
Yo, la verdad, no sé a quien podríamos culpar de todo esto que parte
de que la propietaria de la Plaza de Toros es una sociedad que puede arrendar
la plaza a quien le parezca y hasta puede que lo que menos le importe es que se
promocione o no el festejo taurino. Según se ha dicho, el contrato con Miranda
se hizo porque fue el que más ofreció en la subasta púbica a que se sacó la
plaza; que haya cumplido o no, es harina de otro costal. La propiedad dice que
en cuanto al dinero a pagar, Miranda cumple religiosamente (será porque se
santigua al dar los “cuartos”),
aunque no cumple en el número de festejos prometidos en ese contrato que, en
ese aspecto, no respetó desde el primer día. Pero la pregunta es que, si la
propiedad está a gusto con Miranda, no será ella la que denuncie el contrato y
el Ayuntamiento, en este concierto particular entre empresario y propietario,
no “toca pito”, aunque debería buscar
una solución porque la plaza de Cáceres se creó para dar espectáculos taurinos
y no para tenerla cerrada. Es más, cuando el nuevo delegado de festejos dijo
que estaba dispuesto a arrendar una portátil, nos dijimos: “por ahí puede haber algún asomo de salir de
una situación incómoda para el aficionado”. Pero aquello quedó en palabras.
Diario HOY, 18 de septiembre de 1986
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