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lunes, 29 de enero de 2018

Mirar el diccionario


(Incluida en el libro “Ventanas a la Ciudad”)
La ordenanza que regulará la venta ambulante en Cáceres fue presentada al Pleno municipal y devuelta, tras unas larguísimas discusiones, porque nuestros ediles no están del todo de acuerdo con lo que ha de hacerse con estos vendedores con tenderetes que hace más de un año, en algunos casos, ocuparon el paseo principal cacereño, el de Cánovas, y no quieren moverse del mismo aduciendo que ellos pagan los impuestos que se les exigen y tienen sus licencias de vendedores ambulantes con pago al día.
En alguna ocasión, creo que en las pasadas ferias de mayo, se intentó levantarlos, al menos de parte del paseo, del tramo que es el Parque de Calvo Sotelo, dándoles acomodo en otro lugar del jardín, pero montaron su protesta, se fueron en bloque a ver al alcalde y la cosa siguió como estaba.
Mientras tanto el comercio establecido protesta porque, siempre según ellos, estos industriales ambulantes les hacen una competencia ilícita y ocupan el mejor sitio de ventas de Cáceres. Cierto que el comercio establecido protesta por todo y a nuestro juicio hace bien porque se saca más protestando que cediendo, como bien demostrado queda con las protestas de los vendedores ambulantes, que no hay quien los mueva de donde llevan meses o años. Para mí esa indecisión de los concejales se subsanaba mirando en el diccionario qué significa eso de “ambulante” que es la calidad que tienen estos comerciantes. El diccionario dice exactamente: “Ambulante: que va de un lugar a otro sin tener asiento fijo. Errante, transeúnte, nómada, pasajero.”
Si estos vendedores tienen licencias de ambulantes y desde años no se mueven del mismo sitio, han perdido la calidad de ambulantes y por tanto no debe considerárseles como tales.
Diario HOY, 15 de octubre de 1986

viernes, 26 de enero de 2018

La fe del consumidor


Se extraña el concejal delegado de Consumo, Emilio Vázquez Navedo, de que nadie haya ido a denunciar a la OMIC (Oficina Municipal de Información al Consumidor) los casos de intoxicación por alimentación ocurridos últimamente en unas bodas. Igual extrañeza nos mostraba el presidente de ADUCA (Asociación de Usuarios y Consumidores), Manuel Cupido, que nos decía que en la sede de dicha asociación sólo había habido una consulta que luego no se materializó en denuncia. El primero nos lo decía francamente molesto, agregando: “Pues si no hay denuncias, la OMIC ignorará lo ocurrido, porque nosotros no trabajamos de oficio”.
A mi modo de ver, tras de cuarenta años de desatenciones con el consumidor, a pesar de que había unos organismos —llamados de otro modo— que decían defenderle y no le defendían, aunque montaban la comedia. Tras de la aprobación de un código alimentario que nadie aplica y que, aun estando en vigor ha habido envenenamientos de todo tipo, harán falta al menos otros cuarenta años de trabajo anónimo y eficaz de estos organismos para que los consumidores comiencen a creer en ellos. En España siempre ha habido picaresca alrededor del consumo y su defensa, y el español de a pie no va a creer a hora que todo ello se ha quitado de golpe y porrazo. Primero habrá que demostrarlo y luego pedir la fe del consumidor. Un ejemplo local podría ser el de la promoción de turismo, que es también una forma de consumo. Si a los pocos turistas que vienen a Cáceres les robamos el coche, les asaltamos en la ciudad monumental, les intoxicamos en los restaurantes, les robamos en los precios y cuando protestan lo más que les decimos es que se queden en su tierra… ustedes me dirán quién viene a esta tierra de pícaros, de no traer consigo, para su defensa, el famoso “Séptimo de Caballería”.
Diario HOY, 29 de agosto de 1986

jueves, 25 de enero de 2018

¡Vaya con Dios el monopolio!

Parece ser que se confirma que la cacereñísima familia Sánchez deja la representación de “Tabacalera S.A.”, que ha venido ostentando desde hace un siglo, siendo posiblemente la representación más antigua del monopolio incardinada en una misma familia. Ayer mismo, Clemente Sánchez, que es el que ahora la regenta, recibía a dos inspectores de Tabacalera para ver la forma de rescisión del contrato, que debe tener sus muchos inconvenientes, porque a lo largo de un siglo de ser el monopolio en la provincia se deben haber manejado, ganado e invertido muchos millones de pesetas.
Esto ha sucedido ya, al parecer, en otras provincias españolas en las que el monopolio, al dejar de serlo, por nuestra entrada en la CEE, se convertirá en una compañía más que explotará, aparte del tabaco, en lo que parece ser será una firma más —como en Canarias— otros muchos productos, enviando un empleado como representante a cada provincia. En fin, que el monopolio desaparece, y esto tiene aspectos positivos —a la larga— y negativos de momento, sobre todo para los cultivadores de tabaco, que si ahora quedarán libres para poder cultivar cuantas plantas quieran y venderlas al mejor postor, no tienen asegurada la cosecha por un monopolio que, aunque no les dejaba poner un grano más y les compraba al precio que quería, era un cliente fijo que aseguraba unos ingresos. Ahora se pondrá más difícil la cosa y habrá que hacer cooperativas para defender los precios, etc. La que no tiene que agradecerle gran cosa al monopolio es nuestra provincia que, habiendo sido la que más y mejor tabaco le proporcionaba a Tabacalera, y deseando tener una manufactura de cigarrillos aquí, no ha llegado a conseguirlo.
¡Vaya con Dios el monopolio!.
Diario HOY, 21 de agosto de 1986

lunes, 22 de enero de 2018

Confieso que no lo entiendo


Este conflicto que mantienen los ciegos integrados en la ONCE con la actual Administración me ha hecho meditar algo que se viene observando a todos los niveles, cual es el que la actual Administración, por las razones que sea, trata de modificar lo que funciona bien, haciéndolo funcionar peor, en vez de tratar de crear nuevas cosas que funcionen.
Yo viví los tiempos en que los ciegos eran mendigos que malvivían de la limosna, o de tocar algún instrumento por las esquinas (como comienzan a hacer ahora muchas familias de videntes) acogiéndose a la caridad ajena. No sé quién inventó lo de la lotería de los ciegos, ni me importa, lo que sí digo es que fue la redención de los invidentes que quedaron convertidos en dignísimos vendedores de lotería y el Estado, que hubiera tenido que terminar acogiéndoles en algún asilo o pasándoles algún socorro, se vio liberado convirtiéndoles en trabajadores.
Ahora parece ser que la Administración, o el Gobierno, o quien sea, tiene “celos” de lo bien que viven los ciegos y les está discutiendo esas migajas, porque resulta que otras rifas dudosamente benéficas están “resentidas” por las preferencias que los españoles tenemos en el “cupón de los ciegos”. Podría esto explicarse de muchos modos, entre otras cosas porque un ciego se ve que lo es y otras rifas estatales, bingos y máquinas tragaperras, carecen o tienen más escondido el “tirón” benéfico, pero no vamos a explicar más que lo lerdo que hay que ser para desarreglar siempre lo que funciona, sin crear nada nuevo. Un ejemplo en lo local, podría ser la cantidad de intentos de modificar el mercado franco que se hace un día a la semana y mal o bien funciona al gusto de la gente, poniendo como pretexto el daño a la industria establecida cuando la misma Administración autoriza un zoco diario en los sitios más céntricos sin la justificación siquiera del paro, ya que la mayoría de los vendedores del mismo son marroquíes, senegaleses, suramericanos, etc.
En fin, yo no lo entiendo.
Diario HOY, 15 de junio de 1986

NOTA.- La ONCE se creó en diciembre de 1938 y el primer sorteo tuvo lugar en mayo de 1939.
En enero de 1982 los afiliados a la ONCE eligieron, por primera vez, a sus representantes (antes los dirigentes eran puestos por el Gobierno).
Hasta finales de 1983 los sorteos eran provinciales, sobre números de tres cifras. En enero de 1984 comenzaron los sorteos de ámbito nacional con números de cuatro cifras. Fue el gran despegue de la ONCE. (Nota de Teófilo Amores).

sábado, 20 de enero de 2018

Los ricos también sudan


Yo no voy a criticarle a Elías Romero Perino, el único acertante de la “loto”, paisano nuestro de Aldeanueva de la Vera, el que no quisiera “dar la cara” ante los informadores por haberle tocado los 200 millones de pesetas. Posiblemente usted o yo, en su caso (ojalá nos encontremos algún día) habríamos hecho lo mismo, lo que sí quiero comentar es su “mala suerte dentro de la buena suerte”. Voy a ver si soy capaz de explicarme.
Sin duda, el primer susto que sufrió surgió cuando supo su fortuna, y el segundo fue el producido por no saber dónde esconderse para que le dejaran en paz los periodistas y los familiares.
Estos últimos más pegajosos por ser él el millonario de la familia y al que se puede acudir en petición de dinero que, dicho sea de paso, no debe ser fácil obtener de Elías, cuando lió la que lió en el momento que Josefa, su esposa, le dijo que aquello eran “bienes gananciales” y a ella le correspondía la mitad. Este debió de ser otro “trago” para Elías que, estamos seguros, debe pensar que no gana para sustos desde que tienen en el banco tal pila de millones. La cosa con Josefa Muñoz Parrón, su mujer, se arregló tras de la agria disputa que enfrentó durante unos días a la familia de uno y otro y a los consejeros de ambas partes y, cuando se disponían a hacer una fiesta por todo lo alto el miércoles, surge una nueva zozobra, la del vasco que reclama la mitad del precio, Joaquín Aldanondo, un camionero de Guipúzcoa, que ahora se sale con que tiene un boleto premiado del mismo día.
Cierto que ese boleto tiene un error en el número del sorteo y cierto que la reclamación vasca está fuera del plazo de los once días que da el reglamento, pero si toma cartas en el asunto su autonomía y lo hace cuestión de honor, no sabemos qué sacaría nuestro paisano recurriendo a la defensa de Rodríguez Ibarra. En fin, que esto de ser rico trae sus disgustos y sudores aunque “los duelos con pan son menos” y con 200 millones hay para comprar muchos chuscos.
Diario HOY, 28 de mayo de 1986

miércoles, 3 de enero de 2018

A vueltas con la ecología


El hombre es un animal sucio, porque hay animales sucios y limpios y todo ello se debe a los orígenes. Por regla general los animales cazadores suelen ser limpios por la necesidad que tenían de evitar rastros, para lo que entierran sus propios excrementos y aun los huesos de animales cazados, no sólo para que no se los quietaran otros, sino para evitar ser ellos mismos perseguidos. Los animales que nacieron para presas son unos descuidados y lo ensucian todo: como la oveja, la vaca o los rumiantes en general que no se entretienen en limpiar sus excrementos, aunque ellos sean rastro para sus depredadores. Los animales que habitaban en los árboles como los monos y los pájaros, se quedaron a medias de uno y otro, porque al quedar el suelo lejos de las ramas en que vivían, las basuras aunque se acumulen molestan menos. Entre estos últimos está el origen del hombre que es sucio naturalmente, aunque la civilización trate de hacerle limpio y en cierto modo lo consiga, pero muy lentamente.
Si pensamos en personajes históricos como Carlos V o Napoleón, por citar dos épocas distintas, no los imaginamos con piojos o pulgas, pero las tenían y vivían en un entorno mucho más sucio y menos higiénico que cualquier ciudadano vulgar de nuestro siglo. Los detergentes, los “dedetés” y los cuartos de gaño se han inventado ahora, pero el hombre produce muchas más basuras y es la civilización y la ecología la que tiene que mentalizarlo para que esa basura no le autodestruya a él y a su entorno. Los plásticos, los detergentes y los pesticidas, son una forma nueva de basuras que constituyen ya una amenaza de ahí la oportunidad del Ciclo Ecológico que se viene realizando e Cáceres, con esos adelantados de estas cosas que son Jesús Garzón y Santiago Hernández y también, y coincidiendo con ello, ese vertedero controlado modernísimo que nos ha montado CONYSER.
Diario HOY, 6 de diciembre de 1985

lunes, 18 de diciembre de 2017

Pregunta ingenua


La conciencia de nuestra Hacienda Pública ha sido siempre muy sensible, y quizá por ello, para acallar posibles remordimientos colectivos, cuando ha autorizado un juego de azar —que el Gobierno y la Hacienda de cada momento saben que es tentación, pecado y hasta vicio para el ciudadano— lo suelen encubrir con un tinte benéfico o deportivo, que justifica y “endulza” ese pecado, haciéndolo menos pecado, o al menos, librando la conciencia del legislador que autorizó todo aquello.
Esto pasó con loterías y quinielas de todo tipo, parte de cuyos dineros van a lo deportivo benéfico “blanqueando” el pecado, si lo hubo, del resto del dinero y tapándonos la boca a los ciudadanos que allí perdemos la pestañas y que no podemos llamar tahúr al Estado por enviciarnos y sacarnos el dinero, puesto que el fin del dinero que nos saca parece ser bueno, ya que se destina a obras benéficas o deportivas. Falla por lo de que el fin no justifica los medios, pero dejemos eso aparte.
No es mi deseo discutir esta cosas que así son y las venimos aceptando hace años, sino más bien el señalar que cuando nuestra Administración, hace tiempo, autorizó un nuevo juego, el “bingo”, sin saber entonces qué resultados económicos le daría, sintió el mismo escrúpulo y legisló o recomendó (que esto no lo sé ciertamente) el que cada uno de ellos tuviera como motivo para poder autorizarlo una entidad deportiva, a la que irían determinados fondos de sus permios. Así, aquí hay autorizado dos, uno con el Club Polideportivo Cacereño, como “patrono” y el otro con el patronazgo del “Club Náutico Tajomar”.
Las actividades del Cacereño las conocemos todos, pero las del “Tajomar” son tan escasas o nulas —deportivamente hablando— que nos suena más a “mascarón de proa” que otra cosa; por ello, ingenuamente pregunto: ¿Esto de poner el nombre de un club es más bien “tapadera”? De ser sólo eso, ¿por qué no autorizar los bingos sin más y dejarse de zarandajas?
Diario HOY, 13 de junio de 1985

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Le digo a usted…

Foto: Paco Mangut
Hay cosas, gestiones o peticiones de algunos de nuestros actuales concejales que a uno le llaman la atención por insólitas. Si son cacereños sabrán —y si no se lo cuento yo— que desde tiempo inmemorial en la calle de Pintores (la calle peatonal de los comercios de Cáceres) algunos humildes cacereños, económicamente débiles, como ahora se dice, suelen vender productos que recogen ellos mismos por sus manos para ayudarse un poco, muy poco, en la economía familiar: espárragos trigueros, cardillos, poleo, criadillas de tierra, galápagos y alguna otra cosilla de esas que puede coger cualquiera en el campo porque todavía no son de nadie; queremos decir que son silvestres y no hay que sembrarlas. La economía de estos vendedores está rozando la pobreza, pero todavía tienen arrestos y “vergüenza torera” —como suele decirse— para no pedir a cambio de nada, sino ocupar parte del tiempo de su paro en buscar algo por el campo que ofrecer en venta, lo que es más digno que poner la mano con un cartel delante (cosa que ahora está de moda también) que diga: “Soy un parado, padre de tantos hijos, ayúdame…”; o soy una viuda, o una madre de familia. Se da también el caso de que en la calle de Pintores hay más mendigos de este tipo, portugueses incluidos, que dignos vendedores de pequeñas cosas.
Pues bien, en el último pleno el concejal socialista Vázquez Navedo pidió que se suprimieran estos puestos de venta porque había visto a un turista extranjero hacerles fotos y ello podría redundar en desprestigio de la ciudad.
¡Oiga, señor Navedo! ¿No nos desprestigian más los mendigos que usted y otros como usted no son capaces de quitarnos de encima? ¡Vaya una salida de un socialista…! Porque si por las fotos es, también deberíamos suprimir la Torre de Bujaco porque la fotografían los turistas…
Le digo a usted…
Diario HOY, 16 de abril de 1985

jueves, 7 de diciembre de 2017

Entender al pueblo llano


Lo malo de las herencias es que se terminan y hay que arbitrar otras fuentes de ingresos, porque no se puede ir por la vida sólo de heredero. Tan se no gastan las herencias que la renta per cápita de los españoles de pocos años a esta parte se nos ha convertido en la mitad de lo que era y, como suele decirse en la Bolsa, seguimos con tendencia a la baja. Porque, dicho sea de paso, lo que nos importa a los hombres de la calle, partidos y tendencias políticas aparte, es que nuestro poder adquisitivo no vaya disminuyendo, nuestra cesta de la compra no esté cada vez más cara y  con menos artículos de los que tenía, nuestro puesto de trabajo no este más inseguro porque cada vez se cierran más industrias, y no se abren ningunas; que cada vez nos suben más los impuestos, sin darnos opción a enjugar nuestro déficit particular por aquello de las incompatibilidades —en muchos casos—, porque aumenta el paro, porque se nos engaña en todo, aun en esto y, porque dígase lo que se quiera, vamos a marchas forzadas a la España de la alpargata de la que salimos hace años, por las razones que fuera —que no deseamos nos expliquen porque muchos las vivimos— y los políticos de ahora no saben más que destruir sin crear, lo que no puede más que llevarnos todo lo cuesta abajo que ahora vamos y sin horizontes halagüeños para los que formamos el pueblo y no tenemos cargos políticos de los que sacar alguna renta.
Sé que contarles esto a políticos bien pagados, a todos los niveles, es un poco tontería,  porque uno mide por uno mismo y a ellos el nivel les ha aumentado, casi a cambio de nada, por lo que habrá que esperar a que se les termine “el chollo” —si es que logramos que se les termine— para que comiencen a entender al pueblo llano y sus angustias.
Diario HOY, 14 de febrero de 1985

viernes, 1 de diciembre de 2017

La Navidad y los precios


Nosotros creamos muchas oficinas de información a los consumidores, muchas asociaciones para defensa de éstos, pero la verdad del caso es que los consumidores que somos todos, cada día estamos más indefensos contra la subida de los precios, y sobre todo al filo de la Navidad en la que, tradicionalmente, se disparan estos sin que se haya inventado todavía la forma de sujetarlos.
A uno le cabe preguntarse: ¿Y para qué sirven todos estos organismos más o menos oficiales? La realidad nos dice que para nada, aunque los consumidores seamos mayoría. Como se dijo de algún otro organismo, todas esas oficinas, son una especie de cañón del siglo XV que no sirven más que para adorno pero que no solucionan nada práctico, como no lo solucionó en su tiempo aquello de la “Disciplina del mercado”, “El código alimenticio” y otras muchas zarandajas con las que nos han bombardeado los listos que la crearon. El hecho es que los precios suben, nada más que hay más demanda de artículos, y el consumidor está tan indefenso con asociaciones y oficinas como sin ellas.
Pero hay otra cosa demencial en esta época que son los espacios televisivos dedicados a presentar los posibles platos o menús para la navidad. En uno de ellos un alto cocinero, explicaba como se pueden guisar las angulas como plato navideño. Sepan, y creo que esto los saben las amas de casa, que las angulas aquí valen las 15.000 pesetas y las congeladas sobre las 7 u 8.000. ¿dígame usted qué persona con un sueldo como el suyo o el mío, o menores, se atreven a comer angulas?. Pienso que presentar una comida de élite en la televisión, es un poco tomarnos el pelo, porque el que tiene 15.000 pesetas, para gastarlas en angulas, creo que le sobrará dinero para encargar a un cocinero que se las guise. Si eso no es vivir de espaldas a la generalidad de los televidentes, que venga Dios y lo vea.
Diario HOY, 21 de diciembre de 1984

jueves, 23 de noviembre de 2017

Sobre el mercadillo franco


Tras la aprobación de la moción presentada al Ayuntamiento por el grupo popular sobre supresión y traslado del mercadillo franco de los miércoles de Camino Llano, nos tememos que va a comenzar otra vez la misma guerra de los usuarios y vendedores del  mismo que cuando hace tiempo el grupo socialista aprobó una moción similar, que no se había llevado a efecto, y de la que tomaba pie la del grupo popular aprobada ayer.
Yo no voy a entrar en la justeza o no de aprobación de una moción. En democracia hay que acatar estas decisiones y la moción la aprobaron todos los grupos menos el socialista que, por matizaciones, se abstuvo.
Lo que sí quiero es expresar lo que pienso sobre la supresión del mercadillo Desde su inicio, allá por la época de la dictadura franquista, los industriales establecidos le habían sentenciado a muerte porque para ellos suponía una competencia a sus negocios que no podemos olvidar, y si el mercadillo se mantuvo fue por el decidido apoyo del gobernador de entonces que se inclinó, justa o injustamente, por lo que él creía un beneficio para los consumidores. Esto suele olvidarse o silenciarse aunque en nuestro fuero interno todos sabemos que es así. Lo demás, a mi modo de ver, es anecdótico; aquí, como en las guerras, hay unos intereses comerciales en juego que son los que en definitiva privan en estas decisiones, aunque se disfracen como conveniencias a favor del usuario. Lo cierto y verdad es que los usuarios, aun con todos los defectos que se le señalan al mercadillo, estaban volcados en él y, para mí, ese es el mejor síntoma de que era válido. Que para muchos usuarios modestos el mercadillo suponía un ahorro también es verdad, por lo que aun respetando al acuerdo, a mi no me quitan de la cabeza de que en él han prevalecido en mucha medida los intereses creados, Así de claro.
Diario HOY, 12 de octubre de 1984

NOTA.- Aunque Fernando ubica los principios del mercadillo: “allá por la época de la dictadura franquista”, la afirmación no es correcta, ya que el mercado franco de Cáceres se inició el 14 de diciembre de 1977, cuando Franco llevaba más de dos años muerto y enterrado. Gobernaba la UCD y fue una iniciativa del entonces Gobernador Civil Luis García Tafalla ante la insistente petición de la Asociación de Amas de Casa y así lo recoge el propio Fernando en la “Ventana” tituladaCáceres y sus mercados”. (Nota de Teófilo Amores)

lunes, 20 de noviembre de 2017

La geriatría y Ana Aslan


Hace ya tiempo, cuando las cosas estaban de otro modo y no era peligroso permanecer en las guardias nocturnas de las farmacias, principalmente en tiempo de verano, me agradaba ir a hacerle la rebotica a un amigo mío farmacéutico, persona agradabilísima con la que se podía hablar de lo divino y de lo humano que, aparte de hacerme pasar muy buenos ratos con sus ocurrencias, me agradecía la compañía. Mi amigo el boticario en cuanto a lo físico era persona calva, con una calvicie heredada de sus mayores —ya que dicen que estas cosas se heredan—, calvicie que no ocultaba a nadie, con peluquín u otros aditamentos, y de la que presumía desde sus años de estudiante, diciendo de sí mismo que no tenía un pelo de tonto.
Estando en una de estas guardias entró un cliente, incipientemente calvo, que le demandó algún producto para la caída del cabello y le preguntó si había algo efectivo para que volviera a brotar el pelo, ya que había oído o leído que no sé qué propaganda que así lo prometía y hasta le enseñó algún recorte de periódico que indicaba un determinado producto para ello. Mi amigo el farmacéutico le miró muy seriamente y mostrándole su propia cabeza le preguntó a su vez: “¿Cree usted que si en la farmacia tuviéramos algún producto efectivo iba yo a tener la cabeza como la tengo?”. En definitiva, que el cliente, con cierta desilusión, le agradeció la sinceridad y se marchó.
Pues bien, esta anécdota, que puede parecerles tonta, me vino a las mientes cuando días atrás, en la pantalla de televisión, veía a la doctora rumana Ana Aslan, especialista en sueros, tratamientos y consejos para no envejecer, hablarnos de las excelencias de sus productos y de las muchas experiencias que había realizado con los mismos. Si Ana Aslan hubiera sido una quinceña, yo hubiera creído en su palabra, pero resulta que su estampa no es la de la juventud precisamente y ello me hizo recordar al boticario de mi cuento.
Diario HOY, 8 de septiembre de 1984