque ya la aplican hace siglos en Elche, con las palmeras, pero que puede crear una mayor conciencia de conservación y respeto a nuestros hermanos los árboles, dicho sea sin las falsas beaterías políticas de “los verdes”.
Diario HOY, 13 de agosto de 1987

miércoles, 14 de febrero de 2018

Carnet para excursionistas


Al igual que existe el proyecto de que los que quieran ejercer el deporte de la caza tengan que examinarse y sacar un determinado carnet para poder “darle gusto a la escopeta”, debería exigirse un examen y un carnet para poder ejercer el campismo, aunque mejor diríamos para “licenciarnos” en civismo, que en definitiva es el palo al que fallamos la mayoría de los españoles y a todos los niveles. No me voy a referir al civismo dentro de la ciudad, sino al respeto de la naturaleza y de nosotros mismos, en las excursiones campestres.
Aún no ha comenzado la temporada de las salidas dominicales al campo, pero se viene ya aproximando el buen tiempo y la llegada de la primavera anuncia ese deseo de muchas familias de pasar el domingo en campo propio o ajeno, para olvidarse un poco de la rutina diaria de la ciudad y del propio trabajo. Pero lo triste de todo esto es que los sitios más bellos, y por tanto más frecuentados, los tenemos hechos unos verdaderos basureros a cuenta de la salidas del pasado año, basureros sobre los que se volverá a volcar la incuria, el abandono y desaseo de la presente temporada, para acabar convirtiendo lo que es bella naturaleza en basureros permanentes. Si ustedes no lo creen, pueden darse una vuelta por los alrededores del pantano del Salor, al que se ha llamado playa natural de Cáceres, y en el que siguen existiendo los desperdicios de pasadas excursiones, sin que nadie —o muy pocos— se hayan ocupado de enterrarlos o hacerlos desaparecer, pero no en el fondo del embalse, porque esa es otra de las atrocidades que allí hacen los excursionistas cada año, consiguiendo no sólo ensuciar las aguas y hacer peligrar las especies piscícolas del mismo, sino que como se tiran latas y botellas son ellos mismos los que se tienden trampas para el baño próximo en esas mismas aguas, en las que suelen ser frecuentes los cortes y heridas en los pies de los bañistas. Ahora las hierbas han logrado tapar algunas de estas basuras, pero si se aceran y las apartan aparece un fondo de latas de conservas, botellas y recipientes de todas clases.
De esta incuria general sólo se salvan los componentes del Club Camping Caravaning.
Diario HOY, 2 de abril de 1987

Un invento de los romanos


Las generalizaciones siempre son odiosas, peligrosas y hasta demagógicas y nuestra pobreza no radica tanto en lo material como en lo imaginativo. Tenemos falta de imaginación para afrontar nuestros propios problemas y aún falta de formación para ver que lo que es aplicable en otros sitios, no lo es en nuestro propio terreno, al menos todas las veces. No hace mucho leía un escrito del profesor don Antonio Floriano, muerto ya, en el que daba una serie de explicaciones sobre el origen y el porqué de los latifundios extremeños, o de muchos de ellos, que se crearon así por necesidad, desde la época romana. No defendía el profesor Floriano de quién había de ser el latifundio, sino el que hay tierras que no tiene otra forma de explotación que esa y que la “dehesa” no es una forma caprichosa surgida en Extremadura para atesorar riquezas y extensiones de terreno, sino que hay tierras que, por pobres, no tienen otro sistema de explotación y dejarían de ser riqueza para nadie, si se las parcelara. Llega a decir: “Sin ganas de hacer demagogia de ningún tipo, la dehesa no tiene más explotación que la tradicional, porque díganme ustedes qué se sacaría de parcelar los Riveros de Montoya”.
Esto lo desconocen muchos de nuestros “salvadores” actuales de dentro y fuera de la región y suponen que la riqueza de muchas de nuestras tierras de secano, de la mayoría, es igual que la de las mejores tierras de Andalucía, donde posiblemente la parcelación pueda dar de comer a muchas familias, lo que no sucede en la mayoría de las tierras del secarral de Cáceres, cuya única explotación tradicional tuvo que ser por extensión porque no había otro modo de vivir de ellas, haciendo un todo en el que un poco de ganado extensivo otro poco de siembra rotativa, algún huerto en el mejor sitio, los pastos y poco más, podían proporcionar un “pasar” a varias familias, siempre que se explotara conjuntamente, porque si se despiezaba parcelándolo, de cada parcela no podía vivir nadie. La mayoría de nuestras dehesas de secano son como un coche que tiene un valor, poco o mucho, mientras “rueda” conjuntamente, pero que deja de tenerlo si a uno se le da el volante, a otro la carrocería, a otro las ruedas, etc. No hay nada por inventar y ese invento de la dehesa lo hicieron los romanos.
Diario HOY, 29 de marzo de 1987

jueves, 25 de enero de 2018

Hacer algo, pero pronto


Yo no sé cuántas hectáreas de nuevos árboles se repoblarán anualmente en España. Parece ser que las repoblaciones han sufrido un parón de unos años a esta parte, no sé yo si es por discutir con qué árboles deben hacerse para que den mejor resultado, o si hay una desgana general en los organismos encargados de todo esto.
Lo cierto y verdad es que, según unas estadísticas totalmente actuales que he leído, España está a la cabeza del mundo en el número de hectáreas forestales arrasadas por los incendios y a la cola del número de hectáreas que se repueblan cada año.
Por referirnos a nuestra provincia y región, diremos que el fuego, este año, ha arrasado casi todo lo que se había repoblado durante años y años, no sabemos si con complacencia o no de los que están contra el reconocimiento de labores positivas hechas en los anteriores cuarenta años de historia, en los que Franco debió hacer algunas cosas positivas aunque tuviera el error de ganar la guerra civil, que según parece debieron ganar los que han regresado tras su muerte y los hijos de los que le ayudaron a ganarla, que se han unido a ellos (aquí no se olvida nada, por mucho que recomendemos el hacerlo), en fin, que en Extremadura, al menos, en la parte de las Hurdes, Sierra y de Gata y Las Villuercas, se ha quemado y se está quemando todo lo que podía quemarse y en el resto de las zonas forestales españolas está pasando lo mismo y, al parecer, de forma impune. Nuestras autoridades, los medios informativos y al parecer todos, condenamos de boquilla estos incendios, pero quien debe hacer algo más que condenarlos no acaba de decidirse con qué es lo que hay que hacer, lo que es tanto como dejar correr la bola hasta que estemos en un desierto, que al parecer, será dentro de muy poco. Todos estamos de acuerdo en que los incendios son provocados, así como que son una forma de terrorismo, tan mala como el terrorismo pro, pues bien, ¿por qué no le aplican la ley antiterrorista a los pirómanos?.
Diario HOY, 19 de agosto de 1986

jueves, 11 de enero de 2018

No hay enemigo pequeño


Hay problemas que parecen bobos, pero cuya solución requiere los más sofisticados métodos, y sin muchas garantías de éxito.
Uno de estos problemas es el de la aparición de topos. Sí, sí, de esos animalitos que hacen galerías en las huerta, jardines y cultivos, que son del tamaño de un ratón y que al dañar las raíces de las plantas lo destrozan todo, Pues bien, de esos animalitos tenemos una invasión en algunos jardines de Cáceres y no hay forma de acabar con ellos por los métodos corrientes de raticidas, ratoneras, etc., sencillamente porque como casi no salen a la superficie y su alimento son insectos y raíces, no hay forma de envenenarlos.
Se da el caso de que, según nos decía el jardinero municipal, en el jardín de la piscina de la barriada de San Jorge (antes Pinilla), no se atreven a sembrar el césped hasta que hayan sido capaces de desterrar la gran cantidad de topillos que tienen todo aquello minado. Se ha pensado en todo, y se ha pedido ayuda a todos sitios y, de la Facultad de Biológicas de Madrid, han enviado dos soluciones que al parecer son las únicas efectivas. La primera son unos cartuchos fumígeros que ha que entrar en cada una de las galerías de los topos y prenderles fuego pero, al parecer, si el terreno es húmedo no suelen ser efectivos, aparte de que son muy caros.
La otra solución es una sencillísima trampa de alambre, como el muelle de una pinza de ropa, cuyas puntas se entierran en la galería del topillo una vez montadas y éste, al marchar a ciegas por ella, la toca disparándola y quedando prisionero. La Facultad de Biológicas ha enviado un modelo, pero como harán falta muchas trampas más, habrá que pedirlas a Murcia, único lugar donde las fabrican, puesto que los murcianos son los únicos que defendiendo sus huertas han luchado con alguna eficacia contra el topo.
Para que vean lo difícil que es defenderse contra tan pequeños animales.
Diario HOY, 20 de febrero de 1986

miércoles, 3 de enero de 2018

A vueltas con la ecología


El hombre es un animal sucio, porque hay animales sucios y limpios y todo ello se debe a los orígenes. Por regla general los animales cazadores suelen ser limpios por la necesidad que tenían de evitar rastros, para lo que entierran sus propios excrementos y aun los huesos de animales cazados, no sólo para que no se los quietaran otros, sino para evitar ser ellos mismos perseguidos. Los animales que nacieron para presas son unos descuidados y lo ensucian todo: como la oveja, la vaca o los rumiantes en general que no se entretienen en limpiar sus excrementos, aunque ellos sean rastro para sus depredadores. Los animales que habitaban en los árboles como los monos y los pájaros, se quedaron a medias de uno y otro, porque al quedar el suelo lejos de las ramas en que vivían, las basuras aunque se acumulen molestan menos. Entre estos últimos está el origen del hombre que es sucio naturalmente, aunque la civilización trate de hacerle limpio y en cierto modo lo consiga, pero muy lentamente.
Si pensamos en personajes históricos como Carlos V o Napoleón, por citar dos épocas distintas, no los imaginamos con piojos o pulgas, pero las tenían y vivían en un entorno mucho más sucio y menos higiénico que cualquier ciudadano vulgar de nuestro siglo. Los detergentes, los “dedetés” y los cuartos de gaño se han inventado ahora, pero el hombre produce muchas más basuras y es la civilización y la ecología la que tiene que mentalizarlo para que esa basura no le autodestruya a él y a su entorno. Los plásticos, los detergentes y los pesticidas, son una forma nueva de basuras que constituyen ya una amenaza de ahí la oportunidad del Ciclo Ecológico que se viene realizando e Cáceres, con esos adelantados de estas cosas que son Jesús Garzón y Santiago Hernández y también, y coincidiendo con ello, ese vertedero controlado modernísimo que nos ha montado CONYSER.
Diario HOY, 6 de diciembre de 1985