
Ahora me ha tocado el que me pongan a escurrir a mí a cuenta de una “Ventana” en la que censuraba a los
gamberros que habían destrozado los árboles de la avenida de Hernán Cortés,
exclusivamente porque decía que eran jóvenes —cosa que me consta porque si no
no lo habría dicho—, y, tomando el rábano por las hojas, la revista de Alvarado
se molesta porque dice que me meto con toda la juventud cacereña condenándolos
en conjunto.
No, querido Alvarado, exclusivamente censuro a los gamberros que
hicieron tamaño desaguisado, que cualquier concejal que se preciara debería
también censurar porque es su obligación defender las cosas cacereñas y porque,
pienso yo, que el concejal de la Juventud debe marcarles un poco el camino a
los muchos jóvenes estupendos que tenemos en Cáceres, pero no jalearle las gamberradas,
como parece ser es corriente en esa revista que diriges. No hay odio hacia la
juventud por la sencilla razón de que todos hemos sido jóvenes, y la juventud
no es un estamento, sino un camino por el que pasamos todos los hombres, unos
antes y otros después. Es la edad de la inmadurez y la protesta que todos
solemos aplaudir, pero tristemente la juventud es sarampión que se quita con
los años. Con ella sólo nos pasa que no querríamos que tropezara donde nosotros
lo hicimos.
Diario HOY, 30 de julio de 1985
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