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jueves, 21 de diciembre de 2017

El barco del presidente


En esta profesión nuestra la falta de espacio es casi siempre agobiante y ello es motivo muchas veces de que algún trabajo se vea mutilado, ya que de la publicidad es de lo que viven los periódicos —y que no falte—. Esto, a modo de justificación, viene al caso porque en alguna ocasión algo queda “cojo” y su titular interior —al que nosotros llamamos “ladillo”— no se corresponde con el texto que sigue a continuación porque esa imperiosa necesidad de que hablamos al principio ha dado lugar a un corte. Esto es lo que pasó con el trabajo publicado el día 21, titulado “Gruista, una profesión arriesgada”, donde al final de él, tras del ladillo “El barco del presidente”, se habla de la botadura de un yate por este “gruista” al que entrevistábamos, pero el lector se queda con la curiosidad de por qué se ha titulado aquello: “El barco del presidente.” Como la cosa no tiene mayor importancia y como uno no va a ir uno por uno contestando esa pregunta, he preferido aclararlo en esta sección y agregar algún dato más de los que me daba el entrevistado Héctor Madrigal sobre de qué presidente es ese barco y el porqué recibe ese nombre popular, historia que creo es sumamente curiosa.
Ese pequeño yate de 10.000 kilos es propiedad del presidente de Hidroeléctrica Española don José María de Oriol, que lo tenía en Cartagena y que a cuenta de un accidente ocurrido a un allegado familiar, al que, según dicen, una de las hélices le produjo la muerte, se le “condenó” a navegar por las aguas del pantano de Alcántara, donde está ahora y donde Héctor Madrigal y sus grúas lo extraen del agua para diversas reparaciones. En este yate viajó también el presidente Felipe González en su reciente visita al pantano. Por tanto el nombre puede venir del propietario o del viajero o de ambos a la vez.
Diario HOY, 23 de julio de 1985

martes, 19 de diciembre de 2017

Todos a una


Que mire usted por donde que a mí, que soy de la capital, me alegra el que Plasencia vaya para arriba en todos los órdenes, y no sólo en lo del fútbol en donde el equipo de la “Perla del Jerte” (como suele llamarle Tomás Pérez) se ha cubierto de gloria logrando su ascenso a segunda división, mientras los equipos representativos de las dos capitales: Cacereño y Badajoz, militarán en tercera este año, el Cacereño porque ya estaba y el Badajoz porque ha bajado. Ya ven, unos suben y otros bajan y no vale aquello de ser de un sitio u otro, para que el ascensor tome camino contrario del que uno merece. Los equipos de las dos capitales merecen estar en tercera, tras unas pésimas campañas de las que no pueden culpar a nadie, y el de la ciudad de Plasencia va para arriba, por entusiasmo y coraje y yo soy el primero que lo aplaudo, como creo lo aplaudirán todos los extremeños, sean de donde sean. Si el Plasencia es el único equipo de la región que militará este año en segunda, pienso yo que toda la región debe presumir de ello, no sólo los placentinos, y también ayudar a que se mantenga, porque la cosa no está para “tirar de los pies” a quien vale y sube (aunque esto se de mucho en la vida), sino en ayudar a subir a otros, y mantener a los que ya han subido —que una cosa no quita para otra—.
Recojo esta opinión porque no es sólo la mía sino la generalizada aún entre la misma afición de Cáceres y los simples cacereños no aficionados al fútbol. Igual que cuando quedan a Plasencia sin ferrocarril, nos duele a todos (o debe dolernos) cuando Plasencia consigue unas metas nos debe alegrar a todos y en el “intríngulis” de saber entender esto es en el que lograremos hacer  región.
Vaya por tanto mi felicitación y que los equipos de las dos capitales aprendan.
Diario HOY, 18 de junio de 1985

martes, 24 de octubre de 2017

Coria y la fuga del río


Los pueblos son muy dados a olvidar las catástrofes o los hechos que les han dejado mal sabor de boca. Pero esto da lugar a que se pierdan, por ese olvido, datos que son muy preciosos para la historia posterior.
En Cáceres, por poner un ejemplo, hay un hecho inmediato casi en el tiempo del que nos hemos olvidado, cual es el bombardeo aéreo que padeció nuestra ciudad en la guerra civil, en el que murieron —de manera inmediata casi— más de una treintena de cacereños, quedando algunos otros lisiados o mutilados. Puede que la estrategia de la guerra no aconsejara entonces dar cifras o detalles, pero el hecho es que aun los que vivieron aquello han acabado olvidándolo.
Si esto es así para una cosa inmediata, ustedes nos dirán cómo se pueden recabar datos de catástrofes que ocurrieron siglos atrás.
Es éste el caso de la ciudad de Coria que, teniendo puente y río, un buen día el río se cansó de pasar por debajo del puente y tiró por otros derroteros dejándolo seco. Este hecho debió ser una verdadera conmoción, porque el río no volvió a tener puente hasta pasados tres siglos teniendo que pasarse por medio de barcas. Pues bien, hoy día se desconocen las circunstancias ciertas de por qué sucedió esto, la fecha exacta y los detalles de lo sucedido. Tal estupor y asombro debió proporcionar a los corianos, que prefirieron olvidarse del tema, que no se refleja, con detalles, en ningún documento posterior, o se refleja en muy pocos.
La única referencia más precisa la leí en un trabajo del fallecido investigador —coriano por más señas— Tomás Martín Gil, que dice encontró un documento en la Biblioteca Pública, que supone perteneció al convento de San Benito, de Alcántara, y en el que se dice que “en el año 1590, por una violenta avenida del río Alagón, se produjo una rotura del cauce en el sitio conocido por “El Cachón”, por encima del puente, cambiándose el curso del río y quedando sin agua la madre antigua, y en seco el puente.”
Se refiere también a la serie de pleitos que todo ello produjo, por la invasión de aguas en otras tierras, los esfuerzos por volver el río a su cauce, todos infructuosos, quedando la ciudad aislada hasta principios de nuestro siglo en que se realizó el puente de hierro, que aún existe, teniéndose que pasar el río por barcas.
Al parecer, una de las cosas que contribuyó a que eso sucediera, era lo sucio que tenían el cauce y la manía de llevarse —para otras construcciones— las canterías y piedras que en algunos sitios lo encauzaban.
Pero con ser todo esto curioso, lo más curioso es que faltan documentos detallados y abundantes de este fenómeno, que debió conmocionar a la Coria de aquel entonces.
Diario HOY, 20 de enero de 1984

jueves, 12 de octubre de 2017

Una anécdota verata


Una cosa  que se ha estudiado poco es el impacto que para la zona de la Vera tuvo la estancia en ella del emperador Carlos V y su numeroso séquito.
Ya hablamos, días atrás, de la creación en Garganta la Olla de una casa “de mujeres entretenidas”, creada oficialmente para la escolta del emperador, y un poco al estilo de las “barraganas” que acompañaban a los célebres Tercios españoles.
Otras muchas influencias , en los dos sentidos, debieron darse entre el séquito alemán que acompañó al rey en su retiro y los propios lugareños de la Vera. Esto como decimos, está poco estudiado, pero hay algunos “botones de muestra” para espigar sobre el impacto que la Vera, sus productos y sus gentes produjeron en el séquito teutón de Carlos V, cuando llegó, en noviembre de 1556, a Jarandilla. El emperador y el séquito se alojaron allí concretamente en el Palacio de los Condes de Oropesa, que hoy es Parador Nacional de Turismo y de aquel entonces se cuenta la siguiente anécdota que recoge un autor de la época.
Preguntado uno de aquellos soldados alemanes sobre cuál de las tierras en las que había estado le parecía la mejor, respondió:
“La mejor del mundo es España; lo mejor de España es la provincia de la Vera. Lo mejor de la Vera es Jarandilla, y lo mejor de Jarandilla es la bodega de Pedro Azedo de la Berrueza, donde quisiera que me enterraran para irme al cielo, porque tiene el mejor vino de la tierra.”
Ni que decir tiene que el aludido Pedro Azado agradeció el piropo del gran degustador de los ricos caldos veratos y le dejó elegir dos tinajas de los mejores vinos que tenía su bodega con el compromiso de que una de ellas fuera para el emperador y otra para él, al que le dijo, además: “Puesto que mi bodega es la mejor del mundo y su señoría ya conoce el camino, véngase a ella siempre que le apetezca ya que sus puertas están abiertas a los buenos conocedores.”
Sirva esta anécdota no sólo para el encomio de los vinos y los productos veratos, sino más bien para destacar la proverbial hospitalidad de sus gentes que fueron, entonces y ahora, un título que supieron reconocer desde el emperador Carlos V y su séquito, hasta los viajeros actuales que ahora la visitan.
Diario HOY, 23 de octubre de 1983

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Dos pueblos con el pie en la tumba


Alguna vez en este espacio nos hemos referido a pueblos de la provincia desaparecidos ya, y de los que se tiene un remoto recuerdo de la razón de por qué desaparecieron. Hoy vamos a referirnos a algunos, al menos dos, a punto de desaparecer, pero que siguen manteniendo su trazado de calles y como quien dice, han estado habitados hasta hace pocos días.
En este catálogo de pueblos a punto de desaparecer hay al menos dos: Arquillos y Granadilla, ambos en diminutivo, y ahora diremos por qué.
Arquillos está próximo a Cañaveral, y hasta hace poco tenía un vecino, y aunque el trazado de sus calles, con sus rótulos, su plaza y su iglesia se sigan manteniendo como estaban cuando aún era pueblo y tenía Ayuntamiento, que es cuestión de hace unos años. En lo antiguo de este pueblo se llamó Arcos, al igual que Granadilla se llamó Granada —dato que muchos desconocen—; ¿por qué el cambio de nombres hacia esos diminutivos que son con los que se conocen ahora? La razón está en función del avance de la Reconquista a través de los siglos. Cuando pueblos de mayor entidad y con el mismo nombre pasaban a posesión cristiana, a los de igual nombre cristiano, por esa menor entidad, se les transformaba el nombre. Así, cuando los cristianos reconquistaron ya definitivamente Arcos, que se llamó de la Frontera, por estar precisamente en la frontera con los moros, para que el Arcos de nuestra provincia no se confundiera con él se le puso Arquillos, que es el nombre con el que ahora le conocemos.
El mismo fenómeno sufrió la Granada cacereña, o sea, la que conocemos por Granadilla, que al ser tomada la Granada mora, por los Reyes Católicos, la nuestra, por esa misma diferenciación, paso a llamarse Granadilla.
Esta última está ahora rodeada por el agua de un pantano y prácticamente convertida en una isla. Se ha hablado de diversos proyectos de reutilización como parador de turismo, estación de descanso, etc. Se llegó a decir que todo eso se haría con capital alemán de no sé qué compañía turística, pero todo se ha quedado en aguas de borrajas, lo que es lástima, ya que con su singular castillo y sus casitas podría ser una especie del “Hotel Pueblo Andaluz”, que existió o existe en la Costa del Sol. A ver si ahora la Junta de Extremadura, que trae tantos deseos de hacer cosas, vuelve a reactualizar el proyecto.
Diario HOY, 11 de marzo de 1983

martes, 22 de agosto de 2017

La interpretación histórica de nuestro folklore


Muchos de los dichos y canciones folklóricas tradicionales, se suelen basar en hechos y experiencias vividas que aunque ahora, en la actualidad, no nos digan nada, entrañaron en el pasado unos anafes o unas metas por las que el pueblo que las creó vibró profundamente.
Este es el caso de la letra de la jota que se cantaba, y aún se canta, en Cabañas que, aunque en la actualidad poco nos dice, fue en su tiempo una “canción – protesta”. Nos referimos a la que dice:
“Cabañas, con su castillo,
aunque tiene poco pan,
no está sujeta a Trujillo
como lo está Logrosán”.
Para que ustedes entiendan lo que decimos, narraremos que la comarca de Cabañas en su tiempo estaba solo y exclusivamente sujeta a la jurisdicción del abad de Cabañas, incardinando en ella otros cinco lugares, conocidos todos por la abadía, siendo capitalidad de los mismos Cabañas y gobernando en ellos el abad, que lo hacía en plan feudal, sin sujetarse a otros territorios próximos como lo eran por un lado Trujillo, del que dependía Logrosán como aldea —entre otros pueblos— y por el otro el territorio del Monasterio de Guadalupe, del que también se consideraba en cierto modo independiente.
Esta tradición partía del medievo y de la Reconquista, ya que la importancia de ese territorio estaba defendida por el ya casi desaparecido castillo de Cabañas, aún hoy día casi inaccesible, como lo son esas estribaciones de las Villuercas, pero que jugaron un indudable papel en la propia Reconquista, gobernados por el abad de Cabañas, verdadero señor feudal de los mismos.
En el pasado siglo, Cabañas contaba con una veintena de vecinos, y se la convirtió en municipio dependiente del partido de Logrosán, con un solo alcalde pedáneo, lo que le molestó profundamente al vecindario de Cabañas que proclamó su histórica independencia con esa jota a la que hacemos referencia; por cierto, de antiguo, en la iglesia de Cabañas, había una piedra negra, del tamaño de un baldosín, que se decía lloraba esas desdichas, pues aunque se la secara mil veces, otras tantas volvía a humedecerse, mojando el propio altar sobre el que estaba y estando convencidos los de Cabañas que la piedra “lloraba” por la obligada dependencia de Logrosán…
Lo que no yo puedo decirles es si esta piedra “milagrosa” sigue aún existiendo en Cabañas.
Diario HOY, 14 de julio de 1982

domingo, 23 de julio de 2017

A propósito de Granadilla


La verdad es que no tenemos suerte con los temas nuestros que trata Televisión. Prueba de ello es el reportaje que nos puso, no hace muchos días, de Granadilla, en el que nos quedamos con las ganas de ver cómo está ahora Granadilla, abandonada, convertida en una isla o península, etc., porque la cámara se empeñó en tomar sólo primeros planos de tejados en ruinas, que lo mismo podrían ser de Granadilla que de algún desvencijado almacén de Alcorcón, ponemos por caso. En fin, de agradecer es que se traten temas extremeños, aunque no sean al gusto de todos y ello nos da pie para decir cuatro cosas sobre esta desgraciada villa cacereña, que nos ha quedado momificada en vida como momificados quedarán otros muchos pueblos extremeños si Dios no lo remedia.
Granadilla fue en tiempos un pueblo esplendoroso, cabeza de una congregación de pueblos a los que pertenecen dieciséis localidades de Cáceres y dos de Salamanca; más tarde, cabeza de partido a la que pertenecieron pueblos tan importantes como Hervás… y todo ello se vino abajo hasta quedar convertido en un pueblo abandonado, cuyas tierras sirven de fondo al pantano de Gabriel y Galán, y cuya villa ha quedado como una isla a veces y como una península otras, cuyo actual propietario —que creo es la Administración— no sabe qué hacer con ella, y la está dejando que se arruine por sí sola, aunque se ha teorizado mucho sobre futuros usos que puedan dársele.
Hay una curiosidad que desconocen muchos cacereños y es que el verdadero nombre de esa villa fue el de Granada, pero al tomarse la Granada mora de Andalucía, en 1492, para no confundirlas se le varió el nombre a la nuestra y se le puso Granadilla, aunque sus naturales —en documentos, alguno de los cuales han pasado por mis manos— hacían referencia siempre al antiguo nombre de Granada, y Granada la siguieron llamando, por uso, hasta finales del siglo XVII. Es, si se quiere, un típico ejemplo de pueblo venido a menos, cuya suerte ha podido, y aún puede variar, si la Administración hubiera tenido más decisión sobre ello.
Uno de los proyectos de que se habló, no hace muchos años, era el de convertir aquel bello paraje y villa en una especie de “Parador Nacional”, en el que los alojamientos fueran sus propias casas restauradas y el magnífico castillo que aún está en pie. Es más, parece ser que una sociedad alemana tenía interés en esta transformación para montar allí una especie de villa-hotelera, para albergue de cazadores y pescadores que pudieran ejercer este deporte en el contorno…, pero de todo ello no ha vuelto a saberse nada. ¿Qué pasó con el proyecto?
Diario HOY, 28 de noviembre de 1981

sábado, 15 de julio de 2017

Nuestro olvidado paisano Gil Cordero

(Incluida en el libro “Ventanas a la Ciudad”)
No sé si los cacereños somos tan dejados o tan ignorantes que llegamos a conocer lo ajeno y a desconocer lo propio. Viene ello a cuento de la reciente festividad de la Virgen de Guadalupe, Patrona de Extremadura, tan ligada en lo antiguo a Cáceres y tan desligada hoy día. No vamos a entrar en el aspecto de que este año —como tantos otros— no haya tenido un reflejo “oficialista” la fiesta en la capital, sino más bien en otros aspectos más profundos de esto que a algunos puede parecerles una nimiedad, una antigualla, pero que reflejan el olvido de nuestras tradiciones y, como suele decirse, un pueblo que olvida su origen, pierde su personalidad. Seguros estamos que muchos cacereños conocen la leyenda piadosa mexicana del indio Juan Diego, que fue el “descubridor” de la Guadalupe mexicana, pero no la tradición y personalidad del vaquero Gil Cordero, que fue el que descubrió e inició el culto a la Guadalupe extremeña y que, no obstante era paisano nuestro, nacido y criado en la popularísima calle de Caleros cacereña, así como la vinculación que desde el principio el culto tuvo con el Ayuntamiento y clero cacereño, que ahora, parece ser, se ha sacudido esta vinculación, más por ignorancia que por mala fe. Se ha contado muchas veces, pero no está de más contarlo otra:
El vaquero cacereño Gil estaba pastoreando su ganado en las sierras de Guadalupe y al tratar de desollar una vaca que se le había muerto —al hacer la cruz con la navaja— se le apareció la imagen de Nuestra Señora, que le dijo que enterrada allí había una imagen suya y que viniera al Cabildo y Ayuntamiento de Cáceres a contar lo que había visto, para que la desenterraran. Como Gil le dijo que no iban a creerle por ser persona humilde, ella le prometió un milagro. El milagro se refleja en un cuadro que hay en la ermita del Vaquero de Cáceres, y fue el siguiente: al llegar a la capital, en efecto, no se creyó al vaquero, pero dándose el caso de que un hijo suyo había muerto atropellado por un carruaje, y estaba de cuerpo presente, el vaquero —tras invocar a la Virgen— le devolvió la vida. Entonces creyó el Cabildo cacereño, que se trasladó a las Villuercas y desenterró la imagen, iniciándose el culto que llega a nuestros días. Lo que muchos desconocen es que en la casa en que vivió Gil, en la calle de Caleros, se le hizo otra ermita, que es la que aquí conocemos por “del Vaquero” y que el propio Gil, por graciosa concesión de los reyes, fue llamado desde entonces don Gil, aunque parece ser que siguió toda su vida pastoreando sus vacas.
Diario HOY, 9 de septiembre de 1981

viernes, 14 de julio de 2017

¿Qué nos va usted a contar de matriculación de automóviles?

¿A los cacereños nos va a hablar de coche?, le decía a un amigo catalán que comenzó a presumir de que en “su país” se había inaugurado la primera línea de ferrocarril de España y matriculado hasta el primer automóvil. Por lo del ferrocarril pase, pero por lo de los automóviles no, y de esto podemos presumir los cacereños que fuimos los “adelantados” en este asunto —como en otras tantas cosas— aunque ahora nos hayamos quedado en la “cola” —también como en otras tantas cosas—. Y para el que no lo sepa, ahí van los datos:
El primer vehículo automóvil matriculado como tal en toda la Península se matriculó en Cáceres el 18 de noviembre de 1900, siendo su propietario don Fabián Muñoz Serván, y se trataba de un triciclo marca “Clement”. No decimos que fue el primero  matriculado en España porque en las islas, concretamente en Palma de Mallorca, se había matriculado otro de igual marca, unos días antes, el 31 de octubre, propiedad de don Joaquín Sureda Fuentes… Pero fíjense si nos adelantamos en esto, que hasta 1903 no comienzan a construirse, por la Hispano Suiza, coches en España. O sea, para entendernos, que en Cáceres se matricula el primer coche ocho años después de construirse en América el primer vehículo con motor de gasolina… Pero no para ahí la cosa:
Cuatro años después, el 6 de junio de 1904, la Sociedad Unión Extremeña, de Coria, matricula un coche de cuatro ruedas y 25 caballos de potencia, marca “De Dion Bouton”, que “pone a punto”, siendo el primer “taxi” que funciona en España. El 18 de noviembre del mismo año, el abogado cacereño don Fernando García Becerra, matricula un Renault de 10 caballos; era un gran deportista y acabaría muriendo en accidente de automóvil —que también, desgraciadamente, fuimos en esto los adelantados—.
Podríamos seguir con la “lista” de matriculaciones en Cáceres porque creemos que hasta 1910 no se matricula el primer automóvil en Madrid, pero para terminar esta larga lista daremos solo un detalle:
También fue en Cáceres donde funcionó la primer línea regular de autobuses, entre la capital y Trujillo, la “servían” dos ómnibus marca “SAG”, uno de ocho plazas y otro de 16, que matricularon, el día 14 de diciembre de 1907, la Sociedad Artaloytia Sánchez y Cortés, de Trujillo, que fueron los “adelantados” en España del transporte de viajeros por carretera… Como para consentirle al amigo catalán que venga “fardando” a nuestra costa.
Diario HOY, 6 de septiembre de 1981

El precio del agua, y la incredulidad de nuestro alcalde


Nuestro alcalde es un incrédulo. No sé si recuerdan ustedes la “Ventana” de ayer, pero por si no lo recuerden, les diremos que en ella nos hacíamos eco de la que se ha armado en Murcia porque les quieren cobrar el agua del trasvase a 6,71 pesetas para los riegos y a 10 pesetas la de consumo, refiriéndonos siempre al metro cúbico del líquido elemento. En ese artículo se desglosaban las composiciones de cada precio, en las que se cobra una parte para amortizar el costo de la obra, otra para los gastos fijos de funcionamiento y otra para los gastos variables del mismo. Decíamos, porque nos extraña, que era inconcebible que aquí —que es de donde parte esa agua, y aún a pesar de las “compensaciones” del trasvase— se nos cobre 17 pesetas por el metro cúbico, y al decirlo nos equivocábamos como nos señala el propio alcalde, porque en realidad lo que se cobra ahora, con la última subida, es a 21  pesetas, pero el hecho que comentamos es que nuestro alcalde, don Manuel Domínguez, no se lo cree porque él estima que en Murcia no se puede cobrar el agua, tras la ingente obra, a tan poco precio y encima que los murcianos protesten porque les parece caro.
Lo más que hemos podido decirle nosotros es que la información la tomábamos de nuestro colega “La Vedad”, y los recortes de la misma obran en nuestro poder —y se los enseñaremos—. Agregando que, además, no es una información inactual, sino que tiene fecha de 26 de agosto de este año, por lo que no puede dudarse de la actualidad de la misma. Agregamos además, por esas misma informaciones, que las tarifas indicadas fueron aprobadas por el Consejo de Ministros en sesión celebrada el 31 de julio pasado y entraban en vigor el día 28 de agosto, según esas mismas informaciones.
Pues bien, aún a pesar de todo, el alcalde —el nuestro— piensa que si aquí cobrando el metro cúbico a 21 pesetas no les llega “la sal al agua”, es inconcebible que allí cobrándole 10 pesetas les parezca todavía caro… y en vez de desvelar el “misterio” directamente con Murcia, prefiere creer que la información aparecida en “La Verdad” no debe ser del todo cierta…
Nosotros pensamos que quien se equivoca es el alcalde y el asunto ha quedado “en tablas” pero con esta “santa ingenuidad de nuestras autoridades” no vamos a ningún lado… y así nos luce el pelo… y, oiga, yo estoy calvo.
Diario HOY, 3 de septiembre de 1981

Las dos “puntas”


Mi buen amigo Mariano, que está en Archena (Murcia) “tomando las aguas”, me manda una carta con una serie de recortes de prensa de nuestro fraternal colega “La Verdad” en los que se refleja la que allí se ha armado con motivo de los nuevos precios del agua del trasvase que va a cobrarse a los murcianos tras la ingente obra faraónica del referido trasvase, que hemos pagado todos los españoles y hemos sufrido en nuestra propia carne los cacereños. Los recortes vienen a decir todos poco más o menos: “No a los nuevos precios del agua del trasvase”, y explican que se han reunido el Consejo de Usuarios de esta agua, la Junta de Hacendados de la Huerta de Murcia y hasta las autoridades para decir “no” a las nuevas tarifas. Por cierto, se dan las tarifas  y se desglosan los costes. Resulta que a esta “pobre gente” quieren cobrarle el agua para riegos a 6,71 pesetas el metro público y la potable a 10 pesetas.
Las casi siete pesetas por metro cúbico para riegos se desglosan así: 1,20 para el coste de la obra; 0,73, para los costes fijos de funcionamiento, y 4,67 para los gastos variables de funcionamiento. En cuanto a la de abastecimiento el desglose es el siguiente: 4,58 de coste de la obra; 0,73, de gastos fijos, y  4,69 los gastos variables, lo que totalizan las diez pesetas por metro cúbico de agua que pagarán por beber. El precio de una y otra agua lo consideran tan excesivo que han solicitado del Gobierno se deje sin efecto la tarifa hasta que se justifique todo este gasto.
Nuestro buen amigo Mariano se preguntaba en su carta: “¿Y que dirían estos señores si supieran que en Cáceres se paga a 17 pesetas el metro cúbico de agua y se nos dice que el precio “es tan bajo” porque se incluye en él la obra compensatoria…? No es esto un poco raro —continúa Mariano— cuando en Cáceres pagamos el préstamo que se hizo para la presa del Guadiloba y todos sus gastos, aunque también se nos dijo que lo sufragaba la “compensación” y hasta, además, para más “inri”, le regalamos la Medalla de Oro de la Provincia al señor Silva Muñoz…” Todo esto lo dice Mariano, como lo decimos —esto y cosas más gordas— usted y yo, que pagamos a esos precios el agua y sin protestar, pero lo que no sabemos es qué dice el concejal de las Aguas, señor Bazaga, y el propio Gobierno por esta “descompensación” en precios a una “punta” y otra del trasvase. Porque, además, como ustedes saben, aquí, en esta “punta” del trasvase, no suele justificarse nada.
Diario HOY, 2 de septiembre de 1981