domingo, 24 de diciembre de 2017

La puerta sigue cerrada


Yo recuerdo, porque los he vivido, los tiempos en que para preguntar cualquier cosa, por nimia que fuera, en un organismo oficial, tenías que pedir permiso a la delegación de Información y Turismo y ésta, a su vez, en muchos casos, tenía que pedir ese mismo permiso a Madrid, si estimaban que el asunto era delicado.
Total, que cuando te llegaba la respuesta, la pregunta estaba ya obsoleta y ni la pregunta ni la respuesta le importaba ya un “pito” a nadie, Como habrán adivinado, me estoy refiriendo a la labor diaria que como periodista nos toca hacer a los profesionales de cualquier medio, que en muchos casos nos solemos tropezar con el muro del silencio o con el portazo.
Ni que decir tiene que me estoy refiriendo a la época de la dictadura, y hay que reconocer que con la “ley Fraga” que llegó por entonces, algo mejoró ésta cerrazón a dar cualquier  tipo de información oficial sin medirla y pesarla, como era obligado entonces. Desde esa ley en adelante ya dependió todo de “los miedos” de cada gobernador de turno.
Si el gobernador era miedoso y temía le volara el sillón por un enfado de los de “arriba”, estabas perdido y había que hacer las preguntas hasta por escrito y aguardar turno.
Pensamos que todo este “centralismo” de Madrid se había ido al garete con la llegada de la democracia y aún, más todavía, con la llegada de la autonomía. Pues amigos, hay que decir que nos equivocamos, el centralismo se ha trasladado ahora a Mérida y la cerrazón allí es más grande que lo fuera en la antigua capital de España. Si usted quiere un simple dato del turismo que pase por Cáceres, que antes te lo daba la oficina local, tiene que telefonear o escribir a Mérida, a Felipe Rodríguez, Jefe del Gabinete de la Consejería de Turismo que, suponemos tendrá que preguntarle al señor Torres, si da o no los datos y éste a su vez, a sus superiores.
¿Y lo de las puertas abiertas?, pues mire, es que como hace tanto calor, si se abren se nos escapa todo el aire acondicionado.
Diario HOY, 14 de agosto de 1985

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