
La precisión nos la vinieron a hacer el director de la “Inmaculada”, Santos Benítez Floriano, y
el director del “Julián Murillo”,
Francisco Caballero Portillo, a los que agradecemos sus aclaraciones, porque lo
cierto y verdad es que de no habérnoslo aclarado ellos no lo hubiéramos sabido,
ya que en el pleno de la Diputación no se hizo mención especial a dicha
comunidad, y como en otros centros dependientes de este organismo ya había
habido despidos a otras comunidades, nosotros nos pusimos en lo peor.
En este caso, afortunadamente, la Diputación tiene un contrato
colectivo con la Comunidad hasta el año 1993 y las monjas van a continuar en el
nuevo colegio, como lo estaban ya en “La
Inmaculada”. ejerciendo funciones educativas hasta ese año por lo menos,
puesto que desde hace seis dirigen el centro profesional de la educación de
laicos, estando las ocho hermanas incardinadas también en esa función educativa.
En la nueva instalación pasarán a ocupar una zona preparada especialmente
para la comunidad en la que se encuentran francamente a gusto y contentas. Nos
complace aclarar, en honor de la verdad, todos estos extremos, y como aquella “ventana” la titulamos “Llanto por un colegio”, diremos que han
enjugado nuestro lloro, lo que nos agrada, y el llanto queda sólo para el abandono
del edificio, pero sin ninguna lágrima —afortunadamente— por la marcha de la
comunidad.
Diario HOY, 3 de noviembre de 1987
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