
A mi modo de ver, tras de cuarenta años de desatenciones con el
consumidor, a pesar de que había unos organismos —llamados de otro modo— que
decían defenderle y no le defendían, aunque montaban la comedia. Tras de la
aprobación de un código alimentario que nadie aplica y que, aun estando en
vigor ha habido envenenamientos de todo tipo, harán falta al menos otros
cuarenta años de trabajo anónimo y eficaz de estos organismos para que los
consumidores comiencen a creer en ellos. En España siempre ha habido picaresca
alrededor del consumo y su defensa, y el español de a pie no va a creer a hora
que todo ello se ha quitado de golpe y porrazo. Primero habrá que demostrarlo y
luego pedir la fe del consumidor. Un ejemplo local podría ser el de la
promoción de turismo, que es también una forma de consumo. Si a los pocos
turistas que vienen a Cáceres les robamos el coche, les asaltamos en la ciudad
monumental, les intoxicamos en los restaurantes, les robamos en los precios y
cuando protestan lo más que les decimos es que se queden en su tierra… ustedes
me dirán quién viene a esta tierra de pícaros, de no traer consigo, para su
defensa, el famoso “Séptimo de Caballería”.
Diario HOY, 29 de agosto de 1986
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