jueves, 12 de octubre de 2017

Una anécdota verata


Una cosa  que se ha estudiado poco es el impacto que para la zona de la Vera tuvo la estancia en ella del emperador Carlos V y su numeroso séquito.
Ya hablamos, días atrás, de la creación en Garganta la Olla de una casa “de mujeres entretenidas”, creada oficialmente para la escolta del emperador, y un poco al estilo de las “barraganas” que acompañaban a los célebres Tercios españoles.
Otras muchas influencias , en los dos sentidos, debieron darse entre el séquito alemán que acompañó al rey en su retiro y los propios lugareños de la Vera. Esto como decimos, está poco estudiado, pero hay algunos “botones de muestra” para espigar sobre el impacto que la Vera, sus productos y sus gentes produjeron en el séquito teutón de Carlos V, cuando llegó, en noviembre de 1556, a Jarandilla. El emperador y el séquito se alojaron allí concretamente en el Palacio de los Condes de Oropesa, que hoy es Parador Nacional de Turismo y de aquel entonces se cuenta la siguiente anécdota que recoge un autor de la época.
Preguntado uno de aquellos soldados alemanes sobre cuál de las tierras en las que había estado le parecía la mejor, respondió:
“La mejor del mundo es España; lo mejor de España es la provincia de la Vera. Lo mejor de la Vera es Jarandilla, y lo mejor de Jarandilla es la bodega de Pedro Azedo de la Berrueza, donde quisiera que me enterraran para irme al cielo, porque tiene el mejor vino de la tierra.”
Ni que decir tiene que el aludido Pedro Azado agradeció el piropo del gran degustador de los ricos caldos veratos y le dejó elegir dos tinajas de los mejores vinos que tenía su bodega con el compromiso de que una de ellas fuera para el emperador y otra para él, al que le dijo, además: “Puesto que mi bodega es la mejor del mundo y su señoría ya conoce el camino, véngase a ella siempre que le apetezca ya que sus puertas están abiertas a los buenos conocedores.”
Sirva esta anécdota no sólo para el encomio de los vinos y los productos veratos, sino más bien para destacar la proverbial hospitalidad de sus gentes que fueron, entonces y ahora, un título que supieron reconocer desde el emperador Carlos V y su séquito, hasta los viajeros actuales que ahora la visitan.
Diario HOY, 23 de octubre de 1983

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