martes, 6 de marzo de 2018

Llanto por un colegio


(Incluida en el libro “Ventanas a la Ciudad”)
El Colegio de “La Inmaculada”, hogar-residencia que regían y rigen unas monjas ejemplares por cuyas maternales y amorosas manos han pasado generaciones y generaciones de niñas y niños que hoy las tienen como casi su única familia, va a desaparecer. Ya lo acordó ayer la Diputación Provincial, que es la que lo mantenía, y la casa de Los Perero, palacio de la ciudad monumental que ahora alberga a este colegio y a la comunidad que lo rige, va a quedar vacío para que la Diputación lo dedique a otros menesteres no decididos aún.
La Inmaculada” va a perder hasta el nombre aunque las personas que allí residen pasarán a engrosar el Hogar Infantil “Julián Murillo”, con instalaciones sin duda más modernas y capaces que el viejo palacio de la ciudad monumental, pero no sé yo si tan entrañables.
Posiblemente la vida actual va por otros derroteros y todo lo que no pueda medirse o pesarse, como puede ser el afecto de una comunidad religiosa o el amor vocacional al servicio de Dios y del prójimo, son cosas que resbalan. Es más fácil de controlar y nos pone menos nerviosos el que los trabajadores fichen a la entrada y a la salida y no anden mezclando afectos o vocaciones religiosas con labores puramente técnicas y profesionales.
Ya se dio el caso, casi igual, con las monjas que en tiempo pasado rigieron algunas de las atenciones del Hospital y que terminaron marchando, no sé si con el agradecimiento de los servicios prestados, reflejado en algún papel de oficio. Yo no sé si las hermanas de la Inmaculada, las que rigieron aquello, se van o no con pena, ni si alguien les ha pedido su opinión. Pero la mía, que doy sin que nadie me la pida, es que merecen al menos algo más que un oficio agradeciéndoles sus servicios.
Diario HOY, 31 de octubre de 1987

La ley del embudo


En España tenemos por costumbre el admitir que todas las administraciones que nos gobiernan y nos han gobernado son menores de edad y, los menores de edad, no suelen asumir sus compromisos o si lo hacen, será, como dice el refrán, “tarde, mal y nunca”. Ahora resulta que los jefes de los silos del SENPA le han ganado a la Administración unos pleitos por los que la dueña de las ventanillas está obligada a pagar a esos trabajadores algo así como 300 millones de pesetas. Pero no los paga, aunque la sentencia es del año 1979, y la Audiencia Territorial la declaró incumplida en el 1987, Cerca de 90 personas están esperando ese dinero y la Administración sigue remoloneando para no hacerlo efectivo.
Debemos llegar a la conclusión de que nuestras administraciones suelen ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Si un contribuyente, pongamos a la Lola Flores (que es un caso sonado), deja de pagar a la Hacienda, se le embarga y se la persigue hasta que paga, o va a la cárcel. Pero si la Administración (en la que se incluye también Hacienda) pierde un pleito y una sentencia la obliga a pagar 300 millones, puede estarse años sin pagarlo y sin que suceda nada. No quiero defender a Lola Flores (que pienso que , como los demás, debió pagar a su tiempo), pero sí decir que el ejemplo debe comenzar por la propia Administración. Y no suele ser muy ejemplar, que digamos, el perder ante la justicia oficial y propia, con condena a un pago, que se ignora durante años.
Si la caridad bien entendida comienza por uno mismo, la justicia bien entendida también ha de comenzar por la propia Administración, si es que hay ley. El hacer lo contrario, es simplemente aplicar la ley del embudo.
Diario HOY, 30 de octubre de 1987

Tente mientras cobro


En nuestro país hemos venido practicando demasiado tiempo el “tente mientras cobro”, como para que podamos desterrarlo de nuestras relaciones en un momento, Y como para que lo tomen en serio y lo corrijan las muchas sociedades que se dicen defensoras del consumidor, que sólo han surgido para crear una burocracia inútil más, con beneficios para los que integran sus cuadros directivos, pero sin ninguno para el indefenso consumidor que, en España, sigue teniendo minoría de edad y nadie le respeta. Es triste, porque consumidores somos todos. Pero el hecho real es que si un consumidor tiene una reclamación que hacer, aunque recurra a alguna de estas asociaciones, tras del poco caso que le hacen, se encuentra más solo que la una, con lo que el único camino —lento camino— es la reclamación judicial, que ya existía antes que las mencionadas asociaciones.
No importa que el fraude sea tan de bulto como para que todos lo comprendan. El consumidor, por muchas razones que le asistan, tendrá que emprender el largo, complicado, caro y lento camino de la justicia ordinaria, Pero solo y sin la compañía o el estímulo de esas inútiles (aunque vistosas) asociaciones de consumidores.
Uno de los fraudes más al uso, es el de la construcción. No decimos que todas las constructoras defrauden, pero sí que muchas de las que se dedican a hacer viviendas, por la apetencia que hay de ellas, y la poca inspección que ejercen quienes deberían hacerlo, dan gato por liebre al más pintado. Como, parece ser, sucede con inmuebles de la calle Dionisio Acedo y con tantos otros más. Da la impresión de que se ha puesto de nuevo de moda el viejo bolero titulado “Mi casita de papel”. Aunque lo malo es que cobran las casitas como si sus muros y materiales fueran de oro. Así se forran muchos y las asociaciones de consumidores en congresos o reuniones que tratan de hacer mala filosofía de cada caso.
Diario HOY, 29 de octubre de 1987

Las prisas de los políticos


Las cosas que se hacen con precipitación acaban dando lata y teniendo que ser rematadas mucho tiempo después, Esto es lo que pasó con los accesos a Cáceres por la carretera N-630, en su tramo de Mérida, que tras llevar muchísimos años hechos y casi olvidados ahora, tiene que acometerse el remate de lo que hace años no se hizo, por las precipitaciones políticas de entonces, que no son las mismas que las de ahora, pero en algunos casos se le parecen mucho.
El comentario nos surge al saber, por boca del actual alcalde Carlos Sánchez Polo, que con una gran excavadora que hay en Cáceres, se acometerá el desdoblamiento de ese tramo, que debió hacerse hace muchos años, pero que no se hizo por lo que ahora vamos a contar.
La cosa sucedía por los años setenta, aunque soy hombre de mala memoria para las fechas. Se había acordado mejorar los accesos por carretera en todas las entradas, desdoblando las calzadas para más comodidad y vistosidad. Se había encargado de dirigir las obras al ingeniero Juan Manuel Romo Domínguez, cuyo buen quehacer de aquel entonces no puede discutirse, porque ahí está la obra aguantando años y años, sin que haya habido que modificar ni un sólo tramo. Pero al llegar a los accesos de la carretera de Mérida, cuyo proyecto de desdoblamiento se contemplaba hasta el antiguo campo de aviación (hasta donde se hará ahora), surgió el inconveniente de que los depósitos de “Campsa”, continuaban en la vieja estación y con un tramo de ferrocarril (que sólo utilizaba el monopolio) hasta la  estación nueva, que impedía el arreglo de la carretera, ya que la cruzaba en un paso a nivel, con lo que la obra quedó allí detenida. Entraron las prisas de su inauguración, que haría el entonces príncipe Juan Carlos y al ingeniero se le ordenó dejarlo como estaba. Y así continúa.
Ahora, desaparecido el inconveniente, se hará un tramo que debió estar hecho hace años.
Diario HOY, 28 de octubre de 1987

Entrenadores políticos


A la vista de lo que le viene sucediendo al Club Polideportivo Cacereño y a otros muchos clubes que promocionan popularmente el deporte del balompié, se me ocurre a mí que podríamos traspasar los resultados a la política y a lo mejor “inventábamos” una mejora en las relaciones populares de nuestros políticos. No, no voy a hablar de fútbol, como alguno habrá pensado, sino más bien de las consecuencias que las experiencias futboleras pudieran tener en un mejoramiento de la política
Nadie duda a estas alturas de que las consecuencias de lo que le viene pasando al Cacereño no son de imputar a su antiguo entrenador Pepe Bizcocho, al que no tengo el gusto de conocer personalmente, por lo que no se me puede tildar  como partidista. Digo que no son de imputar, porque el tal entrenador —como muchos otros— sólo sirvió de “cabeza de turco”, de hombre pararrayos o chivo expiatorio, como prueba el que, también sin él, el Cacereño sigue en picado. Pero los entrenadores saben lo que se juegan y lo aceptan con resignación y humildad. Ellos saben que si el equipo sube, los parabienes serán para la directiva y su presidencia, y si baja, ellos son los primeros que tienen que ofrecerse como víctimas, para contentar a la afición. Pues bien, yo propondría que al igual que en los equipos de fútbol hay un entrenador al que echarle las culpas, en los equipos de políticos debiera haber otro, con las mismas prerrogativas de recibir los insultos y la indignación del público, quedando a salvo el mal quehacer de los “jugadores”, que en este caso serían los políticos de turno, que seguirán equivocándose a sus anchas, tras de haber expulsado al entrenador y tener otro al que expulsar en su próximo traspiés.
Imagínense la serie de entrenadores que hubieran resultado expulsados a cuenta de “Valero” o de otros muchos “affaires” que han sido “goles” colados al equipo político.
Diario HOY, 27 de octubre de 1987

lunes, 5 de marzo de 2018

Usos y abusos


Yo no sé cómo habría que decir esto para no herir a nadie. Las calles de Cáceres están hechas un verdadero asco. Aun a pesar del interés de algunos concejales en que se arregle el pavimento y se hagan algunas reparaciones desperdigadas, como puede ser el reponer algunas luminarias o farolas. Porque falta coordinación y hasta orden en la cuestión de prioridades y en hacer cumplir lo que está establecido. No vamos a volver a hablar del abuso de ocupación de la vía pública por material de obras, porque ya hemos hablado muchas veces; pero sí de los abandonos de algunos acerados, como puede sr el de Avenida de España, por la zona del cine Coliseum hasta las Hermanitas de los Pobres, que sigue estropeado totalmente, después de las obras que se han venido realizando en varios inmuebles próximos. Da la casualidad de que este acerado lo han destrozado las empresas que han realizado las obras que, era de suponer, tenían que arreglarlo una vez terminada cada una de ellas, al menos en el tramo delantero de su propia obra, No sabemos si para estas reparaciones se obligó a estas empresas a dejar una fianza, o si simplemente están obligadas a reparar lo que han destrozado para entrar y salir de la obra. Lo que no es justo es que lo paguemos entre todos, tras de haberse enriquecido la empresa en la venta de pisos o locales
Hay otra forma de abuso, como es la de las industrias que se dedican a la compraventa de coches usados, y utilizan como “escaparate” los alrededores de su establecimiento, dejando por allí los coches en venta. Bien está que el vecindario, que paga un rodaje, lo utilice para aparcar, pero es un poco raro que sea una industria la que lo use como establecimiento propio. En fin, que hay muchas cosas que habría que ir revisando.
Diario HOY, 23 de octubre de 1987

Tienen razón los obispos


El Sínodo de Obispos, reunidos en Roma, han manifestado que “es muy preocupante que niños y jóvenes sean inducidos a la violencia”. Es un grito de alarma que no sabemos cómo no acaba de verse tan claro por parte de todos como lo ven los obispos, porque a poco que uno mire el mundo que vivimos, se dará cuenta de que mentalmente todos, no sólo los niños y los jóvenes, estamos recibiendo continuamente carga de violencia a todos los niveles. No se explica que en un mundo que se precia y hace bandera de la ecología, se permitan estas agresiones, parando mientes sólo en pequeñas nimiedades, contra las que se hacen desaforadas campañas, pero haciendo bueno eso de “ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”.
Pensemos solamente en las películas que nos ponen en la televisión o en la gran pantalla. Todas entrañan gran violencia, y hay que decir que son entretenidas (lo que es más peligroso aún), por citar algún nombre recordamos las del “Equipo A”, o las policíacas de “Como el perro y el gato”, en las que se ven incendiar coches, matar gentes o explosionar edificios cada dos por tres; o las películas de cualquier “Kun-Fú”, que han puesto de moda las artes marciales asiáticas. En fin, que cualquier película y cualquier programa de televisión lleva una gran carga de violencia, aunque luego los ecologistas, o las sociedades protectoras de animales y plantas, centren sus acciones en meterse con las corridas de toros españolas. Pienso yo que, por esos mundos de Dios, hay muy pocos niños que quieran ser toreros, pero sí muchos que quieren ser “Kun-Fú”, o el pistolero a sueldo del Equipo A, que vuela vehículos o mata a bocajarro a quien le lleva la contraria.
Si esta verdadera contaminación no se ataja, no debemos quejarnos de la violencia, como dicen los obispos.
Diario HOY, 22 de octubre de 1987