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lunes, 5 de marzo de 2018

Tienen razón los obispos


El Sínodo de Obispos, reunidos en Roma, han manifestado que “es muy preocupante que niños y jóvenes sean inducidos a la violencia”. Es un grito de alarma que no sabemos cómo no acaba de verse tan claro por parte de todos como lo ven los obispos, porque a poco que uno mire el mundo que vivimos, se dará cuenta de que mentalmente todos, no sólo los niños y los jóvenes, estamos recibiendo continuamente carga de violencia a todos los niveles. No se explica que en un mundo que se precia y hace bandera de la ecología, se permitan estas agresiones, parando mientes sólo en pequeñas nimiedades, contra las que se hacen desaforadas campañas, pero haciendo bueno eso de “ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”.
Pensemos solamente en las películas que nos ponen en la televisión o en la gran pantalla. Todas entrañan gran violencia, y hay que decir que son entretenidas (lo que es más peligroso aún), por citar algún nombre recordamos las del “Equipo A”, o las policíacas de “Como el perro y el gato”, en las que se ven incendiar coches, matar gentes o explosionar edificios cada dos por tres; o las películas de cualquier “Kun-Fú”, que han puesto de moda las artes marciales asiáticas. En fin, que cualquier película y cualquier programa de televisión lleva una gran carga de violencia, aunque luego los ecologistas, o las sociedades protectoras de animales y plantas, centren sus acciones en meterse con las corridas de toros españolas. Pienso yo que, por esos mundos de Dios, hay muy pocos niños que quieran ser toreros, pero sí muchos que quieren ser “Kun-Fú”, o el pistolero a sueldo del Equipo A, que vuela vehículos o mata a bocajarro a quien le lleva la contraria.
Si esta verdadera contaminación no se ataja, no debemos quejarnos de la violencia, como dicen los obispos.
Diario HOY, 22 de octubre de 1987

domingo, 4 de marzo de 2018

Sospecha sobre los "Otoños Musicales"


Antonio Jiménez Manzano, diputado de Cultura y director de la Institución cultural “El Brocense”, va a pasar su “prueba de fuego”, mejor diríamos de popularidad, en la realización de diversos programas culturales que eran casi obligados a fecha fija, y de los que tenemos en puertas los “Otoños Musicales”, con una tradición indiscutible de buen hacer y de hace muchos años. Antonio ha estado charlando con un experto, como es Miguel del Barco, y suponemos que le habrá aconsejado sobre lo que conviene, pero al parecer, tiene en mente el sacar los “otoños” a los diversos pueblos de la provincia, porque estos bienes culturales deben repartirse entre todos, cosa que nos parece muy bien. Ya ha comenzado a hablar de que no habrá grandes estrellas en el próximo “otoño”, y ello nos hace sospechar que se va a salir del compromiso tradicional con cuatro cositas y una vuelta por las  localidades de la provincia, ofreciendo algún concierto, creando escuelas de música, regalando instrumentos… En fin, todo lo que no eran los famosos y tradicionales “Otoños Musicales” que se hicieron en años anteriores (y también por gestores diputados del PSOE) alcanzando una fama que dudamos pueda mantenerse con el regalo de unos instrumentos, creación de unas escuelas y unos ligeros conciertos o pasada de películas, sobre la vida de músicos famosos.
Todo eso está muy bien, pero romper el espíritu de lo que eran esos “otoños” anteriores. No se olvide que, en nuestros pueblos, hay sin duda gente amantes de la buena música, pero donde existe una “Asociación Musical” de gran tradición y número de socios es en Cáceres capital: donde hay universitarios que asisten a los conciertos es también en la capital, y toda esta escucha en potencia necesita unos conciertos de cierta altura, para no sentir que una institución cultural como “El Brocense” comienza a ignorarlos.
Diario HOY, 17 de octubre de 1987

sábado, 3 de marzo de 2018

Otra vez los "grecos" de Talaverilla


Yo me felicito y felicito a Felipe Gutiérrez Llerena, director general del Patrimonio Cultural de la Junta, que en los Coloquios Históricos de Extremadura, clausurados en Mérida, ha anunciado la “inmediata adopción de iniciativas para recuperar los cuadros del Greco procedentes del retablo de la iglesia de Talavera la Vieja, que actualmente se encuentran depositados en el Palacio-Museo de Santa Cruz, de Toledo”, agregando en su declaración que desea “sean restituidos al patrimonio artístico de Extremadura, al que pertenecen”.
Como da la casualidad que uno vivió aquellos momentos en que los cuadros de este pueblo cacereño sumergido en las aguas de Valdecañas fueron llevados a  Toledo, y las posteriores e infructuosas gestiones que se hicieron para rescatarlos, por si de algo sirve voy, sucintamente, a recordarlo. No en todos sus detalles porque sería prolijo y porque alguna vez más me he referido a ellos, pero sí a aclarar cosas que, posiblemente, se desconocen.
Los cuadros se tenían en Navalmoral de la Mata, para enviarlos a restaurar y, aprovechando que estaba en esa localidad el entonces gobernador civil de la provincia, que desconocía pormenores de todo el asunto, se le presentó un fraile que, en nombre del arzobispo de Toledo, solicitó los cuadros. El gobernador autorizó el que se los dieran y los cuadros se fueron a Toledo sin posibilidad de regreso. Alfonso Díaz de Bustamante, entonces alcalde de Cáceres, gestionó cuanto pudo para recuperarlos, pero todo fue inútil. La teoría del arzobispo, en cierto modo lógica, es que los cuadros pertenecían a una iglesia del obispado de Toledo, por lo que el mencionado obispado era el único propietario de los mismos.
No sé si Gutiérrez Llerena y la Junta tienen algún nuevo argumento de recuperación, pero ese es el muro con el que choca toda gestión. Digo más, que si alguna vez ocurriera algo parecido en Guadalupe, también ese territorio es de Toledo y no de ninguna diócesis extremeña, aunque esté enclavado en Extremadura.
Diario HOY, 29 de septiembre de 1987

NOTA.- Otras dos ventanas sobre el mismo tema:

domingo, 25 de febrero de 2018

El principio de dos libros


Muchos de los libros de los autores cacereños que hoy nos parecen míticos, por formar parte de la historia próxima de la ciudad, libros que en su mayoría están hoy agotados, pero son imprescindibles para conocer mejor el Cáceres de siempre, se produjeron en su tiempo de una manera informal a la que no dio importancia la gente de entonces. Tuvieron que venir tiempos nuevos para valorar esas aportaciones, como únicas.
Uno de estos libros, totalmente agotado, como casi todos los suyos, es el de Publio Hurtado titulado: “Ayuntamiento y Familias Cacerenses”, cuya gestación narró él mismo, en el prólogo, y que en líneas generales fue de la siguiente manera: era el año 1906 y estaban, el autor, y otros personajes también míticos, como son Daniel Berjano y Juan Sanguino Michel, sentados en Cánovas, hablando de la “Revista de Extremadura”, publicación que también alcanzó fama, y que los tres redactaron y alcanzó a pasar un tipo estirado que no les dio ni las buenas tardes y, a continuación, un indigente al que un municipal apartó para que no molestara. Don Publio, a título de ejemplo, narró que el primero era descendiente de una familia noble y rica, empobrecida ahora. Sanguino y Bejarano, que escuchaban, le animaron a poner sobre el papel todas estas historia que el público leería con gusto y, como encargado de la revista, surgieron los primeros cuadernillos que, más tarde, se convirtieron en un libro patrocinado por el Ayuntamiento.
Un comienzo parecido tuvo otro de los libros importantes de Hurtado, como fue “Castillos, Torres y Casas Fuertes de la provincia de Cáceres”, cuyos cuadernillos se “encartaron” en alguna publicación de su tiempo, hasta que se convirtieron más tarde en libro. Ambos son ahora dos libros agotados.
Diario HOY, 14 de agosto de 1987

jueves, 22 de febrero de 2018

Hablar lenguaje distinto


Sin entrar en el fondo de la cuestión de lo del inglés y el tradicional toro de Coria, pienso yo que lo que le pasa a este señor, como a todos los del grupo del “Bienestar de los Animales Vivos” (porque los muertos ya alcanzaron el paraíso de Manitú), con nosotros los españoles, y a los españoles con él y con ellos, es que hablamos simplemente lenguajes distintos, con lo que no hay forma de entendernos y los galimatías acabarán exagerándose cuando este señor trate de contar lo que ha visto, sin haberlo entendido siquiera; será como jugar a la rueda de los disparates. Por ejemplo, el que míster Pearce llame a los soplillos o molinetes (cucurucho de papel con un simple alfiler que se lanza soplando por un tubo) “misiles”, es como para alarmar a cualquiera y para que rusos y americanos se nos echen encima a analizar si los “misiles” de míster Pearce tienen o no cabeza nuclear.
Si míster Pearce hubiera sido un hombre más despierto, le hubiera llamado proyectiles de cerbatana, o cerbatanas simplemente. Aunque algunos piensan que le interesa más llamarles “misiles” porque así alarma más a sus cofrades del “Bienestar”. No obstante, yo creo que el míster ha dicho lo de “misiles” de buena fe, porque habla lenguaje distinto al nuestro. Recuerdo que, allá cuando la última guerra mundial, un avión americano hizo un aterrizaje de emergencia en Cáceres, y aquí quedaron sus pilotos y tripulantes, algunos de los cuales hablaban español y mostraron deseos de conocer nuestra Ciudad Monumental, en la que yo les serví de cicerone.
La dificultad surgió cuando hubo que hablarles de la “Orden de Caballería de Santiago” y su función en la Reconquista. Por más que se les explicaba lo que eran estos institutos armados, menos lo entendía, hasta que uno de ellos, más despierto que los otros, pronunció el “eureka”, aclarándole a todos los demás que la Orden de Santiago era una especie de club de aquel tiempo. Como ven, hablamos distinto lenguaje.
Diario HOY, 26 de junio de 1987

lunes, 19 de febrero de 2018

Una ciudad especial


Hay profesiones y oficios que se están perdiendo por la lógica evolución de los tiempos. Qué duda cabe que, de hacer un mueble de artesanía a hacerlo con máquinas hay un abismo, sobre todo en el precio final que este mueble tendrá y en el acabado del mismo que, de ser pieza única pasa a ser una más de una serie hecha como se hacen los churros, uno tras de otro. Sucede esto con los oficios artesanales principalmente, muchos de ellos perdidos para siempre. Pero ocurre que hay ciudades especiales que necesitan de estos oficios y de estos artesanos para poder seguir estando a punto. Yo no sé si ustedes han visto los albañiles acuáticos de Venecia, que son únicos de esa ciudad, porque le son necesarios hasta el punto de que Venecia, sin ellos, dejaría de ser la Venecia clásica que conocemos, para convertirse en un “pastiche” tipo decoración cinematográfica.
Bien, pues un poco de eso comienza a ocurrir con ciudades monumentales,  como la de Cáceres, donde en su recinto no sólo hay que utilizar materiales auténticos, sino artesanos para poner ese material, que sepan hacerlo por técnicas artesanales tradicionales. Ejemplo pudiera ser el revestir una pared, que azota el agua, con tejas árabes, en vez de planchas de uralita, o hacer unas rejerías de forja y no imitaciones, o labrar la cantería como supieron hacerlo en su tiempo Gil de Ontañón u otros maestros. Esto, que puede parecer una tontería, no lo es en absoluto. Podemos decirles que, no hace tanto, cuando hubo que empedrar una de las plazas del recinto monumental no se encontraban maestros empedradores y la técnica artesanal se había perdido totalmente, por lo que hubo que recurrir a algún viejo maestro jubilado, que indicó cómo debía hacerse. ¿Se sabría hacer ahora un escudo esgrafiado, como el que existe en la fachada del palacio de Hernando de Ovando?. Posiblemente no. Por ello nos parece de maravillas la labor que viene haciendo, de recuperación de técnicas y técnicos artesanos entre la juventud, la Escuela Taller de la Universidad Popular de Cáceres, porque con ella se cumplen dos finalidades: conservar técnicas que se van perdiendo o se han perdido y hacer un servicio a una ciudad monumental como la nuestra, que necesita de esos artesanos y esas técnicas para seguir estando viva.
Diario HOY, 27 de mayo de 1987

domingo, 18 de febrero de 2018

Los cacereños y las uvas

Hay algo que en estos pasados Festivales Medievales se ha puesto de manifiesto cual es que el público cacereño participe en todo lo que se organice nada más que su bolsillo le de para ello. Particularmente pienso que uno de los éxitos de todo lo organizado reside sin duda en que todos los espectáculos eran asequibles al gran público por lo baratas que se han puesto las entradas, no decimos por lo barato que se han montado porque han sido muy caros de montar, pero se han hecho para que participen los más posibles y, salvando pequeños inconvenientes, los más posibles han hecho colas para adquirir entradas para entrar a los diversos espectáculos y aun para comprarlas en la reventa si no había de otras.
Todo esto sale al paso de la tan traída y llevada apatía del público cacereño en particular y del extremeño en general. Los que tal cosa dicen, se olvidan de que nuestras gentes, nosotros todos, somos los españoles con menos poder adquisitivo, porque somos los que estamos en la cola de la “renta per cápita” (que también en esto hay colas y en ellas nadie nos da la vez, sino que nos siguen dejando los últimos) por lo que, aunque disimulemos diciendo que algo no nos gusta, nos suele pasar como a la zorra de la fábula, que como las uvas estaban altas para alcanzarlas, decía que no le gustaban porque estaban verdes. Aquí nos gusta todo y lo sabemos saborear como el que más, pero como el bolsillo no nos da para estar en muchas de las cosas que se nos organizan: partidos de fútbol con entrada a mil pesetas o corridas con tendidos a 3.000 (como las de Miranda), tenemos que decir que no nos gustan, porque están verdes, como las uvas. Lo que sí decimos, apartando pequeños fallos de organización, es que estamos agradecidos a los que organizaron estos “tinglados”, principalmente porque los han hecho asequibles a los bolsillos de los cacereños… que no es poco.
Diario HOY, 12 de mayo de 1987

Cáceres, ciudad de congresos


Ante los casi trescientos intelectuales que participaban en los coloquios internacionales sobre religiones prehistóricas, el alcalde, Juan Iglesias, proclamó un deseo de la ciudad que señaló como el “viejo sueño de Cáceres, cual es el ser una ciudad cultural abierta a todos, una ciudad de congresos para los científicos que deseen venir a ella.”
En la euforia del ofrecimiento ocurrió un hecho muy simpático que vamos a narrar. Estos intelectuales, que viven en su mundo, tienen fama de despistados y por ello, en alguna ocasión de descarados, descaro que, a mi juicio, no es más que expresar en voz alta lo que se les viene a las mientes. Y esto es lo que sucedió en el salón de actos del Ayuntamiento durante el discurso de bienvenida del alcalde a estos congresistas, a los que, más o menos, decía: “Os agradecemos vuestra presencia y os decimos que esta quiere ser una ciudad sin llaves y sin puertas, aunque tenga una vieja muralla, que esta abierta a todos. Pero sabedlo: es una ciudad sin llaves…” En ese breve silencio se oyó una voz de uno de estos intelectuales que decía; “¿Y no podría ser también una ciudad sin coches?” El alcalde, sin inmutarse, contestó; “Eso querríamos, pero no hemos encontrado la solución.”
Aparte de la simpática salida del intelectual y del alcalde, que produjo las lógicas risas, hemos de decir que, en efecto, Cáceres tiene de antiguo esa aspiración de llegar a ser una ciudad de congresos y ya ha habido algunos, pero existe el inconveniente de la falta de alojamientos que tuvo que dar al traste con ese incipiente deseo, al tener que alojar a congresistas en entornos nada próximos como Trujillo, Arroyo de la Luz y otras localidades provinciales. Por ello, tampoco el alcalde ha encontrado aún la solución para ese deseo, aunque, todo hay que decirlo, le ha echado una buena mano Juan Carlos Rodríguez Ibarra, con la hospedería en construcción.
Diario HOY, 10 de mayo de 1987

sábado, 17 de febrero de 2018

De acuerdo con los Festivales


Tras de ver el primer día de “Festivales Medievales”, que conmemoran la designación de Cáceres como Patrimonio de la Humanidad y en los que se van a  gastar un buen puñado de millones, tengo que decir que estoy con los Festivales y con los que tuvieron la feliz idea (al menos para mí) de organizarlos, cuesten lo que cuesten.
Digo esto por varias razones que voy a tratar de explicar de una forma sencilla, para que los detractores —que los hay— de esos Festivales, al menos los de buena fe, tengan un elemento más de juicio. Hay quien dice que ese dinero hubiera estado mejor empleado en otras cosas como la pavimentación de las calles, que están indecentes, con lo que nos hubieran dejado un Cáceres magníficamente urbanizado. Es posible que ello, teóricamente, pudiera ser cierto, pero sólo teóricamente, porque las pavimentaciones de calles tienen ya su presupuesto y creemos que el hacer algo sonado para conmemorar la designación de Cáceres como Patrimonio mundial, cosa que no suele ser corriente ni de todos los días, bien merece la pena de gastar una treintena de millones, para que el pueblo se divierta y lo festeje, que es a mi juicio de lo que se trata y también para el mismo fin que tuvieron los viejos festivales folklóricos hispanoamericanos de los que tanto se sigue hablando aún y en los que se gastaba, en aquel entonces, tanto o más dinero.
Otros dicen que los festivales se hacen con fines electoralistas. Es posible que así sea, pero gracias a esos fines llegará al pueblo una cosa digna de verse. Si las campañas electorales se montaran sólo a base de entretener, divertir y enseñar algo al pueblo, eso ganaría el pueblo porque al fin y de una forma u otra cada partido arrima el ascua a su sardina y es mejor que lo haga de forma que el pueblo participe y saque al menos algo que recordar y no sólo las paredes sucias de carteles y a cabeza llena de candidaturas y promesas que no suelen cumplirse.
Finamente, el precio popular de los festivales me da ocasión de decir que se han hecho para todos con lo que, de lo empleado, algo sacará el pueblo, aunque sólo sea ver ese espectáculo de “luz y sonido” que recoge la historia de Cáceres y Extremadura.
Diario HOY, 6 de mayo de 1987

Como reflexión y saludo


Hay gentes que están tocadas con el don de la popularidad y que, por mucho que suban en la escala de valores que la sociedad tiene establecida, seguirán siempre conectadas con el pueblo, que las seguirá viendo como algo suyo. Este es a mi juicio el caso de los académicos Camilo José Cela y Antonio Mingote que, por razones muy dispares pero coincidentes, han sabido revestirse de toda la dignidad que da la Academia, pero sin dejar ese tirón mágico de lo popular, ese lograr el querer y la admiración del hombre de la calle que es lo más difícil de lograr para cualquier hombre público. Los hombres del pueblo, entre los que me cuento, vemos las academias como algo mágico y distante, como una especie de “cielo” de la fama (quizá por ello los franceses llaman “inmortales” a sus académicos) donde el que llega se convierte en algo distante e intocable, que el pueblo admira, aunque no entienda del todo.
Posiblemente en lo que a los escritores se refiere la diferencia está en una escala que podrían formar los estilos, o imaginadas escuelas, en las que las viejas cabezas podrían ser Góngora, Cervantes y Quevedo, siendo Góngora el más distante del pueblo (que puede admirarle sin comprenderle) y Quevedo el más próximo a él, porque sabe genializar lo que el pueblo entiende y comparte.
Creo yo que este es el caso de ese “tirón” mágico que tiene nuestro académico Camilo José Cela, que ha  llegado a Cáceres para “pregonarnos”, de forma original, las “Fiestas medievales” que comienzan ahora. Es más, pienso que esos hombres que, como él, sigue admirando el pueblo están más cera de lo genial que los otros y no necesitan la artificiosidad ni la afectación con la que, los más vacíos, tratan de llenar sus carencias. Pienso yo que estas cosas hay que decirlas, cuando merece la pena hacerlo, como en este caso, porque en ellas radica el magisterio de las letras.
Vaya con ellas nuestra bienvenida para el pregonero.
Diario HOY, 30 de abril de 1987

viernes, 16 de febrero de 2018

Cela y su "pregón" medieval


Los Festivales Medievales de Cáceres van a tener un “pregonero” excepcional de ellos, como es el académico y popularísimo escritor Camilo José Cela. Lo que no se ha dicho, ya que se tiene muy en secreto, es todo el montaje y prolegómenos que tendrá ese excepcional “pregón” que estará adaptado al ambiente medieval de las fiestas que pregonan y para la que, al parecer (ya que esto sigue siendo secreto), hay ya el visto bueno del propio Camilo, cuando por primera vez se lo propusieron dijo extrañado: “¿Pero están ustedes de cachondeo?” y luego, tras de las explicaciones, como en el fondo es un “cachondo”, aceptó el “protocolo” del pregón y hasta hizo alguna sugerencia al respecto. Preparen sus cámaras para el día 29 y ajusten sus “vídeos”, porque lo que verán es sensacional y único.
Ahora entremos en ese “secreto” para que tengan una ligera idea de todo lo que el día 29 se vivirá en Cáceres, con motivo de la “Fiestas Medievales”. A una hora no determinada aún del Palacio del “Carvajal”, donde estará alojado, saldrá Camilo José de Cela, vestido a la usanza medieval. En la puerta del Palacio le esperará un coche tirado por caballos blancos, con su cochero, servidores y escoltas, vestidas todas a la antigua usanza; unos maceros escoltarán el vehículo hipomóvil; habrá unos heraldos que, delante del coche, irán abriendo camino, como habrá una escolta de soldados medievales a pie y a caballo que le darán guardia. De esta forma, todo el cortejo medieval atravesará la ciudad para llegar al Complejo Cultural de San Francisco, donde serán recibidos con un protocolo que encaja en todo lo que venimos diciendo y donde el ingenioso escritor que es Camino José Cela pronunciará su pieza oratoria, su “pregón”, para, tras de ello, volverse del mismo podo al Palacio del “Carvajal”.
Como pueden ver, el comienzo del espectáculo bien que merece el estar para verlo.
Diario HOY, 22 de abril de 1987

La "Disneylandia" que se nos avecina


Aquí, o no hacemos ni una fiesta durante todo un año, o nos metemos en fiestas y no tenemos un rato ni para descansar entre una y otra. Esto nos va a pasar a partir de esta Semana Santa, que también ha sido una fiesta concurrida en Cáceres, porque casi la vamos a ligar con las fiestas patronales de San Jorge que, prácticamente han comenzado ya en sus prolegómenos, con la Semana de Teatro en Extremadura; las propias fiestas patronales; la celebración de la exposición Filatélica y Numismática, con motivo de la declaración de Cáceres como patrimonio mundial; reunión de un congreso hispano-luso de Endocrinología; celebración, el domingo próximo, de la fiesta campestre en la que la asociación de informadores cacereños conocida por “La Lupa” se reunirá para entregar sus premios anuales —en esta ocasión serán los primeros— uno positivo: la lupa cristalina, y otro negativo; la lupa opaca. A ello se unirán las fiestas medievales que se inician con el mes de mayo, en las que habrá de todo lo imaginable, y tras ello habrá que ir pensando en las ferias de mayo, que por los motivos lógicos del nombramiento, deben sr unas ferias excepcionales. Todo esto sin contar con la bajada de la patrona a la ciudad desde su santuario y otras fiestas menores, que de por sí hubieran constituido acontecimiento aisladamente, como el encuentro Cacereño-Sevilla o Murcia-Cacereño.
En fin, que el cotarro va a estar animado de verdad, porque estoy seguro que me quedo otras muchas fiestas en el tintero. No parece sino que Cáceres entero está haciendo un imaginario viaje al país de los festejos y que hemos puestos el “piloto automático” a ver dónde podemos llegar. Lo que sí estamos echando de menos en toda esta “Disneylandia” que se nos ha montado, es un programa conjunto, por el que podamos saber qué hay cada día y escoger entre lo ofrecido.
Diario HOY, 21 de abril de 1987