
Como da la casualidad que uno vivió aquellos momentos en que los
cuadros de este pueblo cacereño sumergido en las aguas de Valdecañas fueron
llevados a Toledo, y las posteriores e
infructuosas gestiones que se hicieron para rescatarlos, por si de algo sirve voy,
sucintamente, a recordarlo. No en todos sus detalles porque sería prolijo y
porque alguna vez más me he referido a ellos, pero sí a aclarar cosas que,
posiblemente, se desconocen.
Los cuadros se tenían en Navalmoral de la Mata, para enviarlos a
restaurar y, aprovechando que estaba en esa localidad el entonces gobernador
civil de la provincia, que desconocía pormenores de todo el asunto, se le
presentó un fraile que, en nombre del arzobispo de Toledo, solicitó los
cuadros. El gobernador autorizó el que se los dieran y los cuadros se fueron a
Toledo sin posibilidad de regreso. Alfonso Díaz de Bustamante, entonces alcalde
de Cáceres, gestionó cuanto pudo para recuperarlos, pero todo fue inútil. La
teoría del arzobispo, en cierto modo lógica, es que los cuadros pertenecían a
una iglesia del obispado de Toledo, por lo que el mencionado obispado era el
único propietario de los mismos.
No sé si Gutiérrez Llerena y la Junta tienen algún nuevo argumento de
recuperación, pero ese es el muro con el que choca toda gestión. Digo más, que
si alguna vez ocurriera algo parecido en Guadalupe, también ese territorio es
de Toledo y no de ninguna diócesis extremeña, aunque esté enclavado en
Extremadura.
Diario HOY, 29 de septiembre de 1987
NOTA.- Otras dos ventanas
sobre el mismo tema:
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.