
Hablo de que ha habido buen sentido en retrasarla, basándome sólo en
el hecho de que la gente —sobre todo los padres de familia— están recién
cobrados (cosa que no se daría en los últimos días de septiembre), para poder
asistir económicamente a los suyos; aunque sea con una vuelta en los
caballitos, unos churros con chocolate, o un pollo con “terramicina” (por la tierra que puede llevar encima) cenando alguna
noche en los chiringuitos del “real”.
Formas sencillas de celebración, pero que pueden dejar vacíos muchos bolsillos
de tipo medio, que son los más numerosos,
Dicho esto, voy a señalar una curiosidad que puede servirnos para “medir” la evolución de Cáceres en el
transcurso de los años: la ubicación de los distintos feriales que yo he conocido.
Los primeros “miniparques” de
atracciones de los que me acuerdo, se hacían en la llamada “Corredera” de San Juan; hubo otros en la
Avenida de la Montaña, cuando allí no había más edificio que la Escuela de
Magisterio. Cuando el edificio de “La
Perra Gorda” era solar, también en él estuvo la feria; después en El Rodeo,
con entrada por San Francisco y, por último, en el lugar que ahora la
conocemos; los terrenos de la antigua estación de ferrocarril, de los que se
lleva diciendo, hace muchos años, que esta sería la última celebración.
Les deseo salud para conocerla en los nuevos terrenos a los que se lleve, si es que se lleva algún
día.
Diario HOY, 30 de septiembre de 1987
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