
Esto pasó con loterías y quinielas de todo tipo, parte de cuyos
dineros van a lo deportivo benéfico “blanqueando”
el pecado, si lo hubo, del resto del dinero y tapándonos la boca a los ciudadanos
que allí perdemos la pestañas y que no podemos llamar tahúr al Estado por
enviciarnos y sacarnos el dinero, puesto que el fin del dinero que nos saca
parece ser bueno, ya que se destina a obras benéficas o deportivas. Falla por
lo de que el fin no justifica los medios, pero dejemos eso aparte.
No es mi deseo discutir esta cosas que así son y las venimos aceptando
hace años, sino más bien el señalar que cuando nuestra Administración, hace
tiempo, autorizó un nuevo juego, el “bingo”,
sin saber entonces qué resultados económicos le daría, sintió el mismo
escrúpulo y legisló o recomendó (que esto no lo sé ciertamente) el que cada uno
de ellos tuviera como motivo para poder autorizarlo una entidad deportiva, a la
que irían determinados fondos de sus permios. Así, aquí hay autorizado dos, uno
con el Club Polideportivo Cacereño, como “patrono”
y el otro con el patronazgo del “Club
Náutico Tajomar”.
Las actividades del Cacereño las conocemos todos, pero las del “Tajomar” son tan escasas o nulas
—deportivamente hablando— que nos suena más a “mascarón de proa” que otra cosa; por ello, ingenuamente pregunto: ¿Esto
de poner el nombre de un club es más bien “tapadera”?
De ser sólo eso, ¿por qué no autorizar los bingos sin más y dejarse de
zarandajas?
Diario HOY, 13 de junio de 1985
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