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miércoles, 21 de febrero de 2018

Abrir las puertas a tiempo


Yo no sé si lo ocurrido en estas últimas elecciones servirá para escarmiento y rectificación de conducta en las instituciones que tenemos y que vamos a seguir teniendo, casi con las mismas personas, pero escarmentadas por una baja importante de su popularidad ante el pueblo, valga la redundancia. Es cierto que los peones del tablero de ajedrez que configuran la política provincial y aún regional han variado algo, aunque poco, pero yo creo que lo suficiente como para pensarse las cosas y hacerlas mejor en la próxima legislatura. Por ejemplo, si nos referimos a lo local, el PSOE ha bajado de 12 concejales que tenía, a nueve y aunque puedan hacerse muchas lecturas de este asunto, hay una que es comenzar a buscar dónde fueron los tres concejales perdidos por el PSOE. Sorprendentemente, no se fueron a la izquierda, sino al CDS, al centro derecha, que se enriqueció además con otro de los dos independientes perdidos. Uno se fue al centro y otro a Extremadura Unida, que aumentó también un concejal, sobre los de la Corporación anterior.
Pienso yo que esto debería servir de lección al PSOE que nos va a continuar gobernando en las diputaciones y en la autonomía, para pensar que la popularidad, como se gana se pierde y que no valen sólo los “slogans” de “Las cosas bien hechas”, sino que hay que hacerlas mejor que las venían haciendo porque, de no ser así, su popularidad continuará bajando.
Había una queja de mis compañeros que en Mérida vivieron una larga noche, pidiendo a la Junta una información que no llegaba a tiempo, sobre los resultados de los comicios porque, al parecer, tenía que pasar una censura previa, como en los tiempos franquistas. Esto es todo un síntoma y la nueva Junta que nos gobierne (aunque sea con las mismas personas) tendrá que aprender que cuando se habla de política de puertas abiertas hay que saber abrir las puertas de la información a tiempo y no eternizarse en peticiones y permisos de los superiores, con amenazas de destituciones como en los peores tiempos de la dictadura. Las democracias tienen estas cosas, que hay que aprenderlas.
Diario HOY, 14 de junio de 1987

Se van los "eventuales"


Se van los eventuales”, era lo que nos decían algunos funcionarios refiriéndose a los concejales que vana a dejar de serlo, por decisión y, en algunos casos, sorpresa de las urnas. Se van, pero vuelven otros, de los mismos partidos y agrupaciones, nombres en algunos casos nuevos, que tienen que comenzar el aprendizaje de su “oficio” de edil que es más difícil de lo que parece.
Este es un fenómeno ajeno a la política, pero que se ha venido dando en las renovaciones de las corporaciones, tanto de la democracia como de la dictadura. El nuevo miembro de la corporación que entra, llámese concejal o diputado, entra con el consiguiente despiste administrativo y burocrático del que intentarán ilustrarle sus compañeros de partido de mayor veteranía, pero por aquello de que nadie escarmienta en cabeza ajena, tendrá que sufrir una larga época de rodaje en la que se irá enterando de cómo funcionan las cosas allí dentro y cómo se puede conseguir tal o cual cosa.
El fenómeno es curiosísimo y se suele dar más en los que entran a “comerse el mundo” o “descubrir la pólvora”, a los que el funcionario comienza a mirar con cierta conmiseración, diciéndose: “Ya aprenderás”. No es que yo diga que el funcionario pone pegas en todas las ocasiones, sino que una cosa es imaginarse el hacer, desde fuera, y otra muy distinta es el hacer desde dentro. Vendrá luego el juego de los presupuestos —que no hay dinero— el de los trámites y aprobaciones, que suelen ser pequeños o grandes jarros de agua fría que la burocracia echa encima a la ilusión del político soñador y las disciplinas y normas de los partidos a las que hay que ajustarse, aunque uno tenga ganas de otra cosa.
Diario HOY, 12 de junio de 1987

martes, 20 de febrero de 2018

Esperar resignado


Como no hay bien ni mal que cien años dure, y por aquello de que todo llega y todo pasa, esta noche conoceremos de una forma más lógica lo que tenían de verdad o de mentira los sondeos de opinión que a mí, particularmente, me han parecido siempre como el cuento de la lechera, o más bien como las cábalas que las familias hacen cuando echan la imaginación a  volar, tras de comprar un billete de lotería, o de rellenar una primitiva. “Si me tocan los millones vamos a hacer esto o lo otro” —dice el padre o la madre de familia en el seno familiar, un poco para quitarse el miedo a la pobreza— y esto, más o  menos, es lo que hacen con esos sondeos anticipados los partidos, para quitarse el miedo a no salir o a salir con menos votos de los que se imaginaban. ¡Qué de ilusiones rotas va a haber esta noche, tras de los escrutinios provisionales! Porque lo humano es creerse un ganador (o tener ese hilillo de esperanza) hasta que las urnas, fríamente, vomitan sus papeletas que, como aquel que dice, suelen ser habas contadas y no dan más de sí para la ilusión o la ingenuidad de muchos.
Recuerdo que en Cáceres, no hace tanto, vivimos la ilusión de los que “ficharon” por la operación Roca. Estuvimos con ellos hasta el último momento, en los que se creían millonarios de votos; manejaron estadísticas que decían que ellos tenían que conseguir algo, acorde con la ilusión puesta en su campaña, y ¡zas!, las frías urnas, o el frío pueblo les echó el jarro de agua fría.
Querido aspirante de cualquier partido, ponte en lo peor y espera con confianza y resignación, porque rocas más fuertes han caído por un quítame de allá ese voto.
Diario HOY, 10 de junio de 1987

Don dinero y la campaña


Los pies fríos y la cabeza caliente hemos sacado, en líneas generales, de esta campaña electoral los ciudadanos de a pie que nos hemos “tragado” todas las cosas que los aspirantes de cada partido nos han dicho reiteradas veces a través de ruidosos altavoces: papeles y carteles por todos sitios, en la prensa, en la radio y en la televisión (cuando les han dejado). Ustedes cambian las caras, o las listas, y aplican lo dicho o escrito por todos a otras formaciones que no son las suyas, y vale perfectamente porque, en líneas generales, todos dicen cosas parecidas o similares: “que si vienen nuevos tiempos”, “que si las cosas hay que hacerlas bien”, “que tienes que llevar imaginación a tu ayuntamiento”, “que su partido avanza”, etc. Ni uno solo de los aspirantes ha concretado lo que piensan hacer, aparte de cobrar el sueldo, una vez que estén cerca del mango de la sartén y esto es muy sospechoso.
A mí, un entendido, me indicó cómo se hacen las campañas electorales por parte de los partidos de implantación nacional encargándoselas a unos profesionales de la publicidad y el “marketing” que, más o menos, le dicen: “¿Cuántos aspirantes quiere colocar?”. Tantos”, le contesta el partido y el técnico en campañas le dice: “Eso cuesta tantos millones. Ahora, si quiere un resultado más ramploncillo, tenemos aquí unas campañitas para partidos menos pudientes, que quedan muy bien, pero, claro, no es una campaña de lujo”.
En fin, que como lo cuenta mi amigo el entendido, las campañas no las hacen ni los partidos ni las ideologías, sino los técnicos en estas cosas, con lo que la uniformidad de lo que dicen todos, sirve para unos y para otros y las diferencias la da el dinero empleado en ellas. No sé si las cosas son así o no, pero si lo son, a mí me producen una gran desilusión y tristeza, porque la campaña la ganará “don dinero”.
Diario HOY, 9 de junio de 1987

domingo, 18 de febrero de 2018

El "celo" de los políticos


Una cosa es que los políticos llegando estos tiempos de las campañas electorales, que son como una especie de celo o berrea (dicho sea sin ánimo de ofender y solamente porque se está celebrando un congreso de caza), se pongan de dulce, como suele decirse, besando a los niños, cediendo la acera a las ancianas, ayudando a pasar los semáforos a los ciegos e interesándose por la vida nuestra y de nuestras familias (que el resto del año les importan un pimiento) y otra muy distinta es que se pongan pesados y se empeñen en convocarnos diariamente a los profesionales de la información, una y otra vez, para contarnos lo bien que lo han hecho en los cargos que han desempeñado hasta el momento y lo bien que lo van a seguir haciendo de aquí en adelante. Y no es que te lo cuenten, conjuntamente, los miembros de una misma agrupación o partido, sino que para que cunda más, citan ruedas de prensa uno por uno, y cada cual te cuenta su gestión, como si el pueblo y los administrados no la supieran de sobra y la hubieran valorado ya, antes de que el interesado la cuente.
Yo pienso que en esto de la política y la ocupación de cargos, que para muchos son una especie de paraíso, no sucede como la religión que, por mucho que se haya pecado a lo largo de una vida,  si hay un arrepentimiento a última hora uno alcanza el cielo (que en este caso sería el sillón).
Diario HOY, 16 de mayo de 1987

miércoles, 7 de febrero de 2018

Como en las cajas de langostinos


Una de las cosas que no sé si conceptuarla buena o mala, es la falta de memoria que solemos tener las gentes del pueblo que, dentro de nada, vamos a ser convocados de nuevo a las urnas para votar a los que serán nuestros futuros y nuevos ediles, porque a los actuales, ya les queda “poca cuerda”, de no “reengancharse” de nuevo, como suele decirse en la “mili”. Pero ese reenganche lleva implícito: pertenecer a un partido, que a uno le incluyan en una lista, y a ser posible de los primeros, porque los últimos no suelen salir nunca y sobre todo, para los que repitan o traten de repetir (porque esta es la única ocasión, la de los comicios, en que el pueblo “tiene la sartén por el mango”) que lo hayan hecho bien en la “convocatoria” anterior, porque si se hizo mal y no se ocupó uno más que de cobrar el sueldo, no es fácil ser incluido de nuevo en lista de su partido y el pueblo, si recordaba su actuación, no le votaría.
Lo malo de estas elecciones municipales es que, como en las cajas de gambas y langostinos, cuando se compran juntas, te ponen las grandes, las apetecibles en la primera capa, y lo de debajo es simplemente relleno y morralla, con lo que lo de las listas es darte un poco “gato por liebre”, porque puede darse el caso de que, al acceder los primeros a otros cargos, vayan subiendo los de abajo, con el lógico “fraude” para el elector. De lo que ahora tenemos, por si no lo recordaban, les diré que la lista que más se ha movido ha sido la del PSOE, en la que de los 25 que incluía, 14 han sido concejales aunque algunos durante poco tiempo, y sólo 11 se han quedado esperando. En AP, de su lista de 25, lo lograron 9, quedando en la espera 16 y dándose el caso de que algunos, como José Blanco, se marcharon del grupo. Convendría ahora tener las antiguas listas y refrescar la memoria de lo hecho por cada uno de los que lograron escaño, para votar en las próximas con arreglo a ello.
Diario HOY, 13 de enero de 1987

martes, 6 de febrero de 2018

Las importantes pequeñas cosas


En los ayuntamientos, como en las casas particulares, lo más deslucido, pero lo más importante para la calidad de vida de quien los habitan, es la conservación de las pequeñas cosas.  De las grandes cosas y proyectos ya hay quien se ocupe, porque esas gestiones son más lucidas y gratificantes en todos los sentidos que las pequeñas atenciones que producen mucho trabajo y poco lucimiento.
Viene esto a cuento de que casi tenemos en puertas unas elecciones municipales y habrá que sopesar todas estas pequeñas cosas que nos hacen grata o ingrata la vida y la estancia en la ciudad. Los grandes planes son los normales de todos los ayuntamientos de cualquier color, pero la atención diaria de tapar el bache de la calle, o el acerado que se hunde, o la tapadera que falta de una tragante, cosas que atentan contra la integridad física del ciudadano, que será el que vote, son las que hay que atender y las que ahora, todo hay que decirlo, están más desatendidas que nunca. No sabemos por qué se dará este fenómeno en nuestro actual Ayuntamiento en mayor medida que en ayuntamientos anteriores, si porque “no reparte juego” el alcalde o porque los ediles tienen tal desinterés por esas pequeñas cosas —que repetimos, no gratifican— que ni se ocupan de ellas y acaban diciéndose: “Que el alcalde se ocupe de todo.” Porque la verdad es que, en grandes proyectos, el Ayuntamiento ha llevado una importante gestión en muchos sentidos, pero se ha olvidado de esa función callejera y diaria de tener las calles sin baches, procurar las menos molestias al vecindario, atendiendo sus demandas; ocuparse del encendido de luces, que en muchos casos están apagadas, sin que el vecino sepa a quién protestar; tener a punto la ornamentación, que está totalmente olvidada. En fin, atender esas pequeñas cosas que no dan prestigio, pero que hacen más grata la vida al vecindario.
Diario HOY, 9 de enero de 1987

domingo, 4 de febrero de 2018

Aprenderse la lección


Los políticos tienen que aprender la máxima que tanto utiliza el comercio y que dice: “el cliente siempre tiene razón”, aunque en este caso se transforme en algo así, más o menos; “los electores siempre tienen razón”, porque los partidos no son tales partidos sin electores, como el comercio no es tal comercio sin clientes. Tras de ese aprendizaje, tienen que pasar a ese otro, que también se utiliza mucho en el comercio: “nosotros siempre hacemos lo que nuestros clientes apetecen, porque de ellos vivimos”, para decir poco más o menos; “nosotros estamos siempre al servicio de nuestros electores, porque gracias a sus votos, ostentamos estos cargos”. Lo que quiere decir algo que los dirigentes de muchos de nuestros partidos políticos olvidan con frecuencia: que el partido no es nada sin electores y que cualquier cambio en las alturas debe hacerse con el suficiente tiento como para que las “bajuras”, o sea las bases, no se amosquen y den su voto y su confianza a otro cualquier partido que presente mejor imagen cara a la calle. La imagen ante los electores es muy importante y muchos partidos de centro derecha suelen olvidarlo, actuando sus mandos como si la investidura les hubiera llegado del cielo y por ciencia infusa y no por el voto de unos ciudadanos que confían e ellos, pero que nada más dejen de confiar, enviaran su voto a otros partidos de apariencia más seria. Mucho se ha hablado de los que en tiempos sucedió a UCD y de lo que ahora viene sucediendo a Coalición Popular y de lo que sucedió no hace tanto con la operación Roca que, con magníficos “mandos” la rechazó el electorado por que no le “había entrado por el ojo”. Todo esto ocurrió a nivel nacional, pero las repercusiones son también locales y por eso tocamos y aquí comienza a decirse con insistencia que Fraga era un gigante, dirigiendo un partido de enanos y estamos en el momento en que Gulliver se marchó del país de Liliput. ¿Es que esos “mandos” no se dan cuenta de la sensibilidad del pueblo?
Diario HOY, 18 de diciembre de 1986

lunes, 22 de enero de 2018

Las razones del loco


Yo no sé si conocen ustedes el viejo chiste que cuenta que, visitando una persona un manicomio, el director del mismo le explicaba las manías de cada interno y, enseñándole un cajón con paja que había en un rincón, le decía “Este es el lugar de un pobrecito que se cree una gallina que está a punto de poner un huevo y se pasa el día cacareando”. “¿Y cómo no le quitan ustedes el cajón?”, preguntó el visitante, a lo que el director del centro respondió; “¿Y si pone el huevo?”.
Pues bien, a mí me parece que razones de este tipo son las que juegan en las elecciones, o en los resultados imprevistos de las mismas. Digo esto porque para mí, la meditación más sabrosa es la que se hace a la vista de los resultados de las elecciones y no antes y a veces, a mucha parte del programa salido de nuestro presidente del Gobierno, me decía lo mismo que el director del manicomio: “¿Y si lo reduce?; con lo que queda demostrado que los españoles tenemos mucho de ingenuos, o estamos poco acostumbrados a saber que las promesas electorales no comprometen a nada, o nos falta mucho rodaje en todo esto de la democracia. Porque para hablar claro, las promesas hay que tomarlas de quien vienen y del momento en que se hacen. Por ejemplo, si Felipe González promete la creación de 800.000 puestos de trabajo (cosa que prudentemente no ha repetido en esta ocasión y así y todo ha sacado 8 millones de votos) la cosa es para ponerla en duda, por las circunstancias anteriores, pero si la prometiera Ruiz Mateos, aún siendo un perseguido, la cosa sí tendría más visos de realidad. Pues bien, a mi juicio, a esas distinciones no hemos llegado aún los españoles.
Diario HOY, 24 de junio de 1986

domingo, 21 de enero de 2018

Estar en la actualidad


Definitivamente nos hemos hecho comodones y en muchas ocasiones no vemos que los tiempos evolucionan y que hay muchos fenómenos o cosas que se pierden en esa evolución y otras se ganan.
Esto a veces no suelen verlo ni los propios ecologistas, que ahora están tan de moda. En cosas tan nimias como es la disminución de las colonias de buitres (negros o leonados, que eso es lo de menos) no influye más que la evolución de las costumbres de la población humana en su propio trabajo. El trabajo de la agricultura ahora se hace con tractores y máquinas y antes se hacía con animales que, al morir, servían de carroña a los buitres; ahora la ganadería está estabulada y si muere un ejemplar se le entierra y se le quema, sin que haya aprovechamiento para el buitre. Antes, todas las poblaciones tenían un lugar próximo, donde se vertían basuras y carroñas animales (en Cáceres el llamado “Cerro de la Buitrera”), ahora las basuras se transforman y las carroñas está prohibido dejarlas de pasto de buitres o de otros animales, por las infecciones. El progreso tiene estas cosas. Ahora casi todo el mundo (aunque hay “honrosas” excepciones) se ducha diariamente, y antes era malo lavarse tan frecuentemente “porque se quitaba la pelusilla del cuerpo y venían las enfermedades”, según se afirmaba en nuestros pueblos. El mundo evoluciona y de ello hablábamos con nuestro alcalde días atrás, a cuenta de que con la campaña electoral de su partido, está obligado a participan en mítines, que también son una reliquia del pasado. “Todos estamos convencidos —nos decía— de que los mítines son los que menos votos dan, porque se dirigen a la propia “parroquia”, cuyo voto está asegurado, pero ningún partido nos atrevemos a prescindir de ellos, quizás por ser una reliquia del pasado.” Ahora lo que priva —decimos nosotros— es la televisión, que va a gentes de la parroquia y de fuera de ella, y por eso existen esas luchas por repartirse sus espacios. Pero ello es pura actualidad.
Diario HOY, 4 de junio de 1986

sábado, 20 de enero de 2018

¿Realidad o electoralismo?


Poco a poco nos vamos adaptando a los nuevos modos y modas que impone la democracia y toda su parafernalia (¿lo he dicho bien?) electoral de los partidos políticos. Hasta el punto de que muchos pensamos que no son de fiar las promesas que comenzaron por parte de todos ellos, ayer mismo, para terminar tras del escrutinio de las urnas. Hay toda una nueva experiencia en forma de refranes transformados que harían las delicias de Sancho Panza si es que el escudero de don Quijote hubiera llegado a vivir estos avatares que ahora nos disponemos a vivir los españoles: “De promesas políticas y santidad la mitad de la mitad”, ponemos como ejemplo, pudiendo transformar otros muchos como el de: “No debes fiarte de cojera de perro ni de llanto de mujer”, al que podríamos agregar: “ni de promesa electoralista”; o el de “Se coge antes a un mentiroso que a un cojo”, en : “se coge antes a un político en elecciones que a un cojo”, o: “El que mucho promete, poco cumple”, “vale más voto en urna que ciento volando”, etc.
Todo ello viene a demostrar que éstas, para los políticos de turno que aspiran a su sillón, son situaciones anómalas, en las que parece no tienen obligación alguna de cumplir lo que dicen, cosa que puede hacernos caer, al pueblo, en un escepticismo en el que acabaremos no viendo lo que es real y lo que es engañoso.
Confieso que esto es lo que me pasa a mí, y a algunos más, con ese parador de turismo que nos ha prometido para Cáceres el presidente de nuestra Junta, don Juan Carlos, y la iluminación nueva de la Ciudad Monumental. Yo no quisiera dudarlo, pero las circunstancias, los momentos y los refranes, me hacen entrar en la duda de si “será realidad tanta belleza”. ¿Oiga, don Juan Carlos, por qué no nos lo promete fuera de la campaña electoral?.
Diario HOY, 1 de junio de 1986

viernes, 19 de enero de 2018

Lo que se nos avecina


Ya lo hemos insinuado en alguna ocasión y hasta podemos decir que, en líneas generales, aquí ha solido dar resultados positivos. Nos referimos a evitar la guerra de carteles y pintadas que puede venírsenos encima —de hecho ya se nos ha venido— con motivo de la propaganda de las elecciones. No sabemos qué político debería dar el primer paso y convocar a los responsables del resto de los partidos para llegar a unos acuerdos en la distribución de los paneles que pone el municipio a disposición de cada formación política, y lo que es más importante, llegar a un acuerdo de distribución de propaganda, ya que suele darse el caso de que las formaciones menos numerosas (fíjense que digo menos numerosas y no menos importantes), bien porque se las ignore o se las olvide en el momento de repartir los paneles, suelen ser las que comienzan la guerra de quitar a otros para poner los suyos, o la simple guerra de arrancar los demás.
Es cierto que muchas veces son los chavales los que arrancan y rompen los carteles, pero en estas circunstancias suele haber intereses al medio y puede hasta “estimularse” la rotura. Todo eso es juego sucio en el más amplio sentido de la palabra, no sólo porque ensucia la ciudad, sino porque en democracia lo importante es respetar a los demás si queremos que nos respeten a nosotros, Yo no sé cuándo los españoles aprenderemos esa lección y dejaremos actitudes dictatoriales como es la de cargarnos la propaganda ajena, cuando lo democrático es respetarla. Hay otra cosa especial en lo concerniente a Cáceres, y es el respeto a la Ciudad Monumental. En otras ocasiones hubo el acuerdo entre los partidos de no utilizar sus monumentos ni calles para las propagandas, y menos para las pintadas, y en líneas generales llegó a respetarse dicho acuerdo. ¿Por qué no acordar algo así ahora?.
Diario HOY, 15 de mayo de 1986

miércoles, 17 de enero de 2018

Promesas a cuatro años vista


Dicen, yo no lo sé, que el empresario que se quedó con la plaza de toros de Cáceres, mediante un contrato para explotarla durante cuatro años, firmó con la propiedad el acuerdo de entregarle un dinero en metálico en determinados plazos y el compromiso de dar un determinado número de espectáculos taurinos consistentes en corridas y novilladas a dar durante el tiempo que dure su contrato, pero sin especificar el número que de unas y otras correspondían a cada uno de los años de los cuatro que el contrato abarca. Ello quiere decir que cuando algún puntilloso de los cumplimientos taurinos saca el tema a relucir diciendo que el empresario no ha cumplido porque son muy pocos los espectáculos que ha dado a lo largo del año, es la propiedad de la plaza la que sale al paso aclarando que el compromiso es global, para los cuatro años, por lo que al no especificarse los espectáculos anuales, el empresario está cumpliendo el contrato hasta que los cuatro años acaban.
Meditando el asunto, uno tiene que decir que el empresario tiene razón, porque mientras le quede un solo año de contrato muy bien puede cumplir lo acordado aunque tenga que dar un espectáculo taurino cada día. Dicho esto, paso a aplicar el asunto a lo político y a cuenta de las elecciones que ya todos los grupos preparan con promesas a cuatro años vista, para el que saliera elegido. Ojo con las promesas, porque cuatro años dan mucho de sí, y a lo largo de ellos se olvida lo prometido o se va acumulando para cumplirlo en el tiempo que falta, dejándolo para el final, para luego olvidarse de ello, como en muchos aspectos ha hecho la Administración socialista que ahora nos gobierna, con sus 800.000 puesto de trabajo, la salida de la OTAN, etc… a no ser que en los meses que les faltan lo cumplan todo de golpe.
Diario HOY, 1 de mayo de 1986