
Lo malo es que cuando hemos tenido
gentes y empresas que nos realizaban proyectos de este tipo sin dar un duro,
los hemos rechazado. Sin que esto sirve de crítica, recuerdo la empresa belga
—o de no sé qué otra nacionalidad— que en dos ocasiones prometió hacer el
aparcamiento subterráneo de la Plaza Mayor —que no nos hubiera costado un duro—
y, por las razones que sea, la idea, aun aprobada en un pleno, fue rechazada.
Precisamente, hablando con el alcalde de lo bueno que hubiera sido el que
tuviéramos ya un aparcamiento de ese tipo, nos dijo que el tener un día el
coche en un aparcamiento así costaría alrededor de las 600 pesetas, por lo que
no eran precios que pudieran pagar los cacereños. Puede que el alcalde tenga
razón, pero es preferible tener algún aparcamiento, aunque caro, que no tener
ninguno, ni aun perspectivas próximas de alcanzarlo, porque hay algo en lo que
debemos mentalizarnos y es en que suprimir es muy fácil, pero crear no, aunque
se trate de aparcamientos.
Diario
HOY, 25 de marzo de 1986
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