lunes, 29 de enero de 2018

Agarrarse a la experiencia


Confiesa nuestro alcalde, con toda sinceridad, que no tiene solución a corto plazo para evitar la proliferación de mendigos callejeros. Y no es que no haya sentido inquietud por el tema, ya que hace tiempo encargó, mediante concurso, a unos sociólogos un estudio sobre el asunto y suponemos que lo que el alcalde esperaba es que el estudio aportara alguna solución para paliar el problema. El estudio se hizo, y las soluciones que propone son de “Pero Grullo”, pero tampoco aplicable al tema y al momento, que uno acaba pensando que lo mejor era no haber gastado tiempo y dinero en dicho estudio. Para que se den una idea, diremos que entre ellas figura el proporcionarles puestos de trabajo, viviendas y escuelas a los mendigos y a sus hijos. Es, sin duda, la solución ideal, pero no la posible en esos momentos para un Ayuntamiento que tiene un censo de parados (no mendigos) importante, muchos de cuyos vecinos (no mendigos) carecen de viviendas y muchos de los hijos de éstos de puestos escolares adecuados. Igual podría haber dicho el estudio que se les proporcionara coche y chalet a los mendigos y no hubiera dicho ninguna tontería, si todo ello lo miramos bajo el prisma de los ideales y no de las realidades, que era lo que el dicho estudio debería haber contemplado.
Hoy día tenemos muchas cosas así, en las que se gasta dinero a manos llenas pero que luego no sirven para nada. Yo diría que estamos malgastando la experiencia que se acumuló en generaciones anteriores y, por ignorancia o por orgullo (que sería peor) no queremos aplicarla Peores momentos que los de ahora se pasaron (aquí en Cáceres) en la posguerra y en los llamados años del hambre.
Todavía creo que haya muchas personas vivas que se acuerden de todo aquello y de cómo se palió, en lo que se pudo, hasta que llegó el momento de “las vacas gordas”.
Diario HOY, 12 de octubre de 1986

Los derechos del peatón


Yo no sé si hay alguna ordenanza que sancione la ocupación abusiva de la vía pública, pero si no la hay debería haberla y, si la hay, debe aplicarse, porque ahora no se aplica en absoluto. Lo que voy a decir sobre esto no lo voy a decir por “fastidiar”, sino más bien en defensa propia y de los convecinos que, como yo, patean mucho la calle y padecen los abandonos oficiales a constructores de acerados y calzadas en los que uno puede romperse la crisma en cada momento. Pequeñas cosas que atentan contra los tobillos y la integridad de cuantos patean la calle, hay muchas, pero sólo voy a referirme a algunos abusos que llevan años atentando contra la integridad de los vecinos, sin que nadie se ocupe de hacer nada más que de poner el cartel, que ya produce risa, de: “Perdone las molestias”.
Vamos con algunos puntos, que más que puntos son lagunas insalvables.
La ocupación de la vía pública, que la constructora de la obra que se realiza en la Avenida de España, en los impares (exactamente por encima del cine Coliseum), es intolerable, porque el acerado ya no existe, puesto que se lo ha ido comiendo con andamios y artilugios, a los que últimamente han agregado montones de arena, máquinas, que en vez de cargar y descargar dentro de la obra lo hacen fuera en los espacios públicos, y el pasar por allí es jugarse el tipo, porque en el estrechísimo espacio que queda, hay baches, muñones de árboles cortados, alcorques de otros que desaparecieron, y una parada de taxis que parece se estrechan al acerado para impedir más el paso de los peatones. Aquello lleva años y años siendo el responsable de muchas piernas rotas, y nadie se ocupa de decir a la constructora que tiene que realizar un paso seguro y no ser un peligro para todos.
Otra muestra de ocupación abusiva de acerado y calzada la viene dando la constructora de la obra del célebre tubo, que no sólo ha cerrado al tráfico rodado la calle Soledad, sino que ha puesto sus hormigoneras, grava y arenas de tal modo que tampoco pueden pasar los peatones sin jugársela, porque lo ocupa todo sin que nadie le señale que el peatón tiene sus derechos.
Diario HOY, 4 de octubre de 1986

Hay que dar el primer paso


Hay una cosa de la que todos los cacereños debemos concienciarnos, y nuestras autoridades más, que es el compromiso que hemos adquirido al ser declarada nuestra ciudad “Patrimonio de la Humanidad”. Quiere ello decir que ya no pueden deteriorársenos los monumentos, por abandono de los que mandan en cada momento, porque estamos “administrando” un patrimonio que ha trascendido y ya no es nuestro solamente, sino de la Humanidad —ello aparte de que esto suponga el que de fuera nos echen una mano— pero tenemos que ser nosotros los primeros que atendamos el que esos monumentos no se nos puedan venir un día abajo. No importa que el monumento, dentro del recinto, tenga mayor o menor importancia histórica, porque todos tienen que ser conservados, desde la torre “Desmochada”, que el Ayuntamiento no quiere confesar que es suya, hasta la “Torre Juradera de los Espaderos”, cuya ruina se denunció en la última sesión de la Comisión Municipal de Gobierno y que también debe ser del municipio porque se compró para el Parador que no se hizo, se desmantelaron las casitas de alrededor que, de algún modo, la protegían y al quedarse sola, recibiendo la inclemencia de la lluvia y el viento, y de los gamberros que entran por sus huecos, ha comenzado a acusar el cansancio de los siglos
Yo no sé si a ustedes les agradan las historias o las leyendas de los monumentos de Cáceres, pero por si vale para que se le preste una más pronta y eficaz atención, voy a narrar lo que yo sé y deduzco de esa histórica torre, aprendido en infinidad de libros y documentos que pasaron por mis manos. Su nombre es “Torre Juradera de los Espaderos” y aunque, tras la toma de Cáceres por el rey de León, quedó en manos de una familia que tomó el nombre de Cáceres y Espaderos, su designación es más antigua y se refiere a los inicios d el Orden de Caballería de Santiago, que se llamó entonces “Fratres de Cáceres o de la Espada” (de ahí lo de “espaderos”) y en ella se velaban sus armas y prestaban sus juramentos los caballeros de esta Orden (de ahí también lo de “juradera”), suponiéndose que en el desaparecido palacio del que formaba parte vivió el Maestre de la Orden y fue sede de este instituto armado. Algo que viene a confirmar esto es que desde ella se inicia la llamada Cuesta del Maestre, nombre conservado en Cáceres desde aquel entonces.
Más podría decir sobre la historia o leyenda de este monumento, pero creo que para una simple curiosidad es suficiente, esperando que ello estimule a los responsables de arreglarla y conservarla.
Diario HOY, 3 de octubre de 1986

Tenía ganas de decirlo


Hay algo que quería decir sobre la evolución de toda una plantilla de profesionales que, poco a poco, sin que nosotros nos demos mucha cuenta de ellos, se nos han hecho imprescindibles para la vida ciudadana. Me refiero, claro es, a la Policía Municipal.
Creo que la Policía Municipal de Cáceres es el cuerpo de profesionales que más ha evolucionado y mejorado desde que comenzó la democracia, y esto hay que decirlo. Hay que decirlo, porque cuando las gentes hacen bien las cosas, les gusta conocer el agradecimiento de la comunidad a la que sirven. Yo sé que hay gentes mezquinas, en esto y en todo, que cuando un profesional cumple bien, por su propia mezquindad, lo más que dicen es “Al fin y al cabo es su obligación y cobra por ello.” Pues no, señor, hay cosas que no se pagan más que con el agradecimiento de los demás, y nuestra policía Municipal deben saber que al menos con el mío cuenta y creo que con el de la mayoría de los ciudadanos. Si en alguna ocasión la hemos criticado con largueza, justo es que, con largueza, hablemos de ella cuando lo hace bien y cumple con una multiplicidad de obligaciones en las que se nos ha hecho imprescindible. Estos hombres, que en alguna ocasión se juegan el físico y la vida por atajar la locura de un drogadicto borracho, lo hacen por el bien de todos y muchas veces resultan heridos (prueba reciente hay de ello), pero al par derrochan delicadeza estando presentes a la salida de los colegios, para que esa algarabía infantil que sale en tromba, no sufra un solo rasguño, o para que esa anciana cruce con seguridad la calle, o para aguantarnos infinidad de llamadas nocturnas, porque no nos dejan dormir los ruidos y, como cuidadores de nuestros sueños, desplazarse para tratar de hacernos la noche segura y grata.
Desde luego, nuestros policías municipales son unos magníficos profesionales y, por si alguien no lo dice, o tenía ganas de decirlo.
Diario HOY, 2 de octubre de 1986

Con azúcar está peor


Por lo que a uno le afecta y por la repercusión que tiene o puede tener en lo local y provincial, no tengo más remedio que referirme a las manifestaciones hechas al Congreso por el ministro de Sanidad, Julián García Vargas, que mostró su satisfacción por la subida de las tasas para las bebidas alcohólicas en un 45 por ciento y para el tabaco en un 15 por ciento, por lo que pueden representar en la mejora de la salud de los españoles.
El ministro está preocupado por mejorar nuestra salud aunque sea dañando nuestro bolsillo, hasta el punto de que, sospechosamente, señala que por la bajada de la gasolina, la mejora de las autopistas y la importación de coches más potentes, teme un aumento de tasas de muerte en las carreteras, por lo que, estamos seguros, la solución que buscará el tema será recomendar que la gasolina suba, no se importen coches potentes y no se arreglen las carreteras. Desde luego, si comenzamos a sacarle punta a las declaraciones de este ministro, uno acaba pensando que lo único que lo salva es su parecido con Groucho Marx, y que lo que ha hecho ante el Congreso es una actuación, para hacer reír a sus compañeros.
Traduzcamos lo dicho o insinuado por esta lumbrera ministerial a lo local y provincial: ¿Para qué va a servir la protesta de todos los vecinos de la zona de Valencia de Alcántara, en petición de que arreglen su infame carretera?; aplicando el criterio de García Vargas, es mejor no arreglarla porque se podrá correr más y podrá haber más muertes que las que hay ahora en que no hay más remedio que marchar despacito; ¿para la salud? Es mejor ir en burro, no beber más que agua y dejar de fumar, si es que con el criterio de éste y otros ministros en la subida de impuestos nos queda dinero para comprar agua y burro.
Les digo a ustedes que estas justificaciones con azúcar están peor.
Diario HOY, 30 de septiembre de 1986

domingo, 28 de enero de 2018

Los espectáculos y la plaza

Es “pleito” habitual que se suscita cada víspera de feria. Pongo lo de pleito entrecomillado para dar sensación de que se trata de un pleito menor, un pleitillo, pero sale a relucir cada víspera de ferias a cuenta de los carteles taurinos que se preparan en ellas.
Yo no soy de los que diga que si no hay buenos espectáculos taurinos no hay feria, porque eso se lo inventaron los empresarios que buscan apoyos de todo tipo para su negocio, que si no fuera tal negocio (como muchos dicen) ya lo habrían dejado.
Años atrás fue Luis Alviz quien tenía la plaza y quien, lógicamente, cada feria buscaba apoyo económico por parte del Ayuntamiento, que no solía lograr la mayoría de las veces. Tras de Alviz, vino Joaquín Miranda, que venía a “redimirnos” del ayuno taurino en que habíamos estado con el empresario anterior que no hacía espectáculos más que de feria en feria. El empresario “redentor taurino”, en la subasta de la Plaza de Toros, ofreció más que nadie en dinero y espectáculos. No había otra oferta teóricamente mejor y a él se le adjudicó la plaza por parte de la propiedad (ya que nuestra plaza es de una sociedad particular en la que el Ayuntamiento y la Diputación sólo tienen algunas acciones), lo que pasa es que de la teoría a la práctica, o del dicho al hecho, hay mucho trecho y Miranda es el que peor ha cumplido con la afición taurina cacereña a la que han montado por su parte escasísimos y caros espectáculos (no entro en la calidad de ellos, porque habría mucho que discutir).
Lo único que se me ocurre decir es que la plaza de Cáceres la hicieron los cacereños, como tantas cosas, por repartimiento de acciones, para promover la fiesta taurina. Fue un empeño del pueblo que luego, por las vueltas que sean, quedó en manos de cuatro personas y pienso yo que, aunque sólo sea pensando en el inicio y el fin con que se hizo la plaza, esa propiedad actual debería pensar más en la afición taurina cacereña.
Diario HOY, 25 de septiembre de 1986

La burocracia desilusionante


No hay nada mejor como ocupar un cargo público para darse cuenta de las limitaciones que en muchos casos tiene la soñada gestión, vista desde fuera, creo que éste es el fenómeno que vienen sufriendo, a diferentes escalas, muchos de los que ahora detentan poder, sin que lo que digo tenga que ver con la ideología (que en el caso actual suele ser socialista) de los que suelen sufrir esta experiencia, y esta decepción.
He conocido muchos ayuntamientos y muchas corporaciones locales y provinciales, y siempre suele darse el fenómeno de la ilusión de los que llegan, por primera vez, al cargo. Van llenos de buena fe, de ilusión en hacer algo, en arreglar el mundo, y luego se dan cuenta de la limitación que a su cargo imponen las burocracias y los presupuestos  de cada momento. Ello, aparte de que los funcionarios suelen ver al gestor político como el “eventual”, considerándose ellos los “fijos” y no siempre se entienden bien unos y otros. Eso pasaba en la época de Franco y eso sucede ahora, y seguirá sucediendo aunque gobernaran los comunistas, porque la “diosa” de ellos también es la burocracia y el presupuesto.
Viene todo esto a cuento de la decepción que se está llevando ese joven e ilusionado concejal que es Pepe Alvarado, al que se nombró no hace mucho delegado de Festejos. Él trazó la feria que le ilusionaba, la que podía ilusionar a jóvenes como él, sin fijarse mucho en esas limitaciones de los presupuestos, que parecen trasnochadas, pero que están ahí, y trazó la feria ideal, pero se pasó en unos millones y el “dios” presupuesto y la burocracia, con su rodillo rompe ilusiones (no la oposición), fue la que le hizo polvo ese programa imaginado de feria, que yo hubiera querido ver realizado, porque lo que se hace con la ilusión con que Alvarado trazó el suyo suele salir bien.
Diario HOY, 22 de septiembre de 1986