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viernes, 23 de febrero de 2018

Las plagas veraniegas


Lo malo y lo bueno en esta vida es que “todo llega y todo pasa” y que “no hay mal, ni bien, que cien años dure”. Digo esto porque estos días se produce el relevo vacacional de mucho del personal que aún trabaja, a Dios gracias, porque por el camino que vamos España (perdón, este país) se va a convertir en una nación de subsidiados en la que el trabajo será un resto arqueológico para enseñar en los museos. No sé cómo podrá producirse ese milagro, pero vamos camino de ello y eso querrá decir que en vez del mes de vacaciones como estaremos todos de vacaciones obligadas, tendremos que solicitar el mes de trabajo, para compensar los otros once en los que obligadamente estaremos vacacionando,
Felices vacaciones
Pero no hagamos futurología, sino simplemente diremos que, afortunadamente aún hoy, una tanda viene ya tostada de las playas y otra se marcha a tostarse, por lo que yo —que soy de los primeros— deseo a los que marchan toda clase de parabienes y buenos deseos en esas vacaciones que, como a mí, se les harán cortas. Como este tiempo vacacional te da ocasión de conocer otros sitios y comparar con los lugares donde habitualmente uno se mueve, hay algo que tenemos que registrar, como es el aumento del número de mendigos, pícaros y menesterosos que en poblaciones grandes forman plagas. Pero lo más curioso de todo esto son las formas de pedigüeño, limpiando el parabrisas del coche, vendiéndote pañuelos de papel o perfumadores, que emplean algunos calés principalmente.
Mi asombro ha llegado al colmo al ver que, en una de estas obras que se hacen en la carretera nacional V, entre Almaraz y Jaraicejo, en un sitio totalmente alejado de cualquier población, como se forman largas colas de vehículos que esperan, sin saber de dónde aparecieron los calés intentando vender pañuelos o perfumadores a los que esperaban… Para que luego digan que los calés no trabajan.
Diario HOY, 2 de agosto de 1987

jueves, 22 de febrero de 2018

Hay que contarlo todo


En uno de los asuntos taurinos que, quiérase o no, es la fiesta nacional y arraigada en nuestro pueblo como ninguna otra, comienza a haber los detractores por moda. Esos que van contra lo taurino, no por otra cosa sino porque a “los de fuera” no les gustan los toros, entre otras cosas porque no los entienden, como a nosotros no nos gusta la caza del zorro a caballo, porque no la entendemos, sin que esto nos deba dar pie a meternos con una costumbre arraigada en el pueblo inglés que él sabrá cuándo y por qué la practica.
Sirva esto de comentario de entrada para las personas o entidades que, como la Unión de Criadores de Toros de Lidia, están empeñadas en que la fiesta siga y  Cáceres tanga sus toros, a pesar de las disquisiciones de Miranda con el Ayuntamiento o quien sea. Pero en todo esto de Cáceres hay algo anómalo que se da en muy pocas plazas de toros, de España aunque sí en la nuestra, cual es que la plaza está en manos de una sociedad particular (aunque formen parte minoritaria de ella Ayuntamiento y  Diputación) con lo que “el producto” se encarece aún más (ya que los toros son caros) al tener que pasar por más manos que las plazas directamente negociadas por algún organismo provincial o local. En más de una ocasión el presidente de la Sociedad Plaza de Toros ha dicho que ellos están dispuestos a vender sus acciones sobre la plaza y que todo depende de una oferta razonable. La última vez que oímos decir esto a Luis Acha, fue en la reunión mantenida con el Club Taurino, la Unión de Criadores de Toros y la prensa, por lo que puede pensarse que no hay ofertas para la compra  de la plaza. Bien, vamos a desvelar un pequeño secreto a voces sobre todo esto. Hace muy poco, la Diputación trató de adquirir las acciones (las pocas pero mayoritarias) que estos “comuneros” tienen, ofreciendo por ellas algo así (según creemos) como unos 30 millones de pesetas con lo que las veinte acciones —más o menos— salían a algo más del millón e pesetas; pero no se hizo nada porque la propiedad pide 80 millones  de pesetas.
Creemos que esto debe saberse, aún respetando el derecho de la propiedad a pedir lo que quiera.
Diario HOY, 28 de junio de 1987

Hablar lenguaje distinto


Sin entrar en el fondo de la cuestión de lo del inglés y el tradicional toro de Coria, pienso yo que lo que le pasa a este señor, como a todos los del grupo del “Bienestar de los Animales Vivos” (porque los muertos ya alcanzaron el paraíso de Manitú), con nosotros los españoles, y a los españoles con él y con ellos, es que hablamos simplemente lenguajes distintos, con lo que no hay forma de entendernos y los galimatías acabarán exagerándose cuando este señor trate de contar lo que ha visto, sin haberlo entendido siquiera; será como jugar a la rueda de los disparates. Por ejemplo, el que míster Pearce llame a los soplillos o molinetes (cucurucho de papel con un simple alfiler que se lanza soplando por un tubo) “misiles”, es como para alarmar a cualquiera y para que rusos y americanos se nos echen encima a analizar si los “misiles” de míster Pearce tienen o no cabeza nuclear.
Si míster Pearce hubiera sido un hombre más despierto, le hubiera llamado proyectiles de cerbatana, o cerbatanas simplemente. Aunque algunos piensan que le interesa más llamarles “misiles” porque así alarma más a sus cofrades del “Bienestar”. No obstante, yo creo que el míster ha dicho lo de “misiles” de buena fe, porque habla lenguaje distinto al nuestro. Recuerdo que, allá cuando la última guerra mundial, un avión americano hizo un aterrizaje de emergencia en Cáceres, y aquí quedaron sus pilotos y tripulantes, algunos de los cuales hablaban español y mostraron deseos de conocer nuestra Ciudad Monumental, en la que yo les serví de cicerone.
La dificultad surgió cuando hubo que hablarles de la “Orden de Caballería de Santiago” y su función en la Reconquista. Por más que se les explicaba lo que eran estos institutos armados, menos lo entendía, hasta que uno de ellos, más despierto que los otros, pronunció el “eureka”, aclarándole a todos los demás que la Orden de Santiago era una especie de club de aquel tiempo. Como ven, hablamos distinto lenguaje.
Diario HOY, 26 de junio de 1987

martes, 20 de febrero de 2018

Una sospecha


Esto de la afición taurina en nuestro pueblo está más arraigado de lo que podría pensarse. Lo taurino lleva un arraigo de siglos y esta es una fiesta, nacional, a la que se ha llegado por decantación de los genes ibéricos que la mayoría de los españoles debemos llevar dentro,
Lo de antitaurino es una beatería nueva, de origen inglés, que también tiene su tiempo de existencia y tergiversaciones, Una de ellas es que un periódico alemán afirma que en España se queman 20.000 toros anuales. Ustedes me dirán que forma de entender la fiesta es esa en la que se afirma que aquí se queman los toros.
Pero dejemos eso aparte para afirmar algo que yo presencié hace años: un filipino vino a ver a sus parientes cacereños, coincidiendo con una de aquellas ferias en las que se hacían un montón de corridas. No había visto la fiesta de toros nunca y era contrario a ella, pero fue a la corridas y, tras ver la primera, era el más encendido defensor de la fiesta y presumía de entender más que nadie de ella.
Todo esto viene a cuento de que, la mucha afición taurina cacereña está indignada con que Cáceres se haya quedado sin toros y cada cual lo expresa y explica como puede: algunos quieren manifestarse, otros culpan al alcalde, otros piden la dimisión de la Comisión de Festejos, otros se lo toman a guasa y dicen que, al menos, debería haberse avisado al vendedor de almohadillas, para que no estuviera estos dos días a la puerta de la plaza, sin vender una. Pero hay una sospecha generalizada, que está tomando cuerpo, y es que en esto ha  habido alguna maniobra ecologista de algún miembro antitaurino de la Corporación Municipal. Yo no paso a creer que esto haya sido así pero quíteselo usted de la cabeza a los aficionados  a la fiesta.
Diario HOY, 3 de junio de 1987

viernes, 16 de febrero de 2018

Las patronas y los patrones de Cáceres


(Incluida en el libro “Ventanas a la Ciudad”)
Este año ha dado la coincidencia de que se nos junten en Cáceres y casi en las mismas fiestas, los dos excelsos patronos de la ciudad, la Virgen de la Montaña y San Jorge, patronos, en los que hay una serie de coincidencias y curiosidades muy dignas de comentarse, aparte de la devoción que todos los cacereños les tenemos, como bien demostrado queda en el recibimiento hecho a la Virgen de la Montaña. Entre las coincidencias, señalaremos la de que éstos son los mismos patronos de Barcelona, ya que la imagen que aquí  llamamos de la Montaña, fue una primitiva imagen de Monserrat, que trajo a Cáceres en el siglo XVII el anacoreta de Casas de Millán, Francisco de Paniagua. Es más, la talla, sin los ropajes que lleva en Cáceres, es una virgen sentada, al igual que la de Monserrat y a la que aquí comenzó a llamársele de Monserrate. Bajó por primera vez a Cáceres, desde su improvisado santuario, en 1642 y el Ayuntamiento la declaró su patrona en 1668.
A San Jorge se le tiene por patrón desde el primer momento de la reconquista de Cáceres, en el siglo XIII, quizás por darse la doble circunstancia de haberse tomado la villa en su festividad y porque la cristiandad le declaró protector de sus ejércitos, por haber sido capitán en los de Diocleciano.
Pero Cáceres y su Ayuntamiento tuvieron otras muchas devociones y patronos hoy día olvidados. Uno de los más antiguos fue Santo Toribio de Liébana, a cuya ermita peregrinaban Concejo y pueblo cada 16 de abril. La ermita estaba más allá de lo que se conoce por Montebola, al otro lado de la carretera, en la heredad de Pontefuera, hoy convertida en tinado y casa de campo (creo que es ahora de la duquesa de Valencia), pero en 1632 todavía había ermita y población en el lugar. Otros patronos y patronas fueron: Santa Catalina, San Gregorio, San Sebastián y San Fabián, Santiago, La Purísima, La Virgen del Vaquero, la del Rosario, el Ángel de la Guarda, La Piedad, el Niño de la Congregación, la Caridad y el Nazareno.
Diario HOY, 23 de abril de 1987

miércoles, 14 de febrero de 2018

Lo atrevido de la ignorancia


Extremadura, por ignorada, se presta mucho a servir de América peninsular para mucho papanatas que en alguna ocasión, y sin mucho bagaje cultural, accidentalmente descubre alguna de nuestras tradiciones, que no suele entender en absoluto y se cree un Colón o se erige en juzgador de algo que realizan nuestras gentes que, dicho sea de paso, están de vuelta de descubrir y conquistar el mundo, no sólo con la espada, sino con el intelecto, porque al lado de los Pizarro y Cortés tenemos a los Muñoz Torrero, redactor de una Constitución admirada por el mundo; los Donoso Cortés, los Torres Villarroel y otras muchas destacadas personalidades del saber humano, que hubieran brillado más si Extremadura hubiera tenido menos abundancia donde elegir hombres excepcionales que, cualquiera de ellos, podría ser por sí solo la gloria y el orgullo de otras regiones y aun de otras naciones, menos afortunadas que la nuestra en producir hombres tan excepcionales y tan seguidos.
Viene esto a cuento, porque un hombre ignorante llamado Alfonso Olmedo de Castro, que vive en una urbanización de un pueblo de Málaga, que lleva nombre de un santo de Extremadura, San Pedro de Alcántara, se ha permitido desde su pequeñez y estrechez mental, juzgar a todos los extremeños en una carta que envía al alcalde de Villanueva de la Vera, tras presenciar las fiesta del “Pero Palo”, de la que ha hecho fotocopias para repartirlas y en las que dice, tras otros muchos insultos a la región, textualmente: “Supongo que usted, como todo su pueblo, será analfabeto también y tendrá a mano a alguien que le leerá esta carta repetidas veces para que se entere.” La fotocopia de la carta, un libelo de mala baba, nos la envía una vecina de Villanueva de la Vera, con una contestación que entendemos no merece la pena publicar, porque visto el chozo se conoce al guarda, y visto el contenido de este rebuzno escrito que es la carta de Alfonso Olmedo, se adivina su mente cuadriculada y su ignorancia enciclopédica, aparte de su atrevimiento de juzgar a un pueblo por una tradición que, ni entiende ni entenderá en la vida, de no ser que le fundieran de nuevo.
La lástima es que hay muchos Alfonsos Olmedos por esos mundos de Dios para los que el mejor desprecio es no hacerles aprecio.
Diario HOY, 28 de marzo de 1987

sábado, 10 de febrero de 2018

No me toquen los gallos


Estoy seguro que en Cáceres casi se ha perdido la afición a los gallos. En nuestra ciudad, que existe todavía aún una calle llamada “Reñidero de Gallos” y que se recuerda a galleros de tanta fama como el célebre Diego “Reculo”, que recibió el mote del nombre de su gallo, que murió de viejo sin que otro gallo fuera capaz de vencerle y cuyos restos, en vez de haber terminado en un puchero familiar, fueron enterrados, con todos los honores, al lado del olivo de “La Pavillita” donde, dicho se de paso, era el lugar de reunión de los últimos famosos galleros cacereños, para meditar, y yo creo que hasta para rezarle algún “padrenuestro” al gallo “Reculo”.
En esta ciudad, provincia y región que exportó, con los conquistadores, la afición a los gallos y sus peleas al mismo Méjico, donde “galleó” el mismísimo Hernán Cortés; en esta ciudad, digo, si no se ha perdido del todo la afición a los gallos, al menos ha quedado algo disminuida y reducida a Quesada y algún otro aficionado que siguen manteniéndola a trancas y barrancas. Pues bien, estos últimos galleros cacereños están indignados con la Generalidad de Cataluña por la ley que quiere poner en práctica en su territorio de prohibir las peleas de gallos, el tiro de pichón y hasta denunciar a los ciudadanos que maltraten a sus animales domésticos, aunque no se han atrevido a tocar —aun— las corridas de toros. “Se llega a prohibir —nos dicen— hasta la venta de animales a menores no emancipados, aunque se consiente maltratarlos para trabajos científicos y, puestos a pensar mal, hasta para embutirlos en las butifarras. Que se enteren antes, de que la raza de gallos de pelea, igual que la de toros de lidia, son razas hechas para la lucha, por lo que no hay derecho a que tomen el rábano por las hojas, sin entender que es esto de la gallería, porque su actitud puede poner en moda estas prohibiciones, lo que no nos gustaría.”
Diario HOY, 19 de febrero de 1987

viernes, 9 de febrero de 2018

Una ocasión única


Ahora que se anuncia el montaje de torneos al estilo medieval en nuestra Plaza Mayor, con unos juegos excepcionales y parecidos a los que en algunas ciudades italianas se vienen haciendo, que se convocan “extras” y figurantes para vestir el entorno, que habrán de costar mucho dinero, como costarán todas esas fiesta y esa corrida a la antigua usanza y el vestir a Cáceres con escudos, reposteros, pendones y banderines y toda la parafernalia que la ocasión requiere, hay cacereños que opinan de maneras diversas pero hay un núcleo de ellos que se dicen: “¿Y no podrían gastarse el dinero en cosa mejor que en todo ese enredo?”
Hay hasta un político que lo es y de los buenos, pero que con cierta sorna te dice: “Estamos montando el circo y lo único que nos faltan son los elefantes”. Pues bien, yo tengo que diferir de ese facilón criterio de criticarlo todo porque, en efecto, se va a gastar mucho dinero, pero se va a gastar mucho dinero en que se divierta el pueblo en una ocasión excepcional y pienso que, si hace falta traer elefantes para que el circo sea completo, deben traerse, porque ese dinero es para que el propio pueblo de Cáceres tenga ocasión de ver algo excepcional en un excepcional momento como ha sido el de nombrar a nuestra ciudad patrimonio de todos. Yo protestaría si ese dinero se lo llevara alguno de los muchos políticos que nos disfrutamos, pero no cuando su empleo es para divertir a un pueblo en una ocasión única, en la que Cáceres ha dejado de ser, como fue en el pasado, patrimonio de unos pocos señores, de los caciques, de los políticos de turno , de los ricos y los usureros, para convertirse en patrimonio de toda la Humanidad en la que también forma ese pueblo cacereño, que siempre estuvo de comparsa de los nobles y que ahora pasa a ser protagonista de su propia ciudad, que es más suya que nunca.
¿Hay alguna forma mejor de gastar el dinero).
Diario HOY, 1 de febrero de 1987

San Blas y su romería


A San Blas se le han torcido las cosas, con las lluvias, las huelgas y las manifestaciones. Como ustedes saben, y si no lo saben se lo diremos nosotros, en Cáceres es tradicional la llamada “Romería de San Blas”, que se celebra precisamente en las vísperas del santo abogado de las gargantas y coincidiendo con la festividad de la Virgen de las Candelas, “La Candelaria”, que es como le llamamos en Cáceres. Una fiesta y otra han ido siempre juntas y las gentes del pueblo suele confundirlas, ya que lo curioso es que aquí lo que se festeja es la Candelaria, que es hasta fiesta local por una tradición de siglos, y en esa fiesta se aprovecha la tarde de ella para efectuar la romería de San Blas, bajando a su ermita que desde hace ya años se convirtió en parroquia. Lo que aquí no se festeja es a San Blas, que es el día después y a cuya procesión suelen ir solo los devotos de su parroquia, pero no es fiesta local como “Las Candelas”. Yo no sabría decir de cuándo viene la tradición de la romería samblasina que, antiguamente, solía ser el inicio de los bailes de carnaval y hasta había la tradición de bajar a la romería vestidos de máscara, y de traje típico, aunque en los años en que el carnaval se prohibió sólo se permitían estos últimos trajes.
Es tradición el que por esas fechas solía haber mal tiempo y lluvia, pero escampaba para la romería, con lo que solía decirse eso de “San Blas siempre recoge los ochavos”, referido a las limosnas de los fieles y la compra de las roscas.
Este año los actos coinciden con el fin de semana y se había preparado un programa que comenzaba el sábado pero que, a cuenta de los cortes de carretera, ha tenido que modificarse. La Candelaria, fiesta local en Cáceres es el lunes, día de la romería samblasina que, como dicen los carteles taurinos: se celebrará si el tiempo y las manifestaciones no lo impiden.
Diario HOY, 30 de enero de 1987

jueves, 8 de febrero de 2018

Nuestro fondo supersticioso


El tema de la calabaza que robaron, seguramente por superstición religiosa, de la cueva de Francisco de Paniagua, en la ermita de la Montaña, hecho al que me referí hace unos días, ha suscitado el recuerdo de otras supersticiones de tipo religioso, o pseudoreligioso, que en nuestra tierra hubo y a las que me referiré, aunque sólo sea por entretenimiento.
En algunos pueblos de Cáceres, y parece que en la propia Concatedral de Santa María, hace años, las mocitas casaderas a las que no les salía novio tenían la costumbre de sobarle el cordón a la imagen de  San Antonio (con lo que el cordón estaba realmente mugriento), para pedirle marido y, caso de no salirle, le “secuestraban” al Niño (que era de quita y pon) hasta que algún galán se decidía a abordarlas. No es de extrañar esta costumbre que es muy “civilizada” si la comparamos con otra, más antigua, que existió en el partido de Llerena y que resume la copla que solía cantarse:
“Tú fuiste la que metiste
a San Antonio en un pozo
y le diste zambuyías
pa que te saliera novio”.
Esto de meter a los santos en remojo era una costumbre muy corriente, pero por otras razones, como era la de pedirles lluvia. Se dice que esto hacían en Alía y Santiago del Campo con la imagen de San Pedro. En Garbayuela hacían lo mismo con la de San Blas y en Jaraíz con la de San Bernabé, al que llevaban al pilón adosado a su ermita y le cantaban:
“San Bernabé,
a los tres días ha de llover,
mas si no llueve,
chapuzón con él.”
En Torrejoncillo, también de muy antiguo, le colgaban a San Pedro una canastilla con sardinas, o le metían una en la boca para que, al producirle sed, se acordara del agua.
Estas cosas se hacían hace muchos años y uno puede pensar que esas supersticiones pasaron a la historia, pero, ¿qué me dicen ustedes de la imagen de San Pancracio, que tanto se vende en la actualidad?. Por si alguno no lo sabe, a esa imagen, poniéndole perejil y un décimo de lotería bajo su peana, es suficiente para que uno se convierta en millonario.
Diario HOY, 23 de enero de 1987

martes, 6 de febrero de 2018

Carta a los Reyes Magos


Pasó la noche de ilusiones infantiles y llegó el día de la alegría del regalo, de la sonrisa, que bien vale el sacrificio que los mayores hicieron por los niños, crean o no en los Reyes Magos. Yo pienso que los mayores también debemos sentirnos un poco niños en estos días. Las ilusiones hay que saber vivirlas con ojos infantiles y esperar también, con la misma ilusión que cuando éramos niños, porque es curioso comprobar que todos los mayores, en el fondo de nuestro corazón, seguimos siendo el mismo niño que fuimos hace muchos años. El tiempo pasa para los demás y para el propio espejo que nos ve canosos, calvos y arrugados, pero en el fondo de nuestro corazón seguimos siendo el mismo ilusionado niño que fuimos hace muchos años, aunque la sociedad y la convivencia nos hagan ser personas “mayores y formales” a las que se les veda la locura de cualquier sueño infantil. ¿Cuántos padres hay que compran el tren eléctrico al hijo para disfrutarlo ellos también un rato, con el pretexto de que el niño puede romperlo? Yo pienso que son muchos, como muchos son los que no se atreven a echarle ilusión a la vida y fantasía, aunque no sea más que la fantasía de una carta a los Reyes Magos, que no va a ninguna parte.
Por lo dicho, me he tomado la libertad de escribir esta carta, un poco para todos los cacereños: “Queridos Melchor, Gaspar y Baltasar, que vivís en lo más profundo de nuestros sueños infantiles. Traernos la ilusión a todos los cacereños, la esperanza de vivir y creer en la bondad y la justicia de los demás. No le echéis el carbón de la envidia a ningún cacereño y darles aciertos a los que nos gobiernan, sean del partido que sean, para realizar su función con la alegría de pensar que trabajan para el bien de todos y no en beneficio propio”.
Diario HOY, 6 de enero de 1987

La venida de los Magos


Eso de que los Reyes Magos lleguen a Plasencia en tren, a mi me parece —con todos los respetos para los organizadores— como nombrar la soga en casa del ahorcado. No digo yo que el asunto pueda resultar vistoso o no, sino que como los Reyes Magos son personajes imaginarios de fábula, o de tradición piadosa, alguien pueda pensar que el tren de Plasencia ha quedado más para el mundo de la fábula que para transportar a personas “de tejas abajo”.
Digo todo esto porque para Cáceres capital hubo un proyecto parecido, que luego no cristalizó. A mí me lo contó el concejal cacereño  destacado “renfista”, Emilio Vázquez Navedo, que no sé yo si hizo o no la proposición a los organizadores de la cabalgata en Cáceres o se quedó simplemente con su idea que ahora, que ha cristalizado ya lo de Plasencia, voy a contar. Emilio veía muy bonito el proyecto, agregando que la RENFE posiblemente lo aceptaba, y se trataba de que la cabalgata, en vez de salir de Talleres Municipales, como hace todos los años, saliera de la estación cacereña, tras de haber montado los reyes y personajes de ella en un apeadero próximo, como podría ser el de Casar de Cáceres. En el caso de Cáceres, que no tiene que ver nada con el de Plasencia, la cosa se complicaba por el largo trecho a recorrer desde la estación de ferrocarril a la Cruz de los Caídos, a través de la N-630, que es una de las carreteras más frecuentadas, razón que quizás hizo desistir a Emilio Vázquez de su proposición. Recuerdo que yo no le di opinión ninguna sobre el caso, porque pienso lo que al comienzo digo, referido a Plasencia: que la RENFE, que tuvo tan poca imaginación como para quitarnos trenes, porque no eran rentables, no “casa” en este juego imaginativo que son los Reyes Magos, a no ser que “nos eche” un tren de  verdad y para todos los días.
Diario HOY, 3 de enero de 1987