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viernes, 1 de diciembre de 2017

La Navidad y los precios


Nosotros creamos muchas oficinas de información a los consumidores, muchas asociaciones para defensa de éstos, pero la verdad del caso es que los consumidores que somos todos, cada día estamos más indefensos contra la subida de los precios, y sobre todo al filo de la Navidad en la que, tradicionalmente, se disparan estos sin que se haya inventado todavía la forma de sujetarlos.
A uno le cabe preguntarse: ¿Y para qué sirven todos estos organismos más o menos oficiales? La realidad nos dice que para nada, aunque los consumidores seamos mayoría. Como se dijo de algún otro organismo, todas esas oficinas, son una especie de cañón del siglo XV que no sirven más que para adorno pero que no solucionan nada práctico, como no lo solucionó en su tiempo aquello de la “Disciplina del mercado”, “El código alimenticio” y otras muchas zarandajas con las que nos han bombardeado los listos que la crearon. El hecho es que los precios suben, nada más que hay más demanda de artículos, y el consumidor está tan indefenso con asociaciones y oficinas como sin ellas.
Pero hay otra cosa demencial en esta época que son los espacios televisivos dedicados a presentar los posibles platos o menús para la navidad. En uno de ellos un alto cocinero, explicaba como se pueden guisar las angulas como plato navideño. Sepan, y creo que esto los saben las amas de casa, que las angulas aquí valen las 15.000 pesetas y las congeladas sobre las 7 u 8.000. ¿dígame usted qué persona con un sueldo como el suyo o el mío, o menores, se atreven a comer angulas?. Pienso que presentar una comida de élite en la televisión, es un poco tomarnos el pelo, porque el que tiene 15.000 pesetas, para gastarlas en angulas, creo que le sobrará dinero para encargar a un cocinero que se las guise. Si eso no es vivir de espaldas a la generalidad de los televidentes, que venga Dios y lo vea.
Diario HOY, 21 de diciembre de 1984

jueves, 30 de noviembre de 2017

La gasolina y su precio


No lo decimos nosotros, sino un estudio hecho por el Comité de Energía de la CEOE sobre los precios de consumo petrolífero en Europa, que llega a la conclusión de que la gasolina súper española es la más cara del continente. Esto se ha dicho más de una vez, pero los responsables de nuestra Administración nos han contado la “mentira piadosa” de que tal cosa no es así, porque Francia e Italia pagan una gasolina más cara que la nuestra, “trampa” en la que cae cualquier porque, en efecto, si damos a la gasolina española el precio base de 100, en Francia el precio se convierte en 103 y en Italia en 125, pero esto es “trampa”, si tenemos en cuenta que la gasolina súper española tiene sólo 96 octanos, mientras que la francesa tiene 98 y la italiana 99, octanajes que implican mayor rendimiento para estas últimas aunque aparentemente —solo aparentemente— son más caras que la nuestra.
Estas razones podrían justificar, según la lógica, el que de momento no hubiese una nueva subida de la gasolina, como lo podría justificar la tendencia a la baja de los crudos y aun la apreciación de la peseta frente al dólar últimamente —razón que no podría servir de pretexto, como sirvió otras veces—. Pero todo esto es la lógica que nuestra Administración suele desconocer, o al menos la ha venido desconociendo hasta el momento, aparte de tenerla sin cuidado los estudios de Energía de la CEOE, porque a nuestra Administración lo único que parece importarle es recoger dinero, sin tener que justificar nada ante los ilusos españoles que seguiremos pagando la monopolística gasolina, de la CAMPSA, mientras “el cuerpo y la bolsa aguanten”, aunque tengamos el pataleo al menos, de poder decirlo.
Diario HOY, 19 de diciembre de 1984

miércoles, 8 de noviembre de 2017

La ley del embudo


Aparte de que la administración socialista hable tanto del cambio y propiciarlo, lo que sigue siendo verdad es que una cosa es predicar y otra dar trigo, porque precisamente la administración a todos los niveles, siendo la primera que debería dar ejemplo, viene aplicando la llamada “ley del embudo”, con la parte ancha para su lado y la estrecha para el de los demás, siendo ella la menos propicia para cambiar cuando es la que debería dar ejemplo.
A nivel nacional hay noticias que parecen insólitas. Recordamos una reciente de un industrial valenciano, al que su ayuntamiento le ha embargado por unos pequeños débitos de unos miles de pesetas, cuando el propio ayuntamiento que le embarga debe al industrial casi cinco millones de pesetas, que no hay forma de que éste cobre. Precisamente, en declaraciones que el industrial hizo, dijo que al no pagar esas tasas trataba de resarcirse de algún modo del mucho dinero que le deben y que no es capaz de cobrar. Pues bien, estas cosas que trascienden como noticias nacionales se dan también en el terreno local y provincial porque parece que esto es un mal administrativo que no hay quien arregle. Un montón de casos conocemos de industriales de nuestro entorno —sobre todo de la construcción— a los que se les deben cifras sustanciosas, que cobran mal y tarde, aunque se los pasa a la ejecutiva por alguna gabela que ellos deben a sus deudores. Un caso palmario y reciente es el de la Asociación de Empresarios de Ambulancias de nuestra provincia a los que el INSALUD les debe de cuarenta a cincuenta millones de pesetas, sin que sean capaces de cobrárselas, aunque a ellos se les exigen puntualmente sus débitos a la Seguridad Social, recargándoselos con un 20 por ciento si se retrasan. En definitiva, que es la Administración la que debe dar ejemplo y no seguir con la ley del embudo.
Diario HOY, 22 de mayo de 1984

miércoles, 1 de noviembre de 2017

La leche y sus problemas


Parecía que el problema de la venta a granel de la leche había remitido, pero ha vuelto a suscitarse con concentración, ante el cuartelillo de la Policía Municipal, de un grupo de lecheros que claman por seguir vendiendo su leche a granel y no tenerlo que hacer a las centrales lecheras. En este tema ha habido muchos tiras y aflojas, suscitados por la corporación municipal actual, al tratar de aplicar la ley que prohíbe la venta de leche a granel, por la poca garantía sanitaria que presenta, pero “casándola” con el hacer el menor daño posible a estas pequeñas industrias de las que viven, en Cáceres y pueblos de alrededor, un estimable número de familias. Se han buscado diversas soluciones que no acaban de convencer a ninguna de las partes en litigio, o que no son aplicables, ya que las centrales tienen una concesión por un determinado número de años, que es prácticamente una exclusiva. En el Casar, y algún otro punto, figuran cooperativas lecheras, pero aun los miembros de ellas prefieren seguir vendiendo su leche a los particulares que a su propia cooperativa
Pienso yo que alrededor de todo esto hay también los intereses creados y una cierta picaresca —a la que somos dados los españoles— que son puntos a tener en cuenta, aunque no quiero decir que esta picaresca incluye a todos, pero sí a una estimable mayoría, picaresca de la que se debe hablar también claro. Es clandestino vender leche a granel y esto lo saben todos los lecheros, pero es más rentable. Las centrales y sus propias cooperativas les compran la leche a menor precio (creo que sobre unas 36 pesetas litro, no lo sé) y les exigen unas cualidades determinadas para tomársela, que no les exige el particular que se la compra a menudeo y se la paga —sin tanto control— a algo así como 50 pesetas litros (también es cifra aproximada), lo que quiere decir que a ellos les es “más desenredado” venderla sin control sanitario y a mayor precio del que les paga la central o la cooperativa. Esto es así de claro, para quien quiera verlo, aparte de que tenga otras implicaciones en las que no vamos a entrar.
Diario HOY, 24 de marzo de 1984

viernes, 20 de octubre de 2017

La defensa del consumidor


A mi, como consumidor —y consumidores somos todos— no me ha agradado la amenaza que hacen los carniceros de Cáceres de hacer un plante en las próximas fiestas de Navidad y negarse a vender cualquier tipo de carne durante esas fiestas, en represalia de que el Ayuntamiento pueda instalar —como hará— los puestos de regulación de venta de carne en los mercados de abastos.
A mí me parece muy bien que los carniceros, o cualquier otro comerciante, ganen honradamente su vida, cargando el margen lícito que sobre los productos que nos venden les permita la ley, lo que no me parece tan bien es que cuando el Gobierno o la Administración intentan defender al consumidor y a su bolsillo, ellos se reboten por lo que pueda suponer recorte en las ganancias que también se contemplan en esos puestos de regulación en los que, estamos seguros, también se ganarán un margen los que los lleven, porque no se trata de que ellos expendan gratuitamente sus productos sin ganar nada, sino de regular esa ganancia que la Administración —en algún caso, porque tendrá el asunto estudiado— puede pensar que es abusiva.
Además, la amenaza me parece poco inteligente, porque se trata de una ventaja que la Administración quiere dar a los consumidores, que en definitiva son la propia clientela de estos industriales, a los que ellos se oponen, olvidando que a esta clientela se lo deben todo. No es inteligente decir, poco más o menos, “a esta clientela no se le hacen beneficios ninguno, porque nosotros tenemos que seguir ordeñándola, sin que nadie se meta en si nos pasamos o no en el ordeño”.
Entiéndase bien que no quiero decir, y supongo que la Administración tampoco, que ellos sean el “Sastre del Campillo” que cosía gratis y ponía el hilo, sino que se les permita el margen lícito —que debe ser sagrado— pero sin abusar de ese margen, que es lo que parece que ahora les molesta. ¿No habíamos quedado que el cliente tenía siempre la razón y había que darle alguna ventaja?, pues esto es lo que entendemos trata de hacer la Administración, sin perjudicar a estos industriales.
Diario HOY, 19 de diciembre de 1983

miércoles, 18 de octubre de 2017

Ser o no ser oportuno


Sin nostalgia ninguna, sino más bien con temor de que aquellos tiempos vuelvan, pensaba ayer en aquellas campañas de la “cena de Navidad del necesitado”, de las que fue adalid y adelantada en nuestra ciudad la veterana emisora Radio Cáceres que movía voluntades y hacía lo indecible por allegar fondos para que, al menos en fechas tan señaladas, los más menesterosos tuvieran algo de lo que carecían. Sucedió hasta los años cuarenta o cincuenta, y se sabia ya que el ideal no era que los pobres cenaran bien una sola vez al año, sino el que cenaran todas las noches, cosa que, con bastantes sacrificios, se consiguió posteriormente. A partir de los años sesenta, aquellas campañas fueron más bien simbólicas y sus fondos destinados a construcciones de viviendas o de otras necesidades que hasta el presente hemos venido padeciendo
Quizá lo más importante de aquello era la mentalización de ayuda al prójimo y la oportunidad de hacerlo en esas fechas, porque la ocasión es una cosa que debe tenerse muy en cuenta.
Las fechas elegidas para cualquier decisión constituyen una circunstancia muy importante con la que no suele contar el bisoño, y una decisión precipitada puede amargar esas fechas, cuando una buena “mano izquierda” (y no me refiero a la de algún político) lograrían retrasar esa amargura.
Dicho esto, pienso que nuestra Administración de izquierdas —la que ahora tenemos— no tiene precisamente “mano izquierda” para muchas de sus decisiones, quizás por esa bisoñez de que hablo
Ahora, al filo de la Navidad, y cuando las gentes necesitarían un respiro para pensar en esas fiestas familiares, se nos sube todo: impuestos, productos de consumo, etc., y lo que es peor, se “nos amenaza” con la subida de la ya de por sí cara gasolina española. Puede que la gasolina tenga que subir, pero pienso yo que no puede haber elegido peor momento para hacerlo, precisamente al filo de esas fiestas en las que el ya esquilmado ciudadano, que por regla general tiene su humilde coche, tendrá que hacer largos o cortos desplazamientos para estar con los suyos. ¿Se trata de un modo de felicitación de la Administración socialista? Pues de ser así, no puede llegar en peor momento.
Diario HOY, 1 de diciembre de 1983

lunes, 11 de septiembre de 2017

Las apreturas del señor Ordóñez


Uno que, como usted o como yo, gana un sueldito de nada (si lo gana) y trabaja lo suyo, se queda patidifuso, confuso e hipnotizado cuando oye decir al señor Fernández Ordóñez, Presidente del Banco Exterior de España, que voluntariamente se ha rebajado el sueldo a ocho millones de pesetas al año para darnos un ejemplo de “apretarse el cinturón”, y cuando se entera que el anterior presidente de ese banco cobraba nada menos que dieciséis millones de pesetas, cifra que para usted y para mi nos haría felices para toda la vida si nos cayera en una quiniela, aun incluso la de ocho millones del “cinturón apretado” del señor Fernández Ordóñez, que debe tener una cintura de órdago, como debió tenerla su antecesor.
La cosa se suscitó en una entrevista en Televisión Española, que, dicho sea de paso, se nos ha puesto muy roja (y no es que a mi me moleste el color, sino el monocolor).
Cuando el hombre de la calle como yo, que no suele llegarle la sal al agua, se le habla de esas cifras le hacen los ojos “chiribitas” y supone que el que de cinco millones para arriba dice que se “aprieta el cinturón” es un cachondo —perdón por la palabreja— o nos toma a los demás el pelo.
Es más, muy seriamente este “calvo de oro” (permítanme que le llame así) agregó algo como que este rebajarse el sueldo era un compromiso que había adquirido con el Partido Socialista en la campaña electoral y que lo hacía como ejemplo que se iba a seguir en ese organismo, el Banco Exterior, con el resto de los funcionarios… A mi escuchando esto me asaltó la duda de si la medida de rebajarse el sueldo a la mitad, ese gesto que nos presentaban como generoso y ejemplar llegaría también a sueldos de menor cuantía; por ejemplo, al funcionario —conserje, botones, etc.— que gana alrededor de las cuarenta mil pesetas al mes y que, siguiendo el ejemplo del jefe, tienen que rebajárselo a las veinte mil “pelas” mondas y lirondas… Porque, oiga, si yo estuviera en esas circunstancias y ganara, no digo ya lo ocho millones del señor Fernández, sino simplemente cuatro, no tendría a menos en quedármelo en dos milloncejos, pero con sueldos que no llegan a las cien mil la cosa es para pensárselo.
En fin, que para mi y para otros españoles de a pie es privativo y casi pecado el decir que se ganan sólo ocho millones de pesetas, aunque sea pecado doble el ganar dieciséis. Y, además, que las gentes que ganan ese dinero no pueden ni apretarse el cinturón porque, a mi modo de ver, lo que usan son tirantes.
Diario HOY, 8 de enero de 1983

lunes, 21 de agosto de 2017

La gasolina y el “caso Abundio”


Me parece a mí, querido lector, que según se están poniendo las cosas nos va a pasar como a Abundio. Seguramente usted conocerá el “caso Abundio”, porque es sumamente conocido. Abundio fue el que tuvo que vender el coche para poder comprar gasolina. Pues como el buen sentido no lo remedie me temo que muchos de los que ahora tenemos coche vamos a tener que imitarle.
Lo malo es que el coche hoy día no es un lujo, aunque el Gobierno o la Administración se empeñen en cargarle con el alto “impuesto de lujo”, del que vienen protestando fabricantes y vendedores de estas máquinas, que, al decir de ellos, suponen unas trabas a la hora de colocarlos a los cada vez más escasos compradores.  El coche hoy día en muchos casos es una herramienta de trabajo de la que no se puede prescindir en muchas profesiones a menos de prescindir también de la profesión: albañiles, representantes, periodistas y un largo etcétera lo siguen utilizando como tal. Y es  a éstos a los que peor se les van a poner las cosas.
No hace muchos días el propietario de una estación de servicio nos contaba que hay muchos usuarios que se acercan al poste de la gasolina para poner a su coche lo que les puedan dar por cien, doscientas y aun por treinta y tantas pesetas… porque no se tenía más dinero para más. Piensen qué pasará si la gasolina, que según declaraciones del propio presidente de CAMPSA, Enrique Sánchez de León, “en España está en la cota máxima de los precios europeos”, nos vuelve a subir de nuevo.
En este sentido se han manifestado ya los expendedores, los fabricantes de coches y otros profesionales más señalando la inoportunidad de una subida de precios, subida que, al parecer, es inminente por el déficit público.
Hay unas noticias concatenadas, que por cierto publicaba ayer nuestro periódico; una, referida a las declaraciones del propio Sánchez de León, que decía: “La gasolina puede subir en cualquier momento”, y otra relacionada con los acuerdos que se están discutiendo entre CAMPSA y las centrales sindicales sobre el posible “cierre nocturno y dominical de las gasolineras”… No quiero ser pájaro de mal agüero, pero pienso que si la gasolina sube, no sólo se va a conseguir el cierre nocturno y dominical de las gasolineras, sino el cierre definitivo de muchas estaciones por la falta de clientes. Vamos, lo que decíamos de Abundio al principio del comentario.
Diario HOY, 8 de julio de 1982

jueves, 3 de agosto de 2017

El agua y sus cuentas están poco claras


Yo sé, o al menos sospecho, que cuando se vende vino o leche, y ésta sale cara, lo socorrido es echarle agua. Al menos esto es lo que suele decirse a taberneros y lecheros, más o menos en broma, pero díganme ustedes qué hacen los que venden simplemente agua, para poder mantener el precio cuando ésta se les ha encarecido. Pues bien, este es el caso del Ayuntamiento de Cáceres que ayer mismo, en sesión y cuando se trataba de aprobar el presupuesto del servicio de aguas, lo rechazó porque tenía un déficit de más de 17 millones de pesetas. O sea que se gasta en el agua más de 129 millones y sólo logran recaudar algo más de los 112 millones.
Ello, por lógica, supondrá un aumento de las tarifas —que a juicio de los malintencionados era de lo que se trataba— porque no pueden hacer lo que los taberneros ni los lecheros, aunque hay quien dice que lo han intentado echando barro, nitritos y otras cosas, pero sin llegar a lograr un equilibrio presupuestario como al parecer logran taberneros y lecheros.
Yo no sé si las cuentas del servicio de aguas son las del Gran Capitán, pero no hace mucho corrió el rumor de que por no sé qué del canon de amortización nos venían cobrando el agua bastante más cara de lo que debían. También llegó a decirse —sin que el alcalde fuera capaz de rechazarlo— que nuestra agua —la de Cáceres— salía más cara que la del trasvase en Murcia… en fin, que uno sigue teniendo la “mosca en la oreja” y no acaba de saber si es que la materia prima se encarece o es que se administra mal.
Recordando la puesta en marcha del actual abastecimiento, oímos decir al entonces interventor, señor Loureiro, que Cáceres capital había montado un negocio con el nuevo embalse, por servir esta agua a los pueblos de alrededor y cobrársela… aquello se daba por sentado y hasta había algún cacereño de la capital que llegó a alarmarse por si en el embalse no pudiera haber agua suficiente para la capital y los pueblos a quien sirve.  Si aquello fue negocio entonces… ¿por qué ha dejado de serlo ahora?, porque además, el agua lejos de mejorar, cada día está más turbia, como turbias están las cuentas del Servicio Municipalizado… En fin, no es pensar mal, pero como el catalán uno piensa que lo que hace falta en ese servicio —aparte de la subida de tarifas que no va a haber quien lo mueva— es “ministración, ministración y ministración”.
Diario HOY, 21 de febrero de 1982

sábado, 29 de julio de 2017

Vamos con la cuesta


Comenzamos bien la cuesta de enero que nos quieren convertir en una carrera de obstáculos. Digo que la comenzamos bien, porque —para dar ejemplo— ya el Consejo de Ministros aprobó la subida de las tarifas eléctricas, poniéndolas a niveles que un simple calambre nos va a costar lo nuestro… Como compensación, nimia, se ha subido también el jornal mínimo, suponemos que para que tengan para velas los que se decidan a pagar la luz eléctrica… porque ni que decir tiene que esto de las subidas suele ser una cadena en la que, a poco que te lo pienses, unas subidas llevan concatenadas otras.
Si usted pensaba comprarse la calefacción por placa eléctrica, por ejemplo, se lo pensará más de una vez, porque el consumo del funcionamiento de este “cacharro” le ha quedado automáticamente encarecido… No obstante, como consuelo, se nos dice que “posiblemente no subirán más durante el año 82 estas tarifas, si los árabes del petróleo siguen manteniendo la promesa de no subirlo durante este año”. Este consuelo sería válido si es que todas nuestras centrales eléctricas fueran de “gasóleo”, pero por lo menos las que más producen y venden son las hidroeléctricas, que emplean agua y no petróleo y que ahora, con las riadas ocurridas, están trabajando a tope sin que se les haya encarecido la materia prima.
De todos modos, habría que comenzar a pensar en la sustitución del sistema clásico de electricidad por otros sistemas más baratos, como podrían ser los de las “células solares”. En la misma capital funciona ya un inmueble de varios vecinos que tienen montado en el tejado un “tinglado” de este tipo al parecer con resultados positivos; en alguna explotación agrícola de la provincia funciona también algún montaje de este tipo que aprovecha la energía solar, produciendo el consiguiente ahorro… Lo que nadie te dice es si esto es lo suficientemente positivo como para enjugar el desembolso inicial, que al parecer es fuerte, pero habría que enterarse.
De todos modos, uno piensa que las nacientes asociaciones de consumidores y usuarios deberían tomarse más en serio estas otras opciones e informar a sus socios sobre las ventajas o inconvenientes de aplicarlas. Porque no sólo en protestar por las subidas debe quedarse la gestión de estas asociaciones, sino en promover lo que en un futuro puede sernos útil y económico a los posibles usuarios… vamos, digo yo.
Diario HOY, 17 de enero de 1982

lunes, 24 de julio de 2017

La "escama" de los desmentidos


Yo ya dije que me quitaba del tabaco, y hasta que iba a fundar una “liga” de “Fumadores anónimos” para ver quién se nos unía. De momento han sido pocos los que se han unido a este deseo, porque quitarse de un vicio es más difícil de lo que uno piensa. Muchos se quitan del vicio de comprar, pero éstos no son válidos porque nada más que se les pone gratis o barato el tabaco, no dejan el vicio. Pero me temo que el tabaco está a punto de subir porque en las noticias diarias que se manejan hay que saber leer entre línea y cuando se prepara una subida ésta no suele tener importancia si se sigue hablando de ella, pero el síntoma realmente malo, el que afianza la subida, es que se hagan desmentidos de tipo oficial, porque, indefectiblemente, días después —como quien no quiere la cosa— se dice que el artículo, desmentido días antes, ha subido y en paz.
No sé si ustedes recordarán que esto ha venido pasando con la gasolina, cuyo precio solía seguir estable hasta que un “preboste”, el mando de turno, publicaba un desmentido de los rumores de subida y entonces, ¡zas!, la gasolina subía cuando más tranquilos estaban los consumidores.
Al lado de la gasolina, podría estar la devaluación de la peseta, que también ha sufrido el mismo fenómeno de los desmentidos… y otros muchos artículos a los que los desmentidos parece le sirven de ascensor.
En fin, yo puedo decir que mis amigos que fuman están que “echan humo”, en el sentido figurado de la palabra, no porque se haya dicho que el tabaco va a subir, sino porque el presidente de la Tabacalera ha salido a desmentir el rumor:
“¡Haz acopio de “ducados”, Ramón!”, le decía esta mañana Belvedere —ese amigo mío tan listo— a otro de los fumadores de la tertulia de “chinos”. Porque si ustedes no lo saben, nosotros tenemos una “tertulia de chinos”, en la que aparte de jugarnos el café de la jornada, se manejan noticias y rumores a tutiplén. Pues bien, Belvedere se basaba para afirmar esto en el desmentido de Tabacalera.
En fin, que yo ya he encargado la caja de “farias” para obsequiar a los amigos estas navidades y estoy urgiendo al estanquero para que me los dé de la próxima saca, a ver si llego a tiempo antes de que suban.
Diario HOY, 8 de diciembre de 1981

viernes, 14 de julio de 2017

El precio del agua, y la incredulidad de nuestro alcalde


Nuestro alcalde es un incrédulo. No sé si recuerdan ustedes la “Ventana” de ayer, pero por si no lo recuerden, les diremos que en ella nos hacíamos eco de la que se ha armado en Murcia porque les quieren cobrar el agua del trasvase a 6,71 pesetas para los riegos y a 10 pesetas la de consumo, refiriéndonos siempre al metro cúbico del líquido elemento. En ese artículo se desglosaban las composiciones de cada precio, en las que se cobra una parte para amortizar el costo de la obra, otra para los gastos fijos de funcionamiento y otra para los gastos variables del mismo. Decíamos, porque nos extraña, que era inconcebible que aquí —que es de donde parte esa agua, y aún a pesar de las “compensaciones” del trasvase— se nos cobre 17 pesetas por el metro cúbico, y al decirlo nos equivocábamos como nos señala el propio alcalde, porque en realidad lo que se cobra ahora, con la última subida, es a 21  pesetas, pero el hecho que comentamos es que nuestro alcalde, don Manuel Domínguez, no se lo cree porque él estima que en Murcia no se puede cobrar el agua, tras la ingente obra, a tan poco precio y encima que los murcianos protesten porque les parece caro.
Lo más que hemos podido decirle nosotros es que la información la tomábamos de nuestro colega “La Vedad”, y los recortes de la misma obran en nuestro poder —y se los enseñaremos—. Agregando que, además, no es una información inactual, sino que tiene fecha de 26 de agosto de este año, por lo que no puede dudarse de la actualidad de la misma. Agregamos además, por esas misma informaciones, que las tarifas indicadas fueron aprobadas por el Consejo de Ministros en sesión celebrada el 31 de julio pasado y entraban en vigor el día 28 de agosto, según esas mismas informaciones.
Pues bien, aún a pesar de todo, el alcalde —el nuestro— piensa que si aquí cobrando el metro cúbico a 21 pesetas no les llega “la sal al agua”, es inconcebible que allí cobrándole 10 pesetas les parezca todavía caro… y en vez de desvelar el “misterio” directamente con Murcia, prefiere creer que la información aparecida en “La Verdad” no debe ser del todo cierta…
Nosotros pensamos que quien se equivoca es el alcalde y el asunto ha quedado “en tablas” pero con esta “santa ingenuidad de nuestras autoridades” no vamos a ningún lado… y así nos luce el pelo… y, oiga, yo estoy calvo.
Diario HOY, 3 de septiembre de 1981