
De él se contaban anécdotas curiosísimas que le señalaban como
aficionado empedernido que no le pegaba a un cerro; y hasta que, por llevar una
escopeta tan anticuada, tenía que poner delante una manta, antes de disparar,
para poder reunir todos los tornillos que saltaban con el disparo. Lo que sí
digo es que “Costillares”, que
ejerció toda clase de cazas, era aficionado por encima de la puntería y que no
le importaba tanto hacer carne, como disfrutar persiguiendo “los bichos”. Por eso tenía su muletilla
de decir que como su escopeta, de un solo caño y de “avancarga” no había otra y que eso era “lo natural” y no los sofisticados medios de exterminación que ya
comenzaban a emplearse.
Otros cazadores clásicos hubo en Cáceres, cuya afición estaba por
encima de su puntería, como fueron un tal Barra, hombre muy alto, y un
compañero suyo, cuyo nombre no recuerdo, que era gordo y bajo, formando un
conjunto parecido al dúo “Sacapuntas”.
Cada vez que mataban una liebre, muy de tarde en tarde, se quitaban las
mochilas y daban vueltas al carnero, para festejarlo. En fin, cazadores, la de
“Costillares”: “Que Dios reparta suerte y puntería”.
Diario HOY, 19 de octubre de 1987
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