
Pues bien, desde la localidad
de Tejeda de Tiétar me escribe Emilio González Rodríguez que, tras decir que es
un asiduo lector de HOY y de estas “ventanas”,
me cuenta la que él cree que es la cuarta verdad del barquero, no sin antes
justificar las otras ya contadas con las que dice estar de acuerdo. Emilio
afirma en su carta que conoció esas barcas y que él también pasó de este modo
el río que tenían que pasar los pocos estudiantes que se desplazaban entonces a
Salamanca para “seguir carrera”, cosa
que les hacía venir endiosados y tomar el pelo a sus convecinos. Esto es lo que
le sucedió al estudiante con el barquero, al que comenzó a preguntarle sobre
personalidades de las ciencias y las letras que el otro desconocía, diciéndole
—el estudiante— que había perdido su vida desconociendo estas cosas tan necesarias.
Así las cosas, la barca zozobró y los dos fueron al agua, logrando el barquero
alcanzar la orilla, pero el estudiante agarrado a un madero gritaba. “¿Sabe nadar?”, le preguntó el barquero
desde la orilla; “¡No!”, respondió el
otro.
“Pues de poco te valdrá lo que has estudiado, porque te ahogarás en un
momento”.
Esta es, según Emilio, la
cuarta y definitiva verdad del barquero.
Diario
HOY, 6 de abril de 1986
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