
La lluvia y la tormenta, como en cita puntual, volvieron a presentarse
al caer de la noche del propio domingo, con lo que la feria quedó salvada y en
seco cosa que no suele suceder todos los años.
Lo que no llegaremos nunca a saber es si el vaticinio del meteorólogo
fue de “farol” y le salió encendido o
fue por esa ciencia que indudablemente tiene José Luis cuando tira de sus altas
presiones, la borrasca sobre el baco K, o la interpretación de las líneas
isobáricas y otras cosas que, aunque nos suenan a chino, nos producen un gran
respeto. Claro que a decir verdad, esto de la meteorología, aun a pesar de su
carga científica, siempre nos ha sonado a brujería. Tan creíble es el “Calendario Zaragozano”, cuando dice que
habrá lluvia, porque la luna está en Capricornio, como la televisión cuando nos
presenta el mapa del tiempo. Lo que sí decimos es que José Luis Fajardo, el
meteorólogo cacereño, se ha “cubierto de
gloria” y que Luis Alviz, el organizador de las corridas, le está
agradecidísimo (como se lo está al Ayuntamiento) porque parece que se rompió la
“jetatura” de las lluvias en feria.
Diario HOY, 6 de octubre de 1987
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