domingo, 29 de octubre de 2017

Extremadura ante el V Centenario


Veíamos en la última “Clave” de Televisión, el coloquio que se orientó principalmente a la exposición que va a hacerse en Sevilla con motivo del “V Centenario de Descubrimiento de América”.
Hubo dos cosas que nos llamaron la atención, una de ellas es la improvisación que quiere dársele a esta celebración, aún en esa sede elegida, enterándonos de que aún no hay casi nada en concreto sobre la exposición conmemorativa, y por otra la ausencia de regiones como la nuestra que tanto protagonismo tuvieron en la conquista de América, y aún en el descubrimiento, ya que la cesión de las tres carabelas a Colón se firmó en Guadalupe, donde peregrinó el propio almirante para bautizar a los 12 primeros indios que trajo de los territorios recién descubiertos y dar gracias a la Virgen de Guadalupe, por haber rematado con bien la hornada y primer viaje, tras del que se descubrió América.
Queremos decir que Extremadura no sólo tuvo protagonismo en la posterior conquista de los territorios descubiertos, sino en el mismo descubrimiento, como demuestran esas dos cosas a las que nos referimos.
Pues bien, con todo, parece que nuestra región tendrá un protagonismo marginal en esta quinta conmemoración del descubrimiento.
Por aportar algún dato de lo que supuso en Cáceres la celebración del “V Centenario del Descubrimiento”, realizada en 1892 —con lo que queremos decir que casi ha pasado un siglo— diremos que entonces, con ese motivo, y sin haber organismo coordinador regional, como ahora es la Junta de Extremadura, diremos que ello provocó la publicación de un libro titulado: “Indianos Cacereños. Notas biográficas de los hijos de la Alta Extremadura que sirvieron en América en el primer siglo de su conquista, escritas con motivo del IV Centenario de su Descubrimiento”, en la que Publio Hurtado —autor del trabajo— da las biografías de más de un centenar de cacereños que intervinieron en la conquista. Aparte de lo dicho y de otros actos realizados de los que hay memoria, en el salón de honor del Ayuntamiento cacereño figura una placa en la que se dice: “Al solemnizar el IV centenario del Descubrimiento de América, se quiere perpetuar en este Víctor los nombres de los hijos de esta ínclita ciudad, que más se distinguieron en la conquista el Nuevo Mundo: García de Holguín, Juan Cano de Saavedra, Lorenzo de Aldana, Francisco Godoy y Perálvarez Holguín.”
Quiere ello decir que, con pocos medios y sin tanto ruido, se hizo algo trascendente, por lo que es de esperar que ahora, con más medios y aún con más ruido, se debe hacer algo que merezca la pena.
Diario HOY, 4 de marzo de 1984

Manolo Villarroel

Entre los aciertos de nuestro actual alcalde, Juan Iglesia Marcelo, figura sin duda su deseo de continuidad de los asuntos municipales, con la creación de esa especie de “concejillo” de ex alcaldes cacereños, con los que se reunió hace unos meses para crear una especie de comisión asesora que aportaría experiencias pasadas a su actual gestión municipal. A aquella reunión de entonces, asistieron un montón de ex alcaldes cacereños que se entusiasmaron con la idea, pero faltó —creo que por motivos de salud— un significado alcalde de los tiempos difíciles: Manuel Villarroel Dato, que rigió los destinos municipales de diciembre de 1940 a septiembre de 1941.
Nuestro alcalde ha subsanado ahora esta ausencia visitando, en Madrid donde vive, a Manolo Villarroel, al que ha invitado a visitar la ciudad en la próxima Semana Santa. Juan Iglesias viene entusiasmado de la visita, por la gran humanidad de Manolo Villarroel, que ahora vive en un pueblo de la periferia de Madrid, donde es propietario de un mesón dedicado a la gastronomía extremeña, ramo en el que ha sido siempre más famoso que en la propia política. Él fue, en aquellos tiempos, alcalde de Cáceres y gobernador civil de Ciudad Real, pero su popularidad en Cáceres se le debe a su arrolladora personalidad que le granjeó en todo momento el cariño de su paisanos.
Hablar de Manolo Villarroel en Cáceres es hablar de algo entrañable, al margen totalmente de la política que él vivió como falangista que era, pero su polifacetismo alcanzó otros amplios campos de popularidad: fue dueño y creador de varios establecimientos en Cáceres: “El Sanatorio” y el “Bar Villarroel”, el primero en la calle Paneras y el segundo donde está hoy el “Figón Eustaquio”, pero no se ciñó a eso, sino que siendo un amplio conocedor del “Cante grande” y un buen “cantaor” del mismo, realizó la primera “Antología del Cante Grande”, con García Durán Muñoz, grabada en discos, en la que García realizó la investigación, corriendo él con la parte cantada, ya que conocía todos los cantes tradicionales, perdidos hoy, y los cantaba con verdadero gusto. Villarroel para Cáceres es mucho más que un ex alcalde, por lo que nos parece un acierto esta decisión de Juan Iglesias.

El mono forzudo


Pienso yo que lo habitual deja de ser noticia, por mucho que lo haya sido cuando era excepcional. Y esto sucede, no ya a nivel de medios informativos, sino a nivel de hombre de la calle, que en la actualidad y por el cúmulo de huelgas que se organizan para protestar de todo, lo más que pregunta es: “¿Y estos qué protestan, quiénes son?”, sin entrar siquiera en el contenido de la propia protesta y en si es justa o no, o si la razón está del lado de los “protestantes”, o de los que no les dan, o no les pueden dar, lo que piden.
A veces he llegado a pensar que los sindicatos que ahora nos disfrutamos, son un poco como el mono del que hablaba un caricato argentino, que tuvo mucho predicamento por la radio en los años cincuenta, que lo presentaba ante los oyentes y decía: “Y la fuerza que tiene… querrá usted creer que apretó un “Pegaso” con la mano y sacó un “Seiscientos”. Posiblemente alguno de ustedes recordarán a aquel cómico llamado Pepe Iglesias, “El Zorro”, y a su célebre mono forzudo Pues bien, en muchos casos he llegado a pensar que algunos de estos sindicatos están más interesados en demostrar su fuerza —tanto de convocatoria, como de protesta— que el solventarles el problema a sus afiliados y a los trabajadores en general.
No digo que no haya razón en algunas huelgas, sino que en ellas se habla sólo de derechos y no de obligaciones, cuando una cosa es contraprestación de otra y para pedir algo hay que ofrecer algo, no solamente el “acogotar” a las pocas empresas que van quedando y que, con la crisis, ya están bien “acogotadas” de por sí. Yo no soy empresario, sino un trabajador más al que me gustaría que me dieran la Luna, pero que como sé que no van a poder dármela, no se me ocurre montar una huelga porque no me la dan. Creo yo que el derecho a  la huelga es un derecho reconocido en la Constitución, pero para emplearlo excepcionalmente y cuando no hay otros cauces para conseguir algo posible que se nos niega. Los cauces naturales en democracia, deben ser: el Parlamento, los partidos, la negociación lógica. Se olvida que la empresa es un barco en el que reman todos y el provocar el naufragio del barco, no beneficia ni al capitán ni a los remeros, aunque alguien esté empeñado en que se vayan todos al agua. Mal síntoma es que comencemos a “pasar” también de las huelgas, por lo frecuentes.
Diario HOY, 2 de marzo de 1984

El reparto de la herencia


Esto de las autonomías me lo imagino yo —quizás con una simpleza ingenua— como algo similar a cuando un padre da la herencia anticipada a sus hijos. Los hijos podrían ser las regiones que, en la marcha unida de la familia, unos realizaron una carrera, otros se hicieron comerciantes, otros emprendieron un negocio, todos ellos ayudados por esa unión familiar, quedando otros a vivir en la casa, un poco como el hijo pródigo y sus hermanos. Posiblemente los menos favorecidos son los que quedaron a vivir en casa.
A ras de ello, me viene a la mente aquello que se cuenta de que cuando a un padre se le dijo: “¡Qué hijo más feo tienes!”, él respondió: “¡Qué más da, como lo quiero para el campo!”
En fin, que nosotros, como el hijo de aquel padre, fuimos los que nos “quedamos para el campo”, en solidaridad de aupar a lo otros que encontraron antes un mayor favoritismo paterno.
Tengo entendido que, históricamente, la idea de autonomía o federalismo comenzó con la primea República, en el siglo pasado, más orientada hacia los restos de nuestro imperio colonial, como Cuba, Filipinas y algo más que nos quedaba, porque aquel Gobierno veía que todo ello se nos iba de las manos, y una forma de retenerlo podría ser aquélla. Pero aquello se entendió mal, no llegó a lograrse, provocándose absurdos como el que Béjar se declarara cantón independiente, quedando la idea principal en aguas de borrajas.
Ahora se lleva más camino recorrido, pero pienso que tampoco —yo al menos— acabamos de entenderlo del todo, ni nos ha servido la lección histórica para mucho. Creo que en ese reparto anticipado de la herencia debió haber unas compensaciones a los menos favorecidos, para que todos pudiéramos marchar con el mismo caudal inicial, cosa que pienso no se ha hecho, porque si de lo que se trataba era de evitar el centralismo de Madrid a cambio de otro centralismo en un punto de cada región, poco o nada hemos conseguido, al menos en nuestro caso y el de otras autonomías pobres, que seguiremos siendo los hermanos menos favorecidos de la familia. Espero que alguien pueda explicármelo.
Diario HOY, 1 de marzo de 1984

Algo sobre la fiesta del árbol


Tengo  entendido que la llamada “Fiesta del árbol” se inició en nuestra provincia por iniciativa de un maestro que, como lección práctica, quiso encariñar a sus alumnos con la propia naturaleza, recurriendo al método de responsabilizar a cada uno de ellos con un arbolito, no sólo para que lo plantara, sino para que lo cuidara hasta que el árbol fuera adulto y pudiera valerse por sí.
Esta iniciativa tuvo después mayor trascendencia y dio lugar a lo que hoy es el “Día Forestal Mundial”, que acaba de celebrarse, también con plantación de árboles por arte de los escolares.
No obstante yo pienso que la fiesta que ahora se celebra es más impersonal y, teniendo todas las buenas intenciones que son de estimar, vincula menos al escolar con esa labor que le atribuía la antigua “Fiesta del árbol”. Como escolar viví aquellas fiestas y recuerdo que no se ceñían sólo al acto de plantar el árbol, sino al cuido posterior del mismo. Con algunos compañeros escolares de aquel entonces, que como yo ya peinan canas o están calvos, he recordado todo aquello. Mi generación de escolares fue la que plantó los árboles que ahora existen en el grupo  escolar “Las Delicias” y aparte de los recuerdos, a modo de saudades, que tenemos de aquel acto, en que nuestros maestros, con el alcalde don Antonio Canales, nos hablaron de la importancia de la naturaleza y de estas repoblaciones forestales —y nos dieron también una merienda consistente en un bollo, una pastilla de chocolate y una naranja— había algo importante y era que, diariamente o con frecuencia, íbamos a ver cómo se desarrollaba nuestro árbol y hablábamos con el jardinero y hasta le defendíamos de otros niños que pudieran atacarle. Por estas visita, yo conozco cuáles son “mis” dos árboles, y cuáles son los de los otros compañeros escolares de aquel entonces: como Ángel Marchena, Paco o Andrés Valiente y otros muchos que compartían mi escuela. Puedo decir que, siendo mayor —y me consta que ellos también lo han hecho— he pasado a visitar “mis” árboles…
Todo esto puede parecerles a ustedes una tontería, pero creo yo que la trascendencia de aquellas antiguas “Fiestas el árbol” radicaban más en la vinculación posterior que suscitaban entre el niño y el propio árbol, que en el acto en sí al que ahora se le da trascendencia pero falta esa segunda parte.
Diario HOY, 29 de febrero de 1984

El cometa "Roso de Luna"


(Incluida en el libro “Ventanas a la Ciudad”)
La verdad es que en Extremadura tenemos un desconocimiento enciclopédico —como solía decir un profesor mío de bachillerato— de nuestra gente de valía. No se trata ya de conocer nuestros valores más remotos como podrían ser Viriato, o los propios conquistadores de América, sino algo de lo que hicieron nuestras gentes más inmediatas que, por su valía, trascendieron lo local y lo regional y alcanzaron un puesto internacional reconocido por el mundo entero.
A veces, estos silencios han venido impuestos por las circunstancias, pero así y todo, pienso yo que es obligación nuestra saber algo de nuestros valores de rara inteligencia.
Uno de estos casos inmediatos ha sido el de Mario Roso de Luna, del que se cumplió en 1982 el cincuentenario de su muerte, y del que —si acaso— sabemos que se le llamó “El sabio de Logrosán”, pues había nacido en dicho pueblo cacereño, y poco más. Algo comienza a saberse de su obra literaria o histórica, o bien, de que al final de su vida fue teósofo y fundó la revista Hesperia y viajó por América donde se le tenía por un “superclase”. Se desconoce totalmente su labor en muchísimos campos del saber, en algún caso relacionado con la historia de su propio pueblo, y de su lucha por las minas de fosfato de Logrosán que se explotaron algún tiempo, gracias a sus informes y gestiones.
Quizás un aspecto que desconocen sus paisanos es su labor en la Astronomía, que fue tan universal que hasta hay, por esos cielos de Dios, un cometa que lleva su nombre: el cometa “Roso de Luna”.
Pues bien, el mencionado cometa fue descubierto por él en la constelación del “Cochero”, a las tres de la mañana del día 5 de julio de 1893, cuando el doctor Roso de Luna se encontraba en la explanada y carretera de Las Angustias, muy cerca de su pueblo, e iba a una inspección ocular del río Ruecas. Ello quiere decir que lo descubrió sin valerse del telescopio, por una simple operación directa, sin instrumentos, lo que ya indica sus enormes conocimientos en astronomía. Dio entonces cuenta del descubrimiento al Observatorio Astronómico de Madrid, que lo comunicó a París y al resto del mundo, publicando la revista alemana de más prestigio de entonces dicho logro, dándole prioridad sobre trabajos publicados en el mismo sentido por el astrónomo Rordamé, de Norteamérica, y Quenisset, de Francia, que lo descubrieron y denunciaron también los días 8 y 9 de julio, o sea, cuatro o cinco días después de que lo denunciara nuestro paisano, razón por la que lleva su nombre. En aquellos momentos este cometa se encontraba más allá del planeta Júpiter y a más de mil millones de kilómetros del Sol. Recorrió la constelación del “Cochero”, “Osa Mayor” y “Lince”, perdiéndose entre el enjambre de estrellas de la llamada “Cabellera de Berenice”, el 10 de noviembre de 1893.
Según se dijo en ese informe, dicho cometa no volvería jamás a verse desde la Tierra, por describir una órbita hiperbólica.
Valga ello para que sus paisanos conozcamos algo de este sabio de Logrosán.
Diario HOY, 28 de febrero de 1984

sábado, 28 de octubre de 2017

Los años del wolfran


(Incluida en el libro “Ventanas a la Ciudad”)
Hace días hablamos de la afloración minera que hubo en Cáceres a principios del pasado siglo, no sólo con la explotación de minas de fosforita, sino la de derivados de plata y otros minerales francamente raros que se dan en nuestro suelo provincial. Ello nos ha recordado un período del Cáceres próximo, allá por los años cuarenta —en plena Guerra Mundial—, poco contado, conocido como los años del wolfram.
Para entender lo que sucedió entonces tenemos que decir que, el wolframio o tungsteno, es un mineral que se da en toda la provincia en verdadera abundancia y hasta en superficie. Se daba el caso de que algunas de las calles de nuestros pueblos estaban empedradas con este mineral al que aquí no se le había dado, ni se le ha vuelto a dar, mayor importancia. Pero como la crisis de todo tipo que entonces sufríamos aguza el ingenio se llegó a saber —y trascendió al pueblo— que esas piedras tenían un gran valor para los contendientes, porque el mineral que contenían era esencial para la fabricación de aceros especiales de gran dureza, elasticidad y tenacidad y que se emplean para fabricar armas, blindajes y proyectiles.
De forma oficial, según tengo entendido, se proporcionaba wolframio a los países del Eje, pero no a los aliados que montaron a través de la frontera portuguesa un contrabando de piedras de wolframio que solían pagar a buen precio a cuantos pasaban la frontera con una carga. Esto trascendió al pueblo, que montó un lucrativo negocio transportando piedras de wolfram a Portugal, que convertían en fácil dinero, que solían gastar con la misma facilidad que lo conseguían. La cosa fue tan popular que algunos se hicieron ricos por este sistema. Se dio el caso de que en determinados pueblos desempedraron las calles porque tenían wolfram, que se negociaba fácilmente en Portugal. Recuerdo a un personaje muy popular en el Cáceres de aquel entonces, al que le llamaban “el Chato de los Metales” porque era chatarrero, que se dedicaba a este estraperlo, y le debió ir tan bien que hasta le vi encender puros en el Café Avenida —que era el sitio caro de Cáceres—, utilizando para ello billetes de veinte duros. Otros, con más cabeza, se especializaron en la materia y hasta llegaron a tener explotaciones mineras de este tipo, declaradas oficialmente.
Finalmente ocurrió un caso que por lo anecdótico es digno de contarse. Como resulta que el paso de estas piedras por la frontera portuguesa era ilegal, se puso vigilancia para evitarlo. Entonces, algunos contrabandistas recurrieron al sistema de simular que se estaban insultando dos grupos de personas desde un lado y otro de la frontera, acabando por apedrearse entre ellas. Claro está, las piedras que tiraban los del lado de acá eran de wolfram, que más tarde recogían los del otro lado y pagaban al precio que daba su peso. Como ven el ingenio es inagotable.
Diario HOY, 26 de febrero de 1984