
Como ustedes pueden imaginar me estoy refiriendo a los incendios
forestales en los que las autoridades
—los de “la sartén”— aparte de
arbitrar unos medios profesionales (bomberos, aviones, etc.) que hacen lo que
pueden, no acaban de tomar actitud ninguna en lo que es la raíz de este asunto:
erradicarlos, evitarlos (con sanciones ejemplares a los pirómanos, o como sea,
ellos sabrán, que tienen los hilos del tinglado).
No es ya de recibo —ni en esto ni en lo del terrorismo— ceñirse sólo a
lo que hacemos los ciudadanos de a pie: la condena verbal. Puede esa condena
acallar la conciencia del político, pero visto está que no sirve para nada.
Pensamos que los políticos fueron elegidos, no sólo para la prebenda, sino para
mojarse con algo más que condenando los hechos. ¿Cómo habrá que decirles:
“Oiga, que usted está ahí para solucionar cosas, aunque esa sea la parte fea de
la política”?.
Diario HOY, 26 de agosto de 1986
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